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Un experto revela cuándo deja de ser normal la caída del cabello en otoño

Cada otoño, nos encontramos con la misma escena, pelos en el cepillo, el desagüe acumula mechones y la coleta parece perder densidad de un dispara otro. Es ese momento del año en el que la caída del cabello se vuelve más visible, y aunque forma parte del ciclo natural, no siempre es tan inocente como pensamos. La caída estacional existe, sí, pero tiene un umbral que marca la diferencia entre lo fisiológico y lo preocupante.

Adolfo Remartínez, fundador de Nuggela & Sulé, lo explica con claridad y sin alarmismo. Señala que la clave no es evitar que el cabello se desprenda, sino asegurarse de que vuelve a nacer con fuerza. Porque cuando la caída supera ciertos números, el folículo necesita ayuda para volver a producir un cabello sano, fuerte y con futuro.

La cifra que marca el límite: cuándo la caída deja de ser “normal”

La caída estacional del otoño es un fenómeno conocido, el cabello entra en fase de renovación y se desprende con más facilidad. Pero existe un punto de inflexión que no deberíamos ignorar. Cuando la caída supera los 150 a 200 cabellos diarios, ya no hablamos de un proceso fisiológico estándar, sino de una caída activa que puede estar alertando de un debilitamiento en la raíz.

Según el experto: "La caída de otoño es completamente normal. El problema aparece cuando el cabello que perdemos deja de recuperarse con la misma fuerza o cuando la cantidad supera lo que se considera fisiológico. En ese momento debemos ayudar al folículo para que vuelva a producir un cabello sano y fuerte". Es una señal clara de que el folículo necesita refuerzo.

Esta caída más intensa puede aparecer en otoño, pero también tras periodos de estrés, desajustes hormonales o después del embarazo. El patrón es el mismo, el folículo se ralentiza y el cabello nace más fino, más débil o directamente no nace.

El cuero cabelludo también envejece

Una de las ideas más importantes, y más olvidadas, es que el cuero cabelludo envejece igual que la piel del rostro. La salud del cabello depende directamente de la salud de la piel que lo sostiene, y sin embargo, solemos dedicar más tiempo a la rutina facial que a la capilar.

Remartínez advierte que: "No hay que olvidar que el cuero cabelludo es una extensión de la piel. Igual que cuidamos nuestro rostro para mantenerlo sano, debemos hacer lo mismo con el cuero cabelludo. Cada folículo produce entre 25 y 30 cabellos a lo largo de su vida y, si no lo cuidamos correctamente, esa capacidad puede agotarse antes de tiempo". La raíz envejece, se inflama, se debilita y pierde capacidad de producción.

Por eso, una caída excesiva no se soluciona solo con esperar a que 'pase el otoño'. El folículo necesita un entorno sano, oxigenado y nutrido para volver a producir cabello con fuerza, y eso implica cuidar el cuero cabelludo como parte esencial de la rutina.

La rutina que ayuda al folículo a recuperarse

Cuando la caída supera el umbral fisiológico, la estrategia cambia y ya no se trata de frenar la caída, sino de favorecer el nacimiento de nuevos cabellos. El objetivo es reactivar el folículo, no luchar contra el ciclo natural.

El experto recomienda una rutina que combine varios pilares: buena alimentación, control del estrés, masajes diarios en el cuero cabelludo y tratamientos específicos que mantengan el folículo en condiciones óptimas. Es un enfoque global que trabaja desde dentro y desde fuera.

Los masajes diarios ayudan a mejorar la microcirculación, los tratamientos específicos refuerzan la raíz y la alimentación equilibrada aporta los nutrientes necesarios para que el folículo produzca cabellos más fuertes.

¿Cuándo empezar un tratamiento?

La pregunta clave es cuándo actuar, y la respuesta del experto es clara: cuanto antes, mejor. No se trata de impedir la caída natural, que forma parte del ciclo de renovación, sino de evitar que el folículo entre en una fase prolongada de inactividad o produzca cabellos cada vez más finos.

"El verdadero objetivo no es evitar que el cabello se desprenda, sino conseguir que cada uno de esos cabellos vuelva a nacer. Cuanto antes reforcemos el folículo, mayores serán las posibilidades de recuperar una melena fuerte, densa y saludable", concluye Remartínez.

La caída de otoño puede ser normal, pero cuando supera los límites, el folículo necesita ayuda para volver a producir cabello con fuerza. Actuar a tiempo es la diferencia entre una caída pasajera y una pérdida de densidad prolongada.

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Mónica Nieto, entrenadora: "Para tener el hábito de hacer ejercicio necesitas un ritmo que puedas mantener incluso sin ganas"

A partir de los 40, el cuerpo, las hormonas (y la vida) cambian. Lo que antes funcionaba ahora parece no hacerlo. Muchas mujeres se desesperan e interpretan ese estancamiento como falta de disciplina, cuando en realidad es que el cuerpo demanda algo diferente en esta etapa vital. Mónica Nieto, entrenadora especializada en mujeres a partir de esta edad, asegura que : "El problema nunca fue tu fuerza de voluntad. Fue que estabas usando herramientas que no eran para ti".

La entrenadora identifica los errores más comunes que impiden ver resultados, incluso cuando hay esfuerzo, constancia y ganas. ¿Qué podemos hacer para que el cambio sea realmente eficaz y sostenible? La experta tiene las mejores pautas para lograr integrar en el día a día unos hábitos saludables a partir de los 40.

Por qué ya no funciona lo que funcionaba antes

A los 20 y los 30, casi cualquier plan funciona, peo a los 40, ya no. La sensibilidad a la insulina cambia, la masa muscular disminuye de forma natural y las hormonas dejan de jugar a favor. Esto no significa que sea imposible transformar el cuerpo, sino que el método debe adaptarse a la nueva biología. "Lo mismo que te funcionaba antes ya no da los mismos resultados. No porque hayas cambiado en disciplina. Porque tu cuerpo es otro", explica la entrenadora.

El error más común es intentar replicar las rutinas de hace diez años, las mismas dietas, mismos entrenamientos y la misma intensidad. Pero el cuerpo ya no responde igual, y eso genera frustración, cansancio y la sensación de que 'ya no sirve de nada intentarlo'. Además, muchas mujeres ignoran el impacto de la perimenopausia, la menopausia o el estrés crónico. "Las hormonas cambian las reglas del juego, y nadie te lo explica bien", señala Nieto. Entender el momento hormonal es clave para dejar de pelearte con tu cuerpo y empezar a trabajar a su favor.

Por qué los planes genéricos no funcionan

Internet está lleno de retos, tablas y programas que prometen resultados rápidos. Pero el 90% están diseñados para mujeres de 25 años, sin cambios hormonales, con más tiempo disponible y un metabolismo distinto. "No es que sean malos planes en general — es que no son para ti", afirma Nieto. Seguir un plan genérico suele terminar en dos escenarios: O no funciona, o funciona durante dos semanas y luego se estanca.

Cuando eso pasa, muchas mujeres concluyen que el problema es su falta de disciplina, cuando en realidad el problema es que el plan no estaba adaptado a su momento vital. Además, la mayoría de planes no caben en la vida real porque requieren una hora y media al día, cocinar cada día y cero imprevistos. "La vida siempre aparece. Y cuando aparece, el plan se rompe", explica la entrenadora.

Por eso, la solución es un método que funcione incluso en semanas malas: 30–40 minutos, 3–4 días, adaptable, flexible y sostenible. La consistencia imperfecta siempre gana a la perfección intermitente.

Cómo entrenar sin quemarte y sin depender de la motivación

La mayoría de mujeres empiezan demasiado fuerte, con dietas estrictas, entrenamientos diarios y cero flexibilidad. "Un plan que no puedes sostener seis meses no es un plan. Es una prueba de resistencia que estás destinada a perder", advierte la experta, y añade: "Para tener el hábito de hacer ejercicio necesitas un ritmo que puedas mantener cuando no tienes ganas". Eso significa entrenar menos días, pero mejor. Comer de forma planificada, pero sin restricciones extremas. Descansar más y no menos.

Otro error frecuente es medir el progreso solo con la báscula. La báscula no distingue entre grasa, músculo, agua o inflamación, y puede generar frustración innecesaria. "La báscula es una herramienta, no el juez de tu progreso", recuerda la entrenadora. La energía, la fuerza, la ropa y las medidas cuentan mucho más.

Descansar también es importantísimo. "El cuerpo cambia durante el descanso, no durante el entrenamiento", afirma Nieto. Dormir bien, gestionar el estrés y comer suficiente proteína son tan importantes como la rutina de fuerza.

Nutrición, descanso y acompañamiento

Muchas mujeres creen que comer sano es suficiente y comienzan a comer con menos azúcar, más verdura y porciones más pequeñas. Pero ‘comer sano’ es demasiado vago para producir cambios reales. El cuerpo necesita señales claras, y saber cuánta proteína tomar, cuándo comer carbohidratos y cómo equilibrar las comidas según el día, es clave. "Sin estructura, aunque la calidad sea buena, los resultados son impredecibles", explica la entrenadora. La nutrición debe ser flexible y clara, pero lógica y, por supuesto, no restrictiva. Es el equilibrio entre estructura y libertad lo que produce resultados sostenibles.

Otro pilar es el acompañamiento. Muchas mujeres intentan cambiar solas, sin feedback, sin ajustes y sin guía. "Los planes en papel no se adaptan. Tu cuerpo sí cambia constantemente", recuerda Nieto. Sin alguien que interprete lo que está pasando y corrija a tiempo, cualquier plan acaba siendo un experimento sin dirección.

El cambio real ocurre cuando el método se adapta contigo, no cuando tú intentas adaptarte a un método imposible.

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Alejandro Pérez, experto en salud capilar: "El uso excesivo de planchas y secadores daña la fibra y debilita la cutícula"

Cada otoño ocurre lo mismo, el pelo empieza a caerse más de lo habitual, aparecen las dudas, las búsquedas frenéticas en internet e incluso puede parecer que algo va mal cuando suele ser un fenómeno normal y transitorio. Este drama capilar anual tiene un nombre y es el efluvio telógeno estacional, un fenómeno completamente normal que responde al ciclo natural del cabello y que, aunque es pasajero, puede resultar muy llamativo. Entre la vuelta a la rutina, el estrés, el cansancio acumulado y el daño del verano, el cabello llega a otoño más vulnerable y necesita unos cuidados específicos.

La clave está en entender qué está pasando dentro del folículo, cómo influye la nutrición, qué hábitos pueden agravar la caída y qué gestos ayudan a fortalecer el cuero cabelludo. Y, sobre todo, en evitar prácticas que dañan la fibra capilar y empeoran la situación, como el uso excesivo de herramientas de calor. Alejandro Pérez, dietista y experto en salud capilar, lo explica con claridad y aporta pautas realistas para acompañar al cabello en su ciclo natural.

El efluvio telógeno estacional: por qué el pelo se cae más en otoño

En otoño, muchos folículos entran en fase de reposo y se desprenden de forma simultánea, lo que provoca una caída más visible. El experto capilar y dietista de Synsera Labs, Alejandro Pérez, señala que: "El ciclo natural del cabello hace que una mayor proporción de folículos entre en fase de reposo (telógena) en un periodo concreto, más habitualmente durante la primavera. Unos meses después, esos cabellos en fase telógena se desprenden, por lo que durante unas semanas uno verá muchos cabellos en la ducha, el cepillo o la almohada… El pico suele ser en septiembre y octubre".

Es un proceso fisiológico, no una señal de que el cabello esté enfermo. Sin embargo, puede verse agravado por factores como déficits nutricionales, estrés, cambios hormonales o pérdida de peso. La caída aumenta, pero el folículo sigue vivo, y eso es lo que permite que el cabello vuelva a crecer con normalidad. Lo importante es acompañar al folículo, no luchar contra un proceso que forma parte de su ciclo natural.

Nutrición, suplementación y hábitos: cómo fortalecer el folículo desde dentro

El cabello responde a lo que comemos, a cómo dormimos y a cómo gestionamos el estrés. Una mala alimentación puede debilitar el folículo. "La alimentación también juega un papel decisivo para mantener el folículo fuerte y nutrido: nutrientes como hierro, zinc y vitaminas del grupo B (especialmente la B12) son esenciales para el crecimiento del cabello y se encuentran en alimentos como el marisco, carne roja de calidad, vísceras, huevos, frutos secos y verduras", afirma Alejandro.

Una dieta rica en azúcares, harinas refinadas y aceites de semillas aumenta la inflamación, afecta a la resistencia a la insulina y altera el equilibrio hormonal. "El pelo no falla: avisa de lo que ocurre por dentro", advierte el especialista.

En caso de déficit, la suplementación puede ser útil. El experto señala: "Cada vez hay más evidencia de que quienes sufren más caída capilar presentan niveles bajos de vitamina D, lo que convierte una exposición regular y sensata a la luz solar en un pilar básico para el folículo".

Dormir bien, gestionar el estrés y respetar los biorritmos también son esenciales. El cortisol elevado debilita el folículo y acelera la caída, por lo que el autocuidado emocional es parte del tratamiento capilar.

Cuidado del cuero cabelludo: masajes, sérums fortificantes y terapias de luz

El cuero cabelludo es la base de todo. Si está inflamado, tenso o mal irrigado, el cabello lo acusa. Por eso, Pérez recomienda masajear la zona con un sérum fortificante para estimular la microcirculación: "Masajear el cuero cabelludo para estimular la circulación sanguínea y el crecimiento con la ayuda de un sérum fortificante".

Otra herramienta interesante es la terapia de luz infrarroja. Pérez explica: "Es una herramienta en auge que no ‘inventa’ nada nuevo: el infrarrojo representa casi la mitad del espectro solar y predomina al amanecer y al atardecer. Su uso se ha asociado a una mejor microcirculación y a un aumento del recuento capilar". El cuero cabelludo necesita estímulos suaves, no agresiones, para recuperar su equilibrio en otoño.

Evitar el daño externo: el calor excesivo es uno de los grandes enemigos del cabello

Después del verano, el cabello luce más frágil por factores como sol, cloro, sal, viento, estrés y peor descanso. Si a eso le sumamos herramientas de calor muy agresivas, el daño se multiplica."Muchas veces, cuidar el cabello empieza por dejar de maltratarlo con el uso excesivo de alisadoras, planchas y secadores muy calientes que dañan la fibra capilar, debilitan la cutícula y pueden inflamar el cuero cabelludo", advierte el experto.

El especialista también recomienda evitar el agua muy caliente y no frotar en exceso el cuero cabelludo. La cutícula necesita suavidad, no fricción, para mantenerse íntegra. Reducir las agresiones diarias es tan importante como aplicar tratamientos, porque el cabello no puede regenerarse si cada día se enfrenta a un nuevo daño.

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Salena Sainz, nutricionista: "Los picantes suelen reducir la ingestión calórica"

Cuando hablamos de perder peso, solemos pensar en fuerza de voluntad, en comer menos o en entrenar más. Pero la ciencia lleva años señalando otra dirección y es que la clave está en cómo funciona nuestro sistema de saciedad, en cómo responde el intestino, en cómo se comunican nuestras hormonas y en cómo podemos modular ese proceso de forma natural. En su nuevo libro, La revolución del GLP‑1 Natural (Ed. Oberon), la nutricionista-dietista y farmacéutica, Salena Sainz, explica que para conseguirlo la solución no está en comer distinto, sino de activar mecanismos internos que ya existen en nuestro cuerpo. Entre esos moduladores naturales, hay uno que sorprende por su potencia y por lo fácil que es incorporarlo: la capsaicina.

El GLP‑1 natural: la hormona de saciedad que podemos activar con alimentos

El GLP‑1 es una hormona clave en la regulación del apetito, la glucosa y la sensación de satisfacción tras las comidas. Activarlo de forma natural es una estrategia real para perder peso sin pasar hambre, y la capsaicina es uno de los moduladores más directos. Salena Sainz explica en su libro que: "La capsaicina, el compuesto responsable del picante en chiles, cayena y guindilla, es uno de los moduladores más interesantes y directos de la secreción de GLP‑1. Su acción no depende del metabolismo de la microbiota, sino de la activación de un receptor sensorial específico: TRPV1, presente tanto en neuronas sensoriales como en células del tracto gastrointestinal".

El picante no actúa como un alimento más, sino como un estímulo inmediato que desencadena una cascada hormonal. La saciedad entonces no es psicológica, es química.

Cómo actúa la capsaicina: un estímulo rápido, directo y potente

Cuando la capsaicina del picante activa el receptor TRPV1, se produce un flujo rápido de calcio hacia el interior de la célula. Ese aumento de calcio es la señal que desencadena la liberación del famoso GLP‑1. Sainz lo detalla así: "En las células L, este aumento de calcio es una señal clave para la exocitosis de GLP‑1. A diferencia de la respuesta a carbohidratos o proteínas, que depende de pasos metabólicos intermedios, la capsaicina actúa como un estímulo directo, inmediato y potente".

Esto significa que el picante activa la saciedad más rápido que otros nutrientes, sin necesidad de procesos complejos. Además, la capsaicina estimula fibras del nervio vago, que conectan el intestino con el cerebro. "Por eso, los alimentos picantes suelen generar una reducción espontánea de la ingestión calórica y una mayor sensación de satisfacción tras las comidas", aclara la autora.

Más allá de la saciedad: metabolismo, inflamación y microbiota

El picante no solo activa el GLP‑1. También mejora el metabolismo energético, aumenta el gasto calórico y favorece la oxidación de grasas. Sainz aclara que: "La activación continuada de TRPV1 aumenta el gasto energético y la oxidación de grasas, lo que reduce el riesgo de acumulación grasa hepática y mejora la sensibilidad a la insulina". Un metabolismo más eficiente significa menos fatiga, menos picos de hambre y una respuesta hormonal más estable.

La capsaicina también tiene efectos antiinflamatorios y antioxidantes que protegen la mucosa intestinal. Una mucosa menos inflamada produce más GLP‑1, responde mejor a los nutrientes y mejora la saciedad. Además, modula la microbiota: "El picante modula la composición de la microbiota, favoreciendo algunas especies productoras de AGC, lo que amplifica el efecto incretínico a largo plazo".

Incluso puede aumentar la expresión de genes relacionados con la producción de GLP‑1: "Se ha observado que la capsaicina puede aumentar la expresión de genes relacionados con la producción de GLP‑1, lo que contribuye a una mayor capacidad de secreción basal y posprandial", asegura la experta. El picante no solo actúa en el momento sino que entrena al cuerpo para producir más saciedad de forma sostenida.

Cómo usar el picante para perder peso

No hace falta convertir cada plato en un desafío extremo. La capsaicina funciona en cantidades moderadas, fáciles de integrar en la cocina diaria. Sainz lo recomienda así: "Usar capsaicina en cantidades moderadas —cayena, guindilla, chile seco— no solo añade sabor, sino que también es una herramienta metabólica para potenciar la saciedad y mejorar el control glucémico de forma natural". Un toque de cayena en una crema, un poco de chile en unas verduras, una guindilla en un sofrito…

Beneficios reales del picante según la experta:

  • Más saciedad sin esfuerzo.
  • Menor ingesta calórica espontánea.
  • Mejor control glucémico.
  • Mayor gasto energético.
  • Mejor oxidación de grasas.
  • Menos inflamación intestinal.
  • Microbiota más eficiente.
  • Producción de GLP‑1 más estable.

El picante no es una moda foodie, en realidad, según Salena, es una herramienta metabólica que puede jugar a nuestro favor si sabemos usarla.

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Una farmacéutica dice que "es mejor aplicar la vitamina C antes de la limpieza y por la mañana"

Estamos en un momento en el que redes sociales y medios de comunicación nos proponen rutinas de belleza infinitas y en el que cada semana aparece un nuevo ingrediente viral prometiendo resultados milagrosos. Pero, afortunadamente, la ciencia sigue recordándonos que la piel no necesita tantas complicaciones. La vitamina C por la mañana y el fotoprotector después siguen siendo la combinación más eficaz para proteger la piel del fotoenvejecimiento, especialmente en verano, cuando la radiación UV y la contaminación se multiplican.

La Dra. Ana Revuelta, farmacéutica y médico estético, defiende esta alianza clásica frente al fast-beauty y las modas pasajeras. Su propuesta es simple, clínica y basada en evidencia, y desmonta mitos como la obsesión por los porcentajes altos o la idea de que la vitamina C es solo un ingrediente de luminosidad. “El protector solar reduce la cantidad de radiación que alcanza la piel, mientras que la vitamina C neutraliza parte del daño oxidativo que inevitablemente se produce. Juntos ofrecen una protección superior frente al fotoenvejecimiento”, asegura.

Qué es realmente la vitamina C y por qué funciona

La vitamina C es uno de los antioxidantes más estudiados en dermatología. No es solo un activo de moda, sino un cofactor esencial en procesos biológicos clave porque participa en la síntesis de colágeno, regula la producción de melanina y neutraliza radicales libres generados por la radiación UV y la contaminación.

Más allá del efecto inmediato de luminosidad que estamos hartas de oír, la vitamina C actúa también a largo plazo. Sus beneficios se consolidan con el uso constante, no con aplicaciones esporádicas. Por eso la experta insiste en que no es un ingrediente estacional, sino un pilar de la rutina. “La concentración es solo una parte de la ecuación. La estabilidad, el pH, la penetración cutánea y la tecnología de formulación pueden ser incluso más importantes que el porcentaje que aparece en el envase”.

Por qué la vitamina C debe aplicarse por la mañana

La vitamina C es especialmente eficaz cuando se utiliza por la mañana. Su función principal es reforzar las defensas antioxidantes de la piel, justo antes de enfrentarse a la radiación UV, la polución y el estrés urbano. La Dra. Revuelta aclara que: “Es mejor aplicar la vitamina C por la mañana, tras la limpieza y antes del fotoprotector”.

Este orden tiene su explicación. La vitamina C prepara la piel para el día, mientras que el fotoprotector actúa como barrera física y química frente a la radiación. Juntos crean un escudo doble: uno antioxidante y otro fotoprotector. Esta sinergia es la razón por la que la ciencia sigue defendiendo esta combinación por encima de cualquier tendencia pasajera.

La alianza vitamina C + fotoprotector: el escudo antiedad más sólido

La combinación de vitamina C y protector solar es una de las más respaldadas por la evidencia clínica. No es una moda, es realmente una buena estrategia dermatológica. La vitamina C neutraliza el daño oxidativo que el SPF no puede bloquear, y el SPF reduce la cantidad de radiación que llega a la piel, minimizando el impacto del sol.

La experta afirma que: “El protector solar reduce la cantidad de radiación que alcanza la piel, mientras que la vitamina C neutraliza parte del daño oxidativo que inevitablemente se produce”. Esta alianza es especialmente importante en verano, cuando la radiación UV, el calor y la contaminación aumentan el estrés cutáneo.

Además, la vitamina C ayuda a prevenir manchas, mejorar la firmeza y mantener un tono uniforme, tres preocupaciones que se intensifican durante los meses de sol. Es un escudo urbano completo, no solo un booster de luminosidad.

Cómo integrar la vitamina C en tu rutina sin complicarte

La clave está en la sencillez. No necesitas una rutina compleja para que la vitamina C funcione. Basta con aplicarla por la mañana, sobre la piel limpia, y sellar con un fotoprotector de amplio espectro. No necesitas mil pasos, solo tener una buena rutina eficaz y minimalista.

La experta responde a una de las dudas más frecuentes: “¿Cuándo es mejor aplicar la vitamina C? Por la mañana, tras la limpieza y antes del fotoprotector, para reforzar las defensas antioxidantes de la piel frente a la radiación UV y la contaminación ambiental”. Este orden optimiza su eficacia, evita irritaciones y potencia la protección diaria.

Si usas retinol, no hay ningún conflicto. Según la doctora: “Ambos activos son compatibles, aunque suele ser más aconsejable aplicar la vitamina C por la mañana y el retinol por la noche para optimizar la tolerancia”. La clave es respetar los tiempos de cada activo y no mezclarlos sin criterio.

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Cómo recuperar energía en otoño: todos los suplementos que sí funcionan

Comienza el otoño y los días se acortan, hay menos luz, cambia la presión atmosférica, se altera el sueño y el cuerpo tarda en adaptarse. De repente, aparece esa mezcla de somnolencia, falta de energía, apatía y dificultad para concentración que puede limitarnos en nuestro día a día. Es la llamada astenia otoñal, un cuadro tan común como incómodo, que no es grave pero sí puede ser incómoda. Y aunque no tiene una causa orgánica clara, sí responde a un patrón estacional que se repite cada otoño.

La buena noticia es que se puede prevenir, y no solo con descanso y buena alimentación. Según el nutricionista y cofundador de Synsera Labs, Endika Montiel, una suplementación adecuada puede marcar la diferencia si se empieza a tiempo, especialmente en personas con déficits de base. Su enfoque es claro: anticiparse, reforzar el organismo y acompañar al cuerpo en su proceso de adaptación al cambio de estación.

Qué es la astenia otoñal y por qué aparece

Al igual que ocurre en primavera, la astenia otoñal es un cuadro caracterizado por somnolencia, debilidad física, falta de vitalidad, cefaleas, apatía y cambios en el apetito y el sueño. No es grave, pero sí muy molesto. Montiel explica que su origen está en la adaptación del cuerpo al nuevo clima: “Probablemente, la astenia otoñal está relacionada con el cambio de tiempo, la presión atmosférica, la humedad… El cuerpo debe aclimatarse a las nuevas condiciones climatológicas y esto requiere un esfuerzo extra. Además, no podemos obviar la influencia de otros factores, como padecer estrés de forma crónica, o el impacto de las patologías alérgicas y víricas características de esta época del año”.

El cuerpo necesita tiempo para reajustarse, y durante ese proceso la energía baja. Además, el experto recuerda que entre el 60 % y el 80 % de los españoles presenta déficit de vitamina D, lo que agrava la sensación de cansancio. Es un cuadro temporal, pero puede durar hasta cuatro semanas si existen carencias nutricionales de base. El otoño no solo cambia el paisaje, también cambia la química interna.

El estilo de vida como primera línea de defensa: luz solar, descanso y alimentación variada

Antes de hablar de suplementos, Montiel insiste en algo esencial: el estilo de vida es la base de todo. "Seguir una dieta variada, hidratarnos bien, hacer ejercicio físico, exponernos a la luz solar y descansar lo suficiente son hábitos básicos que pueden ayudarnos a evitar la astenia otoñal, pero la realidad es que muchas personas los descuidan por culpa del ritmo de vida tan acelerado que llevamos".

La luz solar regula la vitamina D, el ejercicio mejora la circulación y el descanso estabiliza el cortisol. Una alimentación rica en proteína de calidad, verduras, huevos, frutos secos y marisco ayuda a mantener los niveles de hierro, zinc y vitaminas del grupo B, esenciales para la energía.

El cuerpo funciona mejor cuando lo tratamos bien, y el otoño es el momento perfecto para recuperar hábitos que quizá se han desordenado durante el verano.

Suplementos que sí funcionan: vitamina C, vitamina D, magnesio y vitaminas del grupo B

Cuando el estilo de vida no es suficiente, o cuando existen déficits de base, Montiel recomienda recurrir a la suplementación. "Ante esta situación, recomiendo optar por la suplementación con micronutrientes, en particular con vitamina C, vitamina D y/o magnesio. Además, en dietas pobres en proteína animal sería necesario complementar con vitaminas del grupo B".

La vitamina C y TetraSOD aportan vitalidad, reducen la sensación de cansancio y refuerzan la función inmune. El experto lo detalla: "Los suplementos de Vitamina C y TetraSOD aportan una mayor vitalidad y menor sensación de cansancio, además de mejorar la función inmune, por lo que están indicados para personas expuestas al estrés, la inflamación, la fatiga o quienes buscan cuidar su salud celular en profundidad".

La vitamina D3+K2 es especialmente útil para deportistas, mujeres en menopausia y personas que quieren reforzar su sistema inmunitario ante los cambios de estación. El magnesio + potasio es ideal para trabajadores sedentarios, personas con estrés, ansiedad o problemas de sueño: "Para trabajadores sedentarios o de oficina con tensiones musculares o bajo nivel de energía, para personas con un alto nivel de estrés o ansiedad y para quienes tienen problemas para dormir y se despiertan con fatiga mental y física puede ser más beneficioso tomar un suplemento de magnesio + potasio". La suplementación no sustituye hábitos, pero sí corrige carencias que impiden que el cuerpo funcione con normalidad.

Cuándo empezar y cómo elegir el suplemento adecuado

La clave para que la suplementación funcione es empezar antes de que llegue el bajón. Montiel señala que: "Para quienes deciden tomarlos como forma de prevención de la astenia otoñal, es recomendable empezar, como mínimo, un mes antes del cambio de estación, a finales de febrero, para que, cuando termine el invierno, el organismo esté más preparado".

Anticiparse es más eficaz que reaccionar, porque permite que el organismo llegue al otoño con reservas suficientes. Además, el experto insiste en la importancia de elegir bien: "Es fundamental elegir el suplemento que mejor cubre nuestras necesidades y suple nuestras carencias y, sobre todo, elegir uno que esté bien formulado, con ingredientes de alta calidad". No todos los suplementos sirven para todo, y cada uno está diseñado para cubrir un tipo de déficit o necesidad concreta.

El otoño puede ser una estación de energía renovada, siempre que acompañemos al cuerpo en su proceso de adaptación.

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Los cortes de pelo y tonos tendencia que dominarán el otoño‑invierno de este año

El otoño‑invierno 2026‑27 llega con una estética capilar muy clara y es el de la naturalidad sofisticada, el brillo extremo y los cortes que favorecen sin esfuerzo. Tras varias temporadas marcadas por tendencias virales de las redes sociales, la nueva estación recupera la elegancia atemporal y el cuidado profundo de la fibra capilar. El cabello vuelve a ser un símbolo de lujo silencioso, donde la salud, la textura y la personalización pesan más que cualquier moda pasajera.

El estilista madrileño Álex Sestelo, director del salón que lleva su nombre, asegura que: "Cada vez hay menos espacio para los cortes o colores que responden únicamente a una tendencia viral. Hoy el cliente busca un look que le favorezca, que sea fácil de mantener y que proyecte una imagen cuidada sin parecer excesivamente trabajado". La clave de la temporada será potenciar la belleza individual con una buena técnica y resultados duraderos.

Cortes con movimiento: adiós a la rigidez, hola a la naturalidad

Este otoño‑invierno, los cortes rígidos desaparecen para dejar paso a melenas más ligeras, fluidas y llenas de movimiento. La naturalidad será el nuevo lujo, con estructuras suaves que rejuvenecen el rostro y aportan dinamismo sin perder densidad visual. El objetivo es que el cabello se mueva sin esfuerzo.

Entre los estilos protagonistas destacan las melenas midi, el bob largo o clavicut actualizado, las capas invisibles, el butterfly cut evolucionado y los flequillos cortina. Todos ellos comparten una misma filosofía: versatilidad, suavidad y efecto favorecedor inmediato.

Según Álex Sestelo: "Buscamos que el cabello se mueva de forma natural. Un buen corte debe funcionar incluso cuando el cliente apenas dedica unos minutos a peinarse". La temporada apuesta por cortes que envejecen bien y se adaptan al ritmo real de cada persona.

Tonos profundos y sofisticados: el regreso del color con matices

En coloración, la tendencia es clara y vamos a ver mucho tonos intensos, ricos y llenos de brillo, alejados de los contrastes extremos y los rubios muy fríos de temporadas anteriores. Este otoño‑invierno se impone una paleta cálida, profunda y elegante que transmite salud capilar y dimensión. El color se vuelve más cremoso, más natural y más luminoso.

Los protagonistas, nos adelanta Sestelo, serán los chocolates intensos, moka, castaños espresso, cobrizos suaves, canelas, rubios beige y miel, además de los bronde personalizados. En morenas, ganarán fuerza los reflejos estratégicos alrededor del rostro; en rubias, los matices cremosos y menos fríos. "El color deja de buscar el contraste para perseguir la dimensión. Queremos cabellos que reflejen la luz, con brillo y múltiples matices, como ocurre en un tejido de alta calidad", indica el estilista. La profundidad y la luz serán las claves del color de la temporada.

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