Preparar una taza de té parece uno de esos gestos cotidianos que hacemos casi sin pensar. Calentamos agua, añadimos una bolsita o unas hojas, esperamos unos minutos y listo. Sin embargo, algo tan simple como el tiempo que dejamos infusionar el té puede modificar tanto su sabor como los compuestos que pasan al agua y, con ello, los efectos que percibimos al beberlo.
Hay productos que entran en el neceser para quedarse. Una crema que encaja en tu rutina, una mascarilla para el pelo que vuelves a comprar o ese sérum al que recurres cada mañana. El problema suele aparecer cuando toca reponerlos: el envase está a punto de terminarse y vuelves a buscar una oferta o añades la compra a tu lista de pendientes.