Tengo debilidad por las chaquetas adidas, lo admito. Me gusta ese punto deportivo que permite llevarlas con vaqueros, ponértelas encima de una camiseta o recurrir a ellas cuando quieres salir cómoda sin darle demasiadas vueltas al conjunto. Y sí, las tres bandas tienen parte de culpa: hay diseños que me siguen entrando por los ojos aunque ya tenga alguno parecido en el armario.
Hay productos que entran en el neceser para quedarse. Una crema que encaja en tu rutina, una mascarilla para el pelo que vuelves a comprar o ese sérum al que recurres cada mañana. El problema suele aparecer cuando toca reponerlos: el envase está a punto de terminarse y vuelves a buscar una oferta o añades la compra a tu lista de pendientes.