Casi 240 perros y gatos buscan una familia en uno de los espacios de la protectora y santuario de animales Salvando Peludos, situado en la localidad madrileña de Villamanta. El enclave ha acogido este martes la presentación del informe Mi historia continúa contigo, que proporciona una radiografía de los animales que buscan hogar en España. Tras realizar un seguimiento de los 2.500 animales visibilizados a través de la plataforma Adopta con Tiendanimal en 2025, se ha concluido que los gatos fueron los animales más adoptados el año pasado, concentrando el 59% de las adopciones, frente al 41% de los perros que encontraron un hogar.
Según el estudio, "esta diferencia puede estar relacionada con diversos factores asociados al estilo de vida actual, especialmente en entornos urbanos. Por ejemplo, en los gatos su capacidad de adaptación a espacios reducidos y su mayor autonomía pueden resultar favorables para la vida dentro de las ciudades". Sobre este cambio se ha pronunciado Caroline Arrú, directora de marketing de la compañía: "España siempre ha sido un país de perros pero se está registrando un cambio de tendencia hacia los gatos, cada vez hay más adopciones de estos animales, incluso superando a los canes".
Con respecto a las diferencias por territorios, la comunidad autónoma donde más animales encontraron un hogar fue Andalucía, concentrando el 43,15% de las adopciones. En segundo lugar se sitúa la Comunidad de Madrid con el 15,09%, seguida de Cataluña que representó el 8,23% de los animales adoptados.
La edad y las enfermedades, factores clave en la adopción
No todos los animales tienen las mismas probabilidades de ser adoptados. El 42,45% de los perros que encuentran una familia son jóvenes (entre uno y tres años) y el 11,57% son cachorros (de menos de un año). Sin embargo, solo el 9,29% son senior (más de 8 años), según el informe.
Esta cifra se comprende mejor si se convierte en una historia, como la de Papuchi. "Este perro tiene dos de las características que hace que la adopción se complique, es un perro de nueve años y tiene Leishmaniosis, cuentaa 20minutos Fernando Sánchez, presidente de la Fundación Salvando Peludos. Sánchez lamenta que "mucha gente no los adopta por esta enfermedad aunque solo haya que darle una pastilla diaria". El presidente de la fundación reflexiona que "a muchas personas les da respeto acoger a un animal enfermo".
En lo que respecta a los gatos, la diferencia es incluso más acusada. Solo en el 1,61% de los casos, el felino que encuentra un hogar supera los 10 años. Los jóvenes (entre los seis meses y los dos años) concentran el 49% de las adopciones mientras que los adultos (entre dos y 10 años) recogen el 46,27%.
Amapola, una gata que rescataron de una persona con síndrome de Noé, tiene el mismo problema que Papuchi. El animal vivía hacinado con más de 50 gatos por lo que le cuesta confiar y necesita una familia en la que no haya más felinos. Además, "tiene doce años, le falta un ojo y presenta una leve ataxia por lo que está costando mucho encontrar una familia que lo adopte", relata Katia Berazouskaya, coordinadora de la protectora Salvando Peludos.
Aunque los animales de mayor edad o los que tienen alguna enfermedad diagnosticada siguen siendo algunos de los grupos que más dificultades encuentran para conseguir una familia no son los únicos. Hay otras características que también dificultan especialmente este proceso. El principal factor asociado a una estancia prolongada en los refugios es el comportamiento del animal, señalado por el 77,6% de las entidades entrevistadas por la Fundación Affinity en el estudio Él nunca lo haría. A continuación, aparecen la pertenencia a razas consideradas potencialmente peligrosas (68,2%), las enfermedades crónicas (57,2%), el tamaño grande (50,7%) y la edad (48%).
En definitiva, algunos animales continúan enfrentándose a importantes barreras para encontrar una familia y permanecen durante largos periodos de tiempo en espera de una oportunidad. En muchos refugios, estos terminan convirtiéndose en auténticos "animales invisibles". Es decir, perros y gatos que, debido a sus características, parecen pasar desapercibidos para los potenciales adoptantes. Papuchi y Amapola pertenecen a este último grupo aunque sus cuidadores mantienen la esperanza de que encuentren una familia que les brinde todo el amor que merecen.
Elincendio de Burgohondo, en Ávila, tardó 73 días en apagarse por completo pero sus consecuencias perduran mucho más que las llamas. El fuego comenzó el 23 de julio y fue declarado como extinguido el 3 de octubre, convirtiéndose en una de las grandes heridas medioambientales de este verano con 33.943 hectáreas quemadas, según datos extraídos del informe publicado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Esta cifra lo sitúa como el segundo incendio forestal más grave de la historia reciente de España, solo por detrás del fuego de Niebla que dejó 39.821 hectáreas calcinadas.
Durante más de dos meses, el monte del valle del Tiétar, una de las zonas más afectadas, se fue tiñendo de negro ante la mirada de los vecinos que, sin haber superado esta gran pérdida, se ven obligados a afrontar una nueva amenaza con la llegada del otoño. Las primeras lluvias de esta estación han provocado que el agua recorra las laderas calcinadas arrastrando cenizas, madera y sedimentos que han terminado en las captaciones de varias localidades como Casavieja, Piedralaves y Mijares, comprometiendo el abastecimiento de agua.
La falta de vegetación, una cubierta natural que antes protegía el terreno, ha dejado al descubierto un problema que va más allá de la superficie quemada. Con las precipitaciones, los restos del incendio se desplazan ladera abajo y llegan a los cauces, los depósitos y las infraestructuras de suministro. "Cuando desaparece la cubierta forestal, el suelo queda desprotegido. Esto implica que si hay episodios de lluvias intensas, el agua no se filtra tanto y aumenta la escorrentía que va a parar a los cauces de los ríos", explica Jorge Mongil, ingeniero de montes especializado en la gestión del agua, del suelo y la restauración forestal.
La turbidez del agua en Casavieja preocupa a los vecinos
Los efectos del arrastre de estos residuos son inmediatos, según el experto hidráulico, "las cenizas y los materiales sólidos generan turbidez, malos olores y pueden llegar a contaminar el agua por la presencia de hierro, manganeso, aluminio e incluso hidrocarburos".
Esto es precisamente lo que ha ocurrido en Casavieja, donde las consecuencias del incendio se han hecho visibles en los grifos de los vecinos, de los que sale agua turbia. Una realidad que sufren desde hace dos semanas en la localidad, provocando que los ciudadanos tengan dificultades para realizar tareas tan rutinarias como ducharse, cocinar o lavar la ropa.
El problema se hizo evidente el 4 de octubre, cuando una tromba de agua arrastró los restos del incendio y puso contra las cuerdas las infraestructuras de abastecimiento de la localidad. "El agua que sale por los grifos del municipio es inutilizable, no sirve para beber, cocinar o ducharse", relata Eduardo Fuentes, un vecino de la localidad y presidente del club Deportivo Calamochos Casavieja.
Para mitigar esta situación, la Diputación de Ávila y el Ayuntamiento "están proporcionando agua embotellada y en el centro del pueblo se ha instalado una cisterna para llenar las garrafas. Además, en diferentes puntos de la localidad han colocado bidones", explica Eduardo. Los residentes también se abastecen de "las fuentes de toda la vida", tal y como describe el vecino, "donde el agua sí que sale clara".
El deterioro también se aprecia en los cursos de agua de la zona. "Los cauces de los ríos, los arroyos y las gargantas están irreconocibles... El agua está turbia, llena de cenizas, y es inviable para todo tipo de actuaciones", lamenta Eduardo. La alcaldesa del municipio, Vanessa Muñoz, afirma que "hay parcelas anegadas por el barro, caminos destrozados y muchas personas que no pueden entrar a sus fincas porque han desaparecido los accesos y los puentes". "El Ayuntamiento no tiene capacidad para arreglarlo", denuncia Muñoz.
Los cauces de los ríos, los arroyos y las gargantas están irreconocibles... El agua está turbia, llena de cenizas"
En Casavieja, con una superficie quemada del 92%, el problema va más allá de lo que se puede apreciar a simple vista. Según explica el vecino, "las captaciones de la sierra están dañadas y las tuberías se encuentran sucias" debido a los restos del fuego. La alcaldesa confirma este lunes que el municipio aún no ha recobrado la normalidad en el suministro aunque "la Junta ha hecho una obra de emergencia para traer agua de una de las captaciones y los trabajadores municipales llevan trabajando intensamente dos semanas para lograr dicho objetivo".
La incertidumbre se instala entre los vecinos, a pesar de que el suministro volverá a la normalidad una vez que las captaciones, los depósitos y las tuberías queden libres de residuos, es inevitable pensar que llegarán más precipitaciones y que esta situación puede convertirse en un problema recurrente. "Lo que más me preocupa es que en una semana el agua salga clara de nuevo y, cuando vuelva a llover, se ponga del color del chocolate", concreta Eduardo.
Mijares, con depósitos llenos de lodo y roturas de tuberías
La llegada de las lluvias también ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad del sistema de abastecimiento en Mijares. La alcaldesa de la localidad abulense, Soraya Blázquez, explica que los sedimentos y los residuos procedentes de las zonas quemadas entraron en los dos depósitos municipales y los llenaron de lodo. El municipio no dispone de suficiente autonomía para mantenerlos cerrados durante mucho tiempo, por lo que el suministro depende de que pueda entrar agua en condiciones adecuadas para el consumo.
"No podemos beber del grifo ni cocinar aunque, después de los dos primeros días, sí que se está utilizando para poner la lavadora o para el baño porque no está tan turbia", concreta la alcaldesa. Según su testimonio, hasta la fecha se han limpiado dos vasos de los depósitos que estaban obstruidos y, cuanto todos queden impolutos, se recuperará la normalidad.
"El problema es que por la orografía de Mijares hay bastante desnivel y esto provoca que se produzcan muchas roturas en la red de tuberías. La mañana de este miércoles hemos tenido una, llevamos cuatro ya. La porquería ha entrado en la red, la tapona y, como estamos abriendo y cerrando vasos para limpiarlos se filtra aire, se acumula la presión y se rompen los tubos", aclara Blázquez.
Las lluvias también han destruido los caminos, los puentes y las cunetas que los propios vecinos habían acondicionado durante agosto para intentar contener los daños que, según ya se preveía, iban a dejar las primeras precipitaciones. "Es una pena porque trabajaron muy duro y pretendían evitar lo que al final nos ha ocurrido", explica Blázquez. Aunque el núcleo urbano de Mijares no ha sufrido directamente los arrastres, sí han resultado afectados el monte, las gargantas y los senderos.
La retirada de la madera quemada es otra de las tareas pendientes desde la extinción del fuego, tanto en el monte como en las propiedades privadas. Además, los árboles debilitados por el llamas pueden caer y ocasionar nuevos daños, mientras que el acondicionamiento de los caminos corre el riesgo de resultar insuficiente si vuelven a producirse lluvias intensas.
Aún así, Blázquez se muestra optimista sobre el suministro de agua: "Esperemos que esto sea porque es el primer arrastre y que, una vez las lluvias arrastren las primeras capas, el terreno se vaya fijando". Una teoría que, según detalla el ingeniero de montes Jorge Mongil, se aplica a las cenizas puesto que "van a ser arrastradas por el agua y desaparecerán en algún momento". Sin embarco, el experto hidráulico concreta que "el arrastre de los materiales sólidos sí que va a continuar durante mucho tiempo puesto que el terreno carece de cubierta vegetal".
La presa principal de Piedralaves está contaminada
En Piedralaves, la presa principal que suministra al municipio se vio muy afectada por los arrastres y que el agua quedó contaminada. En esas condiciones, los equipos de la potabilizadora no pueden tratarla adecuadamente, por lo que no se puede utilizar para el consumo ni para el uso doméstico hasta que se garantice su seguridad.
La Diputación de Ávila y la Junta de Castilla y León están suministrando agua embotellada y agua potable mediante cisternas, disponibles las 24 horas para que los vecinos puedan recogerla. Mientras tanto, los tres depósitos de almacenamiento reciben agua de tomas superficiales y manantiales antiguos. El alcalde del municipio, Germán Ulloa, señala que "el agua que entra por esas vías presenta buen aspecto, pero no debe utilizarse hasta que las analíticas confirmen que cumple los requisitos necesarios".
La diferencia entre que el agua parezca limpia y que sea potable es una de las cuestiones que más preocupa a las autoridades locales. Ulloa advierte de que "algunos contaminantes o bacterias no pueden detectarse a simple vista, por lo que la población debe esperar a los resultados de los análisis antes de utilizar el suministro".
Si vuelve a llover con fuerza, el Ayuntamiento podría verse obligado a cortar la entrada de agua a los depósitos para evitar que se contaminen. El alcalde teme que los arrastres vuelvan a afectar a la presa y que la fuerza del agua provoque daños en las tuberías. Por eso, además de garantizar el abastecimiento inmediato, el municipio estudia con la Junta de Castilla y León posibles soluciones estructurales para mejorar sus infraestructuras.
Posibles soluciones
A corto plazo, la prioridad es evitar que las cenizas y los sedimentos lleguen a las captaciones, los depósitos y las tuberías. Para ello, el ingeniero de montes Jorge Mongil propone instalar barreras en las laderas y los cauces, cubrir el suelo quemado con paja o restos vegetales y construir pequeñas estructuras que retengan los materiales arrastrados por la lluvia.
"La clave es evitar la llegada de los materiales a los depósitos y a las tuberías", resume el experto, que advierte de que estas actuaciones se están llevando a cabo "de manera muy puntual". "Un incendio tan grande como este requiere medidas a gran escala y una gran inversión económica por parte de las Administraciones públicas", subraya el experto hidráulico.
A medio y largo plazo, la solución pasa por recuperar la vegetación perdida en el incendio mediante siembras y plantaciones de árboles. "La recuperación de la cubierta forestal es lo que va a solucionar el problema", afirma Mongil. El ingeniero de montes advierte de que, mientras el suelo permanezca desprotegido, seguirá habiendo arrastres cuando llueva de forma intensa aunque serán menos intensas que las primeras veces.
El experto también plantea recurrir a las aguas subterráneas mediante pozos para reducir la dependencia de las captaciones superficiales. "Por suerte, las aguas subterráneas se ven muy poco afectadas por los incendios", explica Mongil.
Otras consecuencias del incendio
Las consecuencias también alcanzan a la economía local. Piedralaves, un municipio de unos 2.200 habitantes, ha visto reducido el número de turistas que recibe. "Las casas rurales y los campings han tenido cancelaciones durante el puente del Pilar por los problemas de abastecimiento de agua. Los negocios sufren las consecuencias de los fuegos", concreta el alcalde de la localidad.
Ante el deterioro de parte del entorno natural, el Ayuntamiento busca potenciar espacios que no se han visto tan afectados y proteger las zonas verdes que han sobrevivido al fuego: "Hay pequeños oasis que tenemos que poner en valor como el Castañar de La Angostura, que se ha mantenido casi intacto". En relación a esto, Ulloa señala que "hay que actuar rápido en estos espacios porque han aparecido plagas de insectos en áreas que han resistido al fuego y esto podría ser muy perjudicial para las especies".
A 8 kilómetros, en Casavieja, los espacios naturales que sustentaban parte de su actividad social y económica también se han visto afectados. Como presidente de un club deportivo, Eduardo organizaba carreras de montaña, pruebas solidarias y otras actividades que ahora resultan difíciles de recuperar.
Antes de las últimas lluvias ya se desaconsejaba subir a la sierra por el riesgo de árboles caídos, desprendimientos, raíces expuestas y huecos en el terreno. Después de que se haya producido el arrastre, muchas pistas forestales han quedado impracticables incluso para los vehículos. "Nuestra vida ha cambiado mucho a raíz del incendio. La verdad que la capacidad de adaptación del ser humano es tremenda, pero cuando piensas en todo lo que teníamos se nos cae el alma al suelo", sentencia Eduardo.