Los Mossos identifican a más de mil jóvenes de más de 30 bandas violentas
Los Mossos d'Esquadra han identificado a más de mil miembros de al menos 34 bandas violentas activas en Catalunya. Tras la aparición de estos grupos en la década de los 2000 y su posterior pérdida de actividad a partir de 2011, la policía catalana ha desplegado ahora el Pla Proa para prevenir la formación de nuevas bandas y controlar las que siguen operando. El impulso de este plan llega después de constatar un aumento de la violencia entre jóvenes, especialmente en Barcelona y su área metropolitana, como ya ocurrió hace 25 años.
En un comunicado publicado este jueves, los Mossos d'Esquadra han explicado que estas bandas están formadas tanto por menores como por mayores de edad y presentan estructuras muy diversas y distintos niveles de organización. Pese a esta heterogeneidad, comparten características como la búsqueda del control territorial, la voluntad de mantener el estatus dentro del grupo y la rivalidad con otras bandas.
Según la radiografía territorial elaborada por los Mossos el pasado abril, el 66% de los incidentes conocidos se concentra en tres grupos: Trinitarios, Barrio 18 y Los 300. El 80% de los incidentes se concentra en siete grupos: los tres anteriores y otros cuatro, Latin Kings, PGS, Lobos y Mara Salvatrucha. La mayor concentración se registra en Barcelona y su entorno, aunque también hay ramificaciones en Tarragona, Girona y Lleida.
Todavía no se dispone de cifras precisas sobre la magnitud del problema, y uno de los objetivos del plan es mejorar su conocimiento. Además, se busca evitar que la situación empeore, especialmente ante el aumento de la presencia de armas blancas y de fuego en las calles. De hecho, en los últimos dos años, los Mossos atribuyen a estos grupos al menos tres homicidios.
El diagnóstico elaborado por los Mossos d'Esquadra constata una evolución clara del fenómeno respecto a las llamadas 'bandas latinas', que surgieron en Catalunya durante la primera década de los años 2000. Si entonces predominaban las estructuras más jerarquizadas, con una composición mayoritariamente latinoamericana, especialmente ecuatoriana, la realidad actual es distinta.
La actividad de estas bandas disminuyó notablemente a partir de 2011 gracias a una intervención policial, pero también a un abordaje transversal. Algunas llegaron a transformarse en asociaciones culturales, una evolución que ahora se considera muy difícil de repetir. Anteriormente, uno de los principales vínculos entre sus miembros era su origen común, mientras que actualmente en un mismo grupo pueden convivir personas de procedencias diversas.
Ante aquella problemática, se creó una unidad central de bandas juveniles, que perdió su razón de ser durante la segunda década del siglo debido al descenso de la actividad delictiva de estos grupos. Sin embargo, ahora no se ha optado por crear una nueva unidad especializada, sino por desplegar un plan que engloba distintas unidades y territorios, que trabajarán de manera coordinada. Los grupos actuales están formados por jóvenes de orígenes diversos, la mayoría nacidos aquí y procedentes de familias inmigrantes, principalmente latinoamericanas, aunque también hay miembros de origen español, magrebí y chino.
Estas bandas presentan liderazgos cambiantes, una organización flexible y relaciones internas y externas menos formales, jerárquicas y rígidas. El dominio territorial sigue siendo un elemento central y un motor de la violencia, al igual que la identidad de grupo, que implica lealtad y obediencia, así como la comisión de delitos, principalmente tráfico de drogas y robos violentos.
Actualmente, estos grupos tienen mayor visibilidad, lo que genera problemas de convivencia y una mayor percepción de inseguridad. Al mismo tiempo, algunos jóvenes se limitan a imitar a las bandas y otros aprovechan la imagen peligrosa de estos grupos para cometer delitos por su cuenta.




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