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Cuando Franco le buscó una casa a Fernando Fernán Gómez: el final censurado de este clásico sobre la vivienda

Si hay un problema social netamente español, es el de la vivienda. El cine es buen testigo de lo que hoy vuelve a ser un dilema para millones de personas en nuestro país: desde la reciente Nuda propiedad, estrenada cuando España salía en masa a la calle para protestar ante el desahucio de Maricarmen, pueden recorrerse décadas de vicisitudes inmobiliarias.

Incluso durante el boom de principios de los 2000, la pequeña pantalla, por medio de El Comisario, ya advertía de que en España las vacas de la hipoteca nunca eran gordas: en esta longeva serie, se recogían desahucios de ancianos e incluso sus policías se veían obligados a convivir como estudiantes porque no podían permitirse un alquiler. Sin embargo, de todas las obras de nuestro cine, hay dos a las que conviene asignarle la categoría de magistral: El pisito y El inquilino.

Hoy, nos centramos en esta última, y no porque haya que reivindicarla (se reivindica sola) ni recomendar su visionado (para perplejidad de cualquiera, no está disponible en el streaming). El inquilino, protagonizada por Fernando Fernán Gómez, fue objeto de la censura y su verdadero final no pudo darse a conocer hasta 1993. El motivo: a Franco no le gustaba que subrayaran que si, durante la dictadura, España estaba libre de algo, era de vivienda digna.

La censura de 'El inquilino'

El inquilino recoge el desgraciado peregrinaje de una pareja en busca de piso. La oferta es exigua y, en ocasiones (como la casa que presenta un formidable López-Vázquez), insultante. Nada demasiado ajeno para el lector contemporáneo: precios desorbitados, casas ratoneras y una demanda que, aun así, está encantada de pagar lo impagable por comprar lo incomprable porque la alternativa es quedarse en la calle.

Este es justamente el destino de la pareja: el de acabar desamparados en una esquina. La película terminaba (y termina, tras la restauración) así. Sin embargo, en cuanto se proyectó, El inquilino fue secuestrada por la censura (el ministro de la Vivienda asistió a una de las sesiones y salió indignado), y no se la liberó hasta que pasaron dos años, ya con otro desenlace: el estado franquista intervenía para otorgarle un piso a Fernando Fernán Gómez y su mujer, precisamente en un lugar llamado “el barrio de la Esperanza”.

Este final demostraba que el tiempo entre esa escena y las anteriores había pasado (el pelo de Fernán Gómez había cambiado) y también, la fe de los actores: de nuevo, hasta en Fernán Gómez (más apagado en su interpretación) podía registrarse que aquella bochornosa faena de aliño desagradaba a todo el equipo. Afortunadamente, con los años pudo recuperarse el metraje original, en el que incluso se incluyen escenas en las que el protagonista fantasea con ocupar una vivienda.

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