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'Croûte savoyarde', la receta francesa para aprovechar el pan duro perfecta para una cena reconfortante

'Croûte savoyarde', la receta francesa para aprovechar el pan duro perfecta para una cena reconfortante

Esta especialidad de Saboya combina pan del día anterior con vino blanco, jamón y queso gratinado, y puede estar lista en unos 30 minutos

Pastel de verduras al horno o en sartén: la receta sencilla y jugosísima que queda bien con lo que tengas por la nevera

El pan es uno de esos alimentos que suelen quedar en casa después de las comidas. Una barra o una hogaza puede ir perdiendo humedad con el paso de los días, hasta que la miga se endurece y deja de tener la textura habitual. Aunque en ese punto ya no resulte tan agradable comerlo solo, eso no significa que haya que tirarlo. Siempre que se haya conservado en buenas condiciones, puede aprovecharse para preparar tostadas, sopas y otras recetas en las que se combina con líquidos o vuelve a pasar por el horno.

Aprovechar el pan que ha quedado de días anteriores permite evitar que se desperdicie únicamente porque ya no está recién hecho. De hecho, algunas recetas parten precisamente de rebanadas que llevan varios días guardadas y cuya textura más firme permite añadir otros ingredientes sin que se deshagan con facilidad.

Una de ellas es la croûte savoyarde, una especialidad de Saboya que se prepara al horno. La base es una rebanada de pan de campo asentado, que se humedece con vino blanco antes de cubrirse con el resto de ingredientes. Lo habitual es servir cada porción de manera individual, aunque también pueden prepararse varias a la vez en una fuente grande.

El queso también está presente en otros platos de la zona, como la fondue, pero el procedimiento es diferente. En este caso, cada tostada se monta por separado y se gratina en el horno, en lugar de introducir trozos de pan en un recipiente con queso fundido. No existe una única versión de la receta, por lo que tanto las cantidades como algunos ingredientes pueden variar. La que se explica a continuación lleva jamón cocido, permite añadir un huevo al final y está calculada para seis personas. El tiempo total de preparación y cocción ronda los 30 minutos.

Ingredientes (para seis personas)

  • Seis rebanadas de pan de campo duro
  • 300 ml de vino blanco seco
  • Seis lonchas de jamón cocido
  • 300 gramos de queso rallado (gruyère, beaufort o comté)
  • Un diente de ajo
  • Mantequilla para engrasar los recipientes
  • Seis huevos (opcional)
  • Nuez moscada al gusto (opcional)

Cómo preparar la croûte savoyarde paso a paso

Para hacer este plato no hace falta cocinar previamente el jamón ni fundir el queso aparte. La elaboración consiste en colocar los ingredientes sobre el pan en un orden concreto y dejar que terminen de hacerse juntos en el horno. Pueden utilizarse seis recipientes individuales aptos para altas temperaturas, con un tamaño adecuado para cada rebanada, o una sola fuente grande. Una vez preparado todo, estos son los pasos:

  1. Precalentar el horno a 200 °C, o a 180 °C si se utiliza la función de aire. Mientras alcanza la temperatura, untar una pequeña cantidad de mantequilla en el interior de los recipientes o de la fuente elegida.
  2. Preparar el pan con el ajo. Cortar el diente por la mitad y frotar las dos caras de cada rebanada con la parte recién cortada. Después, colocar el pan en los recipientes procurando que quede distribuido en una sola capa. No hace falta tostarlo previamente ni pasarlo por una sartén.
  3. Añadir el vino blanco. Repartir los 300 mililitros entre las seis porciones, vertiéndolo directamente sobre el pan sin calentarlo antes. Así, las rebanadas se humedecen antes de añadir la cobertura que se gratinará después.
  4. Incorporar el jamón y el queso. Colocar una loncha de jamón cocido sobre cada base y distribuir por encima los 300 gramos de queso rallado. Puede utilizarse cualquiera de las variedades indicadas en la lista de ingredientes.
  5. Introducir las fuentes en el horno durante unos 20 minutos. Pasado ese tiempo, el queso debería estar completamente fundido y con la parte superior gratinada. Antes de sacar las porciones conviene comprobar el aspecto, ya que el tiempo exacto puede variar ligeramente de un horno a otro incluso utilizando la misma temperatura.
  6. Preparar los huevos si se quieren añadir. Mientras las tostadas permanecen en el horno, calentar un poco de mantequilla en una sartén y cocinar los huevos a la plancha. Este paso es opcional y puede omitirse sin cambiar el resto de la receta.
  7. Terminar y servir. Sacar los recipientes del horno y, si se han preparado los huevos, colocar uno encima de cada porción. Después puede añadirse una pequeña cantidad de nuez moscada al gusto. La croûte savoyarde se sirve caliente y puede acompañarse con una ensalada verde.

Antes de preparar esta receta conviene tener en cuenta dos cuestiones. La primera es que solo debe utilizarse pan endurecido que siga en buen estado. Si presenta moho, hay que desechar la pieza completa y no limitarse a cortar la parte afectada. La segunda tiene que ver con el vino. Aunque la receta pasa unos 20 minutos en el horno, ese tiempo no garantiza que todo el alcohol desaparezca durante la cocción. Por tanto, esta versión de la croûte savoyarde no debe considerarse una preparación sin alcohol.

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El jardín histórico de Catalunya construido en el siglo XIX y perfecto para pasear entre grutas, palmerales y un lago artificial

El jardín histórico de Catalunya construido en el siglo XIX y perfecto para pasear entre grutas, palmerales y un lago artificial

Parc Samà, en Cambrils, nació como residencia de verano del marqués de Marianao y hoy conserva más de 800 palmeras, edificios históricos y varios espacios visitables

El jardín de inspiración renacentista que se asoma sobre los acantilados y las playas de la Costa Brava

En Catalunya todavía se conservan antiguas fincas que fueron creadas como lugares de descanso para familias con grandes propiedades. Muchas contaban con una vivienda principal y terrenos dedicados al cultivo, pero también con jardines donde se reunían árboles de distintas procedencias, fuentes y construcciones pensadas para el ocio. Con el paso del tiempo, algunos de estos lugares se han abierto al público y permiten conocer cómo se organizaban unas fincas en las que el exterior tenía tanta importancia como los propios edificios.

Una parte de estos jardines se diseñó durante el siglo XIX, cuando el Romanticismo también empezó a influir en la manera de distribuir las zonas verdes. Frente a los trazados completamente simétricos, fueron ganando espacio los caminos irregulares y los rincones pensados para ofrecer una apariencia más natural. Estanques, cascadas y grutas construidas podían convivir con avenidas arboladas y áreas abiertas, dando lugar a paisajes diferentes dentro de un mismo terreno.

Uno de estos ejemplos se encuentra en la provincia de Tarragona. Entre Cambrils y Montbrió del Camp, en la comarca del Baix Camp, está Parc Samà, un recinto de 14 hectáreas que combina un jardín botánico, una zona de bosque autóctono y espacios relacionados con la antigua colección de animales de sus propietarios. El conjunto está declarado Bien Cultural de Interés Nacional y conserva varios edificios y estructuras que ayudan a conocer su pasado.

Una residencia inspirada en Cuba

Parc Samà comenzó a construirse en 1881 por iniciativa de Salvador Samà i Torrents, marqués de Marianao. Pertenecía a una familia catalana de indianos que había vivido en Cuba y quiso levantar en Catalunya una residencia para pasar los meses de verano. La idea era incorporar algunas referencias de los paisajes que la familia había conocido en la isla, especialmente a través de las plantaciones y de la forma de organizar los jardines.

El diseño se encargó a Josep Fontserè i Mestres, que también fue responsable de la gran cascada del parque de la Ciutadella de Barcelona. En el proyecto contó con la colaboración de Antoni Gaudí. El conjunto se planteó de manera que la vivienda, los elementos decorativos y las zonas exteriores quedaran conectados entre sí, en lugar de limitarse a rodear la casa principal con un jardín independiente.

Durante los primeros trabajos se plantaron largas filas de plátanos, mandarinos, tilos y castaños de Indias. A estas especies se sumaron palmeras, yucas y plantas acuáticas como los nenúfares. La selección permitía combinar árboles habituales en el territorio con otros capaces de dar un aspecto diferente a determinados rincones. Algunos sectores quedaron definidos por alineaciones de ejemplares, mientras que en otros se dejó crecer una masa vegetal más densa.

Esta distribución seguía las características de los jardines románticos de la época. Los caminos no tenían por qué mantener siempre una línea recta y las plantas, el agua y las construcciones se utilizaban para crear distintos ambientes durante el paseo. Aunque algunos rincones buscaban parecer espontáneos, su aspecto respondía a una planificación previa y formaba parte del proyecto general de la finca.

Un lago con puentes, vegetación y animales

Uno de los puntos más destacados de Parc Samà es su lago artificial, rodeado de árboles y otras especies vegetales. En esta parte aparecen también una cascada, pequeñas grutas y varios puentes que comunican distintos puntos. Las cuevas, pese a su aspecto, no son formaciones naturales, sino estructuras levantadas expresamente para integrarse en el diseño y cambiar el paisaje a medida que se avanza por el parque.

El conjunto arquitectónico incluye además un palacete, el Pabellón de los Loros y la Torre del Ángulo. Son edificios con funciones diferentes que muestran cómo se repartían los usos dentro de la finca y cómo las construcciones destinadas al ocio convivían con la residencia familiar. Todas ellas aparecen integradas en el paseo y forman parte de la imagen que todavía conserva el lugar.

La vegetación ocupa buena parte de las 14 hectáreas. Hay más de 800 palmeras, además de robles, cedros y pinos repartidos por distintos sectores. Esta variedad hace que el aspecto cambie durante la visita: algunas zonas mantienen las hileras de árboles plantadas desde finales del siglo XIX, mientras que otras presentan una masa más cerrada y cercana a la de un bosque. En el lago también pueden verse patos y tortugas.

Los animales forman parte de la historia de Parc Samà desde hace décadas. Después de las primeras plantaciones, el marqués creó un zoológico privado y preparó jaulas y otros recintos para albergar diferentes ejemplares. Ese pasado todavía puede reconocerse hoy, cuando es posible ver gamos, pavos reales, guacamayos, faisanes y otras especies. La presencia de fauna se ha mantenido, aunque el lugar ya no funciona como aquel zoológico original.

Parc Samà nació como un espacio privado, pero actualmente puede recorrerse como parte del patrimonio de Cambrils. La visita permite conocer cómo se combinaban en una misma finca la residencia familiar, los jardines, las construcciones de recreo y los espacios destinados a los animales, además de acercarse a una parte de la historia local que va más allá del turismo de playa de la Costa Daurada.

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