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Empresas de exmilitares israelíes financian el Congreso de Ciberseguridad que organiza la Generalitat en Barcelona

Empresas de exmilitares israelíes financian el Congreso de Ciberseguridad que organiza la Generalitat en Barcelona

Compañías que han mostrado apoyo a las acciones militares de Netanyahu en Palestina y con vínculos con la industria militar del país formarán parte del evento que se celebrará del 3 al 5 de noviembre

Hemeroteca - Barcelona, nueva base de operaciones de piratas informáticos israelíes

Dos empresas lideradas por exmiembros del ejército israelí figuran entre los principales patrocinadores del Congreso de Ciberseguridad de Barcelona. El evento está organizado por el Govern catalán y la Fira, un consorcio participado por el Ayuntamiento de la capital catalana, la propia Generalitat y la Cámara de Comercio.

El congreso, cuya séptima edición se celebrará del 3 al 5 de noviembre en Barcelona, se publicita como “el principal evento de ciberseguridad del Sur de Europa” y contará con una decena de empresas israelíes que participarán como patrocinadores o expositores. Algunas de estas compañías tienen vínculos con la industria militar de Tel Aviv o han mostrado apoyo a las acciones del Gobierno de Benjamin Netanyahu en Palestina

Uno de los principales financiadores de la convención es la empresa CheckMarx, fundada por Mat Siman, un exmiembro de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF, en sus siglas en inglés) y antiguo asesor en seguridad del primer ministro israelí Ariel Sharon entre 2004 y 2006.

También figura como sponsor del congreso PaloAlto Networks, una compañía norteamericana fundada y dirigida por el israelí Nir Zuk, exalumno de la unidad de inteligencia 8200 del ejército israelí. A pesar de estar radicada en California, la compañía mantiene un gran centro de investigación y desarrollo en Tel Aviv. 

La tercera compañía israelí que figura entre los financiadores del evento es SentinelOne. La compañía decidió, en octubre de 2023, suspender su patrocinio a un congreso del sector en EEUU después de que un miembro vinculado a la organización criticara las operaciones israelís en Gaza y las calificara de genocidio.

Si bien ninguna de estas tres compañías tiene documentada una participación directa en el genocidio palestino, gobiernos extranjeros como el de China, por ejemplo, prohíben a sus empresas utilizar programas de SentinelOne ante el riesgo de que esta compañía transmita datos a “agencias extranjeras”. 

Esta empresa israelí, de hecho, cuenta con un equipo de inteligencia global que publica análisis técnicos y detallados sobre tácticas militares y cibernéticas de naciones rivales. 

Buena parte de la decena de empresas israelíes que participarán en el evento están incluidas en listados de activistas propalestinos que promueven el boicot a compañías israelíes o con vínculos con la industria de la defensa de ese país.

Algunas de ellas, como Cynet, ofrecieron gratuitamente sus plataformas de ciberseguridad durante tres meses a empresas e instituciones de Israel para proteger sus infraestructuras críticas tras los atentados del 7 de octubre de 2023.

También Vega Security, que contará con un stand en la feria, está fundada por dos antiguos veteranos de la unidad 8200. RDT Systems, por su parte, incluye la defensa entre los sectores a los que da servicio y también participará en el evento.

Imagen de una edición pasada del Barcelona Cybersecurity Congress.
Imagen de una edición pasada del Barcelona Cybersecurity Congress.

El Govern y la Fira: “Son empresas con sede en EEUU”

La presencia de compañías israelíes en congresos celebrados en Barcelona ya ha levantado polémicas en el pasado, hasta el punto de que el Ayuntamiento aprobó en mayo de 2025 una declaración institucional en la que rompía relaciones con Israel (tumbada recientemente por el TSJ catalán).

En septiembre de ese año el consistorio insistió en su compromiso de no permitir que Israel o cualquier empresa “que se beneficiara del genocidio” en Gaza tuviera presencia en congresos en la Fira o en eventos con financiación municipal.

En esta ocasión, sin embargo, no son simples empresas israelíes que participan en un congreso en Barcelona, sino compañías lideradas por exmilitares del IDF que financian un evento organizado por la Agencia de Ciberseguretat de Catalunya —dependiente del Govern—, y la Fira, participada tanto por la Generalitat como por el Ayuntamiento barcelonés. 

Preguntados por esta redacción, desde el Govern señalan que los acuerdos de patrocinio han sido gestionados directamente por la Fira de Barcelona.

Ambas instituciones, en un comunicado casi idéntico, explican que los tres sponsors mencionados en este artículo “son empresas internacionales” con “sede en los EEUU” que “cumplen con la legalidad vigente”.

Añaden que ninguna de estas empresas figura en la base de datos de la ONU sobre compañías implicadas en “determinadas actividades” relacionadas con “los asentamientos israelíes en territorio palestino ocupado” e insisten en que el congreso está centrado en el ámbito empresarial y no en la actividad militar.

“La Fira no puede entrar a valorar el posicionamiento político de los miembros de las empresas participantes”, añaden desde este consorcio.

Desde el Ayuntamiento no han querido hacer ninguna declaración sobre este caso concreto y se han limitado a recordar las acciones que ha emprendido el consistorio respecto a sus relaciones con Israel.

Barcelona, hub de empresas de ciberespionaje israelí

Israel es una potencia mundial en ciberseguridad por una combinación de factores. Por un lado, unidades de inteligencia del ejército como la mencionada 8200 forman cada año a miles de jóvenes en técnicas de hackeo y defensa, y muchos de ellos acaban fundando startups.

A esto se suma el apoyo estatal, la estrecha relación entre universidades, Defensa e industria, y un contexto de amenaza permanente que convierte la seguridad digital en una prioridad nacional.

La otra cara de este liderazgo israelí en la ciberseguridad, sin embargo, es la industria del ciberespionaje. La línea que separa los dos sectores es a veces muy difusa y ambas caras de esta moneda han encontrado en Barcelona uno de sus principales centros de operaciones.

La capital catalana se ha consolidado en los últimos años como uno de los principales destinos de las empresas israelíes de ciberseguridad ofensiva, un sector opaco que desarrolla y vende herramientas de espionaje a gobiernos y cuerpos de seguridad. 

Un ejemplo de este ecosistema fue Offensive, un encuentro privado de ciberespías de todo el mundo convocado en Barcelona en enero de 2026 bajo el lema “Sol, marisco y ‘spyware’” que desveló elDiario.es. 

El lugar del evento se mantuvo en secreto hasta el mismo día de su celebración y lo organizó Epsilon, empresa barcelonesa especializada en productos de spyware y liderada por el veterano israelí del ciberespionaje Daniel Shapiro. 

También estaba vinculado a esta cita secreta Radiant Research, con sedes en Tel Aviv y Barcelona, que emplea a exmiembros de la Unidad 8200 del ejército israelí y a antiguos trabajadores de NSO (la empresa que desarrolló Pegasus).

Según el medio israelí Haaretz, al menos tres equipos de hackers de élite de ese país se han instalado en la capital catalana, entre ellos los primeros desarrolladores del software Pegasus que se utilizó para espiar a los lideres independentistas, entre otros. 

Fuentes del sector consultados por elDiario.es atribuyen esta llegada al hecho de que operar desde Europa les permite esquivar las restricciones de exportación del Gobierno israelí, además del atractivo que puede tener el clima y los costes de la ciudad.

El empleo en ciberseguridad en Barcelona creció un 50% entre 2020 y 2025, hasta superar los 10.000 trabajadores en más de 550 empresas, según datos de la Generalitat.

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Radden Keefe y los entresijos del mejor periodismo de investigación: “Ser objetivo no es ser una máquina sin sentimientos”

Radden Keefe y los entresijos del mejor periodismo de investigación: “Ser objetivo no es ser una máquina sin sentimientos”

El reportero del 'New Yorker' desgrana los dilemas y contradicciones a los que se enfrentó mientras investigaba el caso que relata en 'El hijo del Oligarca', una historia sobre un joven adolescente que murió en Londres en extrañas circunstancias

Hemeroteca - El misterio de un salto mortal o cómo Londres se convirtió en un cascarón vacío de opulencia sin escrúpulos

Convertido en el referente absoluto de aquella intersección en la que se encuentran el periodismo narrativo y el de investigación, Patrick Radden Keefe (Boston, EEUU, 1976) confiesa estar abrumado por el éxito de su último libro, El hijo del oligarca (Periscopi en catalán, Seix Barral en castellano), llamado a convertirse en un clásico del mejor reporterismo.

Asegura que la obra, una profunda investigación sobre la muerte en extrañas circunstancias de Zac Brettler, un joven londinense de buena familia que se hacía pasar por hijo de un oligarca ruso, le situó en una encrucijada sobre su papel cómo reportero, su vínculo con la familia del protagonista y las consecuencias de su trabajo. 

“Cuando trabajaba en el libro tuve que ir a terapia por primera vez en mi vida”, explicaba el viernes a un grupo de periodistas en el CCCB de Barcelona. “Ha sido una de las pocas ocasiones en las que he podido sentir la oscuridad de la historia en la que estaba trabajando”.

A Radden Keefe, padre de dos adolescentes, le afectó pasarse casi dos años hablando a diario con una familia que había perdido a un hijo que tenía la misma edad que los suyos. 

“Mis hijos hacían cosas normales de adolescentes, pero cada vez que me peleaba con ellos o había algún problema empezaba a ponerme en lo peor”, rememora. “Tuvo que venir mi mujer a decirme que no era justo para ellos, que no todo tiene por qué ser un desastre”.

El periodista, redactor del New Yorker, confiesa que en toda su carrera nunca se había acercado tanto al objeto de su investigación como en esta historia, en la que ha acabado trabando lo que podría definirse como una amistad con los padres del fallecido. 

“Puede parecer que el libro aborda solo la perspectiva de la familia Brettler”, abunda. “Pero yo creo que realmente es mi perspectiva sobre cómo veían ellos la muerte de su hijo”.

Radden Keefe desgrana en 'El hilo del oligarca' la muerte de un joven londinense que se hacia pasar por hijo de un magnate ruso.
Radden Keefe desgrana en 'El hilo del oligarca' la muerte de un joven londinense que se hacia pasar por hijo de un magnate ruso.

“Cuando digo que quiero ser objetivo en mi trabajo no significa que me deba convertir en una máquina que no tiene sentimientos”, sostiene. “Conocer algunas cosas del caso me conmovió y también traté de capturar esto en el libro”.

La palabra que utiliza Radden Keefe sobre cómo debe abordar estas situaciones y emociones es “permeabilidad”, explica. “Intento ser permeable, pero la pregunta es cómo lo soy sin perder la objetividad”, añade.

Radden Keefe alertó a la familia de que iba a escribir cosas que les incomodarían. “Les alerté de que al leer el libro no se reconocerían como si miraran una foto, sino como si hubiese pintado un cuadro de ellos”, afirma. “En el libro hay cosas que son incómodas para ellos, pero si las dejaba fuera me acababa convirtiendo en un mentiroso como los que aparecen en el texto”.

El hijo del oligarca no es solo la historia de una tragedia familiar. Es también una historia sobre la mentira y sobre un Londres inundado de frivolidad y de dinero extranjero, pero también sobre el abismo que puede separar a unos padres de su hijo adolescente y cómo su amor incondicional está por encima de ese muro. Es, a su vez, una historia que pone al descubierto las costuras de un sistema policial lleno de defectos e incompetentes. 

“Las mentiras del libro creo que definen una era”, apunta el reportero. “No creo que sea casualidad que cuando Zac cumplió 16 años Trump fuera presidente”.

Radden Keefe explica que lo que le interesó de la historia, convertida en un éxito de ventas, era que tenía un gran número de ingredientes que le permitían dibujar la sociedad actual: la manosfera, los teléfonos móviles, la frivolidad y el lujo de las redes sociales que seducen a los jóvenes y la desaparición de la cultura del esfuerzo. 

“Los padres de Zac tenían claro que si estudiaban y trabajaban duro podrían comprarse una casa, vivir en su ciudad y, si la salud se lo permitía, tener una buena jubilación”, explica. “Todo esto ha desaparecido para los chavales de hoy: pueden esforzarse y acabar viviendo con sus padres o compartiendo una habitación”.

Todas estas capas, además, tenían como telón de fondo la transformación que ha vivido la capital británica durante las dos últimas décadas. “El cambio de Londres es un tema que hacía tiempo que me interesaba”, admite. “Y la historia de Zac me permitía abordarla”.

Sobre el fracaso policial que recorre el libro, Radden Keefe cree que todo habría sido muy diferente si los padres de Zac hubieran decidido acudir a los medios tras su muerte. “Todo habría sido distinto”, opina. “La prensa británica ama estas historias de gente blanca que tiene problemas, sobre todo si hablamos de un chaval que iba a un buen colegio privado”.

El reportero considera que la presión de los medios habría derivado en presión política y eso hubiera acabado empujado a la policía a investigar más y mejor, básicamente porque sus padres eran gente acomodada y bien conectada. “Si esto le hubiera ocurrido a una familia de inmigrantes africanos o de ingleses sin recursos, lamentablemente nadie se habría interesado”.

El éxito de su último libro ha sorprendido a Radden Keefe, que lleva ya casi medio año promocionándolo por todo el mundo. Ha decidido, sin embargo, no seguir investigando el caso a pesar de que le sigue llegando información. “La estoy pasando a otros periodistas del Reino Unido, no creo que la historia me pertenezca”, apunta.

El periodista sigue preocupado, no obstante, por cómo está viviendo la familia de Zac que su historia se haya convertido en un Best seller. “La gente se les acerca como si los conociera o de golpe van en el metro y ven a alguien leyendo el libro sobre la muerte de su hijo”, explica. “No es fácil para ellos”.

Radden Keefe ha desvelado que el libro está ahora mismo en proceso de convertirse en una serie. Una posibilidad ante la que, debido al interés de las productoras, preguntó a los padres de Zac si realmente estaban dispuestos a que su historia llegara todavía a más gente.

“Les dije que yo no lo necesitaba, que el camino podía acabar con el libro”, señala. “Pero tras pensarlo finalmente han dicho que sí, básicamente para así poder tener cierto control sobre la serie y que no acabe en manos de otra persona”.

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