Las infecciones de transmisión sexual (ITS), que llevaban una década disparadas en España, remitieron en 2025. El último informe del Centro Nacional de Epidemiología (CNE), que adelanta EL PAÍS, muestra una leve caída de la sífilis y del linfogranuloma venéreo, una estabilización de casos de gonorrea y una subida moderada de clamidia. El documento no refleja el VIH, que se mide en otro informe independiente y que lleva unos años estabilizado.
El instinto maternal de Marta, una madrileña de 53 años, nunca había hecho acto de presencia hasta que conoció a alguien que lo despertó. “De repente, ambos queríamos tener un hijo. El problema es que yo tenía 42 años y mi pareja tenía pocos espermatozoides y eran algo lentos, condición que se conoce con el extraño nombre de oligoastenozoospermia”. La pareja decidió entonces recurrir a las técnicas de reproducción asistida y así estuvieron durante casi dos años hasta que, tras una fecundación in vitro, se quedó embarazada. “Siempre se habla del calvario de los tratamientos. En mi caso, lo peor fue comprobar que todo el proceso había desgastado nuestra vida sexual. De repente, éramos padres que habíamos triunfado en la batalla de la concepción, pero perdimos la de la pareja. Habíamos interiorizado que el sexo sin fruto era vacío, frustrante, falso. Una suerte de maldición que la madre naturaleza nos lanzaba por no poder cumplir con el deber de perpetuar la especie. Y así, como una bruja malvada, nos quitó el deseo”, cuenta.