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Una compañía teatral de Valladolid denuncia ante la Fiscalía la cancelación de una obra sobre Lorca alegando “motivos ideológicos”: “La única eliminada ha sido ‘Federico’”

Imágenes de la obra teatral 'Federico. No hay olvido, ni sueño: carne viva'.

Un día después de conocer que la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte de Castilla y León, dirigida por Vox, ha incorporado una cláusula para excluir de las subvenciones audiovisuales obras que incluyan, entre otros, “adoctrinamiento ideológico”, la compañía de teatro documental vallisoletana Proyecto 43-2 ha denunciado ante la Fiscalía la cancelación de una obra sobre Federico García Lorca, cuya representación estaba prevista para este viernes. 24 de octubre en el Centro Cultural Miguel Delibes de Valladolid.

Se trata de Federico. No hay olvido, ni sueño: carne viva, un espectáculo que aborda el asesinato del poeta granadino y los crímenes del franquismo. La obra fue cancelada el pasado 2 de octubre dentro de la programación del ciclo VI Comunidad a Escena, que organiza la Fundación Siglo, dependiente de la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte de la Junta, dependencia de Vox. Aquel día, la compañía recibió un mail alegando que “unas obras de carácter inaplazable, que tendrían lugar en la Sala Experimental, hacían imposible la representación”. Para entonces, apuntan, la obra había vendido más del 70% de las entradas, “más que ningún otro espectáculo o evento programado en el ciclo”.

Sin embargo, la compañía cuestiona los motivos alegados por la Fundación Siglo para cancelar la obra. Según denuncia en un comunicado, las supuestas obras, de las que no se ha precisado fecha de inicio, finalización ni duración, no han provocado la suspensión de ningún otro espectáculo en la Sala Experimental. “La única obra eliminada de la programación ha sido Federico”, sostiene Proyecto 43-2, que también asegura que no se han visto afectadas las actividades habituales de la Escuela de Arte Dramático y del Conservatorio de Danza.

Vox rechazó todas las alternativas de reprogramación

Además, la compañía propuso trasladar la representación a otros dos espacios del Centro Cultural Miguel Delibes que no tenían actividad programada ese día: la Sala de Cámara y la Sala Sinfónica, así como aplazar la obra a “un domingo de noviembre o diciembre”. Sin embargo, la fundación, cuyo presidente es el actual consejero de Cultura, Turismo y Deporte de la junta, Alberto Díaz Pico, rechazó todas las alternativas de reprogramación.

Imágenes de la obra teatral 'Federico. No hay olvido, ni sueño: carne viva'.

Fue entonces cuando la compañía solicitó a la fundación solicitar el expediente completo de las obras, pero, como aseguran, no se incluían todos los informes ni los trámites administrativos correspondientes. Además, la compañía señala una contradicción en las fechas: el contrato para representar la obra se formalizó el 20 de julio, mientras que uno de los informes técnicos que justifican las reformas está fechado el 31 de julio. “Entre la documentación remitida no figuran los antecedentes que acrediten dichas gestiones, ni un cronograma de ejecución de las obras, ni documentación objetiva sobre la disponibilidad de espacios alternativos”, explican. “Por todo ello, Proyecto 43-2 ha solicitado que se aclare qué conocía exactamente la Fundación cuando decidió contratar la representación”.

Ante estas circunstancias, la formación considera que la cancelación podría responder a “causas de motivación ideológica”, lo que supondría la vulneración de derechos fundamentales protegidos por la Constitución Española, como el “derecho a libertad de creación artística y el derecho a la libertad de expresión”. La compañía también hace referencia a unas declaraciones realizadas el pasado 20 de julio por Díaz Pico. Durante su comparecencia en una comisión en las Cortes de Castilla y León, el consejero y procurador electo por Vox, aseguró que “se han acabado las subvenciones para obras que nadie demanda, pero que sirven de propaganda ideológica”.

Pese a la cancelación, Federico. No hay olvido, ni sueño: carne viva podrá representarse finalmente este viernes en la sala Al Norte a la Izquierda de Valladolid. El espectáculo, que cuenta con una ayuda de producción concedida por la propia Junta de Castilla y León en 2024, reconstruye el contexto de la desaparición y asesinato de Federico García Lorca y aborda los trabajos de exhumación de las fosas del Barranco de Víznar, en Granada.

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Mafalda Cardenal, cantante: “No me parece justo exigir a los personajes públicos ser expertos en todo”

Hace tres años, la vida de Mafalda Cardenal (Alicante, 2001) dio un giro de 180 grados gracias a TikTok. Esto podría aplicarse a cualquier joven y no tan joven con una cuenta en redes, pero su caso fue especial porque la oportunidad le llegó con el TFG de Administración y Dirección de Empresas recién entregado y el corazón hecho pedazos. Tu fan, un tema sobre un amor no correspondido, corrió como la pólvora unos meses después. Daba la casualidad de que su timbre era clavadito al de Aitana. Ya no tanto. “Cada vez me lo dicen menos, pero es que antes era muy fuerte. Me ha cambiado la voz, se me ha hecho un poco más grave”, reconoce a Infobae.

Entre su éxito viral y el día que Mafalda habla con este medio han cambiado muchas cosas. El pasado 16 de octubre publicó su segundo disco, Belonia, una palabra inventada para designar “un sitio de paz”. Llega casi un año después de presentar su álbum debut, mis notas de voz, un LP con influencias de Noah Kahan y el country de los primerísimos años de Taylor Swift, hace ya dos décadas. Ahora ha cambiado los banjos por el pop setentero, que ya se intuye por la voluminosa coleta de caballo que lleva durante la entrevista. “Lo que siempre me ha gustado del country es la manera que tienen de contar historias”, explica. Ahora, dice, escucha mucho más a ABBA. “Mi peli favorita siempre ha sido Mamma Mia! y en mi casa se ha escuchado mucho eso. Inevitablemente, barres para casa. Quisimos hacer algo así”.

Mafalda Cardenal para la promoción de 'Belonia'. (Cedida)

El photoshoot y la estética del disco son, efectivamente, una mezcla entre su película favorita y Los paraguas de Cherburgo, aunque reconoce que no la ha visto. Entre sus referentes sí figura la cantante francesa Françoise Hardy. “Hice una carpeta gigante de Pinterest. Me gusta mucho ese rollo chic de los setenta francés. Intentamos cambiar un poco las botas cowboy”, dice sobre su seña de identidad. Sin embargo, no quiso “hacer un meme” y fingir que estaba en dicha época. “Esto es una cosa moderna, pero con influencias de antaño”.

“Yo canto sobre mis exnovios y sobre mi novio. No podemos solucionar el mundo”

Sin embargo, no todo ha sido ABBA. Malfalda se crió escuchando a Isabel Pantoja, José Luis Perales y Alejandro Sanz y ahora apuesta por Gracie Abrams o Sabrina Carpenter. En Belonia, hay canciones que recuerdan a Leiva e incluso a la bachata. En que tiene? hace un sample del tema Obsesión, de Aventura, interpretado con los coros de sus amigos y su novio. Una técnica que ya usó en su álbum debut con Carolina, de M-Clan.

Y al contrario que en mis notas de voz, en Belonia canta poco al desamor. Mafalda se ha enamorado de Antón Carreño, la otra mitad de Taburete, el dúo que formó Willy Bárcenas en 2014. A Antón le dedica temas como Creo que te quiero y Algo paranormal, en el que incluso se escucha su voz: “Y él que era verde y mechero, no sé si te quiero, heridas sin cerrar / Ahora es su vuelo de vuelta a casa en Navidad”. “Nosotros fuimos a Londres a grabar este disco y le echaba de menos. Vino, me grabó las voces y quedaron preciosas. Son canciones para él, así que creo que es bonito que cante”, relata.

Su manera de componer también ha cambiado. Hace un año le contaba a este medio que le era más fácil escribir desde el desamor. Le motivaba mucho más. Ahora apuesta por todo lo contrario: “Antes se me hacía muy difícil y muy raro escribir una canción de amor y ahora no. Creo que todo depende de lo que tengas por ahí dentro”.

Mafalda pertenece a lo que el periodista Daniel Soufi denomina música pija en España, que, como él mismo definió, “no tiene que ver necesariamente con pertenecer a una clase privilegiada o acumular poder; a veces es solo una cuestión estética o ideológica”. La música de Cardenal la caracterizan las guitarras, también estribillos que pueden ser coreados en un festival -la cantante viene de pisar el Sonorama Ribera, el Arenal Sound o el FIB Benicàssim-. ¿Se siente cómoda con esa etiqueta? “Para mí la música trasciende eso. Yo no hago música para un público en especial y no creo que mi público sea un target específico. Yo cuando estoy de pie [en el escenario] hay mogollón de gente superdistinta y creo que es lo especial de la música, unir a las personas más allá de lo que piensen y de dónde vienen”.

Mafalda Cardenal para la promoción de 'Belonia'. (Cedida)

No es la única ocasión en la que Mafalda ha tenido que enfrentarse a las opiniones ajenas. El pasado junio se vio envuelta en una polémica a raíz de unas declaraciones sobre Operación Triunfo -dijo que “es un concurso de covers, no de escribir canciones”. El fandom de OT se la devolvió difundiendo una fotografía suya en una manifestación contra la gestión de la DANA de Valencia en 2024 en la que aparece delante de una bandera fascista. Preguntada por cómo gestionó lo ocurrido, la cantante se remite al vídeo que publicó en TikTok. “He venido a aclarar que yo no tengo ningún tipo de problema con OT, ni con la gente que sale de OT. Soy muy fan del programa”, dijo. “De lo que no me puedo hacer responsable es de las banderas y de los símbolos que sujeten gente ajena a mí. Yo en la vida he apoyado, ni apoyaré ni apoyaría el fascismo y eso es algo que sí que tengo muy claro”.

También tiene clara su postura respecto a la vivienda. España no habla de otra cosa desde que el pasado 23 de septiembre fue desahuciada Marcaricamen Abascal. La mujer de 87 años falleció dos semanas después, justo el mismo día que iba a recuperar su casa. Los decretos de vivienda y la acampada de Sol copan desde entonces todos los titulares, que este sábado cumple un mes. En medio de una ola de artistas que han querido posicionarse, Mafalda también habla del tema. “A mí me afecta como a todo el mundo y sobre todo a los jóvenes. Hay un desajuste entre lo que se gana y lo que cuestan las cosas, sobre todo en vivienda”. ¿Deben posicionarse políticamente los artistas por ser personajes públicos? Discrepa. “No me parece que sea justo exigir a personajes públicos ser expertos en todo tipo de cosas, ¿no? Yo hago música y canto sobre mi novio”. “Creo que es muy importante mantener la frescura en momentos tesos. Y oye, que también puedes disfrutar de las cosas pequeñas, porque no podemos solucionar el mundo. Yo lo que intento es aportar mi granito de arena, hablando de cosas que a mí me afectan a nivel personal”.

A pesar de que las cosas hayan cambiado, Mafalda sigue agradecida a tu fan, a la que incluso hace un guiño en La historia de nosotros. “Creo que todo artista sueña con que le pase eso con una canción, y a mí me pasó. Es una cosa por la que voy a estar siempre superagradecida”, apunta. Porque, después de que una canción le cambiara la vida en cuestión de semanas, lo que quiere ahora es que esto dure. Ojalá para siempre.

Mafalda Cardenal (Infobae)
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Julian Barnes, el Premio Princesa de Asturias que aprendió a despedirse de la vida a través de la literatura: “Ya he tocado todas las notas musicales que podía tocar”

Esto no lo dijo Julian Barnes (Leicester, 1946), lo cantó Amaia: “Para empezar, diré que es el final”. Pero bien puede utilizarse para hablar de uno de los mejores escritores de la narrativa inglesa de las últimas décadas. El escritor británico recibe este viernes el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2026 tras publicar su última obra, Despedidas (Anagrama, 2026), con la que hace unos meses anunció, precisamente, el fin de una carrera literaria de más de cuatro décadas. El autor convive con un cáncer de sangre desde hace años. “Incurable pero tratable… como la vida”, escribe precisamente en esta obra. El jurado ha reconocido su condición de “extraordinario narrador y ensayista” capaz de ofrecer “una visión lúcida, cálida y compasiva del ser humano” a través de una obra marcada por su humor e ironía, que a lo largo de toda su trayectoria ha conjugado junto a la memoria y el amor.

Nacido en Leicester el 19 de enero de 1946, Barnes se crió en una familia en la que sus padres eran profesores de francés, pero ajenos al mundo de la literatura. Por aquel entonces, su ambición era mucho más modesta: “Yo quería ser un buen lector”, le dijo a El País a comienzos de año. Formado en el Magdalen College de Oxford, estudió Lenguas Modernas y se graduó con honores en 1968. Sus primeros años los pasó como lexicógrafo para el suplemento del Oxford English Dictionary hasta que empezó con la crítica literaria y acabó como periodista y columnista en The New Statesman, The Observer y The New Yorker. “El periodismo me dio esa confianza porque la gente leía lo que había escrito al día siguiente. Por eso todavía me encanta hacer periodismo”, dijo al citado medio.

Su debut como escritor llegó en 1980. Metrolandia, una historia sobre el paso del tiempo entre dos amigos que viven en los suburbios residenciales de Londres, le dio el prestigioso premio Somerset Maugham. Sin embargo, cuatro años más tarde llegó El loro de Flaubert, una novela en la que mezcló biografía, ensayo y ficción y que lo puso en el mapa de la literatura mundial y con la que se convirtió en finalista del premio Booker y ganó el Prix Médicis en Francia, país con el que tiene estrechos lazos por su amor a la literatura francesa, en particular por Flaubert.

Al mismo tiempo, escribió novelas policíacas bajo el seudónimo de Dan Kavanagh. A partir del mismo año que su novela debut, publicó cuatro novelas negras protagonizadas por Duffy, uno de los primeros detectives bisexuales de la ficción criminal británica. Años después reconocería que escribir bajo otra identidad le resultaba “liberador”, ya que le permitía “dar rienda suelta a cualquier fantasía violenta”, como recogió The Guardian en 2014.

Su reconocimiento definitivo en Reino Unido llegaría casi tres décadas después. Tras otras dos nominaciones por Inglaterra, Inglaterra (1998) y Arthur & George (2005), Barnes consiguió finalmente el premio Booker en 2011 con El sentido de un final, una novela sobre un hombre que descubre que sus recuerdos de juventud no se corresponden necesariamente con lo que sucedió. La memoria, junto al paso del tiempo, el amor y la muerte, se ha convertido en una de las grandes preocupaciones que atraviesan su obra.

Una vida marcada por el amor y la muerte

Y si la muerte ha sido uno de los temas que han rodeado sus libros, ha sido precisamente porque también ha marcado su vida. La que más, la de su mujer, la agente literaria Pat Kavanagh, en 2008. Se conocieron en 1978 y se casaron un año después. Falleció a los 37 días de que le diagnosticaran un tumor cerebral. “Fue como ser arrastrado cuesta abajo por una avalancha, y cada día la situación empeoraba. Fue, con mucha diferencia, lo más terrible que me ha pasado en la vida”, reflexionó a principios de año. Su pérdida la abordó el escritor cinco años después en Niveles de vida (2013), un libro que combina historias sobre los primeros vuelos en globo con una reflexión profundamente personal sobre el duelo y la ausencia. En 2020, el que recibió un diagnóstico de cáncer fue él: de sangre. Desde entonces convive con una enfermedad que requiere visitas periódicas al hospital, aunque no le ha impedido seguir escribiendo. Tampoco volver a enamorarse: en agosto de 2025 contrajo matrimonio con la editora Rachel Cugnoni.

Dos días antes de la entrega de los Premios Princesa de Asturias, Barnes ha vuelto a reivindicar en Oviedo el valor de la escritura: “La literatura es la que cuenta la verdad. No todas las verdades, evidentemente, pero la verdad humana, la verdad del corazón y del espíritu”. Y aunque Despedidas sea su último libro, el británico no piensa abandonar del todo las palabras. “He llegado a la conclusión de que he contado todas mis historias, he tocado todas las notas musicales que podía tocar”, ha explicado, antes de aclarar que seguirá escribiendo artículos y ensayos. “Es una necesidad en mi vida poner negro sobre blanco y voy a seguir haciéndolo”. Porque, aunque haya decidido poner fin a su carrera como novelista, todavía no ha llegado el momento de dejar de escribir.

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