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El otoño que se come: siete productos típicos que marcan los sabores en diferentes rincones de España

El otoño que se come: siete productos típicos que marcan los sabores en diferentes rincones de España

Castañas, membrillo, azafrán, pimientos del piquillo y otros productos encuentran en el otoño su mejor momento. Viajamos a los lugares donde forman parte de la identidad local

Seis buenas razones para viajar en otoño (y seis destinos que lo demuestran)

Después de un verano largo, el otoño se coge con ganas. Ya apetece abrigarse, salir al campo a pisar hojas, ver otros colores y, también, disfrutar de otros sabores. Es tiempo de castañas asadas, de salir al monte en busca de setas, de preparar dulces con membrillo y de aprovechar productos que llegan a su mejor momento durante estos meses. Algunos forman parte de la cocina de toda la vida y otros están ligados a tradiciones que se repiten cada año en distintos rincones de España.

Además, detrás de muchos de ellos hay mucho más que una receta. El clima, el paisaje y la forma de trabajar el campo han hecho que determinados pueblos y comarcas se asocien a productos muy concretos. Algunos cuentan incluso con denominaciones de origen que protegen su calidad y su vínculo con el territorio.

Por esa razón, en este recorrido gastronómico por España nos vamos a Galicia para hablar de castañas, a los bosques de Soria para buscar setas y a Puente Genil, en Córdoba, para conocer la tradición del membrillo. También nos esperan el azafrán de Castilla-La Mancha, las granadas de Elche, los pimientos del piquillo de Lodosa y las manzanas de sidra de Villaviciosa. Siete productos muy distintos que nos ayudan a descubrir el otoño a través de sus sabores y de las costumbres que los rodean.

Castañas de Galicia, mucho más que un fruto de otoño

En Galicia, los castaños forman parte del paisaje desde hace siglos, sobre todo en las zonas del interior de Lugo y Ourense. Sus bosques, conocidos como soutos, han tenido una gran importancia en la vida rural. Durante mucho tiempo, las castañas fueron un alimento básico, hasta el punto de que se las llegó a conocer como el pan de los pobres. También se aprovechaba la madera del árbol, así que su valor iba mucho más allá de la cosecha otoñal.

Temporada de castañas.
Temporada de castañas.

La tradición sigue muy presente en el magosto, una celebración popular en la que las castañas se asan al fuego y se comparten con familia y amigos. En muchas zonas se acompañan de chorizo asado y vino nuevo, en una reunión que sirve para celebrar el final de la cosecha. Ourense es uno de los lugares donde esta costumbre tiene más arraigo, aunque también se mantiene en pueblos y comarcas de toda Galicia. Si visitas la región en otoño, es una buena ocasión para probar las castañas recién asadas y conocer una de sus tradiciones más populares.

Setas de Soria, una cita con el bosque

Hablar de setas en otoño es hablar de Soria. Sus pinares y otros bosques reúnen condiciones favorables para la aparición de distintas especies, y la búsqueda de hongos se ha convertido en un atractivo para quienes disfrutan del campo y la gastronomía. Entre los ejemplares más apreciados están el níscalo, el boletus y la seta de cardo, que tienen sabores y características muy diferentes y dan mucho juego en la cocina.

Setas en Soria.
Setas en Soria.

La temporada también invita a conocer el entorno natural de la provincia, pero conviene tener en cuenta algunas normas antes de salir con la cesta. La recolección está regulada y puede requerir un permiso según la zona, por lo que es importante informarse previamente. Y si no tienes experiencia, mejor no fiarse de una identificación hecha a ojo: hay especies tóxicas que pueden confundirse con otras comestibles. Una ruta guiada con alguien que conozca bien la micología es una buena manera de disfrutar de la actividad con seguridad.

Membrillo de Puente Genil, tradición dulce en Córdoba

En Puente Genil, al sur de la provincia de Córdoba, el membrillo tiene un papel destacado en la economía agrícola y en la gastronomía local. El cultivo de estos árboles forma parte del paisaje de la zona, donde los campos de membrilleros conviven con los olivares. La recolección se concentra en los meses de otoño y se puede prolongar hasta finales de diciembre, cuando la fruta llega a las cocinas para convertirse en uno de los dulces más conocidos de la localidad.

Membrillos y dulce de membrillo.
Membrillos y dulce de membrillo.

La elaboración más característica es la carne de membrillo, una preparación que se obtiene cocinando la fruta durante bastante tiempo hasta conseguir una textura firme y un sabor concentrado. Su origen está ligado a la necesidad de conservar el fruto y aprovecharlo durante más tiempo, pero hoy es habitual encontrarlo como acompañamiento de quesos o como ingrediente en otras recetas. También se utiliza para preparar mermeladas, compotas y confituras. Por lo que no te faltan opciones para llevarte un dulce recuerdo a casa.

Azafrán de Castilla-La Mancha, una cosecha delicada

A finales de octubre, cuando el otoño ya se nota en los campos manchegos, empieza habitualmente la temporada del azafrán. La flor, de color violeta, aparece durante un periodo muy breve y debe recogerse a primera hora de la mañana. No es un trabajo que permita demasiadas distracciones: cada flor se abre para extraer a mano sus tres estigmas, que son las hebras rojas que después se utilizarán como especia.

Recogida de azafrán en Castilla-La Mancha.
Recogida de azafrán en Castilla-La Mancha.

Tras la recolección llega otra fase clave, el tostado que permite deshidratar las hebras y desarrollar su aroma, color y sabor. La Denominación de Origen Protegida Azafrán de La Mancha reconoce la relación entre este producto, su zona de cultivo y los conocimientos tradicionales necesarios para elaborarlo. En la cocina se utiliza en arroces, guisos, legumbres y muchas otras preparaciones. Su sabor es intenso, así que basta con añadir unas pocas hebras para darle su personalidad al plato.

Granada mollar de Elche, el sabor del Mediterráneo

Elche y otras localidades del sur de Alicante son el territorio de la granada mollar, una variedad autóctona que destaca por su dulzor y por tener las semillas tiernas y fáciles de comer. Su temporada se extiende de octubre a enero, así que el otoño es un buen momento para encontrarla en su mejor etapa. El cultivo del granado está muy ligado a la agricultura de esta zona mediterránea y cuenta con una larga historia, como muestran los restos de granadas hallados en el yacimiento arqueológico de La Alcudia, en Elche.

Granada mollar de Elche.
Granada mollar de Elche.

La Granada Mollar de Elche cuenta con Denominación de Origen Protegida desde 2016 y la distinción ampara su producción en 40 municipios de las comarcas alicantinas del Baix Vinalopó, la Vega Baja y l’Alacantí. Además de comerla fresca, la granada se puede añadir a ensaladas y otros platos, en los que aporta un punto dulce y una textura crujiente. Es una fruta muy vinculada al paisaje local y una buena excusa para descubrir la tradición agrícola de esta parte de Alicante.

Pimiento del piquillo de Lodosa, en Navarra

En el suroeste de Navarra, alrededor de Lodosa, el otoño coincide con la recolección del pimiento del piquillo, que se recoge a mano cuando alcanza su característico color rojo intenso. Su nombre no tiene que ver con el picante, como a veces se piensa, sino con la forma puntiaguda y ligeramente curvada del fruto. Es un pimiento dulce, de carne fina, que se ha convertido en uno de los productos más reconocibles de la gastronomía navarra.

Pimiento del piquillo en Navarra.
Pimiento del piquillo en Navarra.

La Denominación de Origen Protegida ampara los piquillos cultivados y elaborados en ocho municipios de la zona. Sin duda, una de las claves de su preparación es el asado directo a la llama. Después se pelan, se les quitan las semillas y se limpian a mano, sin sumergirlos en agua para conservar mejor su aroma y sabor. Lo más habitual es encontrarlos en conserva, enteros o en tiras, y son muy versátiles en la cocina: pueden servirse como guarnición, rellenarse o acompañar platos de pescado y carne.

Manzana de sidra de Villaviciosa, tradición asturiana

Villaviciosa, en Asturias, es conocida como la capital manzanera y forma parte de la Comarca de la Sidra. Las plantaciones de manzanos, llamadas pumaradas, dibujan buena parte del paisaje local y están estrechamente relacionadas con una tradición sidrera muy arraigada. El otoño es el momento de la cosecha, cuando las manzanas recogidas en los campos inician el recorrido que las llevará a convertirse en sidra.

Festival de La Manzana de Villaviciosa.
Festival de La Manzana de Villaviciosa.

La cultura de la manzana se puede conocer también a través de las actividades y celebraciones populares que se organizan en la localidad, con propuestas gastronómicas, exposiciones, talleres y catas. Otra forma de acercarse a esta tradición es recorrer la Comarca de la Sidra para conocer las pumaradas y los llagares, los lugares donde se elabora la bebida. Porque en Villaviciosa la manzana no es solo un fruto de temporada, verás que forma parte de la vida cotidiana y de una cultura que se reconoce tanto en el paisaje como en la mesa.

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Garlasco, Italia

Aveva ragione nonna Luigia, nata sul finire del XIX secolo, che aveva frequentato solo la seconda elementare: stai lontano dalla giustizia, ripeteva col dito puntato. Intendeva insegnare l’onestà che accompagnò la sua lunga vita, ma anche consigliare di tenersi alla larga dai meccanismi legali, dai cavilli di giudici e avvocati. Armata della diffidenza dei poveri, aveva ragione. Il caso dell’omicidio di Garlasco, un inestricabile garbuglio giudiziario, ne è la prova.

L’assassinio della giovane Chiara Poggi nel 2007 è ancora irrisolto, nonostante la dubbia condanna del fidanzato Alberto Stasi dopo cinque processi e due iniziali assoluzioni. Il guazzabuglio parla di possibile corruzione di pubblici ufficiali, prove scientifiche occultate o manipolate. Nelle indagini contro il nuovo indiziato, Andrea Sempio, come per  Stasi- in semilibertà dopo un decennio di gattabuia- le prove scarseggiano. Si punta sugli indizi, in un oceano di perizie e controperizie, tra vere o false indiscrezioni. Manca la verità, benché quella processuale, il giudicato penale, indichi nello Stasi l’assassino.  Non sarebbe l’unico errore giudiziario o il solo caso irrisolto, se l’ex “biondino dagli occhi di ghiaccio” fosse innocente. Ciò che rende unico il caso Garlasco –vince la sineddoche, la figura retorica che identifica il tutto con la parte- è qualcosa di più.

Il processo, l’ indagine, il livoroso dibattito fine a se stesso vanno in scena ogni giorno sulle reti nazionali pubbliche e private, sui giornali e sulle reti sociali. Si sono formati schieramenti a favore o contro i due accusati, in un quotidiano tritacarne mediatico che non risparmia nessuno. Molte vite sono state spezzate, oltre a quella della vittima. Molte altre si esibiscono alle luci della ribalta in un impressionante girotondo di avvocati, periti, consulenti delle più varie specialità, genetisti, criminologi, criminalisti (?) psicologi, psichiatri, giuristi, attorniati da un coro querulo e petulante di giornalisti, opinionisti assortiti, nani e ballerine. Ciascuno si ritaglia non solo il quarto d’ora di celebrità alla Andy Warhol, ma difende con le unghie e con i denti una rendita di posizione e copiosi redditi. Avvocati e consulenti delle parti, figuranti e figure di contorno, ma soprattutto gli addetti del circo mediatico, lucrano sulla vittima di un omicidio notorietà, pubblicità, reddito. Il  parterre delle innumerevoli trasmissioni televisive diventano attori retribuiti impegnati a gareggiare a chi la spara più grossa e a chi sfodera l’ultima indiscrezione.

Conta anche l’ immagine: assistiamo a sfilate di moda mentre i conduttori aizzano sapientemente battibecchi, liti, zuffe da cortile tra signori e signore un attimo prima sussiegosi, compunti distillatori della loro scienza (genetisti, giuristi, psicoterapeuti) o delle ultime notizie ( giornalisti e opinionisti).  Un mestieraccio, ammettiamolo, che costringe a compulsare infiniti tomi di consulenze, atti giudiziari, perizie e controperizie. Si è costituita una nuova categoria di esperti, i garlaschesi. Il punto è però che tutto nasce da una giovane assassinata, senza pace neppure nella tomba. Nulla conta il dolore della famiglia quotidianamente esposto al pubblico tra dettagli macabri, particolari intimi, squarci di vita che dovrebbero appartenere alla sfera privata.

Mille processi celebrati nell’arena mediatica, con una giuria popolare grande come l’Italia, ma tre famiglie soffrono e sono distrutte. Oltre a quella della povera Chiara, gli Stasi ( il babbo morì di crepacuore) e i Sempio che lottano per salvare il figlio. E’ sicura la rovina economica. Molti sciacalli pasteggiano e troppi avvoltoi svolazzano. Ne è prova l’accanimento dei periti divi televisivi, dei giornalisti “investigativi””, di avvocati esibizionisti, l’evidente acredine che li divide, segno che ciascuno gioca una partita personale estranea alla giustizia e al dramma di tanti anni fa.

Crolla la reputazione del reparto scientifico dei Carabinieri, colpito da faide, dispareri, errori, carenze clamorose. Ufficiali e sottufficiali dell’Arma sono sospettati di corruzione, oltreché di imperizia. Qualcuno balbetta giustificazioni dinanzi alle telecamere, dalle quali dovrebbe tenersi lontano per dignità personale e rispetto della divisa. Mentre il circo mediatico e le opposte fazioni di esperti sono chiaramente interessate a continuare il macabro ma lucroso gioco, resiste la triste verità fattuale: da qualche parte c’è un assassinio . Giusto, nonna, meglio lontani dalla giustizia , una parola di cui di cui non si sa se ridere o piangere. Turba il basso livello della classi cosiddette colte. Tali dovrebbero essere magistrati, legali, consulenti, periti delle più svariate scienze, giornalisti. Invece sono nani e ballerine che danzano al ritmo imposto dalla comunicazione, da interessi non sempre limpidi, dal narcisismo. Soffre la famiglia della morta, crolla la vita del nuovo indagato, sperano nella revisione del processo il condannato e sua madre. Quanto è stato speso, in denaro pubblico, parcelle, fatture, compensi televisivi e altri mille rivoli per non accertare un bel nulla?

Se anche Sempio venisse condannato – il che è assai dubbio- una nuova verità giudiziaria non sarebbe necessariamente la verità dei fatti. La sorte di Stasi è appesa a un cortocircuito. Si può istruire un nuovo processo – in tribunale, non in tv, sulla stampa o nei social media –in presenza di una condanna definitiva a carico di un altro imputato? E la revisione del primo processo, quando e come potrà avvenire? Insomma, stai lontano dalla giustizia. Se non ti mettono in mezzo, con la rovina personale, la devastazione della famiglia, della condizione economica, la fine della sfera  privata. Domanda fintamente ingenua: l’esercito di protagonisti, esperti, giornalisti, legali, figuranti mediatici, vuole la verità ? Garlasco è un reddito sicuro: che guaio se qualcuno confessasse o uscisse come il coniglio dal cappello del prestigiatore, la prova regina che incastra l’assassino. Quanti disoccupati, quanti redditi sfumati. Sulla pelle di una poveretta e di chi è nel tritacarne.

L’ Italia di Garlasco trasforma una tragedia in rappresentazione dalle mille repliche, con compagnie di giro che si contendono gli spettatori. Pare evidente la sconfitta, il discredito delle indagini scientifiche. Meglio i vecchi metodi di ieri, fiuto e osservazione, o l’epopea scientista, il baraccone di chi tutto sa e risolve ogni enigma con gli occhi sul microscopio, coadiuvato da quadrate legioni di psicologi, psichiatri, esperti di scena del crimine, analisti “personologici”pronti ad offrire la soluzione che incastra   il cattivo ? La triste realtà è che un cattivo esiste e che qualcuno campa di indagini, pareri, opinioni a fattura.

Stai lontano dalla giustizia, a Garlasco, ma anche Trieste e Pietracatella. Altri romanzi d’appendice aumentano le puntate sulla pelle di morti innocenti e di presunti colpevoli. Cinque anni fa una sessantenne triestina venne ritrovata morta in un bosco avvolta in sacchetti dell’immondizia e legata. Incredibile verdetto iniziale: suicidio. Dopo cinque anni e la trasformazione in mostro del marito, un eccentrico anziano dall’improbabile abbigliamento, emergono vari DNA estranei al coniuge, agli amici e alla famiglia della poveretta. Vittima due volte, poiché da anni la sua vita è stata dissezionata, i suoi veri o presunti amori resi di pubblico dominio. Quanto al marito- probabilmente estraneo- è solo e  in bolletta. Del killer nessuna traccia, a parte quelle biologiche di Ignoto X.

Non è solo la sconfitta della giustizia; crolla il credito dell’intero sistema. E’ una ben piccola e decadente Italia, quella che opera nel settore della giustizia. Piccola come Pietracatella, il paesino in cui sono state avvelenate madre e figlia con una sostanza quasi sconosciuta. Indagini scientifiche, analisi affidate a un istituto tedesco, perquisizioni finanche nei computer delle scuole. Non sappiamo se l’assassino/a tremi o rida. E’ questa la tragedia ulteriore, come a Trieste, Garlasco e forse altrove. Chi tutela le vittime, i loro cari, chi dà un termine alle sofferenze di chi non è potuto stare lontano dalla giustizia? Chi scaccia sciacalli e avvoltoi, chi restituisce dignità alla stessa giustizia, nella quale dobbiamo pur confidare ? Garlasco, Italia.

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L’era del post-lavoro non sarà la fine dell’occupazione, ma un nuovo modo di organizzare le aziende

Sentiamo ripetere continuamente che le in- credibili tecnologie in arrivo elimineranno la quasi totalità dei lavori. Forse tutto questo è vero. Al momento non sembra però che il risultato delle nuove tecnologie sia quello di elimina- re lavoro. Il lavoro sicuramente cambierà (come, d’altra parte, è sempre cambiato), ma che venga eliminato non è poi così si- curo. Anche in Giappone, che più di ogni altro Paese ha fatto la scelta di affidarsi alle nuove tecnologie, non si vede la scomparsa del lavoro, nemmeno nei settori in cui la robotica e le nuove tecnologie vengono usate più massicciamente. A livello di scenario possibile, è ovviamente concepibile la possibilità di una società senza lavoro, ma non credo che questo sia il punto centrale.

Molto più interessante è capire che l’idea contemporanea di lavoro è uno strato superficiale minimo dell’esperienza storica di lavoro. Dobbiamo stare attenti a non dare per scontato che l’esperienza degli ultimi cento o centocinquant’anni rappresenti un punto di arrivo senza alternative. D’altra parte, l’idea che il lavoro non sia la fonte onnicomprensiva della nostra identità è già visibile oggi, soprattutto tra i giovani. Cerchiamo di non dare per scontato che l’esperienza delle ultime generazioni sia universale. Il mondo del lavoro dalle 9 alle 5 rappresenta solo un breve istante dell’esperienza umana.

Se questo è vero, una società del post-lavoro non significa un modello in cui le persone occupano il proprio tempo libero giocando ai videogiochi, bevendo e drogandosi. Casomai, una società del post-lavoro è uno spazio in cui la natura del lavoro è stata radicalmente trasformata e l’occupazione tradizionale è diventata in gran parte obsoleta a causa del progresso tecnologi- co, di nuovi modelli sociali e di nuovi modelli organizzativi. Il progresso tecnologico sarà certamente importante, ma non sarà l’unico elemento determinante. I cambiamenti socia- li, per esempio l’invecchiamento della popolazione, saranno altrettanto rilevanti. A mio giudizio, l’elemento fondamentale della società del post-lavoro sarà quello dei cambiamenti organizzativi.

Il post-lavoro sarà lavoro che non dipenderà dagli attuali modelli organizzativi, che non si baserà su imprese tradizionali e sulla differenza tayloristica fra chi decide e chi esegue. Potrebbe anche essere una società che assume il modello cooperativo come suo fondamentale principio organizzativo e valoriale. Per capire come potrebbe essere una società che mette al centro del suo funzionamento il modello dell’impresa cooperativa non dobbiamo pensare alla salute dell’attuale movimento cooperativo. Vediamo invece le potenzialità del modello.

Già oggi, i dati raccolti da Erdal mostrano che molte aziende possedute dai lavoratori danno ottimi risultati, sono spesso più produttive, sopravvivono meglio delle aziende tradizionali nei periodi difficili, durano più a lungo, hanno un turnover dei dipendenti basso e offrono pure buoni servizi: i loro clienti tendono a valutarle più positivamente rispetto alla concorrenza strutturata in modo convenzionale6 . Il problema, caso- mai, risiede nell’ortodossia economica che proprio non riesce a credere che aziende di proprietà dei dipendenti possano es- sere la norma. Il nodo da affrontare diventa pertanto quel- lo della sottostante teoria economica.

Tratto da “Pensare l’impensabile” di Roberto Poli, Egea, 160 pagine, 18,81 euro

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Escocia por primera vez: guía práctica para organizar un viaje a tu medida

Escocia por primera vez: guía práctica para organizar un viaje a tu medida

Cuándo viajar, cuántos días dedicarle, cómo moverse o qué llevar en la maleta. Además de algunos consejos prácticos para lidiar con los molestos 'midges'

Seis buenas razones para viajar en otoño (y seis destinos que lo demuestran)

Escocia es uno de esos destinos que dan mucho juego a la hora de organizar un viaje. Puedes dedicar unos días a conocer Edimburgo y Glasgow, recorrer castillos con siglos de historia o salir a la carretera para descubrir lagos, montañas, bosques y pequeños pueblos. Y si tienes tiempo para adentrarte en las Highlands o llegar hasta la isla de Skye, encontrarás algunos de los paisajes más conocidos del país.

Lo bueno es que hay muchas formas de conocer Escocia y no necesitas hacer un viaje larguísimo para disfrutarlo. Eso sí, conviene organizar bien la ruta, porque las distancias pueden engañar y algunas carreteras son más lentas de lo que parecen en el mapa. También hay que contar con un tiempo bastante cambiante, reservar alojamiento con antelación en las zonas más visitadas y decidir cómo te vas a mover, especialmente si quieres recorrer el país por tu cuenta.

Para ayudarte a preparar el viaje, hemos reunido algunos consejos que merece la pena tener en cuenta antes de salir. Veremos cuál es la mejor época para ir, cuántos días necesitas, qué opciones tienes para moverte y qué debes saber si te planteas viajar en autocaravana. También hablaremos de la documentación, el presupuesto, qué llevar en la maleta y cómo lidiar con los midges, esos pequeños mosquitos que pueden convertirse en una auténtica lata cuando pasas tiempo al aire libre. Con todo esto bajo control, será mucho más fácil disfrutar del que sin duda es uno de los países que más enamora cuando lo visitas.

El viaducto de Glenfinnan y el tren de vapor Jacobite, en Escocia.
El viaducto de Glenfinnan y el tren de vapor Jacobite, en Escocia.

Cuándo viajar a Escocia

Entre mayo y septiembre encontrarás días más largos y más horas de luz para recorrer el país, algo que se agradece si quieres conocer las Highlands o hacer rutas a pie. Julio y agosto son meses muy concurridos, así que el alojamiento puede salir más caro y conviene reservar con tiempo.

La primavera y el otoño también son buenas opciones, aunque el tiempo puede cambiar bastante. En invierno hay menos horas de luz y algunos lugares turísticos reducen sus horarios o cierran por temporada. Vayas cuando vayas, lleva ropa impermeable y vístete por capas. En Escocia puedes empezar el día con sol y acabar buscando refugio de la lluvia, así que mejor no confiarse.

Cuántos días necesitas para conocer Escocia

Con una semana puedes combinar Edimburgo con una primera toma de contacto con las Highlands. Si tienes diez días para conocer Escocia, podrás plantearte una ruta más completa por Inverness, el lago Ness, Glencoe, el castillo de Eilean Donan y la isla de Skye. Con dos semanas tendrás más margen para explorar las Tierras Altas o añadir alguna isla, como Mull o Arran.

Lo importante es no querer abarcar demasiado. Las distancias engañan y algunas carreteras son estrechas, por lo que un trayecto que parece corto puede llevarte más tiempo del previsto. Calcula bien los desplazamientos y deja hueco para las paradas. Al fin y al cabo, no querrás pasarte el viaje mirando el reloj en lugar de disfrutar del paisaje.

Cómo moverse por Escocia

Si quieres descubrir zonas rurales y parar donde te apetezca, alquilar un coche es una opción muy práctica. Recuerda que se conduce por la izquierda y que las distancias se indican en millas. En algunas carreteras estrechas de las Highlands encontrarás passing places, ensanchamientos que permiten que dos vehículos se crucen. Conduce con calma y evita, si puedes, hacer muchos kilómetros de noche.

También puedes moverte en tren y autobús entre ciudades como Edimburgo, Glasgow, Stirling e Inverness. Es una buena alternativa si prefieres no conducir, aunque llegar a algunos castillos y espacios naturales puede requerir conexiones o excursiones organizadas. Para visitar determinadas islas tendrás que coger un ferri. En verano, comprueba los horarios y reserva con antelación si vas a embarcar con tu vehículo.

Las peludas vacas escocesas.
Las peludas vacas escocesas.

Viajar por Escocia en autocaravana

Si te gusta viajar con la casa a cuestas, Escocia puede ser un destino estupendo para recorrer en autocaravana o cámper. Lo más habitual si llegas en avión es alquilarla allí, pero comprueba dónde se recoge porque no siempre está cerca del aeropuerto. Antes de salir, pide que te expliquen cómo funcionan los depósitos de agua, el vaciado de aguas residuales, la calefacción y el resto del equipamiento. Ten en cuenta que conducir un vehículo grande por la izquierda y por carreteras estrechas requiere cierta atención, especialmente si no tienes experiencia.

Y ojo con la pernocta, porque no puedes dar por hecho que está permitido dormir en cualquier aparcamiento. Comprueba las normas locales y busca campings o áreas para autocaravanas, donde además podrás encontrar servicios como agua, electricidad y puntos de vaciado. Aplicaciones como Park4Night o CaraMaps ayudan a localizar lugares para pasar la noche y consultar opiniones de otros viajeros, aunque conviene verificar siempre la información. La autocaravana te da libertad, pero tendrás que planificar algo más la ruta y los servicios. Para visitar Edimburgo o Glasgow, suele ser más cómodo dejarla aparcada fuera del centro.

Los midges, los pequeños mosquitos que pueden darte la lata

Si viajas a Escocia entre finales de primavera y comienzos del otoño, hay algo que quizá esperarías encontrar en un país más tropical pero no aquí: los midges. Son insectos diminutos que pueden aparecer en grandes cantidades y cuyas picaduras resultan bastante molestas. Suelen dar más guerra en zonas húmedas y resguardadas del viento, así que pueden complicarte una caminata o una parada junto a un lago.

La solución es ir preparado. Lleva repelente y utiliza ropa que cubra brazos y piernas. El viento dificulta que vuelen, por lo que los lugares más expuestos suelen ser más agradables que los rincones protegidos. No dejes que te quite las ganas de viajar, pero acuérdate de ellos al preparar la mochila.

Documentación, sanidad y seguro de viaje

Para viajar desde España al Reino Unido necesitas un pasaporte en vigor y una autorización electrónica de viaje conocida como ETA (Electronic Travel Authorisation), obligatoria en Reino Unido desde 2025 y que debes tramitar antes de salir. Comprueba los requisitos actualizados en la web oficial del Gobierno británico y solicita la autorización por sus canales oficiales. Así evitarás páginas intermediarias que cobran más por hacer el trámite.

En cuanto a la sanidad, lleva tu Tarjeta Sanitaria Europea, que permite acceder a la asistencia sanitaria pública necesaria durante una estancia temporal si cumples los requisitos. Eso sí, no sustituye a un seguro de viaje, que puede cubrir gastos que la tarjeta no contempla, como la repatriación o incluso problemas con el equipaje.

Neist Point, el punto más occidental de la Isla de Skye. En Escocia.
Neist Point, el punto más occidental de la Isla de Skye. En Escocia.

Dinero y presupuesto

La moneda es la libra esterlina y podrás pagar con tarjeta en muchos sitios. Antes de viajar, revisa si tu banco aplica comisiones por pagar o sacar dinero en otra moneda. Para hacerte una idea, calcula aproximadamente entre 100 y 180 libras por persona y día para un viaje con alojamiento, comidas, transporte y algunas visitas de pago. Es una estimación orientativa para organizar las cuentas, ya que el gasto puede variar bastante según la época, el tipo de alojamiento y si te mueves en transporte público o alquilas un coche.

Dónde alojarse en Escocia

Elige el alojamiento según la ruta, en lugar de intentar visitar todo el país desde una sola base. Edimburgo y Glasgow son buenas opciones para unos días de turismo urbano, pero para recorrer las Highlands, te convendrá repartir las noches entre distintas localidades. En verano reserva con antelación, especialmente en Skye y otros lugares populares. Si viajas en autocaravana, comprueba también dónde puedes pernoctar.

Qué comer en Escocia

Aprovecha para probar algunos platos típicos, como el haggis, que suele servirse con neeps and tatties (nabo y patata), el Scotch broth o el clásico fish and chips. Para algo dulce, busca el cranachan o prueba el shortbread, unas galletas de mantequilla muy populares.

Ten en cuenta que se cena bastante antes que en España, sobre todo fuera de las grandes ciudades. Si terminas una excursión a última hora, comprueba los horarios para no quedarte sin opciones.

Internet, móvil e idioma

Consulta las condiciones de tu tarifa móvil para el Reino Unido, porque el roaming puede no estar incluido como en los países de la Unión Europea. Si los datos salen caros, puedes valorar una eSIM o una tarjeta local. Descarga también mapas para utilizarlos sin conexión, sobre todo si vas a recorrer zonas rurales donde la cobertura puede fallar.

El idioma habitual es el inglés, aunque en algunas zonas también se habla gaélico escocés. Los acentos pueden costar un poco al principio, pero te acostumbrarás. Y si alguna conversación se te resiste, una aplicación de traducción siempre puede echarte una mano.

Edimburgo.
Edimburgo.

Qué llevar en la maleta

No te compliques, pero ve preparado para la lluvia. Mete una chaqueta impermeable, ropa de abrigo incluso si viajas en verano y calzado cómodo, mejor si es resistente al agua. Añade un adaptador para los enchufes británicos de tipo G y una mochila pequeña para las excursiones. Si viajas en los meses de mayor presencia de midges, no te olvides del repelente.

Qué lugares incluir en la ruta

Si es tu primera visita, empieza por Edimburgo, con su castillo, la Royal Mile y el casco histórico. Glasgow merece también un hueco si te interesan los museos, la arquitectura y la vida cultural. Fuera de las ciudades, Stirling es una parada interesante por su castillo y su historia, mientras que Glencoe ofrece algunos de los paisajes más conocidos de las Highlands.

Si tienes tiempo, añade Inverness y el lago Ness, con las ruinas del castillo de Urquhart a orillas del agua. Y, si puedes alargar el viaje, reserva unos días para la isla de Skye y una parada en el castillo de Eilean Donan. No hace falta verlo todo de una vez, simplemente elige los lugares que mejor encajen con tus días disponibles y disfruta también del camino.

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NVIDIA RTX Spark: AI, lavoro e gioco con tanta autonomia. È la svolta per ARM su Windows?

Dopo mesi di attesa possiamo finalmente dire come va la nuova piattaforma RTX Spark, il primo SoC integrato di NVIDIA per Windows basato su architettura Blackwell e CPU ARM. Lo facciamo sul laptop simbolo di questa generazione, il nuovo Surface Laptop Ultra, che abbiamo spremuto, nella versione da 128 GB di RAM, per oltre una settimana. ... Leggi tutto
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Il creditore non perde mai: l’effetto Cantillon

Ogni volta che scoppia una crisi finanziaria, si discute su quali sacrifici deve fare il debitore.

Aggiustamenti economici, tagli, cessioni di attività produttive, privatizzazioni: conosciamo la ricetta a memoria.

Ciò che nessuno discute è l’altra parte del problema: se ogni debito ha due lati, perché accettiamo che sia solo il debitore a pagare il conto mentre il diritto del creditore rimane intatto?

Il creditore applica interessi in quanto assume un rischio; il tasso premia l’eventualità di non essere pagato. Quando il rischio si concretizza, il sistema interviene per proteggere il creditore e scaricare la perdita su altri.

I profitti vengono privatizzati nei periodi di prosperità; in tempi di crisi, il costo è socializzato attraverso ristrutturazioni, tasse, riduzione della spesa pubblica, diminuzione dei salari. Il meccanismo agisce spietatamente in mezzo al naufragio.

Quando un privato, un’azienda, uno Stato (il debitore “sovrano”) è in difficoltà, i creditori esigono tassi d’interesse più elevati motivati dall’aumento del rischio. Il risultato è una trappola mortale: si paga di più quando si è più fragili.

La crisi fa aumentare i tassi d’interesse, i quali fanno schizzare alle stelle il debito; i costi aggiuntivi determinano una crisi ancora più grave. È un circolo vizioso da cui sembra impossibile uscire.

I governi hanno accettato questo gioco infernale perché hanno bisogno di rifinanziare il debito in scadenza, coprire le spese correnti o evitare l’insolvenza. Più profonda è la dipendenza dal credito, minore è l’autonomia dei governi, degli Stati, dei popoli.

È l’effetto perverso di avere ceduto la sovranità monetaria agli organismi finanziari privati, creatori di moneta dal nulla. Quella dipendenza porta alla sottomissione politica.

Nessuno è sovrano in balia del mercato finanziario, ma non è una legge di natura! Uno Stato può fissare un tetto ai costi finanziari, rinegoziare i termini, tagliare i tassi esorbitanti, dare priorità al capitale originario rispetto alla speculazione.

Può concentrarsi sul rafforzamento del risparmio interno e liberarsi dal giogo esterno. Soprattutto, dovrebbe riprendere in mano la leva della creazione e della gestione monetaria.

Intraprendere questa strada ha conseguenze: contenziosi, crollo delle obbligazioni, chiusure dei mercati, attacchi speculativi, possibilità di guerre. Il dilemma non è tecnico, ma politico.

Se devo cento euro e ne ho sessanta, i quaranta mancanti non svaniscono nel nulla. La questione è chi se ne farà carico: il creditore con una ragionevole riduzione del debito, o i cittadini con la recessione, l’inflazione, le pensioni tagliate, la svendita di beni pubblici?

Il dibattito non verte sulla possibilità di perdite, ma su chi dovrà pagarle, benché raramente venga ammesso.

Il gergo finanziario è una maschera: disciplina fiscale, fiducia del mercato, sostenibilità sono termini che celano spietate decisioni favorevoli al creditore. Raramente viene ammesso che il debito pubblico è aritmeticamente impagabile.

Garantire il pagamento a scapito di salari, pensioni, opere pubbliche, cessione della sovranità è una scelta ideologica. Imporre una riduzione del debito o frenare gli abusi nei tassi e nelle condizioni del credito è un’altra.

La neutralità non esiste: si sceglie sempre chi sacrificare. Il sistema dominante ha trasformato la tutela dei creditori in un imperativo sacro.

Se il creditore perde anche un solo centesimo, il credito sfuma e la fiducia si dissolve, dicono. Preservare quella fiducia può però distruggere il tessuto produttivo, mandare in bancarotta le aziende, svendere le risorse, indebolire la capacità di rimborso futuro.

Il credito cessa di essere un motore di sviluppo per diventare strumento di dominio. Attraverso gli interessi composti e le penali imposte dai creditori, si determina un effetto valanga.

Il debitore strozzato vende a prezzo stracciato, il capitale finanziario acquista a saldo; un gigantesco aspirapolvere risucchia la ricchezza verso l’alto.

Un’azienda fallita non svanisce: passa di mano. La casa pignorata cambia proprietario. La crisi non distrugge i beni materiali, li consegna agli speculatori.

L’indebitamento è un meccanismo concepito per ridisegnare la mappa del potere. Con l’indiscutibile alibi di maggiore rischio, maggiore rendimento, chi è in difficoltà viene deliberatamente soffocato.

Se la priorità fosse davvero il recupero del credito, stringere il cappio rappresenterebbe una brutale contraddizione. Il tasso esorbitante non copre un rischio: accelera per scelta il tracollo del debitore.

La storia e la cultura hanno sostenuto per secoli ciò che la modernità ha cancellato: i diritti del creditore non sono illimitati. Nell’antichità l’usura era illegale ed esistevano leggi di remissione periodica dei debiti, dal giubileo biblico ai precetti cristiani sino all’Islam.

Il capitalismo contemporaneo ha dissolto ogni vincolo etico. Spogliato il credito da criteri morali e gli Stati dal potere finanziario, resta il sangue del debitore. La risposta del sistema è esigere altro sangue.

O la società protegge i profitti speculativi, oppure il creditore si assume il rischio per il quale ha preteso alti tassi di interesse. Entrambe sono decisioni politiche.

Accettare che tutti possano perdere – il lavoratore il suo impiego, il commerciante il suo capitale, la famiglia la sua casa e lo Stato i suoi beni – tranne il creditore, mina qualsiasi principio di equità a favore di un sistema legalizzato in cui il capitale finanziario impone le sue regole in totale impunità.

La tesi di Marco Della Luna è che il sistema finanziario – apolide e nemico dei popoli – con il dominio dell’emissione monetaria in mano ai grandi banchieri, ha realizzato un perfetto “effetto Cantillon”.

I monopolisti “sono i primi percettori della moneta che creano dal nulla (fiat currency), accreditandola a se stessi e immettendola nella società in forma di prestiti a interesse o di prezzo per l’acquisto di assets”.

L’immissione crea inflazione che non li danneggia, giacché la moneta è prodotta a costo zero. L’oligarchia degli emittenti denaro – autoproclamati proprietari di un bene inesistente prima dell’artificio contabile – diventano creditori universali.

Per sostenere i profitti hanno bisogno di continua domanda di prestiti, più elevata in tempi di crisi, pandemie, guerre. Il settore produttivo deperisce a favore di bolle speculative, opportunità di rendita monopolistica per la cupola finanziaria.

L’ortodossia economica, falsamente, considera neutrale la moneta: se raddoppia la quantità di denaro in circolazione, nel tempo raddoppiano i prezzi e i rapporti restano invariati.

Più zeri, stessa economia reale. Chi si arricchisce e chi si impoverisce non dipenderebbe dalla moneta, ma dal merito e dal mercato.

L’economista Richard Cantillon nel XVII secolo scoprì che non è così: la moneta dipende dal punto di entrata. Il denaro non piove uniformemente dal cielo: entra nel sistema in punti precisi e, da lì, si propaga come un’onda. L’ordine di arrivo dellìonda decide chi vince.

In una miniera i primi a spendere l’oro estratto sono i minatori: comprano inizialmente ai prezzi di ieri. I commercianti incassano e spendono a loro volta; l’onda si allarga e i prezzi cominciano a salire.

Quando l’onda raggiunge i margini del sistema, a chi vive di salario o rendita fissa, a chi non ha relazione con la miniera, il denaro arriva nella forma di prezzi più alti. Per i primi riceventi, la moneta nuova è potere d’acquisto, per gli ultimi, inflazione.

Stesso fenomeno, effetti opposti. A decidere è la posizione nel flusso. Lungo il percorso la ricchezza si trasferisce da chi è lontano dal rubinetto a chi è vicino. Dopo la crisi del 2008, le banche centrali hanno creato moneta in misura mai vista, il cosiddetto quantitative easing.

Migliaia di miliardi entravano in circolo solo comprando titoli finanziari dalle istituzioni bancarie. Il rubinetto è la cupola finanziaria, il primo ricevente il sistema bancario. Meglio del mago Houdini.

Il risultato è stato quello che Cantillon prevedeva per la miniera. I prezzi degli asset – azioni, obbligazioni, immobili, aziende – sono andati alle stelle. I salari sono rimasti uguali, ossia, in termini reali, sono diminuiti progressivamente.

La minoranza ricca possiede beni e titoli in misura superiore a ogni periodo passato. Il commerciante, l’operaio e l’impiegato non hanno sperimentato alcun quantitative easing.

Hanno ricevuto inflazione; prima quella degli asset, che li escludevano dalla casa di proprietà e dal risparmio investito; poi l’aumento dei prezzi al consumo che svalutava il reddito.

Due volte in coda all’onda, due volte a pagare il conto di denaro che hanno toccato per ultimi. Nessun complotto: basta l’architettura del sistema, disegnata in modo che la moneta entri dal lato di chi già possiede quasi tutto.

Conta dove sei rispetto al flusso. La pratica di indebitarsi dove il denaro costa meno per investire altrove è un aspetto dello stesso principio: chi ha credito a basso costo guadagna la differenza per il solo fatto di avere accesso. Il sistema remunera la posizione.

Il tasso d’inflazione è una media che riassume l’aumento dei prezzi come se l’onda arrivasse a tutti nello stesso momento. L’effetto Cantillon dimostra il contrario: vale la sequenza, l’ordine temporale dell’onda. Il dato aggregato cancella l’ordine temporale della redistribuzione asimmetrica.

La statistica appiattisce per riassumere. Misuriamo l’altezza dell’acqua trascurando la direzione della corrente. Cantillon torna nel dibattito degli economisti eterodossi perché anni di rubinetto spalancato ai soliti noti ha reso visibile il meccanismo.

La moneta entra sempre dallo stesso lato e ogni onda allarga la distanza tra chi sta alla fonte e chi alla foce. Finché la struttura politica e finanziaria resta invariata, non c’è spazio per la tutela del bene comune: ogni governo è al servizio degli interessi dei monopolisti della moneta.

Non resta, conclude Della Luna, che “sabotare ogni azione di governo diretta contro la gente. Smascherarla, resisterle, attaccarla nei tribunali e nei giornali, versare molta sabbia nel motore. Comportarsi come gli abitanti una nazione occupata da una potenza razziatrice”.

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Contro la teologia politica scientista

Giorgio Agamben spicca per curiosità intellettuale, capacità analitiche e spirito ribelle nei confronti dell’attuale situazione sociale, politica e culturale. Di formazione poliedrica, il suo pensiero riflette l’influenza di pensatori assai diversi tra loro, Carl Schmitt, Michel Foucault, Martin Heidegger, Max Weber, Karl Marx, Franz Kafka, Tommaso d’Aquino, Aristotele, San Paolo, Baruch Spinoza. La sua opera più importante è il monumentale Homo Sacer, in cui sviluppa una complessa quanto ambiziosa indagine filosofica sulla politica occidentale. Agamben individua una logica violenta che chiama macchina antropogenetica, in virtù della quale la vita naturale si qualifica come vita umana. Ciò gli consente di stabilire una continuità tra le teologie politiche premoderne e la biopolitica liberale contemporanea.

La pandemia ha stimolato in Agamben incisive riflessioni sulle conseguenze politiche, sociali e culturali. Le condotte di massa dimostravano, da un lato, che le società occidentali non credono che alla “nuda vita” (zòe), pronte quindi a sacrificare tutto in cambio della sicurezza. In termini schmittiani, ciò conduce a uno stato di eccezione permanente che mette in discussione i fondamenti delle democrazie liberali. Dall’altro lato, significa il trionfo della scienza sulla religione. Il sapere scientifico è secondo Agamben “la vera religione del nostro tempo” e la sua egemonia dimostra il fallimento del cattolicesimo, spogliato della dimensione veritativa spirituale a favore di un generico umanitarismo. Stiamo assistendo all’instaurazione di una teologia politica scientista, “in cui gli esseri umani credono di credere”; il suo fondamento è la “religione medica”.

Il tentativo di sostituire la religione trascendente con la scienza non è nuovo. Risale all’Illuminismo, a figure come D’Holbach, La Mettrie, Helvétius, Condorcet; poi al pensiero positivista di Auguste Comte a metà del XIX secolo. Il pensatore francese concepiva la conoscenza scientifica in senso dogmatico. Non si considerava un rivoluzionario, sebbene le sue idee abbiano avuto conseguenze rivoluzionarie. Aborriva l’anarchia prodotta dalla Rivoluzione Francese e credeva che solo la scienza potesse stabilire un “potere spirituale” (?) abbastanza forte da garantire stabilità sociale. Arrivò a dichiararsi ammiratore dei filosofi controrivoluzionari Joseph de Maistre e Louis de Bonald. Il suo modello organizzativo era la Chiesa cattolica e si considerava il papa della nuova religione “positiva” di cui gli scienziati sarebbero stati i sacerdoti. Teorizzò una sorta di provvidenzialismo storico attraverso la legge dei tre stadi – teologico, metafisico e infine positivo – i passaggi evolutivi di tutte le società civilizzate. L’impronta positivista fu molto profonda e permeò tutte le ideologie politiche dell’epoca: socialismo, liberalismo e anche conservatorismo.

Il termine scientismo fu introdotto dal filosofo, storico e filologo francese Ernest Renan, uno dei profeti della modernità nel fondamentale testo Il futuro della scienza, scritto nella temperie rivoluzionaria del 1848 ma pubblicato nel 1890. Come Comte, Renan non era un rivoluzionario. Sacerdote spretato, scandalizzò i cattolici con la Vita di Gesù, interpretazione laica e immanente della figura di Cristo. Tuttavia, la sua filosofia sociale e politica era profondamente conservatrice. Dopo la sconfitta francese a Sedan (1870) e la rivolta della Comune di Parigi (1872), pubblicò testi in cui propugnava per la Francia un regime politico analogo a quello tedesco guglielmino di Bismarck. Ne La dottrina del fascismo, Benito Mussolini e Giovanni Gentile affermarono che Renan aveva avuto illuminazioni pre-fasciste.

Renan sosteneva che la conoscenza scientifica avrebbe sostituito la religione come fondamento delle società, risolto i problemi della vita e distrutto i pregiudizi. L’ideale scientista, ottimista e progressista, ricevette pesanti critiche a fine secolo XIX con l’emergere del pensiero di Nietzsche, dell’ermeneutica, del neoidealismo, dello storicismo e del marxismo. Fu poi influenzato dalle due guerre mondiali, che mostrarono come la scienza possa produrre tanto avanzamento di civiltà quanto distruzione e nuove forme di potere. Soprattutto è incapace di offrire orizzonti di senso. Nel Tractatus Logico-Philosophicus, Ludwig Wittgenstein osservava: “Sentiamo che anche se si trovassero risposte a tutte le possibili domande scientifiche, i nostri problemi vitali non sarebbero minimamente risolti”. Per il filosofo austriaco “il mistico”, l’inverificabile, resta l’ elemento decisivo dell’esperienza umana.

La scienza, per sua stessa natura e dinamica, è incapace di stabilire confini etici. Ciò è oggi evidente nei dibattiti riguardanti l’ aborto, la manipolazione genetica, i progetti per eliminare i neonati con disabilità, la maternità surrogata, il transumanesimo, l’eutanasia. Un notevole contributo allo scientismo arrivò dal Circolo di Vienna, sorto nel 1924, le cui figure principali furono Moritz Schlick, Rudolf Carnap, A.J. Ayer. Il volume collettivo Positivismo logico sosteneva un empirismo radicale, ritenendo priva di senso qualsiasi metafisica. Solo il principio induttivo e la verifica potevano avere legittimità scientifica. Il positivismo logico declinò alla fine degli anni Cinquanta a causa della sua debolezza epistemologica.

Lo scientismo continua ad avere ferventi sostenitori. Alcuni anni fa è stato pubblicato Elogio dello scientismo del filosofo argentino Mario Bunge. Non della scienza, ma dello scientismo! I bersagli di Bunge sono le correnti postmarxiste della Scuola di Francoforte, la sociologia della scienza, il postmodernismo, la religione, la psicoanalisi, tutte accusate – con non poche ragioni – di irrazionalismo. Lo scientismo è la filosofia della tecnocrazia, il governo degli esperti. Ultimamente è emersa una singolare tendenza detta Illuminismo Oscuro, i cui principali esponenti sono Curtis Yarvin, Nick Land, Peter Thiel, Marc Andreessen. Alcuni etichettano questa corrente intellettuale come neoreazionaria e la collegano al pensiero conservatore. Non siamo d’accordo: ricorda piuttosto le utopie scientiste del XIX e XX secolo. Lo dimostra il suo sostegno al transumanesimo, al tecnofuturismo e all’accelerazionismo. Si tratta di una nuova declinazione dello scientismo, nettamente anticonservatrice e antitradizionale. Non ha validità alcuna il tranciante giudizio di tecnofascismo (Donatella Di Cesare).

L’uomo non può rinunciare alla scienza: tutt’altro. Deve usare la ragione critica contro la teologia politica secolare e scientista per collocarla al suo autentico livello: uno strumento al servizio della specie umana. A questo proposito, è essenziale l’opera di Karl Popper, che sottolineò i limiti del neopositivismo e dello scientismo. Popper, liberale, proveniva dalla tradizione razionalista, ma dopo aver criticato il neopositivismo, si inclinò verso un “razionalismo critico”. Sostenne, utilizzando la logica matematica, che la metafisica può avere un significato. Attraverso il metodo ipotetico-deduttivo affermò che un’ipotesi non può mai essere definitivamente provata, ma al massimo “corroborata” e sottoposta al tentativo di falsificazione per provarne la validità. Cercò altresì di liberare la scienza dal dogmatismo.

Le obiezioni di Popper hanno lasciato un segno profondo nella filosofia della scienza. Senza di lui non ci sarebbe stata la svolta nel pensiero scientifico guidata da Thomas Kuhn, Imre Lakatos e Paul Feyerabend. Con loro la scienza ritorna ciò che deve essere: un raffinato strumento. Tutte le critiche citate sarebbero sufficienti a respingere lo scientismo come alternativa filosofica, culturale e politica; eppure chiunque contraddica le sue argomentazioni viene ancora definito oscurantista, negazionista o revisionista. Temi come il cambiamento climatico, le pratiche biopolitiche, l’energia nucleare, vengono affrontati da una prospettiva dogmatica scientista. Può sussistere un consenso maggioritario su alcuni temi, ad esempio sulla questione del riscaldamento globale, ma non c’è unanimità ed il dibattito rimane assolutamente necessario. Tutto va messo in discussione.

Anche nella scienza le maggioranze non hanno necessariamente ragione. Le figure di Copernico, Galileo, Newton ed Einstein lo dimostrano. Il consenso è revocabile anche in campo scientifico. I paradigmi dominanti (Thomas Kuhn) prevalgono per un certo periodo e vengono poi sostituiti da altri. Un esempio: potrebbe apparire plausibile produrre esclusivamente auto elettriche, ma da dove verrà l’energia per caricare miliardi di batterie se l’acqua, il vento e altre risorse naturali dovessero esaurirsi? Contro la teologia politica scientista, l’antidoto è sempre la ragione critica. E un’etica aperta al trascendente.

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Nell’era dell’intelligenza artificiale serve ancora qualcuno dall’altra parte

La guerra in Ucraina, quando finirà – e speriamo che questa assurdità cessi al più presto – offrirà come tutti i conflitti un’enorme mole di argomenti per studi di ogni genere e sarà vivisezionata secondo mille ottiche diverse. Sicuramente una delle angolazioni più interessanti e ispiratrice di copiosi approfondimenti sarà quella intelligence, e già ora sono disponibili innumerevoli contributi e documenti al riguardo.

Se ci focalizziamo sull’inizio del conflitto, possiamo immediatamente riconoscere un successo delle intelligence statunitense e britannica nel raccogliere, analizzare, interpretare e diffondere correttamente il quadro informativo circa capacità ed effettive intenzioni della Russia nei confronti di Kyjiv. La dettagliata e corretta intelligence elaborata dai due partner anglosassoni ne ha ripristinato primazia e credibilità anche per coloro che ne avevano decretato la perdita di prestigio dopo il dossier Iraq.

Parallelamente a questo innegabile successo, le prime settimane del conflitto sono però state caratterizzate da una ben più lunga lista di fallimenti intelligence. Per il campo angloamericano, lasciando da parte per il momento le difficoltà a farsi ascoltare da molti partner e alleati, un fallimento ha riguardato la corretta valutazione delle effettive capacità e della determinazione dell’Ucraina a resistere all’invasione. In casa ucraina, sono palesi gli errori commessi dallo stesso presidente Volodymyr Zelensky nelle fasi immediatamente antecedenti l’attacco russo nel leggere la situazione che si stava creando; a questo ha, con ogni probabilità, concorso una perlomeno non ottimale copertura informativa interna. Anche Mosca ha commesso errori di valutazione e di interpretazione di intenzioni e capacità, giungendo all’errata conclusione che la campagna si sarebbe conclusa con un blitzkrieg di successo. Infine, qui nella vecchia Europa i ripetuti avvertimenti e allarmi provenienti da oltreoceano si sono infranti di fronte a un profondo scetticismo di gran parte delle capitali, tanto che il giorno dell’invasione il presidente del Bnd, ovvero del Servizio di intelligence estera della Germania, si trovava a Kyjiv e se ne rese necessaria l’estrazione di urgenza a opera di un team delle forze speciali di Berlino.

I vari post mortem condotti in campo occidentale da esperti veri o presunti, giornalisti e studiosi hanno evidenziato molti fattori, tutti corretti, per spiegare le difficoltà e gli errori delle intelligence specie europee. Tra di essi, spiccano bias di conferma, eccessiva importanza attribuita al parametro razionalità delle decisioni, diffidenza nei confronti delle capitali responsabili del caso Iraq, incidenza di valutazioni economiche, impatto di narrative negative su ruolo e futuro di formati quali Nato e Unione europea e così via.

Tra tutti questi contributi e analisi, ha invece attirato poca attenzione un pur coraggioso e illuminante atto di autodafè dell’intelligence olandese. Secondo notizie di stampa – originate da quella che è apparsa immediatamente una fuga di notizie voluta, alimentata e coordinata dai vertici di Aivd e Mvid – l’errore di valutazione circa le reali intenzioni russe sarebbe stato dovuto all’eccesso di fiducia, attendibilità in gergo intelligence, attribuito a quanto riferito da un’unica fonte umana, che in passato aveva sempre fornito intelligence corretta e preziosa. Quanto fatto filtrare dagli olandesi si rispecchiava in parte in successive dichiarazioni del presidente del Bnd, lo sfortunato visitatore, che affermava che il suo servizio soffriva, tra le altre limitazioni, della scarsità di fonti umane (da questa e altre analisi interne scaturirà in seguito la proposta di profonda riorganizzazione e di ampliamento degli strumenti del Bnd attualmente in fase di esame e probabile prossima approvazione).

Quasi in silenzio, di soppiatto, improvvisamente rientra in gioco il fattore umano, la spia in carne e ossa. Ma cosa poteva apportare di nuovo e determinante la human intelligence (Humint) che non fosse già noto e conosciuto attraverso le tante intelligence tecniche, come signals intelligence (Sigint), imagery intelligence (Imint), electronic intelligence (Elint), eccetera? Poteva aprire la conoscenza verso il fattore umano dell’avversario, esplorarne e capirne le motivazioni profonde, gli stati d’animo, amicizie e inimicizie, paure, sogni e aspirazioni; in altre parole, poteva illuminarne le vere, profonde intenzioni. Avrebbe, in sintesi, permesso di valutare con maggiore precisione il rapporto tra le capacità – chiaramente e univocamente riconosciute, sotto forma di schieramenti, dotazioni, unità – e cosa ne volessero realmente fare i decisori. Avrebbe apportato quel valore aggiunto, di esclusiva proprietà del detentore della fonte, in grado di far spostare con un contributo apparentemente minore il peso finale della bilancia.

È palese come il reclutamento di una fonte che sia allo stesso tempo affidabile, gestibile e in grado di riferire su aspetti così vitali per la sicurezza costituisca un’impresa estremamente complessa e rischiosa. Tuttavia, va sgombrato il campo dal preconcetto che per essere efficace anche ad altissimi livelli la fonte debba necessariamente appartenere al più immediato inner circle del decisore avversario. Prossimità, infatti, non sempre corrisponde ad accesso informativo, specie quando si tratta di dinamiche così sensibili e protette con attenzione; anche una risorsa apparentemente lontana dalla stanza dei bottoni può rivelarsi preziosissima e causare danni enormi all’organizzazione di appartenenza.

Questo è il motivo per cui gli addetti alla cifra sono da sempre prime game per ogni servizio di intelligence, in quanto da loro transita tutto il flusso delle comunicazioni più riservate. Un caso di scuola in questo campo è quello di Victor Sheymov, elemento centrale del sistema di comunicazioni protette del Kgb che defezionò negli Stati Uniti (da leggere la sua autobiografia “Tower of Secrets”, oramai reperibile quasi esclusivamente nel mercato dell’usato). Ma anche un semplice archivista può rivelarsi un vero gioiello, come dimostrato dalla vicenda di Vasilij Mitrokhin.

Se gli olandesi avessero avuto a libro paga almeno un’altra fonte, in grado di contribuire al processo di validazione dell’unico loro informatore, forse sarebbero giunti a conclusioni più vicine a quella che si è poi rivelata essere la corretta realtà. Lo stesso discorso vale per il Bnd, che ha ufficialmente riconosciute le proprie carenze anche in questo campo. Vale anche per gli Stati Uniti, che con una più chiara lettura delle dinamiche psicologiche di Zelensky e di quelle motivazionali della popolazione ucraina avrebbero potuto evitare errori e organizzare al meglio la propria risposta.

Ci troviamo ora in piena rivoluzione globale, causata dall’avvento e dallo sviluppo dell’intelligenza artificiale e viene spontaneo chiedersi se questo approccio all’intelligence mediante il ricorso a fonti umane, ovvero la human intelligence, abbia ancora senso e valore. Tornando indietro di un paio di decenni, all’epoca che oramai sembra preistorica della diffusione di Internet, si possono rintracciare dibattiti incentrati sulla stessa domanda e molti preconizzavano la futura irrilevanza della Humint, superata dalle potenti tecnologie emergenti. La realtà si è rivelata essere molto diversa e, semmai, la Humint negli anni è diventata ancor più preziosa che in passato.

La stessa valutazione può essere razionalmente sostenuta rispetto a ciò cui assistiamo ai giorni nostri.

L’intelligenza artificiale ha già portato profondi cambiamenti nella pratica intelligence e questi mutamenti stanno portando a un processo di democratizzazione dell’accesso a strumenti di acquisizione, ricerca e assemblaggio di informazioni, sinora dominio esclusivo di strutture governative o aziende altamente specializzate. Inoltre, l’intelligenza artificiale ha la capacità di influenzare i processi di percezione e costruzione dell’ambiente cognitivo che sottende alle dinamiche decisionali. Tuttavia, quello che ancora non riesce a fare è sondare in profondo l’animo, il cuore, la “pancia” che alla fine saranno i motori delle decisioni degli avversari e dei competitor. Per questo, l’unico vero strumento di superiorità informativa rimane una fonte ben piazzata.

Consideriamo un altro aspetto. Con i progressi nella crittografia quantistica, ci stiamo avvicinando a grandi passi al Q-Day, giorno a partire dal quale tutti gli attuali sistemi di protezione delle comunicazioni e dei dati saranno perfettamente leggibili da chi disporrà della necessaria tecnologia. Questa esposizione in massa di dati e la necessità di proteggere comunque le informazioni più segrete riporterà in auge vecchie metodologie di scambio, basate su vettori umani: di nuovo, ecco qualcosa che pensavamo destinato al tramonto.

Un capitolo a parte merita lo spionaggio industriale, un settore dove l’applicazione di strumenti nuovi – quali piattaforme professionali come LinkedIn e sistemi open di comunicazione cifrata – si è fusa con una ricerca a tappeto di fonti inserite nei contesti di maggiore interesse e sensibilità. Dettagliati e aggiornati database, disponibili pubblicamente, certificano quanto questa Humint supportata dalla tecnologia costituisca non solo oramai un fenomeno diffuso ma configuri una delle principali armi nella competizione per la superiorità in campo industriale, cibernetico, medico e persino alimentare.

La vecchia, classica Humint appare a buon titolo continuare a offrire uno strumento irrinunciabile per un’efficace attività di intelligence, anche in un momento nel quale l’offerta sempre più ampia di intelligence tecnica e il proliferare di declinazioni dell’intelligence in forme piuttosto singolari (le -int più disparate) aveva fatto perdere di vista l’esistenza e l’importanza di questa che molti operatori di intelligence considerano non a caso una vera arte.

Come tutti gli sviluppi tecnologici che sono occorsi nei secoli, anche l’intelligenza artificiale avrà effetti profondi in questa specialità, e il futuro ne introdurrà di nuovi. L’importante è quindi soffermarsi ad approfondire quali siano questi effetti e come la Humint si possa e debba evolvere. Trattandosi però di interagire con persone reali, al centro rimarrà sempre l’animo umano, con tutta la sua complessità e le sue sfumature. La conoscenza della Humint e delle sue peculiarità reali esula e trascende il mero spettro dello spionaggio e può diventare uno strumento utile per perseguire un vantaggio competitivo, per alimentare con contenuti originali e di qualità i processi decisionali e, perché no visto che siamo tutti potenziali prede, per proteggere se stessi e le organizzazioni o aziende di appartenenza dall’operato di avversari e competitor. Non da ultimo, smaliziarsi in qualche piccola tecnica Humint può essere utile anche nella sfera personale, aiutandoci a capire meglio gli altri e a costruire delle relazioni strategiche di mutuo beneficio.

 

Un corso di formazione per approfondire
“Humint Pro” è il titolo del corso teorico-pratico che l’Istituto Gino Germani organizzata nell’ambito della sua scuola Scuola di formazione in intelligence e analisi strategica. Si svolgerà a Roma (in presenza e in live streaming) il 28-29-30 ottobre 2026. Le iscrizioni al corso sono ancora aperte, posti in aula disponibili. Tutte le informazioni qui.

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