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Fin de semana caótico de disturbios y reivindicaciones en París: “Esto es lo que pasa cuando el Gobierno no escucha y reprime”

Fin de semana caótico de disturbios y reivindicaciones en París: “Esto es lo que pasa cuando el Gobierno no escucha y reprime”

El ministro de Interior, Laurent Nuñez, ha presentado su dimisión a Macron, pero el presidente la ha rechazado "dada la necesidad de mantener el mando de las fuerzas del orden en el contexto actual"

Fotogalería - Las imágenes de las masivas protestas en Francia

Varias realidades, distintas aunque relacionadas, han convivido a lo largo de este fin de semana en París y en varias de las principales ciudades de Francia. Manifestaciones pacíficas y disturbios se desarrollaron en las mismas calles, a veces a sólo unos metros, para dar forma a una de las jornadas de protestas más violentas de los últimos años, que recordó el estallido de violencia del 1 de diciembre de 2018, el llamado tercer acto del movimiento de los chalecos amarillos, durante el cual se dañó el Arco del Triunfo.

Este domingo, 24 horas después de las imágenes de violencia en varias ciudades de Francia, el presidente Emmanuel Macron se ha dirigido a los franceses en un mensaje en el que ha denunciado las acciones de “facciosos pertenecientes a grupúsculos de ultraizquierda, a los que se sumaron numerosos delincuentes”.

“Se han saqueado comercios y se han atacado edificios públicos, tiendas y ayuntamientos. Al ver las imágenes, todos nos hemos preguntado cómo pueden unos franceses hacerle esto a Francia [...] Nada lo justifica, nada lo explica, nada lo excusa”, ha proclamado en un mensaje en vídeo grabado desde el Elíseo y hecho público a las 20.00 horas.

El jefe de Estado francés, que el lunes partirá en visita oficial a varios países del golfo Pérsico no anunció medidas especiales, aunque evocó una mejor colaboración entre las prefecturas y los ayuntamientos “para proteger nuestras ciudades, nuestros edificios públicos y nuestros comercios”, que podrían llegar a la prohibición de “determinadas concentraciones” y la adopción de “todas las medidas necesarias”.

Macron también hizo un llamamiento a los partidos políticos y a las organizaciones profesionales y sindicales para que “condenen sin ambigüedades toda forma de violencia y hagan un llamamiento a la calma”, tras los destrozos ocurridos en la capital y varias ciudades.

Además, el presidente ha rechazado la dimisión del ministro del Interior, Laurent Nuñez, tras los disturbios y le ha pedido que despliegue cuanto antes nuevos métodos de intervención contra los grupos violentos, ha informado este lunes el Elíseo. La Presidencia francesa justifica la decisión por la necesidad de garantizar la continuidad del mando de las fuerzas de seguridad en el actual contexto de tensión. “Dada la necesidad de mantener el mando de las fuerzas del orden en el contexto actual, el presidente de la República rechazó” la renuncia de Nuñez, indica el Elíseo.

En una entrevista en France Inter, Nuñez explicó que había presentado su dimisión a Macron alegando que es “el responsable de todo lo que está ocurriendo”.

En París, en el barrio que rodea la Ópera Garnier, las primeras tensiones comenzaron a última hora de la mañana del sábado. Antes se habían producido los primeros cacheos y detenciones. La plaza de la Ópera era uno de los puntos de encuentro que circulaban por los grupos de mensajería de los manifestantes en los días previos. Por eso las fuerzas del orden impedían cualquier concentración en sus inmediaciones.

Todo el acceso al centro de la ciudad había quedado prohibido para las manifestaciones, a las que se obligó a modificar su recorrido. Desde dentro de los cafés y restaurantes de las calles cercanas, los clientes comenzaron a ver las carreras de grupos de jóvenes y persecuciones de la brigada motorizada BRAV-M. La policía quiso alejarles todo lo posible de los centros de poder (Asamblea, Elíseo, Matignon) que eran el objetivo declarado de una parte los manifestantes. Algo que se intentó en 2018, en varias de las manifestaciones de los chalecos amarillos.

También a última hora de la mañana, las manifestaciones oficiales comenzaban a agruparse en la plaza de la República. La policía dispersó a varios grupos con granadas lacrimógenas y varias cargas en los alrededores. Al mismo tiempo, grupos violentos produjeron los primeros destrozos en el mobiliario urbano e incendios en varios puntos de la plaza, que sería uno de los focos de la violencia en la capital a lo largo de toda la jornada.

Manifestaciones improvisadas

Pese a esos primeros enfrentamientos, las dos manifestaciones oficiales —numerosas y pacíficas— pudieron agruparse y partieron a primera hora de la tarde. Una en dirección a la plaza de Clichy en el norte, la otra hacia la plaza de la Nación en el este.

Pero no todos los manifestantes se unieron a esos cortejos. En ese momento en la ciudad se pusieron en marcha varias dinámicas: las calles cercanas a esa misma plaza de la República se llenaron de jóvenes que improvisaron sus propias manifestaciones, algunos simplemente deambulaban entre los diferentes puntos de manifestación, tanto los dos oficiales, como los improvisados.

Manifestarse fuera de los itinerarios aprobados se convirtió en una forma adicional de protesta. “Esto es lo que pasa cuando no se permite manifestar, cuando el gobierno no escucha y reprime”, explicaba un grupo de estudiantes de enfermería, que acudió a manifestarse en sus batas blancas.

Con multitud de pancartas, cánticos, disfraces y performances, la mayoría de los jóvenes habían salido a expresarse y a ser escuchados. Sus reivindicaciones eran múltiples: las condiciones materiales del sistema educativo estaban presentes en muchas de las pancartas, así como una inquietud general por su futuro, ante las crisis climáticas y económicas. También la respuesta policial a los bloqueos de institutos, considerada como represiva y desproporcionada.

Poco después de que comenzaran los cortejos oficiales, uno de los improvisados bajaba la calle des Archives en dirección al barrio del Marais, sin destino aparente. Un centenar de manifestantes coreaban: “la juventud manda a la mierda al Frente Nacional (La jeunesse emmerde le Front national)” y “todo el mundo detesta a la policía (tout le monde déteste la police)”.

En las mismas calles se veían también grupos de chicos, de entre quince y veinte años, sin pancartas, vestidos en su mayoría con chándal oscuro, con gafas de buceo o de construcción, algunos con cascos. Todos con el rostro totalmente cubierto, pese a que la prefectura de París (dependiente del ministerio del Interior) lo había prohibido.

Pequeños grupos similares aparecen en las imágenes que hoy dan la vuelta al mundo junto a otros que llevan chalecos amarillos, en los vídeos de los mayores enfrentamientos en París y el resto de ciudades.

En la calle de Bretagne, una de las cercanas a la plaza de la República, dos chicos vestidos de negro trataron de comenzar a erigir una barricada cerca de un cruce donde estaban agrupados los policías, apilando las bicicletas eléctricas de libre servicio. A sólo unos metros de allí, dos jóvenes habían puesto una mesa y sillas en medio de la carretera y jugaban al ajedrez.

Un vehículo en llamas durante una protesta en París.
Un vehículo en llamas durante una protesta en París.

La identidad y la afiliación política de los autores de las violencias ya es —y continuará siendo en las próximas semanas— objeto de especulaciones y acusaciones cruzadas. El Gobierno señala a “la ultraizquierda” y, a través de ella, al partido Francia Insumisa (LFI). Mientras el líder de este partido, Jean-Luc Mélenchon, que participó en una de las marchas pacíficas del sábado, respondió que es el Gobierno el culpable de haber “organizado el desorden”.

Mundos distintos

En todo caso, el sábado en las calles de París se dibujaron extrañas escenas de mundos distintos coexistiendo sin apenas interactuar. Los jóvenes manifestantes atravesaban el barrio del Marais que, por lo demás, ofrecía la misma estampa de cualquier sábado. Terrazas llenas, turistas y colas en las pastelerías. En la calle Des Archives esta tranquilidad fue perturbada brevemente cuando los transeúntes tuvieron que pegarse a los muros al ver aparecer un pequeño grupo de antidisturbios corriendo calle arriba.

A 50 metros de allí, delante del museo Picasso, una pareja de japoneses giraba sobre sí mismos, nariz pegada a la pantalla del móvil, tratando de orientarse para encontrar el punto de recogida de su Uber. Una pequeña marcha de una veintena de jóvenes pasó por delante, enarbolando sus pancartas y con Manu Chao sonando en la megafonía.

En la calle de Quatre Fils, otros dos turistas anglosajones pasaban con bolsas de ropa en dirección a la calle de Bretagne, buscando una cafetería, sin ver que al final de la calle se elevaba una espesa columna de humo, que marcaba la ubicación de enfrentamientos entre policía y manifestantes que en ese momento comenzaba en los alrededores del bulevar Sebastopol. Allí se produjeron durante la tarde algunos de los primeros pillajes de comercios.

Un manifestante con un chaleco amarillo durante una protesta en París.
Un manifestante con un chaleco amarillo durante una protesta en París.

Una violencia que contrastó con el aire festivo que la mayor parte de los jóvenes quisieron darle a la jornada, apoyados por charangas o música en altavoces. También contrastó con la tranquilidad en las que se desarrollaron las dos manifestaciones oficiales.

En el cercano bulevar Voltaire, que sí formaba parte del itinerario oficial, una chica enarbolaba una pancarta reclamando “medios de comunicación que estén a la altura, por favor”. Ya antes del sábado los jóvenes sentían que la cobertura mediática —y las cifras les daban la razón— estaba girando de manera desproporcionada en torno al vandalismo, en detrimento de sus reivindicaciones. Una tendencia que es probable que se amplifique después de los hechos del sábado.

A pocos metros de ahí una veintena de manifestantes en bicicleta se cruzaba con otra marcha improvisada de un centenar de personas. Era parte de la que debía llegar a la plaza de la Nación, pero decidieron desviarse por una de las calles laterales. Los manifestantes coreaban, entre otras cosas, “ACAB, ACAB [All cops are bastards]”.

Macron y el Gobierno

Además de la policía y el ministro de Educación, muchas de las pancartas apuntan a un responsable: Emmanuel Macron. “En nueve años, por el Ministerio de Educación han pasado ocho ministros, a Macron la educación es algo que le da igual”, se queja un adolescente, con una pancarta en la que reclama el fin de la Francia de Macron. “Y no sólo es la educación, es todo, por eso hemos salido a la calle, y por eso están en la calle los chalecos amarillos”.

A última hora del día en París el número y la dispersión de los manifestantes desbordó a la policía que se concentraba en mantener el control de las plazas. República, Vendôme, Madeleine, Bastilla... las imágenes de enfrentamientos se multiplicaron. En un momento dado, los manifestantes violentos llegaron a unos centenares de metros del Elíseo.

Sin policía, muchos de los comercios del centro y de los Campos Elíseos sufrieron el pillaje de grupos de jóvenes. El alcalde de París, Emmanuel Grégoire, habla de “calles enteras devastadas” y un balance de daños materiales que será “grave”.

El Gobierno ha cifrado el número de manifestantes en 550.000, con unas 2.000 personas detenidas y unos 600 policías y gendarmes heridos. Los organizadores elevan el número de participantes a 800.000. En Burdeos, la residencia de la prefecta del departamento (equivalente al delegado de Gobierno en España) fue saqueada y tuvo que intervenir una unidad de élite de la policía. En Lyon, donde no había ninguna manifestación declarada, grupos violentos incendiaron la oficina de turismo. En Limoges ardió el Ayuntamiento. El de Marsella fue saqueado.

Diferentes voces reprochan al Gobierno haber subestimado la amplitud de las protestas. El primer ministro, Sébastien Lecornu, compareció al final del sábado, en el centro operativo de la Prefectura de Policía de París, acompañado por el ministro del Interior, Laurent Nuñez. “Los centros de poder de París han sido el blanco de los ataques: el Elíseo, Matignon y la Asamblea Nacional, por lo tanto, está claro que se trata de una maniobra política”, declaró. “No nos dejaremos intimidar”, aseguró.

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Bally Bagayoko, el alcalde insumiso que abandera el apoyo a las protestas en Francia y desata la ira de los ultras

Bally Bagayoko, el alcalde insumiso que abandera el apoyo a las protestas en Francia y desata la ira de los ultras

Las imágenes del alcalde de Saint-Denis protegiendo a los manifestantes frente a las cargas policiales le han convertido en objetivo de ataques racistas, aunque el edil insiste en mantener el debate centrado en “las reivindicaciones de la juventud”

Relatos desde las barricadas estudiantiles en Francia: “La violencia policial me da fuerzas para seguir luchando”

Las imágenes de Bally Bagayoko interponiéndose entre los manifestantes y las fuerzas del orden durante una protesta en París el 6 de octubre han dado la vuelta al mundo. El alcalde de Saint-Denis, miembro del partido Francia Insumisa (LFI), es uno de los políticos que más decididamente ha mostrado su apoyo a los jóvenes movilizados estas últimas semanas en Francia, una postura que le ha valido el agradecimiento de muchos jóvenes y las críticas de varios partidos políticos.

Desde los primeros días de una movilización que precisamente surgió en la banlieue parisina, Bagayoko acudió al instituto Paul-Éluard de su ciudad para apoyar las reivindicaciones. “Es el deber de un representante político estar presente aquí, […] como, por cierto, ya estuve en otras grandes movilizaciones en defensa del servicio público”, explicó entonces.

Desde hace semanas, los alumnos de secundaria de todo el país protestan sobre las deficiencias del sistema educativo: el estado de los edificios, de las aulas, las ausencias de profesores que no se sustituyen, los horarios poco adaptados a sus necesidades y la plataforma de selección para el acceso a la educación superior (Parcoursup), que ven como multiplicador de desigualdades.

A estas reivindicaciones iniciales se ha sumado la indignación por la respuesta policial, que ha dejado a varios adolescentes con heridas de gravedad (causadas, según los primeros indicios, por un lanzador de balas de defensa, la explosión de una granada aturdidora y un lanzagranadas de gas lacrimógeno).

Varias personas lavan los ojos de Bally Bagayoko, alcalde de Saint-Denis y diputado francés de La France Insoumise, con líquido procedente de pequeños frascos de plástico durante una manifestación estudiantil.
Varias personas lavan los ojos de Bally Bagayoko, alcalde de Saint-Denis y diputado francés de La France Insoumise, con líquido procedente de pequeños frascos de plástico durante una manifestación estudiantil.

Tras los incidentes violentos en las primeras manifestaciones, padres y profesores, así como algunos políticos locales y diputados, incluido Bagayoko, se sumaron y animaron a otros a hacer lo mismo para interponerse entre los jóvenes y los agentes, evitar situaciones de tensión y proteger a los adolescentes.

Desde entonces, el alcalde de Saint-Denis es recibido con ovaciones por los jóvenes (y ha sido felicitado también por la estrella de la NBA Victor Wembanyama) en las manifestaciones o en los bloqueos, aunque los estudiantes subrayan que su movimiento no tiene nada que ver con ningún partido. Y el propio Bagayoko ha dejado claro en varias ocasiones su voluntad de no desviar el debate “de las reivindicaciones de nuestra juventud”.

Una visión que no comparte el Gobierno francés, que denuncia una manipulación de los jóvenes por parte de LFI y de “la ultraizquierda”, a los que acusa de promover la violencia. El Ejecutivo ha hecho hincapié, desde un principio, en los actos violentos que se han producido al margen de ciertas movilizaciones, que el ministro del Interior ha calificado de “violencias urbanas”.

El primer ministro, Sébastien Lecornu, denunció en la red social X una “escalada irresponsable” por parte de los miembros de LFI, al “pedir ampliar” el movimiento de bloqueo de los institutos. El líder de LFI, Jean-Luc Mélenchon, respondió acusando al Ejecutivo de haber “ordenado la represión” contra los estudiantes.

Bally Bagayoko también forma parte de los líderes señalados por las autoridades nacionales como “instigadores”. El prefecto de policía de París, Patrice Faure (dependiente del ministerio del Interior) ha presentado una denuncia contra él por “presuntos hechos de incitación a cometer un delito”. La presidenta de la región parisina, la conservadora Valerie Pécresse, declaró que “le enviará la factura de la puerta de entrada” del instituto Paul-Éluard, dañada por los manifestantes.

Para Bagayoko las fuerzas del orden “son las que han cometido actos de violencia”, según defendió hace unos días en el canal de noticias público Franceinfo. “Yo mismo he sido rociado con gas lacrimógeno”, señaló, haciendo un llamamiento a la calma y pidiendo a las autoridades nacionales que hagan lo mismo. “Calmar también significa (…) dar instrucciones precisas a la policía nacional”, añadió.

Objetivo de medios de extrema derecha

Pese a este mensaje de calma, las cadenas de noticias de derecha y extrema derecha emiten en bucle imágenes de las cargas, de actos de vandalismo contra establecimientos escolares y de violencia contra policías y funcionarios de la educación pública. Y no dudan en vincular al alcalde de Saint-Denis y otros miembros de LFI con los actos de violencia, aunque ocurran en ciudades en los que no están presentes.

Bagayoko se ha convertido en uno de los objetivos habituales de los ataques de estos medios desde su irrupción en la política nacional la pasada primavera. En las últimas municipales fue elegido con una contundente victoria en la primera vuelta y se convirtió en el primer alcalde de LFI en conquistar un ayuntamiento de más de 100.000 habitantes.

Su victoria fue recibida con una oleada de racismo, en particular en el principal canal de noticias conservador francés, CNEWS, propiedad del millonario Vincent Bolloré. Uno de los tertulianos de la cadena, Jean Doridot, creyó conveniente explicar a los espectadores que los homo sapiens son “mamíferos sociales”. “Pertenecemos a la familia de los grandes simios. Y, por lo tanto, en toda comunidad, en toda tribu —nuestros antepasados cazadores-recolectores vivían en tribus—, hay un líder cuya misión es imponer su autoridad”.

En la misma línea el filósofo Michel Onfray también decidió entrar en el ámbito de la antropología y las ciencias naturales para valorar la victoria de Bagayoko. Le atribuyó una actitud de “macho dominante” por haber pedido a sus ciudadanos “lealtad” para ejercer su nueva función. “Eso es algo muy tribal”, apuntó Onfray. “No estamos en una tribu primitiva, como las describe Darwin, en las que hay un macho dominante que decide ‘tú tendrás comida, tú no tendrás comida; yo me quedaré con las hembras, tú no tendrás hembras’”.

Las secuencias fueron denunciadas públicamente por los partidos políticos de izquierda y de centro. Francia Insumisa ha pedido la retirada de la licencia de emisión a CNews. El Gobierno además remitió el caso a la Fiscalía, que abrió dos investigaciones: una por “injurias públicas” de carácter racista y una segunda relativa al ciberacoso del que fue víctima Bagayoko en la red social X.

No hubo condena pública ni por parte de Los Republicanos ni por parte de la extrema derecha. CNews negó cualquier tinte racista en las intervenciones y trató de presentarse como víctima de intentos de censura. La polémica no impidió que el periodista Vincent Hervouet afirmara unas semanas después en el mismo canal que “Francia perdió Mali, pero nosotros tenemos a Bally Bagayoko, un alcalde maliense en Francia”.

Contra el racismo

Ante los ataques racistas de los que fue objeto desde su elección, Bagayoko mostró su voluntad de utilizar la atención y la indignación para hacer avanzar “la madre de todas las luchas: la lucha contra el racismo”. Apoyado por su partido y por una buena parte del mundo asociativo, reunió una gran manifestación contra el racismo en su ciudad a principios de abril.

Ya entonces quiso poner en el centro de la escena a “la juventud” local, al dar la palabra a estudiantes de secundaria y a jóvenes activistas. De hecho, desde su llegada a la alcaldía, Bagayoko repitió su voluntad de “abordar los problemas [sociales] desde el origen”, “acompañando a los jóvenes” y “luchando contra la exclusión escolar”, al tiempo que denunciaba la falta de la implicación de las autoridades regionales y nacionales, de las que dependen los presupuestos en la materia.

A pesar de la notoriedad de la que goza en Francia desde este año (y, en estas últimas semanas, a nivel internacional) Bagayoko no es un recién llegado a la política. Nacido en Levallois-Perret, en las afueras de París, en 1973, cuenta con un título de estudios superiores en Geopolítica obtenido en la Universidad París-VIII, ya llevaba años moviéndose en el ámbito asociativo cuando el alcalde comunista de Saint-Denis Patrick Braouezec (1991-2004) le propuso incorporarse al Ayuntamiento, donde ocupó el cargo de teniente de alcalde entre 2001 y 2020.

Durante ese periodo, en paralelo, obtuvo un puesto remunerado en la Administración Autónoma de Transportes Parisinos, una acumulación de cargos cuya legalidad han puesto en entredicho informaciones aparecidas en el diario Le Canard Enchâiné, que han dado pie a una investigación judicial.

Hace más o menos una década, sus relaciones con el PCF se deterioraron y Bagayoko comenzó a acercarse a LFI, que por entonces había iniciado un trabajo de implantación electoral en las banlieues, reclutando militantes antirracistas y dando un mayor protagonismo a la lucha contra la islamofobia, las denuncias de las violencias policiales y la falta de servicios públicos.

No obstante, Bagayoko no forma parte de la plana mayor del partido que rodea a Jean-Luc Mélenchon y reivindica una cierta independencia ante la dirección. Consciente de la importancia simbólica de una alcaldía como Saint-Denis, desde el ayuntamiento de este municipio espera hacer oír su voz en la campaña presidencial de 2027.

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