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Alemania: descubren un enigmático lugar de sacrificios que permaneció oculto durante 2.800 años

Un equipo de arqueólogos desenterró en septiembre de 2026 una estructura de la Edad del Bronce al noroeste de Berlín (Universidad Georg-August de Gotinga)

Un equipo de arqueólogos descubrió en septiembre de 2026 un templo de 2.800 años de antigüedad que permanecía enterrado bajo un campo agrícola en Seddin, una localidad situada al noroeste de Berlín. La construcción, de planta casi cuadrada y aproximadamente 11 metros de lado, data del 850 a. C. y constituye el primer edificio destinado al culto de la Edad del Bronce identificado en el norte de Alemania. El hallazgo aporta nueva información sobre las prácticas rituales de aquella época en Brandeburgo.

Según informó Euronews, el hallazgo se produjo a pocos metros de la célebre tumba del rey Hinz, una figura envuelta en la leyenda popular de la comarca de Prignitz. El arqueólogo estatal y director de la oficina regional de patrimonio, Franz Schopper, explicó que la planta del edificio —de 10,6 metros en dirección norte-sur y 11,4 metros en sentido oeste-este— rompe con todos los patrones constructivos del periodo.

“Consideramos que este edificio casi cuadrado se utilizó con fines cultuales y rituales”, afirmó el especialista en declaraciones recogidas por el medio europeo.

Un diseño arquitectónico sin precedentes en el norte del continente

La construcción casi cuadrada, ubicada en Brandemburgo, modifica el conocimiento sobre las prácticas ceremoniales del Bronce tardío, según los investigadores (Universität Göttingen)

Las construcciones del Bronce tardío en la zona septentrional del continente seguían siempre un esquema alargado y rectangular. La estructura de Seddin desafía esa norma con su planta prácticamente cuadrada, razón por la cual Schopper la denominó Templum. Según el arqueólogo, una forma de este tipo no se conocía hasta ahora para dicho periodo en territorio germano.

El terreno donde se levantó el recinto ocupa uno de los puntos más elevados de la localidad. Los investigadores estiman que durante el siglo IX antes de Cristo allí existía un asentamiento de unas 2.000 metros cuadrados donde convivían entre 200 y 300 personas.

Entre los habitantes se encontraban artesanos, carpinteros, fundidores de metales y agricultores, lo que sugiere una comunidad diversa y organizada que sostenía tanto actividades productivas como ceremoniales.

Cerámica sobredimensionada y huesos calcinados apuntan a rituales de sacrificio

El diseño mide 10,6 metros de norte a sur y 11,4 de oeste a este, una forma sin precedentes documentados para esa época en territorio germano (Universität Göttingen)

En los alrededores del edificio, los científicos recuperaron cantidades inusualmente grandes de cerámica. Algunos recipientes presentan un diámetro en el borde superior a los 50 centímetros, un tamaño que excede con creces el de los vasos habituales para aquella etapa.

Las excavaciones previas en la zona apenas arrojaron unos pocos fragmentos de cuencos y escudillas, lo que vuelve más llamativo el volumen de piezas concentradas junto al recinto.

El doctor Immo Heske, de la Universidad Georg-August de Gotinga y responsable de la excavación, señaló a Euronews que “los descubrimientos actuales ponen de manifiesto la importancia especial de este yacimiento para el periodo del Bronce europeo”.

El conjunto formado por la edificación y las fosas circundantes con recipientes rituales desechados representa algo completamente nuevo en el panorama arqueológico de la región, añadió el académico.

Los numerosos huesos de animales encontrados en el entorno del templo fueron quemados de manera deliberada, un detalle que alimenta las hipótesis sobre ceremonias sacrificiales. Los expertos barajan dos escenarios: que las piezas óseas se consumieran primero en comidas comunitarias y luego se incineraran, o que se ofrendaran animales enteros sobre piras.

La leyenda del rey Hinz y un pasado sin registros escritos

Los expertos evalúan si los animales fueron consumidos durante comidas colectivas antes de ser incinerados o si se ofrecieron completos sobre piras (Universität Göttingen)

La tumba más conocida del yacimiento recibe el nombre del rey Hinz, una figura legendaria de la región de Prignitz. Sin embargo, no existen pruebas de que allí esté enterrado un monarca con ese nombre. Schopper explicó que “Hinz” es un apodo popular derivado de Heinrich, comparable al que posteriormente se utilizaría para referirse al “rey Fritz”, sin que ello implique necesariamente un origen noble.

La ausencia de fuentes escritas de aquel periodo impide verificar la identidad del presunto gobernante. Los restos óseos y dentales —conocidos como Leichenbrand— que pudieron pertenecer al ocupante de la tumba se extraviaron durante la Segunda Guerra Mundial. Esa pérdida eliminó una de las pocas vías disponibles para confirmar si el sepulcro albergaba a un líder de alto rango.

Con el objetivo de reconstruir la vida cotidiana de aquella era, arqueólogos de la Universidad de Gotinga colaboran de forma periódica en el sitio junto con la Oficina Estatal de Conservación de Monumentos y el Museo Arqueológico Regional de Brandemburgo. Las próximas campañas de excavación buscarán responder las incógnitas que aún rodean al recinto y a las prácticas ceremoniales de quienes lo erigieron hace casi 2.800 años.

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Barkley Marathons, la carrera más extrema del mundo: 160 kilómetros de bosque, desniveles brutales y corredores que no logran llegar a la meta

La prueba de Tennessee suma cinco vueltas, 18.000 metros de desnivel y un límite de 60 horas (Instagram: equipo Los franceses de Barkley)

De las casi 800 personas que intentaron terminar la Barkley Marathons desde 1995, solo 20 lo lograron. La prueba se disputa cada año en el parque estatal de Frozen Head, en Tennessee, Estados Unidos, y obliga a recorrer 160 kilómetros a través de bosques sin senderos, con un desnivel acumulado de 18.000 metros y un plazo máximo de 60 horas. Esas cifras la convirtieron en el ultratrail más extremo del planeta.

La competencia nació en 1986, cuando Gary Cantrell —conocido como “Laz”— y su compañero Karl Henn trazaron un recorrido por las montañas del parque, un terreno agreste de crestas empinadas y vegetación cerrada. Según la revista Runner’s World, aquella primera edición reunió apenas a 13 corredores que debían cubrir 80,5 kilómetros en menos de 24 horas. Desde entonces, Cantrell fue endureciendo las condiciones hasta convertir la cita en un desafío que la inmensa mayoría de los participantes no consigue superar.

En 1988 apareció el primer corredor capaz de cruzar la meta

Las reglas de la prueba Barkley Marathons en Tennessee, Estados Unidos, explican la baja cifra de atletas que logran completar sus 160 kilómetros (Imagen Ilustrativa Infobae)

La versión inicial poco se parecía al formato actual. Los 13 atletas de 1986 debían cubrir tres bucles con un límite de un día. Dos años después, “Frozen” Ed Furtaw se convirtió en el primero en completar esa distancia, con un registro de 32 horas y 14 minutos.

Con el tiempo, Cantrell amplió la exigencia. En 1989 extendió el recorrido y en 1995 implantó el esquema vigente: cinco vueltas de 32 kilómetros cada una, con un tope global de 60 horas. Las vueltas se alternan en sentido de giro —dos en dirección horaria, dos en dirección contraria y la última según la elección del líder—, lo que impide memorizar el terreno en un solo sentido.

El desnivel positivo acumulado asciende a 18.000 metros, casi el doble que el del Ultra-Trail du Mont-Blanc (UTMB), la otra gran referencia de este deporte. Además, el trazado cambia cada edición: los competidores reciben el mapa recién la víspera de la largada.

Dispositivos electrónicos prohibidos y libros escondidos como único control

Los participantes deben arrancar la página que coincide con su dorsal en distintos puntos de control (Captura de video)

Las normas de la Barkley eliminan prácticamente toda ayuda externa. Los aparatos GPS, los altímetros y cualquier dispositivo electrónico están vetados. La orientación depende exclusivamente de un mapa de papel y una brújula, en un terreno sin marcas ni señales. Los corredores atraviesan barrancos, crestas y vegetación densa bajo condiciones climáticas que pueden oscilar entre heladas y lluvias torrenciales en cuestión de horas.

No existen puntos de avituallamiento durante el trayecto. El único lugar donde los participantes pueden abastecerse es la zona de salida, al inicio de cada vuelta. La asistencia externa también queda vedada hasta que el corredor termine el circuito en curso.

La navegación depende de un mapa de papel y una brújula para atravesar barrancos, crestas y vegetación densa, sin señales ni ayuda externa (Instagram: equipo Los franceses de Barkley)

Para verificar que cada atleta siguió el itinerario correcto, la organización esconde entre 9 y 15 libros en puntos estratégicos del bosque. Cada competidor debe encontrarlos y arrancar la página que coincide con su número de dorsal. Si falta una sola página, la vuelta puede quedar invalidada.

El proceso de inscripción resulta igual de atípico. Los interesados deben conseguir por cuenta propia el contacto de Cantrell —dato que permanece en reserva— y enviar una carta de motivación en una fecha exacta que no se anuncia de antemano. La cuota asciende a USD 1,60, un centavo por cada kilómetro del recorrido. Los debutantes entregan, además, una matrícula de automóvil de su país. La largada se comunica con apenas una hora de antelación mediante una caracola.

En 2024 terminaron cinco corredores, un récord absoluto, pero en 2025 ninguno cruzó la meta

Sébastien Raichon logra la Fun Run en 2026. El francés completa tres vueltas en 38 horas y 5 minutos bajo temperaturas cercanas a -5 grados Celsius (Captura de video)

El historial refleja la dureza de la competencia. Desde 1995, cerca del 63 % de las ediciones terminaron sin ningún finisher. Quienes logran completar tres vueltas en menos de 40 horas reciben el irónico reconocimiento de la “Fun Run”.

La edición de 2023 rompió una sequía de seis años sin finishers. Tres atletas llegaron a la meta: el francés Aurélien Sanchez, con un tiempo de 58 horas, 23 minutos y 12 segundos; el estadounidense John Kelly; y el belga Karel Sabbe. Un año después, la carrera registró una marca inédita: cinco corredores terminaron en 2024, entre ellos Jasmin Paris, que se convirtió en la primera mujer en completar la Barkley con apenas 99 segundos de margen antes del cierre.

Sin embargo, la edición de 2025 devolvió la prueba a su norma. Tras aquel récord, Cantrell y su sucesor en la dirección técnica, Carl Laniak, añadieron un nuevo tramo que sumó al menos 45 minutos a cada vuelta, según informó Runner’s World. De los 40 inscritos que tomaron la salida, solo 10 superaron la primera vuelta y apenas cuatro completaron la segunda. Kelly, en su novena participación, fue el único que obtuvo la “Fun Run” con un registro de 39 horas y 50 minutos.

En febrero de 2026, con una largada adelantada al invierno y temperaturas cercanas a los -5 ℃, la prueba volvió a quedar sin finishers: solo el francés Sébastien Raichon completó la “Fun Run” en 38 horas y 5 minutos.

La prueba de Tennessee suma cinco vueltas, 18.000 metros de desnivel y un límite de 60 horas (Los franceses de Barkley)
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