El dividendo de la igualdad: 271.000 millones para impulsar la economía
España necesita más productividad, innovación y capacidad para competir en una economía que está cambiando a gran velocidad. La inteligencia artificial y la transición energética están redefiniendo los perfiles profesionales, las inversiones y los modelos de negocio. Sin embargo, en esa carrera por crecer, el país todavía tiene margen para aprovechar mejor uno de sus principales recursos: el talento femenino. Cerrar las brechas de género podría aportar 271.000 millones de euros a la economía española, el equivalente al 17% del PIB, según las estimaciones de ClosinGap.
La cifra pone dimensión económica a un debate que va mucho más allá de la igualdad de oportunidades. ¿Cuánto crecimiento pierde España cuando las mujeres encuentran más obstáculos para desarrollar sus carreras, acceder a puestos de responsabilidad o participar en las decisiones empresariales? Y, sobre todo, ¿qué podría ganar si esas barreras dejaran de limitar su contribución a la economía?
La cuestión estuvo en el centro de la octava edición del Economic Equality Summit, celebrado la semana pasada en el Auditorio Repsol de Madrid bajo el lema «España ante el dividendo de la igualdad». Durante el encuentro, Lucila García, directora general de ClosinGap, defendió que el país necesita nuevas capacidades para afrontar las transformaciones tecnológicas e industriales.
«No podemos renunciar a la mitad del talento», advirtió García. Su planteamiento conecta la igualdad con uno de los grandes retos económicos pendientes, como es conseguir que las capacidades de las mujeres se traduzcan en más empleo, liderazgo, innovación y competitividad. Pero aprovechar ese potencial exige ir más allá de facilitar la incorporación femenina al mercado laboral. También implica eliminar los obstáculos que frenan la promoción profesional, mejorar el acceso a los puestos ejecutivos y evitar que la desigual distribución de los cuidados siga condicionando las trayectorias laborales y la autonomía financiera de las mujeres.
Las grandes empresas ilustran esa distancia entre los avances formales y la igualdad efectiva. La presencia femenina en los consejos de administración del Ibex ha alcanzado la paridad, pero esa evolución no se ha trasladado en la misma medida a los puestos de alta dirección. «Las mujeres han ganado representación en los órganos de gobierno, aunque siguen teniendo menor presencia en los niveles ejecutivos donde se definen las estrategias, se asignan los recursos y se decide el rumbo de las compañías», añadió García
La diferencia importa desde una perspectiva económica. No basta con mejorar los porcentajes de representación si el acceso a los puestos desde los que se dirige el negocio continúa encontrando barreras. El reto consiste en convertir los avances en los consejos en oportunidades reales de promoción y liderazgo dentro de las organizaciones.
Esta fue una de las cuestiones abordadas en el diálogo sobre capital, talento y liderazgo del Summit, en el que participaron Arturo Gonzalo, consejero delegado de Enagás, y Paloma Marín Bona, vicepresidenta de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). El debate puso el foco en cómo garantizar que las mujeres participen plenamente en los espacios donde se genera, se decide y se financia el crecimiento económico.
La transformación tecnológica e industrial añade urgencia a este desafío. La inteligencia artificial, la transición energética y el desarrollo de nuevas tecnologías abrirán oportunidades de negocio y empleo, pero también obligarán a disponer de profesionales con nuevas competencias. Si las mujeres siguen infrarrepresentadas en las disciplinas científicas, tecnológicas e industriales, la economía corre el riesgo de limitar su propia cantera de talento.
Por eso, el cambio debe comenzar antes de la incorporación al mercado laboral. Fomentar las vocaciones científicas entre las niñas, ampliar el acceso a la formación tecnológica e impulsar el emprendimiento femenino son algunas de las vías para ensanchar esa base de profesionales. Clara Rey, directora de Sostenibilidad de Repsol, y Verónica Pascual, presidenta de la Fundación ASTI, abordaron precisamente estas cuestiones en el primer diálogo del encuentro.
El coste de la desigualdad no termina en la carrera profesional. Las diferencias salariales, las interrupciones laborales y las dificultades para progresar repercuten en la capacidad de ahorro y en la seguridad financiera futura. La carga desigual de los cuidados constituye otro factor que puede condicionar los ingresos y las oportunidades de promoción a lo largo de la vida.
Las consecuencias llegan hasta la jubilación. Durante el Summit, Antonio Huertas, presidente de Mapfre, recordó que la brecha en pensiones y ahorro previsional tiene un coste estimado de 28.500 millones de euros, equivalente al 1,8% del PIB, y afecta a cerca de medio millón de puestos de trabajo, según los datos expuestos en el encuentro.
La autonomía financiera se convierte así en otra dimensión del dividendo de la igualdad. Disponer de ingresos propios, capacidad de ahorro y conocimientos para tomar decisiones económicas condiciona tanto el bienestar presente como la independencia futura. En este ámbito, Soledad Núñez, subgobernadora del Banco de España, destacó la importancia de la educación financiera para reforzar la capacidad de decisión de las mujeres a lo largo de la vida.
También influye una actividad económica que durante décadas ha permanecido parcialmente fuera de las estadísticas convencionales: el trabajo no remunerado. Los cuidados y las tareas domésticas sostienen el funcionamiento de los hogares y permiten que el resto de la economía opere, aunque su aportación no siempre quede reflejada en los indicadores habituales.
La socióloga e investigadora del CSIC María Ángeles Durán, pionera en el estudio económico del trabajo no remunerado, y Carmen Quintanilla, fundadora de AFAMMER, repasaron durante el encuentro los cambios registrados en las cuatro décadas transcurridas desde la entrada de España en la Unión Europea. Sus intervenciones pusieron en perspectiva los avances sociales y económicos, así como los desafíos pendientes en el reparto de los cuidados y la igualdad de oportunidades.
El dividendo de la igualdad no se materializará únicamente con una mayor representación femenina en los órganos de gobierno. Requiere que las mujeres puedan desarrollar sus carreras sin obstáculos añadidos, acceder a los puestos ejecutivos y participar en los sectores que definirán la economía de los próximos años. También exige avanzar hacia un reparto más equilibrado de los cuidados y reforzar la autonomía financiera.
En la clausura del Summit, Josu Jon Imaz, consejero delegado de Repsol, resumió el argumento económico de la jornada: «La necesidad de aprovechar el talento para conseguir una economía más potente, este es el dividendo de la igualdad».
Tras ocho años midiendo las brechas de género y promoviendo iniciativas para reducirlas, ClosinGap insiste en que el desafío es convertir los avances en resultados tangibles. La igualdad no es solo una meta social pendiente: también representa una oportunidad para ampliar la capacidad productiva del país. La cuestión es si España será capaz de transformar ese potencial en más liderazgo, innovación y crecimiento.


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