Ni soplan vientos alisios, que según la tradición de los antiguos mareantes que estudiaron en la universidad que ocupó el Palacio de San Telmo son, por su constancia y regularidad, los más favorables para las singladuras transoceánicas, ni en el horizonte se avista nada parecido a un remoto Cabo de Buena Esperanza. La nave de las izquierdas presenta varias vías de agua -todas ellas preocupantes- a menos de cuarenta días escasos para el 29-N.