Tétanos en perros, una enfermedad poco frecuente pero capaz de graves daños
El tétanos es una enfermedad infecciosa provocada por una toxina producida por la bacteria Clostridium tetani. El microorganismo vive en el medio ambiente y sus esporas pueden encontrarse en el suelo durante largos periodos de tiempo. Por sí mismas no suelen causar problemas cuando entran en contacto con la piel o son ingeridas, pero la situación cambia cuando consiguen acceder a tejidos profundos con poco oxígeno.
La enfermedad acompaña a la humanidad desde hace miles de años, aunque durante mucho tiempo se desconoció cuál era su origen. Hipócrates ya describía la característica rigidez muscular y las contracciones que sufrían las personas afectadas en el siglo cinco antes de nuestra era, pero no fue hasta finales del siglo XIX cuando se identificó la bacteria responsable y se comprendió el papel de la toxina que produce.
En los perros, el tétanos es poco habitual y, además, parecen presentar una cierta resistencia natural frente a la toxina en comparación con las personas y otras especies. Sin embargo, esto no significa que estén protegidos. Cuando la bacteria encuentra las condiciones adecuadas para multiplicarse dentro de una herida, puede producir una toxina capaz de alterar gravemente el funcionamiento del sistema nervioso.
Formas de contagio
La vía más habitual para que un perro contraiga el tétanos es una herida que permite que las esporas de Clostridium tetani penetren en los tejidos. Las heridas punzantes son especialmente importantes porque pueden parecer pequeñas en la superficie y, sin embargo, crear en el interior un entorno favorable para la bacteria. Una espina, una astilla, un objeto clavado o una mordedura de otro perro pueden ser suficientes si producen una lesión profunda. También puede ocurrir cuando el animal se hace una herida mientras juega o corre por terrenos donde hay tierra.
Una vez dentro del organismo, las esporas pueden transformarse en bacterias activas y comenzar a producir la toxina conocida como tetanoespasmina. Esta sustancia afecta al sistema nervioso y altera los mecanismos que normalmente permiten controlar la contracción y relajación de los músculos.
Los primeros signos suelen aparecer entre cinco y diez días después de la entrada de la bacteria, aunque el periodo puede ser más amplio. En algunos animales los síntomas aparecen apenas unos días después de la infección y en otros pueden tardar varias semanas.
Rigidez, espasmos y ‘risa sardónica’
La manifestación del tétanos depende de hasta dónde haya llegado la acción de la toxina. En algunos perros comienza de forma localizada, afectando principalmente a los músculos próximos a la herida. Una extremidad puede presentar rigidez, temblores o dificultad para moverse. En otros casos, la enfermedad se generaliza y puede afectar a buena parte de la musculatura del cuerpo. El perro camina con una rigidez muy marcada, mantiene la cola elevada y adopta una postura en la que las cuatro patas permanecen extendidas y prácticamente inmóviles.
Uno de los signos más reconocibles afecta a la cabeza. Los músculos de la cara pueden contraerse hasta producir una expresión característica conocida como risa sardónica, mientras que la mandíbula puede quedar fuertemente cerrada. La dificultad para abrir la boca también puede impedir que el animal coma o beba con normalidad. El exceso de salivación es otro signo frecuente. Además, los espasmos pueden desencadenarse o empeorar ante determinados estímulos, por lo que los perros afectados pueden mostrar una respuesta exagerada ante ruidos, movimientos, luz u otros estímulos del entorno.
Cuando la enfermedad es muy grave, la musculatura implicada en la respiración también puede verse afectada y en esos casos existe riesgo de dificultad respiratoria y la enfermedad puede llegar a ser mortal.
¿El tétanos tiene cura?
Sí, un perro puede superar el tétanos, especialmente cuando la enfermedad se identifica pronto y recibe atención veterinaria intensiva. Sin embargo, no es una enfermedad que pueda resolverse simplemente eliminando la bacteria, porque buena parte del problema procede de la toxina que ya ha producido. Los antibióticos suelen utilizarse para combatir la infección y evitar que continúe generándose la toxina, mientras que la atención veterinaria también se dirige a controlar las consecuencias que provoca en el organismo. Cuando existe una herida, es importante localizarla y limpiarla adecuadamente para reducir la presencia de bacterias.
El tratamiento de los casos graves requiere con frecuencia hospitalización y cuidados intensivos. El perro puede necesitar fluidoterapia, ayuda para alimentarse y medidas destinadas a controlar los espasmos y mantener sus funciones vitales. También resulta importante reducir al máximo los estímulos del entorno, ya que determinados sonidos, movimientos o luces desencadenan contracciones musculares.
El pronóstico depende en buena medida de la gravedad de la enfermedad. Los casos localizados suelen tener mejores perspectivas y pueden necesitar semanas para recuperar completamente la movilidad. Cuando el tétanos se ha generalizado, el riesgo aumenta considerablemente y la recuperación puede ser larga. Por eso, no conviene interpretar la ausencia de una herida llamativa como una garantía de que no existe riesgo. Algunas lesiones profundas son difíciles de localizar y pueden haber cicatrizado parcialmente cuando aparecen los primeros signos neurológicos.
Qué hacer ante una herida
El riesgo de tétanos no significa que haya que alarmarse cada vez que un perro se hace un corte. Tal como hemos indicado, la enfermedad es poco frecuente en esta especie. Sin embargo, las heridas profundas, especialmente las producidas por objetos punzantes, sí justifican una evaluación veterinaria.
Una herida que parece pequeña por fuera puede ser mucho más profunda de lo que aparenta y contener restos de tierra, cuerpos extraños o tejido dañado. Por eso, cuando un objeto ha penetrado en una pata, el abdomen u otra zona del cuerpo, o cuando existe una lesión profunda o contaminada, es recomendable que un veterinario valore al animal.
También conviene consultar si después de una herida aparecen rigidez muscular, dificultad para caminar, temblores, problemas para abrir la boca, salivación excesiva o una reacción exagerada ante estímulos que normalmente no le afectan.
Es importante aclarar que el tétanos no se transmite de un perro enfermo a otro animal ni de los perros a las personas.
Una enfermedad rara que no conviene ignorar
El tétanos no figura entre las enfermedades más habituales de los perros y no es necesario vivir pendientes de que cualquier contacto con tierra pueda desencadenarlo. El verdadero riesgo aparece cuando las esporas de la bacteria consiguen acceder a tejidos profundos y encuentran las condiciones adecuadas para producir su toxina.
La historia de Cuca, una cachorra de apenas tres meses que ha logrado recuperarse después de desarrollar tétanos, nos recuerda precisamente que incluso un animal tan joven puede verse afectado. La prevención pasa sobre todo por prestar atención a las heridas y no restar importancia a las lesiones profundas, aunque su aspecto exterior no resulte especialmente alarmante. Ante signos compatibles con el tétanos, la rapidez resulta especialmente importante. Cuanto antes se identifique el problema y se brinde la atención veterinaria necesaria, mayores serán las posibilidades de que el perro supere una enfermedad que, aunque poco frecuente, puede llegar a comprometer seriamente su vida.





