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No siempre es un problema con los números: por qué algunos chicos tienen dificultades con matemática, según la ciencia

Un estudio con 122 baterías de pruebas vinculó el lenguaje y el razonamiento con el rendimiento matemático de niños y adolescentes
(Freepik)

Las dificultades en matemática suelen presentarse como problemas para comprender una materia de números, operaciones y resultados exactos.

Sin embargo, una investigación de la Universidad de Texas A&M plantea que buena parte de las dificultades escolares en esta área puede originarse en habilidades que, a primera vista, parecen ajenas a una cuenta: comprender el lenguaje de una consigna, distinguir datos relevantes, reconocer patrones y construir una conclusión lógica.

El estudio, publicado en la revista Journal of Intelligence, reunió resultados de 122 instrumentos de evaluación cognitiva y académica.

Su objetivo consistió en comparar qué habilidades se vinculan con cuatro dimensiones del desempeño matemático: conocimiento de la materia, cálculo, resolución de problemas y fluidez. Los resultados ubicaron al conocimiento lingüístico y al razonamiento entre los predictores más consistentes.

La comprensión lectora es clave para entender matemática

La comprensión lectora permite interpretar consignas matemáticas y ayuda a seleccionar los datos necesarios para resolver un problema escolar
 (Imagen Ilustrativa Infobae)

La novedad no radica en afirmar que los alumnos necesitan saber números para aprender matemática. Ese punto forma parte de la enseñanza habitual. El aporte del trabajo reside en precisar que el dominio de vocabulario, la comprensión lectora y la capacidad de razonar frente a situaciones desconocidas ayudan a explicar por qué dos estudiantes, con una instrucción similar, pueden responder de forma muy diferente ante un mismo problema.

Este enfoque ofrece una herramienta para revisar las dificultades de aprendizaje más allá de una nota baja o de un resultado incorrecto.

Si un niño falla al resolver una consigna, el problema puede estar en una operación, pero también en la interpretación del enunciado, en el reconocimiento de una relación entre datos o en la selección de un procedimiento. Identificar esa diferencia resulta central para definir qué apoyo necesita cada estudiante.

El trabajo estuvo dirigido por Daniel Hajovsky, profesor asociado del Departamento de Psicología Educativa de Texas A&M. La investigación analizó evaluaciones que midieron capacidades intelectuales, académicas y conductuales. Entre ellas figuraron pruebas como la escala cognitiva de Wechsler, usada de forma frecuente para valorar distintas aptitudes en niños.

El razonamiento fluido ayuda a identificar patrones y relaciones cuando los estudiantes enfrentan problemas sin reglas nuevas
 (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores no plantean que la capacidad cognitiva determine de manera absoluta el destino escolar de una persona.

Las oportunidades de enseñanza, el acompañamiento docente, el acceso a materiales, el clima institucional y las experiencias familiares también influyen. El estudio propone, en cambio, que las evaluaciones pueden aportar más información si observan las habilidades que intervienen detrás de una respuesta matemática.

El sentido numérico apareció como otra base relevante. Este concepto alude a la comprensión de las cantidades y de las relaciones entre números. Incluye, por ejemplo, advertir cuál de dos valores es mayor, estimar una magnitud o reconocer que una suma puede representarse de distintas formas. Esa intuición no reemplaza el aprendizaje formal, pero facilita la construcción de conocimientos posteriores.

“En nuestro estudio, descubrimos que el sentido numérico, es decir, la comprensión general de las matemáticas y cómo se relacionan los números entre sí, era igual de importante y constituía una base sólida para las habilidades matemáticas posteriores”, afirmó Hajovsky.

“Las capacidades cognitivas son importantes para el aprendizaje y el rendimiento académico, pero no definen por completo la capacidad matemática de una persona”, agregó el experto.

El razonamiento y la comprensión lectora también intervienen en una cuenta

El sentido numérico aporta una base para comprender cantidades y vínculos entre números antes de abordar operaciones más complejas
(Imagen Ilustrativa Infobae)

Una de las capacidades con mayor peso en el análisis fue el razonamiento fluido. El término describe la posibilidad de llegar a una conclusión cuando la persona enfrenta un problema para el que no dispone de una regla memorizada ni de una solución conocida. Implica detectar relaciones, comparar alternativas, descartar información innecesaria y formular una estrategia.

La deducción y la inducción integran este tipo de razonamiento. La primera parte de una regla general y la aplica a un caso particular. La segunda observa casos concretos para extraer una idea más amplia. Ambas aparecen en la matemática escolar, incluso cuando no reciben ese nombre. Un alumno las usa al identificar el patrón de una serie, al elegir una operación o al justificar por qué una respuesta tiene sentido.

“El ejemplo que me gusta usar para explicar el razonamiento fluido es: ‘¿Qué tan bien puede un estudiante aprender un juego cuando no se requieren reglas previas ni conocimientos previos?. Cuando uno razona internamente, sigue utilizando conocimientos e información verbal, pero el razonamiento fluido ayuda a discernir qué información es relevante y cuál no’”, precisó Hajovsky.

En sexto grado de primaria el 45 por ciento de los alumnos no alcanzó los aprendizajes esperados en matemática durante Aprender 2025
 (Imagen Ilustrativa Infobae)

La comprensión lectora mostró una relación similar con el desempeño matemático. Muchos problemas escolares exigen convertir una situación expresada en palabras en una representación numérica. Para lograrlo, el estudiante necesita entender qué pregunta la consigna, reconocer la información disponible y detectar cuáles datos no tienen utilidad. Una dificultad de lectura puede alterar cualquiera de esos pasos, aunque la operación final sea sencilla.

El vocabulario también importa. Palabras como diferencia, proporción, equivalente, perímetro, promedio o probabilidad tienen un significado cotidiano y otro específico dentro de la disciplina. Cuando esas nociones no están claras, el alumno puede interpretar mal el problema antes de empezar a calcular. Por eso, el trabajo sugiere que la matemática comparte herramientas con la lectura y la escritura, sin perder su lenguaje propio.

“Si alguien quiere estudiar derecho, presentará el examen de admisión. Parte de ese examen requiere sólidas habilidades de comprensión lectora y la aplicación de conocimientos previos o esquemas de comprensión para dar sentido a la nueva información que se está aprendiendo. Eso es comprensión lectora”, afirmó. “Es importante para la lectura, es importante para la escritura, y ahora vemos que también es importante para las matemáticas”.

Los errores en una cuenta pueden revelar dificultades de vocabulario comprensión o estrategia y orientar apoyos pedagógicos específicos  (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio también recupera una idea conocida en psicología: las habilidades mentales suelen relacionarse entre sí. La destreza para resolver un rompecabezas visual y el desarrollo del vocabulario parecen tareas alejadas, pero ambas requieren mecanismos vinculados con la atención, la memoria, la clasificación de información y la elaboración de relaciones. Esa conexión no significa que una actividad sustituya a la otra, sino que el aprendizaje intelectual funciona como un sistema.

“Uno de los hallazgos más sólidos y consistentes en psicología es lo que se conoce como la multiplicidad positiva. El rendimiento en una tarea mental se correlaciona positivamente con el rendimiento en otra tarea mental diferente”, explicó Hajovsky. “Por ejemplo, la habilidad para manipular rompecabezas visuales y resolverlos mentalmente se correlaciona positivamente con el desarrollo del vocabulario de una persona. Ambas actividades activan el mismo mecanismo mental que impulsa el rendimiento en estas tareas cognitivas específicas”, agregó.

Los resultados en la región refuerzan la necesidad de detectar errores a tiempo

En el último año de secundaria solo 14,2 por ciento alcanzó el nivel satisfactorio de matemática en Aprender 2024 según los datos nacionales

Los resultados de PISA 2025 confirmaron que América Latina se mantiene por debajo del promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en matemáticas, lectura y ciencias. En matemáticas, Argentina registró su peor resultado desde que participa de la evaluación: solo el 24% de los estudiantes alcanzó el nivel básico de competencia, frente al 65% del promedio de la OCDE.

México también profundizó su caída, mientras Chile, Perú y Uruguay retrocedieron en esa área, y Brasil, Colombia y Costa Rica exhibieron resultados estancados o con variaciones reducidas. La brecha refleja problemas que exceden los contenidos escolares. La desigualdad socioeconómica sigue asociada al rendimiento, al tiempo que varios países registraron altos niveles de ausentismo, falta de materiales y dificultades de infraestructura.

El informe también mostró cambios en las aulas: creció el uso de herramientas de inteligencia artificial entre los estudiantes y persiste la distracción por dispositivos digitales.

En ese escenario, el estudio de Texas A&M propone una pregunta útil para el aula: qué tipo de error comete un estudiante y qué proceso refleja esa equivocación. El análisis no debería limitarse a marcar una respuesta como correcta o incorrecta. También puede observar si el alumno confundió una palabra de la consigna, eligió una operación inadecuada, perdió información relevante o aplicó un procedimiento sin comprenderlo.

Más de la mitad de los estudiantes argentinos quedó en el nivel más bajo de matemática según los resultados de Aprender 2024 oficiales - 
Crédito: Cuartoscuro

“En lugar de fijarnos en las calificaciones de los estudiantes, podemos prestar atención al patrón de errores que cometen para identificar dónde se encuentran las mayores necesidades de aprendizaje”, afirmó Hajovsky.

“En otras palabras, utilizar el análisis de errores para determinar si las dificultades matemáticas se deben a problemas conceptuales como dificultades con el lenguaje, el razonamiento o la eficiencia, y ajustar la enseñanza en consecuencia. Esta estrategia podría ser útil para mejorar los resultados matemáticos de todos los estudiantes”, concluyó.

Llegar al resultado correcto importa, pero el camino que recorre cada alumno también ofrece información pedagógica. La exploración, la argumentación y el razonamiento permiten comprender cómo piensa un estudiante, dónde aparece un obstáculo y qué intervención puede ayudarlo a superar una dificultad antes de que se acumule durante los años escolares.

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El telescopio espacial James Webb detectó gas metálico junto al agujero negro de la Vía Láctea: qué revela sobre su actividad

El James Webb identificó gas rico en metales alrededor de Sagitario A, el agujero negro supermasivo ubicado en el centro de la Vía Láctea
 (NRAO/AUI/NSF/NASA)

En el centro de la Vía Láctea, a unos 26.000 años luz de la Tierra, existe un entorno extremo donde estrellas, polvo y nubes de gas orbitan alrededor de un agujero negro supermasivo.

Allí, el Telescopio Espacial James Webb identificó una señal relevante para entender la historia de nuestra galaxia: el gas que rodea a Sagitario A* contiene una alta proporción de elementos más pesados que el helio. La medición aporta datos sobre el origen de ese material, sobre la baja actividad del agujero negro central y sobre los procesos que distribuyen los componentes químicos necesarios para formar planetas.

El hallazgo surgió de un análisis dirigido por investigadores del Instituto Espacial Trottier de la Universidad McGill. El equipo utilizó la visión infrarroja del Webb para separar las emisiones de distintas nubes que giran cerca del agujero negro Sagitario A*, conocido como Sgr A*.

Un gráfico de Infobae resume los hallazgos del telescopio James Webb sobre la química de Sagitario A* y la evolución de los discos galácticos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esa precisión permitió estudiar el contenido de cada región gaseosa, una tarea difícil desde telescopios anteriores por el polvo y la concentración de objetos en el núcleo galáctico.

En lenguaje astronómico, un metal no equivale solo a hierro, oro o cobre. El término engloba todo elemento con una masa superior a la del hidrógeno y el helio. Carbono, oxígeno, silicio y hierro forman parte de esa categoría. Esos elementos alteran la manera en que una nube gaseosa pierde calor, se comprime y responde a la atracción gravitatoria. Por eso, conocer su abundancia permite reconstruir parte de la dinámica alrededor de un agujero negro.

Los datos indican que el gas cercano a Sgr A* posee una composición parecida a la de numerosas estrellas que recorren órbitas en la misma zona. Esa coincidencia apunta a un origen compartido o a una evolución estrechamente ligada entre ambos componentes. Las explosiones de estrellas masivas, conocidas como supernovas, figuran entre las fuentes posibles de ese enriquecimiento químico. Cada explosión expulsa al espacio elementos producidos dentro de la estrella y modifica las nubes vecinas.

El análisis infrarrojo del Webb separó las señales de distintas nubes, un avance que permite medir su composición con precisión local -  NASA/dima_zel/Handout via REUTERS

El resultado ofrece una ventana local a un fenómeno que también ocurre en núcleos de galaxias lejanas. La cercanía relativa del centro galáctico vuelve a Sgr A* un laboratorio excepcional.

Otros agujeros negros supermasivos se encuentran a distancias mucho mayores, por lo que sus regiones internas aparecen mezcladas dentro de una misma señal. En cambio, el Webb puede distinguir estructuras separadas en torno al objeto central de la Vía Láctea.

La composición del gas ayuda a explicar la baja alimentación de Sagitario A*

Sagitario A posee una masa cercana a cuatro millones de soles, aunque consume menos materia que otros agujeros negros supermasivos (Imagen Ilustrativa Infobae)

La riqueza metálica del gas no resuelve por sí sola un misterio que persiste desde hace décadas, pero agrega una variable decisiva. Sgr A* posee una masa cercana a cuatro millones de veces la del Sol y atrae materia de su entorno. Sin embargo, su consumo resulta muy inferior al de otros agujeros negros supermasivos. Su emisión actual también es débil si se compara con los núcleos activos de galaxias distantes.

“Sabemos que hay un agujero negro en el centro de nuestra galaxia que atrae material hacia sí mismo, pero vemos que está consumiendo mucho menos material que otros agujeros negros supermasivos, y más lentamente”, dijo Nicole Ford, estudiante de doctorado del grupo de investigación del profesor Daryl Haggard, en el Departamento de Física de McGill y autora principal del trabajo publicado en The Astronomical Journal.

La explicación requiere observar qué clase de materia queda disponible para la captura gravitatoria. Gas, polvo y estrellas circulan bajo condiciones distintas, con velocidades, temperaturas y composiciones particulares. Los metales cambian la eficiencia con la que el gas se enfría. Un gas que pierde energía puede condensarse con mayor facilidad, aunque otros factores, como los campos magnéticos, la radiación y la turbulencia, pueden impedir que ese material alcance el horizonte de sucesos.

La coincidencia entre el gas y las estrellas de la zona sugiere un origen ligado a explosiones estelares que liberaron elementos pesados
  (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Para comprender por qué está sucediendo esto, es necesario analizar las propiedades de los materiales disponibles para que los consuma, incluyendo el gas, el polvo y las estrellas que orbitan a su alrededor.” La investigación se enfoca precisamente en ese inventario químico y físico. Antes de calcular cuánta materia cae en el agujero negro, los astrónomos necesitan saber de qué está hecha y cómo se mueve.

El instrumento infrarrojo del Webb resultó clave porque la luz visible no atraviesa con facilidad las densas capas de polvo entre la Tierra y el centro de la galaxia. Sus observaciones cubren una amplia franja de longitudes de onda y ofrecen una resolución espacial y espectral suficiente para separar las huellas térmicas de varias nubes. Cada elemento deja líneas características en la luz que emite o absorbe, como una firma química que permite estimar su presencia.

La investigación también dialoga con otro análisis del mismo entorno, dirigido por Mayura Balakrishnan, becaria posdoctoral Banting. Ese estudio buscó rastros de explosiones energéticas previas del agujero negro. Sus resultados mostraron que las emisiones de gas dependen con fuerza de las condiciones locales. Por esa razón, las nubes cercanas no conservan un registro simple y directo de antiguos episodios de actividad.

Esta imagen del Telescopio Espacial James Webb de la NASA/ESA/CSA revisitó una de las regiones más emblemáticas del cielo, el Campo Ultraprofundo del Hubble, a través de dos de sus instrumentos. - ESA/WEBB, NASA & CSA

Ese trabajo no descarta que Sgr A* atravesara fases más intensas en el pasado. Sí establece un límite para las conclusiones que los especialistas pueden extraer a partir del gas actual. El brillo, la densidad y la composición de una nube reflejan fenómenos cercanos que pueden ocultar las marcas de una erupción anterior. La nueva medición de metales suma información para separar esas influencias y afinar los modelos físicos.

Ford planteó que el próximo paso exige comparar las observaciones con simulaciones de larga duración. Esos modelos deberán representar cómo cambian las nubes, cómo reciben material de estrellas cercanas y qué fracción de ese gas termina bajo la influencia directa del agujero negro.

La comparación permitirá evaluar si el enriquecimiento químico favorece el enfriamiento o si otros procesos dominan la alimentación de Sgr A*.

Las galaxias lejanas muestran que los discos delgados aparecieron antes de lo previsto

El telescopio espacial James Webb de la NASA/ESA/CSA fotografió recientemente un chorro estelar extremadamente grande en las afueras de nuestra galaxia, la Vía Láctea, en el protocúmulo Sh2-284. - NASA/ESA/CSA

El Webb también aportó una perspectiva complementaria sobre la historia de la galaxia que alberga a Sgr A*. Un equipo internacional examinó 111 galaxias de disco vistas de canto para reconstruir el origen de una estructura presente en la Vía Láctea: un disco grueso, poblado por estrellas más antiguas, y un disco delgado interno, donde predominan estrellas jóvenes.

Algunas de esas galaxias aparecen tal como eran apenas 2.800 millones de años después del Big Bang. Al observarlas de perfil, los científicos pudieron medir su extensión vertical y diferenciar sistemas con una sola capa estelar de otros con dos discos bien definidos. El relevamiento indicó que las galaxias forman primero un disco grueso y, más tarde, desarrollan el delgado dentro de esa estructura.

“Fue sorprendente ver discos estelares delgados hace 8 mil millones de años, o incluso antes”, declaró Emily Wisnioski, astrónoma de la Universidad Nacional Australiana. La observación cuestiona la idea de que esas capas más finas aparecieron en una etapa mucho más reciente de la evolución cósmica.

La Vía Láctea ilustra esa doble arquitectura. Su disco grueso alcanza cerca de 3.000 años luz de altura, mientras el disco delgado mide unos 1.000 años luz. La misma relación surgió en varias galaxias de la muestra, pese a que su luz viajó miles de millones de años antes de llegar al telescopio. El detalle solo fue posible gracias a la resolución infrarroja del Webb.

Una recreación digital presenta al Telescopio Espacial James Webb con su parasol y su espejo primario hexagonal desplegados frente a un fondo de galaxias y estrellas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Esta medición única del grosor de los discos con un alto corrimiento al rojo, o en momentos del universo primitivo, constituye un hito para el estudio teórico que solo fue posible con el JWST”, explicó Takafumi Tsukui, investigador principal y miembro de la universidad australiana. El corrimiento al rojo describe el estiramiento de la luz de objetos remotos por la expansión del universo.

“Normalmente, las estrellas de disco más viejas y gruesas son tenues, mientras que las estrellas de disco jóvenes y delgadas eclipsan a toda la galaxia. Pero con la resolución del JWST y su capacidad única de ver a través del polvo y resaltar estrellas viejas y débiles, podemos identificar la estructura de dos discos de las galaxias y medir su espesor por separado”, agregó el experto.

Las galaxias más masivas completaron antes la transición hacia una estructura doble, hace unos 8.000 millones de años. Las menos masivas llegaron a esa etapa unos 4.000 millones de años atrás. Los investigadores vincularon esa diferencia con la eficiencia para transformar gas en estrellas. Los sistemas grandes consumieron sus reservas con mayor rapidez y redujeron antes la turbulencia interna.

Datos del conjunto de radiotelescopios ALMA respaldaron esa interpretación. En el universo temprano, el gas dentro de las galaxias presentaba movimientos turbulentos que favorecían la formación acelerada de estrellas y producían discos anchos. Con el paso del tiempo, el gas perdió turbulencia, se asentó en una capa más plana y permitió el surgimiento de nuevas generaciones estelares dentro del disco delgado.

Ambos estudios retratan escalas distintas de una misma historia cósmica. Uno observa la química de las nubes que rodean el agujero negro de nuestra galaxia; el otro reconstruye la secuencia que ordenó las estrellas en galaxias remotas. El Webb ofrece así mediciones directas sobre el material que circula en el núcleo de la Vía Láctea y sobre las condiciones que moldearon sus grandes estructuras.

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Japón desafía a las potencias mundiales y lanzó una misión que traerá rocas de las lunas de Marte

La misión japonesa MMX viaja hacia Fobos y Deimos para tomar muestras y devolverlas a la Tierra dentro de una cápsula en 2031 si cumple el plan (JAXA)

La agencia espacial japonesa JAXA puso en marcha la primera misión destinada a traer a la Tierra muestras de una luna de Marte.

La nave Martian Moons Exploration, conocida como MMX, partió ayer desde el Centro Espacial de Tanegashima, en Japón, con rumbo a Fobos y Deimos con el objetivo de llevar adelante una operación sin precedentes: aterrizar sobre un cuerpo de apenas 22 kilómetros de diámetro, extraer material de su superficie y devolverlo dentro de una cápsula en 2031.

El desafío excede la llegada a Marte. Las misiones espaciales lograron observar Fobos y Deimos desde la distancia, pero ninguna nave obtuvo muestras de esos satélites. MMX aspira a llenar ese vacío con un viaje de cinco años, una campaña científica alrededor del planeta y dos descensos sobre Fobos. La misión cuenta con un presupuesto de 578 millones de dólares y reúne a cinco agencias espaciales.

Una infografía detalla las etapas de la misión espacial MMX para recolectar al menos diez gramos de suelo en Fobos y enviarlos a la Tierra en 2031. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El lanzamiento utilizó un cohete H3, desarrollado por JAXA y Mitsubishi Heavy Industries. El vehículo, de 63 metros de altura, despegó desde la plataforma 2 del Complejo de Lanzamiento Yoshinobu y siguió una trayectoria sobre el océano Pacífico. Después de liberar sus propulsores sólidos y separarse de la etapa superior, la nave recibió el impulso necesario para abandonar la órbita terrestre y dirigirse al sistema marciano.

MMX viaja ahora a una velocidad máxima cercana a los 38.858 kilómetros por hora. El trayecto interplanetario demanda unos diez meses y su llegada a Marte figura para agosto de 2027. Desde allí, la nave ajustará su recorrido hasta una órbita cuasisatelital alrededor de Fobos, una configuración que le permitirá acompañar a la luna mientras ambas giran alrededor del planeta.

Tom Statler, astrofísico de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio de Estados Unidos (NASA), resumió la expectativa que rodea al proyecto: “Hay mucha adrenalina, mucha emoción y mucho ‘guau’”. La frase refleja el carácter excepcional de una operación que combina navegación interplanetaria, vuelo cercano a una luna irregular, descenso sobre un suelo desconocido y retorno de una carga científica.

Fobos puede conservar restos de Marte y del sistema solar temprano

Japón lidera una misión de cinco años y USD 578 millones que busca obtener por primera vez material de una luna del sistema marciano
 (JAXA)

La importancia de MMX comienza con una pregunta que la ciencia planetaria todavía no logró resolver: ¿de dónde provienen Fobos y Deimos? Sus órbitas casi circulares y cercanas al ecuador de Marte respaldan la posibilidad de un origen común con el planeta. Según esa hipótesis, un gran impacto expulsó material marciano al espacio; con el tiempo, esos fragmentos formaron las dos lunas.

Sin embargo, la forma y la composición conocidas de los satélites plantean otra explicación. Fobos y Deimos parecen cuerpos alargados, irregulares y oscuros, con una apariencia más cercana a la de un asteroide que a la de una luna formada a partir de escombros planetarios. La segunda hipótesis sostiene que Marte capturó dos asteroides del sistema solar primitivo por efecto de su gravedad.

Las observaciones remotas no alcanzan para resolver esa discusión. Los espectrómetros instalados en telescopios y naves pueden identificar rasgos generales de la superficie, pero los laboratorios terrestres permiten mediciones mucho más detalladas. Los investigadores analizarán la composición química, los minerales, las partículas y la antigüedad del material que MMX recupere. Luego compararán esos datos con rocas marcianas y con muestras de asteroides.

Las muestras pueden resolver si Fobos y Deimos nacieron tras un impacto sobre Marte o si fueron asteroides capturados por su gravedad (JAXA)

La misión llevará a la Tierra al menos 10 gramos de polvo, suelo y fragmentos rocosos. Puede parecer una cantidad menor, aunque bastaría para responder interrogantes sobre la formación de Marte y los planetas interiores. Si Fobos contiene material expulsado desde el planeta rojo tras impactos antiguos, sus granos ofrecerán además una vía indirecta para estudiar regiones marcianas inaccesibles para los vehículos que recorren su superficie.

JAXA vinculó ese objetivo con una cuestión más amplia: el origen de las condiciones favorables para la vida en los planetas rocosos. Determinar cuál hipótesis explica la formación de las lunas ayudaría a reconstruir el movimiento de materiales en la primera etapa del sistema solar. Mercurio, Venus, la Tierra y Marte atravesaron impactos, acumulación de escombros y cambios orbitales durante ese período.

“Es una oportunidad única en la vida. Formamos parte de la primera misión de retorno de muestras del sistema marciano”, afirmó Markus Grebenstein, jefe del rover de la Agencia Espacial Alemana. La definición precisa el alcance del proyecto: MMX no busca únicamente un registro de Fobos, sino una muestra física de todo el entorno marciano, hasta ahora fuera del alcance de las misiones de regreso de material.

Un rover rebotará sobre Fobos antes de los dos aterrizajes de MMX

Una infografía detalla las etapas de la misión espacial japonesa MMX y las dos teorías científicas sobre la formación de Fobos y Deimos, las lunas de Marte. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La nave principal pesa cinco toneladas e incorpora instrumentos de Japón, Estados Unidos y Europa. La NASA aportó el espectrómetro de rayos gamma y neutrones MEGANE, construido por el Laboratorio de Física Aplicada de Johns Hopkins, además de un sistema neumático de muestreo de Honeybee Robotics. La Red de Espacio Profundo de la agencia estadounidense respaldará las comunicaciones con la sonda.

Antes de la toma de muestras, MMX liberará a Idefix, un pequeño rover desarrollado por Francia y Alemania. Su nombre remite al perro blanco de los cómics de Astérix y su tamaño se aproxima al de un horno de microondas. El vehículo de cuatro ruedas descenderá sobre Fobos hacia finales de 2028 o inicios de 2029 para reconocer el terreno y aportar información para la selección de sitios de aterrizaje.

La gravedad de Fobos equivale a una milésima parte de la terrestre. Esa condición convierte el descenso en una maniobra poco habitual: Idefix caerá sobre la superficie y puede rebotar durante varios minutos antes de quedar estable. Su sistema de movilidad incorpora mecanismos para recuperar la posición si termina boca arriba, aunque los responsables reconocen riesgos ante rocas, polvo suelto o zonas blandas.

La nave japonesa aterrizará dos veces sobre Fobos y tendrá cerca de dos horas en cada visita para perforar el suelo y tomar material
(Yuika Kawazoe/Kyodo News via AP)

Una vez desplegados sus paneles solares, el rover perderá la posibilidad de girar sobre sí mismo en caso de quedar volcado. Por eso circulará a cerca de un milímetro por segundo y examinará la superficie durante unos 100 días. Sus datos permitirán evitar áreas con pendientes, acumulaciones de polvo o relieves que compliquen el descenso posterior de la nave principal.

La fase decisiva llegará con el aterrizaje del módulo de cuatro patas. MMX tocará Fobos dos veces y cada visita durará cerca de dos horas. Durante ese breve intervalo, perforará el suelo y aspirará el material destinado a la cápsula de retorno. La doble operación eleva las posibilidades de reunir una muestra representativa y reduce la dependencia de un único punto de contacto.

Tras completar la segunda recolección, la nave cambiará su órbita para cruzarse con Deimos, el satélite más pequeño de Marte, de unos 14 kilómetros de diámetro. MMX realizará varios sobrevuelos para estudiar su relieve, composición y entorno. Esa etapa permitirá comparar ambas lunas con instrumentos idénticos y construir un panorama conjunto del sistema marciano.

Fobos mide unos 22 kilómetros y su gravedad equivale a una milésima parte de la terrestre, una condición que complica cada aterrizaje
 - NASA/JPL-Caltech/Universidad de Arizona/Imagen cedida vía REUTERS

La sonda abandonará Marte en noviembre de 2030. Su cápsula con las muestras descenderá en Australia durante 2031, si la secuencia cumple el calendario. Japón aporta experiencia en retornos de material de asteroides, aunque el escenario marciano suma complejidades propias: distancias mayores, comunicaciones con demora, gravedad mínima y una cadena de maniobras que no admite errores.

El antecedente más cercano terminó de otro modo. Rusia lanzó la misión Phobos-Grunt en 2011, pero la nave no pudo salir de la órbita terrestre tras un fallo y cayó sobre el océano Pacífico en enero de 2012. Japón tampoco logró colocar en órbita marciana su única misión anterior al planeta.

MMX parte, por lo tanto, bajo la presión de intentos fallidos y con la posibilidad de inaugurar una nueva etapa en la investigación de Marte.

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