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España ante el cambio climático: es hora de adaptarse

El cambio climático es un fenómeno global pero con manifestaciones específicas en cada región del mundo. Para analizar sus consecuencias en España, hemos hablado con Jorge Olcina Cantos, catedrático de Análisis Geográfico Regional en la Universidad de Alicante y experto en los riesgos del cambio climático.

«En la península y en los dos archipiélagos participamos del proceso progresivo y constante de subida de temperatura y de alteración de la circulación atmosférica», confirma Olcina. Pero, como destaca el catedrático, «tenemos rasgos singulares. Yo hablo de ‘mediterraneización’ del cambio climático: el calentamiento del Mediterráneo es la mayor preocupación en estos momentos en la investigación climática. Un mar cálido distorsiona el registro de temperaturas y proporciona más humedad en los procesos de inestabilidad y formación de nubes».

Los cambios que ya notamos son fundamentalmente tres: aumento de las temperaturas, lluvias cada vez más irregulares y más eventos extremos como olas de calor, danas o temporales marítimos. Nuestro clima tiende a ser menos confortable y algo más extremo.

Lluvias más irregulares

La tendencia de las precipitaciones es uno de los grandes temas de investigación actual, ya que es muy difícil hacer predicción de futuro. Pero hay cambios evidentes: «Las lluvias en España son ya más irregulares. Podemos tener varias semanas de lluvia abundante y luego un año o dos con lluvias muy por debajo de lo normal», subraya Olcina. Además, «en términos globales, está lloviendo más en otoño que en primavera. Pero esa lluvia de otoño es menos aprovechable para la planificación hidrológica porque es más torrencial».

El experto cree que la clave para afrontar esta incertidumbre es la planificación: «Hay que apostar por una gestión más prudente del agua, que reduzca el gasto y aproveche al máximo los recursos procedentes de la precipitación, reutilizándolos todo lo que sea posible».

Veranos más largos

«Este verano, más de 3.700 personas han fallecido por el agravamiento de enfermedades respiratorias y cardiacas generado por el calor continuado, especialmente por las noches». Olcina nos recuerda así que el aumento de temperaturas es un problema de salud pública.

Como ya estamos viendo, «la temporada alta de verano ahora se extiende de junio a septiembre, con un centro del verano cada vez menos confortable». Frente a esta nueva situación, propone soluciones evidentes para los núcleos urbanos que no deberían aplazarse como «sombrear las calles, plantar árboles o instalar toldos, cuando se pueda», además de «fuentes para que la gente se hidrate en las jornadas de fuerte calor».

Pero no solo hay que adaptar la ciudad sino también las casas: «Debemos diseñar viviendas para estar frescos en verano. Las investigaciones arquitectónicas deben aplicarse de forma efectiva a la construcción de edificios. Y mejorar la climatización de las viviendas más antiguas», hace ver el catedrático.

«Igualmente se deben habilitar espacios para soportar el calor: los refugios climáticos. Nuestro país tiene una densidad muy baja por habitante y cada vez son más necesarios», recuerda.

El peligro de las inundaciones

Los traumáticos episodios recientes de danas en España revelan que las medidas deben adaptarse a cada territorio: «El tipo de inundación es distinto en una ciudad del norte de España por la que pase un gran río que en una población mediterránea o de Canarias con un barranco de comportamiento torrencial». Como norma general, indica que «debe realizarse obra hidráulica (presas de contención, canalizaciones, desvío de cauces) allá donde sea necesario. Y una planificación territorial que evite la ocupación de zonas inundables». En aquellas que ya están ocupadas y donde vive mucha gente con alto riesgo, «debería contemplarse el traslado de viviendas a zonas más seguras», dice Olcina.

«También hay que organizar bien los sistemas de aviso y alerta a las poblaciones para que sepan actuar ante las inundaciones. Y cada vez es más importante la educación para las personas que viven en espacios de riesgo. Muchas veces no saben que el barranco que pasa por delante de su casa puede generar una situación de peligro», señala.

España, ante un futuro descarbonizado

Por último, hay que considerar la aportación de España a la reducción de emisiones producidas por los combustibles fósiles, gran acelerador del calentamiento global. «España cuenta con un potencial inmejorable para producir energía solar. Debemos convertirnos en líderes mundiales. Y esto obliga a mejorar en los sistemas de almacenamiento y en la eficiencia de los propios paneles solares para que mejoren su impacto visual y paisajístico, que es lo problemático en este tipo de equipamiento», concluye el catedrático Jorge Olcina.

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