Ocho cetáceos muertos: cuando los traslados son una trampa mortal
En apenas unas semanas, ocho cetáceos trasladados desde Marineland Canadá y Marineland Antibes (Francia) han fallecido en diferentes delfinarios de España y Estados Unidos. Una sucesión de muertes que la Fundación para el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales (FAADA) considera especialmente alarmante y que vuelve a poner sobre la mesa los graves problemas de bienestar asociados al cautiverio, así como los riesgos que conllevan los traslados de estos animales entre instalaciones.
Las primeras muertes conocidas fueron las de Peekachu y Rain, dos belugas trasladadas desde Marineland Canadá al Shedd Aquarium de Chicago, que fallecieron pocas semanas después de su llegada. Posteriormente se confirmó la muerte de Jelly Bean, otra beluga enviada al Oceanogràfic de València, seguida de la de Osiris, también en Chicago, y la de Echo, uno de los delfines trasladados al centro valenciano.
El pasado 7 de octubre se sumó a esta lista Caspian, una beluga de 27 años fallecida en el Shedd Aquarium. Más recientemente, se ha conocido la muerte de Rocky, un delfín de 29 años nacido en el Zoo Aquarium de Madrid en 1997, trasladado a Marineland Antibes en 2011 y enviado el pasado mes de julio a Selwo Marina, en Benalmádena (Málaga). Finalmente, el pasado 18 de octubre, SeaWorld San Diego informó del fallecimiento de Cyprus, una beluga de tan solo 9 años, que había llegado al centro en agosto, también procedente de Marineland Canadá.
Animales enfermos y traslados arriesgados
Uno de los aspectos más preocupantes de esta sucesión de fallecimientos es que algunos de los cetáceos ya padecían enfermedades crónicas antes de ser trasladados. Así lo confirmó el propio Shedd Aquarium tras las necropsias realizadas a Peekachu y Rain, cuyos resultados revelaron la existencia de patologías preexistentes.
Pese a ello, critica FAADA, estos animales fueron sometidos a operaciones de transporte y adaptación a nuevas instalaciones, "procesos que pueden implicar importantes riesgos para su salud y bienestar, especialmente cuando se trata de individuos de edad avanzada o con problemas médicos previos".
No se puede hablar de rescates
“Trasladar un cetáceo de un delfinario a otro no significa liberarlo ni poner fin a su explotación. Los animales simplemente pasan de unas instalaciones de cautiverio a otras, donde pueden continuar siendo utilizados para su exhibición y, potencialmente, para su reproducción”, explica Andrea Torres, bióloga de la fundación.
De hecho, según advierten desde FAADA, las autorizaciones concedidas por Canadá para la exportación de estos animales no incluirían restricciones que impidan su reproducción en los centros de destino. De confirmarse, estas operaciones podrían contribuir a perpetuar nuevas generaciones de cetáceos nacidos para vivir toda su vida en cautividad.
Santuarios marinos
FAADA denuncia también la contradicción que existe entre estas prácticas y el discurso de la que definen como "la industria del cautiverio" lleva años utilizando para desacreditar los santuarios marinos y evitar su construcción.
La misma industria que defiende que los cetáceos pueden vivir en buenas condiciones dentro de tanques artificiales cuestiona la viabilidad de los santuarios marinos, argumentando que trasladar allí a estos animales supondría un riesgo inaceptable para su salud y supervivencia.
Sin embargo, esa preocupación parece desaparecer cuando los traslados se realizan entre instalaciones de exhibición, incluso cuando los animales presentan enfermedades crónicas.
Poner fin a la venta y cría en cautividad
¿Por qué se considera demasiado peligroso trasladar un cetáceo a un santuario marino, pero se acepta ese mismo riesgo cuando su destino es otro delfinario?, se pregunta FAADA. Aunque las ocho muertes conocidas no permiten determinar, por sí solas, que los traslados hayan sido la causa directa de los fallecimientos, sí ponen de manifiesto la necesidad de examinar rigurosamente las condiciones en las que se autorizaron estas operaciones, las evaluaciones veterinarias realizadas y los riesgos asumidos.
Ante esta situación, esta fundación reclama a las administraciones públicas, especialmente a las españolas, "que adopten medidas urgentes para prohibir la reproducción de cetáceos en cautividad, poner fin a su explotación con fines de entretenimiento e impulsar la creación de santuarios marinos".
Estos espacios, aseguran, permitirían que aquellos animales que, tras décadas de cautiverio, no puedan regresar a la vida en libertad tengan la oportunidad de pasar el final de sus vidas en entornos naturales adaptados a sus necesidades, alejados de la exhibición comercial.
“España, el país con mayor número de delfinarios de Europa, por eso resulta fundamental que deje de contribuir a la perpetuación de este modelo y asuma un papel activo en el desarrollo de alternativas que prioricen verdaderamente el bienestar de los animales”, concluye Virginia Iniesta, veterinaria de FAADA.
