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Glóbulos rojos, leucocitos, plaquetas... Qué busca el veterinario en una analítica

Cuando recibimos una analítica veterinaria, una columna de cifras marcadas en rojo puede resultar alarmante, sin embargo, un resultado fuera del intervalo de referencia no equivale automáticamente a una enfermedad concreta.

El Merck Veterinary Manual explica que el hemograma estudia, entre otros elementos, glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas. Pero, ¿qué podemos deducir de estas células? Por ejemplo, una reducción de eritrocitos puede orientar hacia anemia; su concentración también puede verse afectada por el estado de hidratación.

Por otra parte, los leucocitos aportan información relacionada con la respuesta inmunitaria y las plaquetas intervienen en la coagulación. Además, a este examen suele añadirse una bioquímica, donde podemos medir parámetros como la creatinina y la urea, para evaluar el sistema renal; la glucosa, las proteínas y determinadas enzimas, que ofrecen información adicional sobre metabolismo y órganos como el hígado o los riñones.

El problema es que muchos resultados no son específicos. Una alteración puede aparecer en situaciones muy distintas, e incluso factores como la hidratación, el estrés, los medicamentos o el ayuno pueden modificar algunos valores.

Además, también importa cómo y en qué condiciones se obtiene la muestra. Comer poco antes de una analítica puede alterar determinados parámetros y producir lipemia (una elevada presencia de grasas en la sangre) que interfiera con algunas mediciones.

Por este motivo, el Manual Veterinario Merck recomienda, cuando no existe una contraindicación médica, un ayuno de unas 12 horas antes de recoger muestras destinadas a determinados análisis bioquímicos en perros y gatos.

El veterinario combina diferentes parámetros entre sí y puede solicitar pruebas adicionales antes de un diagnóstico

El estrés también puede modificar algunos resultados: por ejemplo, la glucosa puede aumentar de forma transitoria simplemente por la excitación o la manipulación durante la extracción.

La hidratación es otro buen ejemplo de por qué un valor aislado necesita contexto. Una deshidratación puede aumentar aparentemente la concentración de determinados componentes de la sangre, entre ellos las proteínas totales o la albúmina.

Del mismo modo, una urea elevada puede aparecer por una alteración renal, pero también en situaciones como una disminución del volumen sanguíneo circulante o una hemorragia gastrointestinal. Por eso, el veterinario combina diferentes parámetros entre sí y, si encuentra alguna alteración, puede solicitar pruebas adicionales antes de establecer un diagnóstico.

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Un informe apunta a un cambio de tendencia en la adopción animal en España: "Era un país de perros"

Casi 240 perros y gatos buscan una familia en uno de los espacios de la protectora y santuario de animales Salvando Peludos, situado en la localidad madrileña de Villamanta. El enclave ha acogido este martes la presentación del informe Mi historia continúa contigo, que proporciona una radiografía de los animales que buscan hogar en España. Tras realizar un seguimiento de los 2.500 animales visibilizados a través de la plataforma Adopta con Tiendanimal en 2025, se ha concluido que los gatos fueron los animales más adoptados el año pasado, concentrando el 59% de las adopciones, frente al 41% de los perros que encontraron un hogar.

Según el estudio, "esta diferencia puede estar relacionada con diversos factores asociados al estilo de vida actual, especialmente en entornos urbanos. Por ejemplo, en los gatos su capacidad de adaptación a espacios reducidos y su mayor autonomía pueden resultar favorables para la vida dentro de las ciudades". Sobre este cambio se ha pronunciado Caroline Arrú, directora de marketing de la compañía: "España siempre ha sido un país de perros pero se está registrando un cambio de tendencia hacia los gatos, cada vez hay más adopciones de estos animales, incluso superando a los canes".

Con respecto a las diferencias por territorios, la comunidad autónoma donde más animales encontraron un hogar fue Andalucía, concentrando el 43,15% de las adopciones. En segundo lugar se sitúa la Comunidad de Madrid con el 15,09%, seguida de Cataluña que representó el 8,23% de los animales adoptados.

La edad y las enfermedades, factores clave en la adopción

No todos los animales tienen las mismas probabilidades de ser adoptados. El 42,45% de los perros que encuentran una familia son jóvenes (entre uno y tres años) y el 11,57% son cachorros (de menos de un año). Sin embargo, solo el 9,29% son senior (más de 8 años), según el informe.

Esta cifra se comprende mejor si se convierte en una historia, como la de Papuchi. "Este perro tiene dos de las características que hace que la adopción se complique, es un perro de nueve años y tiene Leishmaniosis, cuenta a 20minutos Fernando Sánchez, presidente de la Fundación Salvando Peludos. Sánchez lamenta que "mucha gente no los adopta por esta enfermedad aunque solo haya que darle una pastilla diaria". El presidente de la fundación reflexiona que "a muchas personas les da respeto acoger a un animal enfermo".

En lo que respecta a los gatos, la diferencia es incluso más acusada. Solo en el 1,61% de los casos, el felino que encuentra un hogar supera los 10 años. Los jóvenes (entre los seis meses y los dos años) concentran el 49% de las adopciones mientras que los adultos (entre dos y 10 años) recogen el 46,27%.

Amapola, una gata que rescataron de una persona con síndrome de Noé, tiene el mismo problema que Papuchi. El animal vivía hacinado con más de 50 gatos por lo que le cuesta confiar y necesita una familia en la que no haya más felinos. Además, "tiene doce años, le falta un ojo y presenta una leve ataxia por lo que está costando mucho encontrar una familia que lo adopte", relata Katia Berazouskaya, coordinadora de la protectora Salvando Peludos.

Aunque los animales de mayor edad o los que tienen alguna enfermedad diagnosticada siguen siendo algunos de los grupos que más dificultades encuentran para conseguir una familia no son los únicos. Hay otras características que también dificultan especialmente este proceso. El principal factor asociado a una estancia prolongada en los refugios es el comportamiento del animal, señalado por el 77,6% de las entidades entrevistadas por la Fundación Affinity en el estudio Él nunca lo haría. A continuación, aparecen la pertenencia a razas consideradas potencialmente peligrosas (68,2%), las enfermedades crónicas (57,2%), el tamaño grande (50,7%) y la edad (48%).

En definitiva, algunos animales continúan enfrentándose a importantes barreras para encontrar una familia y permanecen durante largos periodos de tiempo en espera de una oportunidad. En muchos refugios, estos terminan convirtiéndose en auténticos "animales invisibles". Es decir, perros y gatos que, debido a sus características, parecen pasar desapercibidos para los potenciales adoptantes. Papuchi y Amapola pertenecen a este último grupo aunque sus cuidadores mantienen la esperanza de que encuentren una familia que les brinde todo el amor que merecen.

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Lo que un conviviente desearía haber sabido antes de llevar una mascota a casa

Introducir un perro o un gato en nuestra vida suele estar rodeado de una imagen especialmente amable de lo que significa convivir con un animal. Perros que duermen acurrucados en nuestro costado, gatos que se acomodan en el sofá, paseos al aire libre y momentos de juego forman parte de una representación de la vida con animales dedicados al mascotismo que puede dejar en segundo plano todo aquello que sucede en una convivencia de 24 horas, siete días a la semana.

A esa imagen se suma lo que se denomina ‘efecto mascota’. La presencia de un animal suele proyectarse socialmente como sinónimo de compañía e incluso de un determinado estilo de vida. Las redes sociales han contribuido a multiplicar esas escenas cuidadosamente escogidas, mientras que el entorno familiar y social también puede ejercer presión, consciente o no, sobre quienes se plantean incorporar un perro o un gato a la familia. Pero la convivencia real incluye pelos, desperfectos, visitas al veterinario, cambios de horarios, cuidados preventivos y comportamientos que no siempre encajan con la imagen idealizada.

Una encuesta realizada a 2.000 titulares de perros y gatos en Reino Unido muestra precisamente algunas de esas pequeñas sorpresas que aparecen una vez que el animal ya está en casa. El estudio, encargado por Pet Health Club, recopila qué cosas desearían haber sabido antes de llevarse un animal a casa, desde la cantidad de pelo que puede dejar un gato hasta la necesidad de limpiar los dientes de un perro.

Qué es Pet Health Club

Pet Health Club es un servicio de planes de atención veterinaria preventiva que opera en Reino Unido e Irlanda. Su red reúne más de 800 clínicas veterinarias y ofrece planes para facilitar el acceso a cuidados rutinarios como vacunaciones, tratamientos antiparasitarios y revisiones de salud.

La entidad encargó la encuesta para conocer qué aspectos de la convivencia sorprendieron a quienes ya tenían un animal y utilizar los resultados también como punto de partida para ayudar a quienes están pensando en incorporar uno a su familia.

Los primeros meses

Entre los convivientes con perros, el 68 por ciento describió los primeros meses de convivencia como una especie de curso acelerado sobre el caos canino. Y buena parte de las sorpresas no tiene que ver con grandes problemas, sino con pequeñas situaciones que pasan a formar parte de la rutina.

La principal cosa que los nuevos titulares de perros desearían haber sabido era la necesidad de llevar bolsas para recoger las heces a todas partes. El 21 por ciento también descubrió que los famosos ‘paseos’ significan salir a la calle independientemente del tiempo, incluso cuando llueve, hace viento o nieva.

Otro 20 por ciento señaló como sorpresa que su lugar habitual del sofá parece quedar automáticamente ocupado en cuanto se levanta. Y para un 20 por ciento, los madrugones llegaron sin una explicación aparente y sin recibir información previa.

La encuesta también recoge aprendizajes relacionados directamente con los cuidados. El 18 por ciento de los encuestados titulares de perros afirmó que desearía haber sabido que tendría que ocuparse de la higiene dental de su animal. Un 17 por ciento descubrió además la capacidad de algunos perros para localizar y revolcarse precisamente en aquello que desprende los olores menos agradables.

Luego está la conocida ‘audición selectiva’. Entre las experiencias señaladas por los participantes aparece el descubrimiento de que un perro puede parecer perfectamente capaz de escuchar determinadas palabras y, sin embargo, no reaccionar con la misma rapidez cuando la situación no le interesa.

Los gatos y sus propias reglas

Los convivientes con gatos encontraron otras sorpresas. La más frecuente, según la encuesta, fue comprobar que los muebles siguen siendo un objetivo para las uñas aunque en casa haya rascadores. El 29 por ciento de los participantes con gatos señaló precisamente esta circunstancia.

Otro clásico fue descubrir que el animal puede ignorar una cama especialmente comprada para él y preferir la caja de cartón en la que venía. Un 27 por ciento de los encuestados mencionó esta situación como sorpresiva y que pensaba que internet exageraba.

También apareció la tendencia felina a tirar objetos de las estanterías. El 20 por ciento de los titulares señaló esta capacidad, que puede resultar desconcertante cuando el objeto cae al suelo después de haber sido empujado cuidadosamente desde una superficie elevada.

La cantidad de pelo también ocupó un lugar destacado entre las sorpresas de quienes habían incorporado un gato a su familia. La encuesta sitúa la muda y la presencia de pelo por toda la casa como la principal cosa que los convivientes con gatos desearían haber conocido antes de llevar al animal a casa.

No todo son sorpresas y pelos por todas partes

La encuesta también preguntó por los aspectos positivos de la convivencia y encontró una percepción ampliamente favorable entre los participantes. El 55 por ciento afirmó que lo más gratificante de convivir con un perro o un gato era el amor y la compañía que proporciona.

Entre los titulares de perros, el 52 por ciento señaló que su salud física había mejorado desde que tenía al animal y el 71 por ciento afirmó experimentar un efecto positivo sobre su estado de ánimo. Entre los titulares de gatos, el 58 por ciento declaró que su salud mental había mejorado desde la llegada del animal a casa.

Estos datos son percepciones de los propios participantes y no demuestran por sí mismos que tener una mascota provoque esas mejoras. Sí muestran, en cambio, que los encuestados identifican beneficios importantes en la convivencia incluso después de descubrir todas aquellas pequeñas complicaciones que no esperaban.

Tener experiencia no significa saberlo todo

Pet Health Club destaca también que la curva de aprendizaje no termina necesariamente con el primer animal. Incluso quienes ya han convivido con perros o gatos pueden encontrarse con necesidades, comportamientos o problemas de salud que no habían experimentado anteriormente.

Una de las veterinarias de Pet Health Club señala que algunas conductas pueden resultar divertidas o inesperadas, mientras que otras están relacionadas con la salud y requieren atención específica, como los tratamientos antiparasitarios o la higiene dental. La profesional también apunta a que los cuidados que necesita un animal no siempre son visibles. Vacunaciones, revisiones, prevención de parásitos, alimentación, higiene y observación de cambios de comportamiento forman parte de la responsabilidad cotidiana aunque no aparezcan en las fotografías familiares.

La investigación científica sobre adquisición de perros ha señalado algo parecido desde otra perspectiva. Un estudio realizado en Reino Unido encontró que quienes investigaban antes de introducir un perro en su vida tendían a presentar un mayor conocimiento sobre sus necesidades y sobre aspectos como el coste de mantenerlo o dónde obtener ayuda ante problemas de comportamiento. También mostró que algunas personas encontraban información contradictoria en internet y no siempre sabían qué fuentes eran fiables.

Un cambio profundo en la convivencia

La idea de que antes de llevar un animal a casa conviene conocer sus necesidades puede parecer evidente, pero la realidad es que muchas de ellas solo se comprenden plenamente cuando comienza la convivencia. Un cachorro no llega sabiendo cómo comportarse, un gato no necesariamente utilizará el rascador que se ha comprado para él y ningún animal viene acompañado de un manual capaz de anticipar exactamente cómo será su relación con cada miembro de la familia.

Por eso, la preparación previa no consiste solo en comprar una cama mullida o llenar la casa de juguetes. También implica conocer las necesidades físicas y conductuales de la especie, calcular los costes que puede generar su mantenimiento, saber qué cuidados preventivos necesitará y asumir que la rutina de la familia tendrá que adaptarse a la presencia de otro ser vivo.

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