El 95,7% de las víctimas jóvenes de sumisión química no denuncia la agresión a los servicios sanitarios ni a las autoridades
La mayoría de las víctimas jóvenes de violencia sexual facilitada por drogas en contextos de fiesta y ocio nocturno no comunica lo ocurrido a profesionales sanitarios, psicólogos o autoridades. Aunque el 78,2% comparte la agresión con su entorno más cercano, solo el 4,3% recurre a algún servicio sanitario, psicológico, policial o judicial, según una investigación del Observatorio Universitario de Violencia Sexual Facilitada por Drogas.
El estudio se basa en 1.601 entrevistas a jóvenes de entre 18 y 35 años residentes en España. De ellos, 583, el 36,4%, declararon haber sufrido violencia sexual facilitada por el consumo de drogas.
De acuerdo con los resultados, apenas el 1,9% de las víctimas informó de lo sucedido a las autoridades policiales o judiciales. Los investigadores también observaron diferencias importantes en función de cómo se produjo la sumisión química.
La agresión que menos se comunica
Cuando el agresor administra sustancias a la víctima de forma encubierta o forzada, un tipo de violencia conocido como sumisión química proactiva, el 34,2% de las víctimas comunica la agresión a las instituciones policiales y judiciales.
Sin embargo, la proporción cae hasta el 1,4% cuando el agresor se aprovecha del consumo voluntario de alcohol por parte de la víctima, una modalidad denominada sumisión química oportunista. Los investigadores señalan que este tipo de violencia sexual es especialmente difícil de visibilizar.
La gravedad de la agresión también influye en la comunicación de lo sucedido. Las víctimas de las agresiones más invasivas compartieron lo ocurrido con su entorno cercano en menor medida que quienes sufrieron episodios menos invasivos: un 65,4%, frente al 81%. En cambio, la comunicación a las autoridades fue mayor en los casos más graves, con un 13,5%, frente al 2,3%.
Diferencias entre mujeres y hombres
El estudio también detecta diferencias por sexo. Las mujeres compartieron la agresión con su entorno social más cercano con mayor frecuencia que los hombres, con porcentajes del 82,6% y el 71,2%, respectivamente.
No obstante, su comunicación a las instituciones fue menor: el 3,7% de las mujeres trasladó lo ocurrido, frente al 5,4% de los hombres.
Las barreras que dificultan pedir ayuda
La investigación, publicada en la revista Frontiers in Public Health y en la que participan la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y la Universidad de Alcalá (UAH), identifica varios obstáculos que pueden dificultar que las víctimas reconozcan la agresión, la comuniquen y busquen ayuda.
Entre ellos figuran los mitos sobre la sumisión química, los problemas de memoria que pueden provocar las sustancias, la falta de lesiones físicas visibles y los estereotipos sexistas que contribuyen a culpabilizar a las víctimas.
Pablo Prego, investigador del Departamento de Salud Pública de la UCM, advierte de que la combinación de estos factores puede contribuir a que las agresiones sexuales oportunistas permanezcan especialmente invisibilizadas.
Por ello, el investigador insiste en la importancia de evitar cualquier juicio o cuestionamiento hacia las víctimas y de favorecer entornos de comprensión, apoyo y confianza que faciliten la comunicación de lo sucedido y la búsqueda de asistencia.

