El enredo sentimental de Mayte Zaldívar y Fernando Marcos
Mayte Zaldívar se ha casado tres veces. Ninguna con Fernando Marcos. Cada cierto tiempo salta un post en los medios de comunicación anunciando la ruptura de un amor que solo ha sido ficción de cara a la galería y muy rentable por el juego que han dado con el fin de verter ríos de tinta. La vida sentimental de la viuda de Julián Muñoz y su eterno secretario viene esta vez a modo de vodevil con las predicciones del futurólogo Rappel, lo que añade más morbo, certificando la ruptura de más de dos décadas de relación de sus amigos.
En Marbella siempre ha sido un secreto a voces que la puesta en escena de la pareja era un negocio pecuniario y una forma de girar la atención hacia otros asuntos, alejando el foco del dinero presuntamente desviado de las arcas municipales de la ciudad. Hace poco Mayte decía: «Tengo la misma relación que tenía con Fernando hace 23 años». Y ahí no mentía.
Dos ceutíes y nuevo capítulo
Aún los marbellís tienen grabada la imagen de la llegada de dos ceutíes, Nono y Fernando, a la conocida como ciudad del canto sin dueño, vestidos vaporosamente de blanco. Pronto serían adoptados por Zaldívar. Era la época en la que que su ex, Julián Muñoz (Cachuli) lucía amoríos con Isabel Pantoja. La llegada de los jóvenes le brindó la oportunidad perfecta para montar su propio número sentimental. A uno le montó el bar Nono y jugó en el Rocío de ese año a «si era o no su novio». No le aportó demasiados «likes», ya que por todos era conocida la orientación homosexual de Nono. Finalmente se decantó por Fernando. Su imagen más varonil encajaba mejor en sus planes.
Desde 2003 hasta 2026, la pareja ha sido un buen filón para la prensa del corazón. Mayte fue la que desenmascaró el dinero ilícito en bolsas de basura que atesoró con Cachuli en un programa de televisión. Después ingresó en la prisión de Alhaurín de la Torre el 27 de octubre de 2014 para cumplir su condena de dos años y medio, que le fue impuesta por un delito de blanqueo. En 2018, ambos participaron en «Supervivientes», antes de que aparecieran vinculados a la «Operación Viajero». La Udyco-Costa del Sol imputó a Mayte y a Fernando por su presunta participación en «hechos de narcotráfico relacionados con cocaína».
El culmen del vodevil llegó en 2024, cuando Mayte de forma secreta volvió a casarse con el exalcalde de Marbella, y padre de sus hijas, poco antes de su fallecimiento. Ella seguía siendo la novia de Fernando y él lo entendía perfectamente. La sorprendente decisión, que Mayte explicó pasando por la caja de varios programas, fue la gota que colmó el vaso. Un conocido restaurador marbellí nos decía entonces: «Ella se vuelve a casar con Julián Muñoz, por puro negocio. ¿Que si le importa que se case a Fernando? ¡Qué va! A él le da exactamente lo mismo… Es todo por dinero. ¿O qué te piensas? ¿Que una pareja como Dios manda iba a aguantar que su mujer se casara con el exmarido, aunque solo fuera por pasta? Lo que te digo, todo es un negocio».
A Mayte cada vez que le ponen un micrófono recita el mismo mantra bien aprendido: «No voy a ser yo la que salga hablando mal de Fernando. No lo haré nunca». La pareja tiene ahora su particular guarida en El puesto 85, en el Mercado de Abastos de la ciudad, y en la puerta atienden a los periodistas que esperan. Es el restaurante, antiguo puesto de fruta y verdura, que él negoció para que cuando Mayte saliese de prisión pudiese justificar un lugar de trabajo. Actualmente, ella es quien regenta el local como cocinera. El negocio nunca ha estado exento de polémica, ya que del juzgado número 2 de Marbella, tuvo que resolver la denuncia de una doble venta tras doblarle el precio a Fernando. Con el tiempo, él fue retirándose para iniciar otros proyectos en una empresa de subastas junto a un socio granadino. Incluso ha llegado a dar charlas online como experto en el mundo subastero.
El entorno siempre confió en que tantos años de noviazgo acabarían en boda. Solo le dio el «sí, quiero» a Julián, en la ermita del Pantano de San Juan, ataviada de blanco y en un acto privado.
Tres bodas y ninguna con su novio
Mayte, hija de un guardia civil no era buena estudiante y al acabar el bachillerato empezó a trabajar como dependienta de una boutique de moda en Marbella. Tenía 16 años cuando conoció al padre de su hija Eloísa, el rondeño Juan José Núñez, profesor de autoescuela. Dio el portazo en su casa y se marchó con él. Antes se casaron en Gibraltar en una ceremonia civil sin validez legal. Al poco se quedó embarazada y se separó. Él murió en un trágico accidente. Enseguida conoció a Julián Muñoz, padre de su hija Elia, con quien contrajo por segunda vez matrimonio en 2024, convirtiéndose en su viuda oficial.


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