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Pequeñas decisiones que pueden tener un buen impacto en el planeta

El cuidado del medio ambiente está cada vez más presente en las preocupaciones de los españoles. De hecho, el 82,8% considera que la sostenibilidad y la protección del entorno son importantes o muy importantes, según la I Radiografía del Autocuidado de la Salud en España, elaborada por la Asociación para el Autocuidado de la Salud (ANEFT). Pero contribuir al cuidado del planeta no tiene por qué implicar grandes cambios ni decisiones difíciles de mantener.

"Como con todos los hábitos, cuesta empezar, pero aún más sostenerlos. Es una cuestión de elegir, de decidir con qué nos sentimos más identificados: ya sea en movilidad, en consumo, en reducción o en reciclaje. Es importante sentirse parte de algo mayor en lo que nuestro granito de arena tenga valor", explica Susana Revuelta, gerente de marketing de Ecoembes.

Es un error pensar que la sostenibilidad es "solo cosa de activistas", según Revuelta. "La sostenibilidad nos afecta a todos, es transversal a la sociedad tanto en la parte medioambiental, como en la social y la económica. Mantener nuestro estilo de vida va a depender de conseguir que la sostenibilidad se considere un factor base de la productividad y el desarrollo económico. La implicación de la administración, empresas y ciudadanos es fundamental", añade Revuelta.

Ahorro energético en casa

En casa, moderar el uso de la calefacción y el aire acondicionado es fundamental para reducir el consumo energético. Cada grado que se baja el aire acondicionado por debajo de los 26°C aumenta el consumo entre un 7% y un 10%. Lo mismo ocurre con la calefacción: reducir la temperatura un solo grado puede disminuir el consumo cerca de un 11%, según el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

El 82,8% de los españoles consideran importante o muy importante la sostenibilidad

Además, es preferible utilizar bombillas LED. Estas convierten aproximadamente entre el 80% y el 90% de la energía que consumen en luz, frente al 10-20% en el caso de las convencionales. De este modo, según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), la adopción de tecnología LED podría reducir hasta un 70% las emisiones de CO2 que produce la iluminación.

Un consumo responsable

Prestar atención al consumo de determinados alimentos también puede marcar la diferencia, aunque a veces no seamos conscientes de ello. Según datos publicados por Greenpeace, el 14,5% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero procede de la ganadería. Por ello, es importante moderar el consumo de carne y priorizar otros alimentos que sean de origen vegetal. De esta forma, podemos contribuir a la reducción del impacto ambiental con algunos cambios en nuestra alimentación.

Lo que no nos comemos también importa. En España, el desperdicio alimentario alcanzó los 1.125 millones de kilos en 2024, según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Cuando tiramos comida, no solo estamos desperdiciando los alimentos, sino también los recursos empleados para producirlos. Además, su descomposición en los vertederos genera emisiones de gases de efecto invernadero. Según el citado ministerio, el desperdicio alimentario es responsable de entre el 8% y el 10% de las emisiones mundiales de estos gases.

Para reducir la generación de residuos, más allá del desperdicio alimentario, conviene tener presentes las tres erres: reducir, reutilizar y reciclar. "Uno de los principales pasos para cuidar el planeta en nuestra rutina diaria es separar los residuos que generamos de forma responsable y repensar actos cotidianos. Añadir una visión medioambiental a nuestras actividades, tal vez nos lleve a ser más conscientes de que nosotros necesitamos más al planeta de lo que el planeta nos necesita a nosotros", apunta Susana Revuelta.

Movilidad sostenible

Cambiar la forma en la que nos desplazamos también reduce nuestro impacto ambiental. Optar por caminar o por la bicicleta en trayectos cortos evita el uso de combustibles fósiles y sus emisiones asociadas. Además, andar o pedalear contribuye a reducir la congestión del tráfico y la contaminación acústica y es bueno para la salud. Como recoge un estudio de la Unión Europea publicado en Global Environmental Change, si el 10% de la población cambiara sus hábitos de movilidad se podrían evitar alrededor del 4% de las emisiones de CO2 vinculadas a los desplazamientos en coche.

Para los trayectos largos, siempre que sea posible, es preferible sustituir el coche privado por el transporte público. Según datos de Naciones Unidas, utilizar el transporte público en lugar del vehículo particular puede llegar a reducir hasta en 2,2 toneladas las emisiones anuales de carbono por persona. Vivir sin coche puede llegar a disminuir esta huella en aproximadamente 3,6 toneladas al año. Si no queda otra alternativa que conducir, compartir el vehículo con otras personas también contribuye a reducir las emisiones.

Por su parte, el avión también genera un importante impacto ambiental, ya que usa combustibles fósiles para desplazarse y libera gran cantidad de emisiones durante el vuelo. Por ello, siempre que sea viable, conviene optar por alternativas como el tren o el autobús, que suelen ser más respetuosas con el medio ambiente.

No se trata de renunciar a viajar ni de dejar de descubrir nuevos lugares, sino de hacerlo de una forma más consciente y sostenible, priorizando destinos accesibles en transporte público o que requieran recorrer menos kilómetros en coche. De esta manera, es posible disfrutar de nuevas experiencias mientras se reduce el impacto ambiental.

Estos pequeños gestos contribuyen a mejorar la salud del planeta, son decisiones que, sumadas, pueden contribuir a reducir nuestra huella ambienta. El reto está en convertir estos gestos cotidianos en hábitos duraderos, recordando que cada decisión cuenta y que el compromiso individual, unido al de empresas y administraciones, resulta fundamental para avanzar hacia un modelo de vida más sostenible.

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