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Conversando con un robot

Pese a su sofisticado desarrollo tecnológico, los aviones siguen siendo tan impuntuales como los trenes en nuestro país. Me pasó hace unos días. Debía hacer un viaje y el retraso de dos horas en la T4 lo volvió inútil. Llamé a un número de atención al cliente para ver si podía recuperar el dinero y ahí comenzó mi experiencia con los robots. Hablé con uno y a los pocos minutos con otro que contactó conmigo por WhatsApp. El segundo volvió a pedirme los datos que ya le había dado al primero. Como tardé un minuto en buscarlos, se comenzó a impacientar pese a ser una máquina y a preguntarme: "¿Sigues en línea? ¿Has recibido mi mensaje?". Acto seguido, añadió: "Por falta de respuesta, el agente finaliza esta interacción".

Con los wasaps que uno intercambia con seres humanos se puede tomar el tiempo que quiera para dar una respuesta, pero con los androides tecnológicos parece que no es así. Este descubrimiento me llevó a responderle: "Disculpe, pero no tengo costumbre de actuar a las órdenes de un robot". En ese instante, mi interlocutor retomó el contacto: Un momento, por favor. Voy a pasar tu conversación a un agente humano para ayudarte de modo más personalizado". A los pocos segundos creí cumplida su promesa: "Bienvenido al chat. Mi nombre es Lizeth". Pero enseguida pude comprobar que Lizeth era otro o el mismo agente artificial de antes porque volvió a utilizar sus mismas palabras: "¿Sigues en línea?". Es decir, que seguía hablando con un robot y además con un robot mentiroso.

Se habla mucho hoy de la IA y de que esta va a enviar a mucho personal humano al paro. Pero cada vez tengo más la certeza de que simplemente vivimos un momento de estupidez de la humanidad y de que este será pasajero. Antes o después, los humanos recuperarán su trabajo. A lo que asistimos hoy es a un rudimentario simulacro de futurismo. Mi robot no estaba ahí para resolverme nada, sino para ahorrarle a esa compañía aérea efectuar el reembolso de mi viaje fallido y para hacerme perder el tiempo.

El ejemplo me recuerda a las películas de ciencia ficción de los años 60 que dibujaban un siglo XXI en el que nos alimentaríamos de pastillas como supuestamente lo hacían los astronautas. Ya estamos en el siglo XXI y en nuestro país todo el mundo ha aprendido a cocinar gracias a Internet y a las recetas de Arguiñano. Nunca se ha comido mejor que ahora. Hoy comen bien hasta los astronautas porque lo de las pastillas era un falso mito. Sí, creo que Lizeth, mi robot mentiroso, tiene los días contados

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