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¿Efecto contagio? El contacto entre un coral sano y otro blanqueado podría ser clave en su recuperación

Un estudio de la revista Science Advances demostró que el contacto físico entre corales clones reactiva la recuperación tras el blanqueamiento (Imagen Ilustrativa Infobae)

En un tanque de laboratorio, dos fragmentos de un mismo coral terminaron uno junto al otro. Uno estaba sano y el otro, blanqueado, había perdido las algas microscópicas que le dan color y buena parte de su energía.

En la zona donde se tocaron, el fragmento afectado empezó a recuperar el color. Esa observación llevó a probar si un coral sano podía devolver algas esenciales a un clon blanqueado.

El experimento, difundido el 14 de octubre de 2026, mostró que el contacto breve podía poner en marcha la recuperación. Un estudio publicado en la revista Science Advances examinó el fenómeno en condiciones controladas.

El resultado importa porque el blanqueamiento de los corales deja poco margen para actuar. Cuando el agua se mantiene demasiado caliente durante un tiempo prolongado, estos animales expulsan las algas de las que dependen. Sin ellas, se debilitan y pueden morir antes de recuperarlas.

El aumento de la temperatura del agua provoca la expulsión de las microalgas que suministran energía a los pólipos de coral (Imagen Ilustrativa Infobae)

La dificultad no consiste solo en que las algas regresen, sino en lograrlo a tiempo. Los corales dañados por el calor pueden tardar en restablecer esa relación, mientras su deterioro avanza.

La investigación evaluó si un ejemplar sano podía acelerar ese proceso al transferir sus algas a otro que había perdido las propias.

El resultado depende de una condición que, por ahora, limita su uso fuera del laboratorio. Ambos fragmentos deben ser clones, es decir, copias genéticamente idénticas de un mismo coral.

En esas condiciones, el contacto permitió que las algas pasaran del ejemplar sano al blanqueado y que la recuperación continuara aun después de separarlos.

El experimento aborda la recuperación de corales afectados por el calor

Los corales son animales formados por pólipos, pequeñas unidades vivas que construyen la colonia. En sus tejidos viven algas microscópicas que mantienen una relación de beneficio mutuo con el coral. Las algas producen compuestos que el animal usa como fuente de energía, y el coral les ofrece protección y nutrientes.

La investigación utilizó diez pares de fragmentos de la especie Pocillopora damicornis divididos en grupos con y sin contacto (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando el aumento de la temperatura altera el funcionamiento normal del coral, puede expulsar esas algas. Este fenómeno, conocido como blanqueamiento de corales, explica la pérdida de color. Sin suficientes algas, el animal dispone de menos energía y puede morir si no recupera esa asociación.

El equipo trabajó con Pocillopora damicornis, una especie de coral. Reunió diez pares de fragmentos del mismo genotipo clonal. Cada par incluía un fragmento sano y otro blanqueado. Cinco pares permanecieron en contacto directo y los otros cinco quedaron separados por unos pocos milímetros.

La comparación señaló al contacto físico como el factor decisivo. Según se detalla en el estudio, los cinco fragmentos blanqueados que tocaron a su clon sano se recuperaron por completo en un plazo de hasta ocho semanas.

Los cinco que permanecieron separados murieron. La cercanía, sin contacto, no produjo el mismo resultado.

Los corales blanqueados que tocaron a su clon sano se recuperaron en ocho semanas, mientras que los ejemplares separados murieron (Imagen Ilustrativa Infobae)

La unión de los tejidos permitió el traslado de algas

Para observar qué sucedía en el punto de contacto, los investigadores utilizaron un microscopio. Detectaron pequeños puentes entre los tejidos de los clones. Esas conexiones unieron canales microscópicos y permitieron que las algas pasaran del coral sano al blanqueado.

Las primeras algas llegaron al fragmento afectado pocos días después del contacto y luego se multiplicaron en sus tejidos. Durante la segunda semana, su población se duplicó aproximadamente cada cuatro días, según el trabajo.

Esa velocidad fue hasta diez veces mayor que la registrada habitualmente durante la recuperación de corales en el medio natural, de acuerdo con la comparación incluida en el estudio.

Los ensayos también mostraron que una semana de contacto bastó para que el coral blanqueado siguiera recuperándose después de la separación.

Los análisis de microscopía revelaron puentes de tejido que conectaron los canales internos y facilitaron el traspaso de las algas (Imagen Ilustrativa Infobae)

En algunos casos, el estudio registró transferencia de algas y señales visibles de recuperación tras al menos tres días de contacto.

La unión de los tejidos explica por qué el procedimiento funcionó con clones y no con cualquier par de corales. Como pertenecían al mismo genotipo, los fragmentos pudieron unirse sin rechazarse.

En pares de genotipos distintos, los autores observaron que los tejidos competían entre sí en vez de unirse. Por ese motivo, el traslado rápido de algas quedó restringido a ejemplares genéticamente idénticos.

El método todavía no puede aplicarse a arrecifes completos

Para repetir el efecto rápido observado en el laboratorio, cada coral blanqueado necesitaría tener cerca un clon sano con el que pudiera entrar en contacto.

Ese requisito no puede trasladarse de forma directa a un arrecife afectado por el calor, donde hay corales de muchos genotipos distribuidos en áreas extensas.

Los fragmentos con genotipos diferentes entraron en competencia y rechazaron la unión de sus tejidos biológicos (Imagen Ilustrativa Infobae)

El resultado no presenta una solución inmediata para los arrecifes expuestos al calentamiento del mar.

Aporta una prueba experimental: los corales sanos pueden transferir sus algas a clones blanqueados mediante la unión de los tejidos. Los autores plantean que el próximo paso será evaluar si estrategias basadas en ese mecanismo pueden probarse fuera del laboratorio.

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Así es la taza de porcelana que permite tomar café en el espacio y terminó en el Smithsonian

En microgravedad, inclinar una taza no alcanza para que el café avance hacia los labios. El líquido permanece adherido a las paredes del recipiente y, por eso, las bebidas suelen consumirse desde bolsas cerradas con pajita.

La taza de porcelana diseñada por el astronauta Donald R. Pettit permite beber desde un recipiente abierto mediante una forma que guía el líquido hasta el borde. El objeto conserva la apariencia de una pieza de vajilla cotidiana, aunque su silueta nació de un problema propio de la vida en órbita.

El astronauta Donald R. Pettit diseñó una taza de porcelana que permite beber desde un recipiente abierto en el espacio (NASA)

Según la ficha del Museo Nacional del Aire y el Espacio del Smithsonian, Pettit diseñó esta versión de porcelana en su casa de Houston, la elaboró en un horno doméstico y la donó a la institución en 2023.

La pieza integra la colección de equipos personales y accesorios de alimentación vinculados con la exploración espacial, aunque el museo informa que no está expuesta al público.

La taza de porcelana nació de un prototipo creado en órbita

La historia de la pieza comenzó en noviembre de 2008, cuando Pettit construyó una primera versión durante la misión STS-126, que estaba unida a la Estación Espacial Internacional.

Pettit elaboró la versión de porcelana en un horno doméstico de Houston y la donó al Museo del Smithsonian en 2023 (NASA)

De acuerdo con el Smithsonian, el prototipo se armó con una lámina plástica delgada y cinta Kapton, materiales disponibles para el astronauta durante la misión.

Ese primer recipiente abrió el camino a nuevas versiones. La ficha del museo indica que se fabricaron modelos impresos en tres dimensiones que viajaron al espacio en 2012 y que variantes de esas tazas se han utilizado desde entonces.

La versión de porcelana conserva ese diseño y registra el recorrido que llevó una solución concebida en órbita hasta una colección museística.

El primer prototipo surgió en noviembre de 2008 durante la misión STS-126 a partir de una lámina plástica y cinta Kapton (NASA)

Un canal lateral lleva la bebida hasta el borde

El rasgo que define el diseño es un canal inclinado que parte del fondo, sube por uno de los laterales y termina en el borde desde el que se bebe. Un informe técnico publicado por NASA Tech Briefs explicó que esa forma permite conducir una bebida en microgravedad.

Dentro de ese canal actúan las fuerzas capilares, que hacen que el líquido se adhiera a una superficie y avance por una zona estrecha. Gracias a ese efecto, el café recorre la pared interior hasta el borde sin depender de la gravedad.

Al llegar allí, el líquido se detiene porque las fuerzas que lo empujan alcanzan un equilibrio. Cada sorbo modifica ese punto y hace que una nueva porción suba desde el fondo.

Modelos de la taza fabricados con impresión tridimensional viajaron a la Estación Espacial Internacional en 2012 (NASA)

El proceso continúa hasta que quedan apenas unas gotas, una cantidad similar a la que puede permanecer en una taza de cerámica después de terminar una bebida en la Tierra.

La tensión superficial completa el mecanismo al mantener la bebida dentro del recipiente durante los movimientos habituales de una comida en microgravedad.

El documento técnico indicó que la taza no puede apoyarse sobre una mesa, aunque puede fijarse a una pared de la cabina y retirarse cada vez que se usa.

Un canal interior inclinado utiliza las fuerzas capilares para desplazar el líquido hacia el borde sin necesidad de gravedad (NASA)

La pieza conserva una solución surgida de los experimentos de Pettit

La taza de porcelana remite a los ensayos que Pettit desarrolló durante sus misiones a partir de situaciones cotidianas en órbita.

En septiembre de 2024, una publicación de la NASA recuperó el origen de esta taza espacial y señaló que el astronauta creó el primer prototipo con una lámina de transparencia.

La agencia incluyó esa experiencia dentro de la ciencia de oportunidad, una serie de pruebas nacidas de observaciones que Pettit hacía mientras vivía en la Estación Espacial Internacional. El diseño respondió así a una dificultad concreta: beber café sin que la gravedad lleve el líquido hacia el borde.

La tensión superficial retiene la bebida en el interior y facilita que la taza se fije a las paredes de la cabina (NASA)

El informe técnico también registró un inconveniente después de usar el prototipo con café. Los restos secos cambiaban la manera en que el líquido se adhería al canal y podían impedir que ascendiera con facilidad.

Para resolverlo, las paredes flexibles permitían aplicar una presión suave que estrechaba el canal y reforzaba el movimiento del café hasta el borde. Una estrategia que permanece hasta la actualidad.

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El calor extremo afecta a las secuoyas, los árboles más altos del mundo

Las olas de calor reducen la fotosíntesis de las secuoyas costeras incluso cuando las hojas disponen de agua (YouTube/@GENIALBrightSideSpanish)

Las olas de calor pueden afectar un proceso esencial de las secuoyas costeras de California: la producción de los compuestos que sostienen su crecimiento.

Una investigación divulgada en septiembre detectó que las temperaturas altas reducen la fotosíntesis incluso cuando las hojas disponen de agua.

La incógnita era si el cierre de los estomas explicaba el descenso. Estos poros microscópicos permiten el ingreso de dióxido de carbono y la salida de vapor de agua.

Esa respuesta conserva humedad, pero también limita un recurso necesario para la fotosíntesis. Un estudio publicado en la revista JGR Biogeosciences encontró que esa explicación no alcanza por sí sola.

Los estomas microscópicos regulan el ingreso de dióxido de carbono y la salida de vapor de agua para conservar la humedad (Credit Image: © Francois Gohier/VW Pics via ZUMA Wire)

Cuando el equipo mantuvo hidratadas las hojas y sus estomas abiertos, el calor igualmente redujo la fotosíntesis. El resultado es relevante para una especie adaptada a condiciones costeras frescas y dependiente de la humedad de la niebla.

Las hojas llegaron a superar en 20°C la temperatura del aire

La investigación, encabezada por Lily Klinek, candidata a doctora del Laboratorio de Óptica Vegetal de la Universidad de California en Davis— reunió mediciones de tres veranos en un bosque del condado de Mendocino, en California.

Durante los veranos de 2022 y 2024, el aire superó los 30°C, equivalentes a 86°F. Algunas hojas llegaron a estar cerca de 20°C más calientes que el aire, según el comunicado de la universidad.

Klinek planteó que esa diferencia térmica podría relacionarse con el cierre de los estomas, que reduce la pérdida de agua, pero también el enfriamiento de la hoja.

Las hojas de estos árboles registraron temperaturas que superaron en casi 20 °C al registro térmico del aire (Wikipedia)

Ese enfriamiento depende de la transpiración, la salida de vapor de agua a través de los estomas. Al evaporarse, el agua ayuda a bajar la temperatura de la hoja. Si los poros se cierran para conservar humedad, también disminuye el intercambio de gases necesario para captar dióxido de carbono.

Las secuoyas costeras crecen en áreas donde el promedio ronda los 15°C y la niebla aporta parte importante del agua disponible. Una ola de calor puede coincidir con una menor presencia costera de esa humedad y obligar al árbol a equilibrar la conservación de agua con la fotosíntesis.

Las hojas hidratadas también redujeron su fotosíntesis con el calor

Para determinar si el cierre de los estomas explicaba el descenso, el equipo llevó ramas y hojas al laboratorio. Las expuso a temperaturas de hasta 43 °C, equivalentes a 110 °F, y las mantuvo en frascos con agua.

Las secuoyas costeras crecen con un promedio habitual de 15 °C y dependen del aporte hídrico de la niebla (YouTube/@GENIALBrightSideSpanish)

Los investigadores cubrieron pequeñas ramas con papel de aluminio durante 20 minutos para dejarlas a oscuras. Luego midieron la respuesta de las hojas a la luz, una prueba que permite evaluar su capacidad de realizar fotosíntesis.

Aunque los estomas permanecieron abiertos, la fotosíntesis cayó a medida que aumentaba la temperatura.

El trabajo no identifica qué parte específica del proceso resulta afectada por el calor. Sí muestra que una mayor disponibilidad de agua no elimina por sí sola el efecto de las temperaturas extremas sobre las hojas.

“Esto significa que, aunque las secuoyas tengan más agua para transpirar, el calor puede seguir perjudicando su fotosíntesis y su funcionamiento”, afirmó Klinek, candidata a doctora del Laboratorio de Óptica Vegetal de la Universidad de California en Davis, según el comunicado de prensa.

El equipo científico sometió ramas a temperaturas de 43 °C en frascos con agua para evaluar su fotosíntesis en el laboratorio (National Park Service)

El estudio abre preguntas sobre los límites térmicos de estos bosques

Según la Universidad de California en Davis, esta es la primera investigación que examina de manera específica el efecto de las altas temperaturas sobre la fotosíntesis de las secuoyas costeras. No proyecta el futuro de todos los bosques ni establece una temperatura a partir de la cual el daño sea irreversible.

“No sabemos cuáles son los límites superiores de temperatura para la fotosíntesis y la mortalidad de las secuoyas”, afirmó Klinek, candidata a doctora del Laboratorio de Óptica Vegetal de la Universidad de California en Davis, según el comunicado de prensa.

“Con este trabajo vemos que el calor tiene un impacto importante en la fotosíntesis y la fisiología”, expresó la investigadora, según el comunicado de prensa.

La mayor hidratación de las hojas no elimina por sí sola el efecto perjudicial de las temperaturas extremas (YouTube/@GENIALBrightSideSpanish)

La fisiología reúne funciones como la captación de agua, el intercambio de gases y la transformación de energía. Los próximos estudios deberán definir los límites térmicos de estos árboles y precisar cómo se combinan el calor, la disponibilidad de agua y la pérdida de niebla en cada bosque.

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La práctica diaria que podría ayudar a moderar los antojos de comida que aparecen después de cenar

Una investigación publicada en Scientific Reports evaluó el efecto de 15 minutos diarios de meditación durante 31 días en personas que comen por estrés (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando termina la cena y se acercan las horas de descanso, puede aparecer el deseo de comer algo dulce o salado, incluso sin hambre. Ese impulso puede surgir después de la última comida del día y vincularse con los hábitos posteriores a la cena o con la tendencia a comer por estrés.

Para examinar ese tipo de impulso, una investigación publicada en 2024 por la revista científica Scientific Reports evaluó una práctica diaria de meditación de atención plena en personas con tendencia a comer por estrés. El trabajo comparó sus resultados con los de un grupo que recibió una capacitación sobre salud.

Según Lauri Wright, directora de programas de nutrición y profesora asociada de la University of South Florida, en Verywell Health, las rutinas posteriores a la cena pueden influir en el deseo de comer.

El estudio incluyó a 66 participantes sin experiencia previa a quienes se aplicaron cuestionarios y estudios por imágenes cerebrales en reposo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Diana Guevara, magíster en Salud Pública, nutricionista dietista registrada y supervisora de nutrición del programa Nourish de UTHealth, también citada por la publicación, aportó recomendaciones sobre ese momento del día. Sus sugerencias se diferencian de la práctica que evaluó la investigación.

El estudio comparó 31 días de meditación con una capacitación sobre salud

La investigación incluyó a 66 personas sin experiencia previa en meditación que dijeron tener tendencia a comer por estrés. Durante 31 días, una parte de los participantes realizó una práctica en línea de meditación de atención plena durante 15 minutos diarios.

El equipo encabezado por Anna Torske registró una reducción en el puntaje de antojos de 84 a 55,6 en los integrantes del grupo de meditación (Imagen Ilustrativa Infobae)

El otro grupo recibió una capacitación sobre salud de igual duración y por la misma vía. Antes y después de la intervención, los investigadores aplicaron cuestionarios y realizaron estudios por imágenes del cerebro en reposo.

Los autores, encabezados por Anna Torske, informaron que el grupo que meditó aumentó sus indicadores de atención plena. También redujo las mediciones de alimentación por estrés, alimentación emocional y antojos, en comparación con el otro grupo.

Los puntajes de antojos registrados en un cuestionario bajaron de un promedio de 84 a 55,6 en el grupo de meditación, mientras que el grupo que recibió la capacitación sobre salud no mostró una diferencia significativa en esa medición.

Los investigadores observaron variaciones en la actividad cerebral en reposo e indicaron que se necesitan nuevos trabajos para confirmar el alcance de la práctica (Imagen Ilustrativa Infobae)

La alimentación por estrés describe la tendencia a comer como respuesta a situaciones de tensión. La alimentación emocional se refiere al consumo asociado a un estado de ánimo y no necesariamente a una necesidad de alimento.

Como el trabajo utilizó cuestionarios, los resultados reflejan cambios que los participantes informaron durante el período analizado.

Los investigadores también observaron cambios en la relación entre la actividad de distintas zonas del cerebro mientras las personas estaban en reposo. El equipo indicó que se necesitan más estudios para confirmar el posible alcance de esta práctica.

Las recomendaciones profesionales no reemplazan los resultados del estudio

Según Wright, una caminata después de cenar puede formar parte de una rutina para regular el apetito y transitar las horas previas al descanso.

Guevara mencionó movimientos suaves dentro del hogar, como algunas posturas de yoga o bailar despacio. Se trata de sugerencias profesionales, no de las prácticas evaluadas por el estudio de 2024.

La nutricionista Lauri Wright señaló que una caminata posterior a la cena contribuye a regular el apetito antes de las horas de descanso (Imagen Ilustrativa Infobae)

La investigación evaluó únicamente la meditación de atención plena, realizada durante 15 minutos diarios a lo largo de 31 días. Wright y Guevara también mencionaron otras alternativas para quienes relacionan el tiempo posterior a la cena con el deseo de comer.

Wright agregó que los anuncios de alimentos en las pantallas pueden despertar antojos. También sugirió anotar qué se come, en qué cantidad y cómo se sentía la persona en ese momento.

El objetivo es identificar si el impulso se asocia con el aburrimiento, el estrés o una actividad repetida, sin atribuirle una única causa.

El motivo del deseo de comer limita las conclusiones

Guevara indicó que algunas colaciones nocturnas pueden explicarse porque la persona llega a ese momento con hambre. Como referencia, describió comidas con frutas o verduras, proteínas y granos integrales u otros carbohidratos que aporten mayor calidad nutricional. También señaló que pasar muchas horas sin comer puede llevar a sumar una colación.

La inclusión de frutas o verduras en los platos aporta una mayor calidad nutricional (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esa mirada plantea una pregunta distinta de la que examinó el estudio: si el deseo de comer antes de dormir se relaciona con hambre, rutina, estrés o una combinación de factores. La investigación no comparó esas situaciones ni estableció qué estrategia resulta adecuada en cada caso.

Los resultados permiten una conclusión acotada: en personas con tendencia a comer por estrés, 15 minutos diarios de meditación de atención plena durante 31 días se asociaron con menos antojos y menor alimentación emocional que una capacitación sobre salud.

Las caminatas, los cambios de entorno y la planificación de comidas quedan respaldados en esta nota por las recomendaciones de las dos nutricionistas.

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Un puñado de nueces al día reduce el potencial inflamatorio de la dieta pasados los 60 años

Un estudio de la Universidad de Loma Linda evaluó los efectos del consumo habitual de nueces en adultos mayores (Imagen Ilustrativa Infobae)

La alimentación cotidiana se define a partir de decisiones pequeñas, como elegir una colación o sumar un alimento a las comidas habituales. Con el paso de los años, esos hábitos pueden adquirir mayor importancia dentro de la forma de comer en general.

Las nueces son una de esas opciones. El interés no está únicamente en sus nutrientes, sino en los cambios que pueden observarse cuando se las incorpora de forma sostenida y se compara esa alimentación con otra que no las incluye.

Esa fue la pregunta que abordó una investigación dirigida por la doctora Sujatha Rajaram, profesora de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Loma Linda, junto con la doctora Lynnley Huey Stern y la investigadora Jayme Brisco. Las tres profesionales explicaron los alcances del trabajo en declaraciones recogidas por Men’s Health.

La investigación analizó las pautas alimentarias de 319 personas de 63 a 79 años durante dos años de seguimiento (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio publicado por la revista Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics informó que las personas asignadas a consumir entre 30 y 60 gramos por día obtuvieron una puntuación menor en un índice que estima el potencial inflamatorio de la alimentación que el grupo de comparación.

La investigación comparó dos pautas alimentarias en 319 adultos de 63 a 79 años

El trabajo formó parte de una investigación sobre nueces y envejecimiento saludable, realizada en dos centros. El análisis informado correspondió al grupo de participantes de Loma Linda, en California, donde participaron 319 adultos sanos de entre 63 y 79 años. La edad promedio fue de 69 años y el 66 por ciento eran mujeres.

El grupo evaluado consumió entre 30 y 60 gramos diarios de nueces, equivalentes al 15 por ciento de sus calorías diarias. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores asignaron a 166 personas a una alimentación con nueces y a 153 a una pauta de comparación. El primer grupo consumió entre 30 y 60 gramos diarios, cerca del 15 por ciento de las calorías diarias. El segundo no comió nueces y limitó el consumo de otros frutos secos a menos de dos porciones por semana.

Fuera de esas pautas, ambos grupos mantuvieron sus hábitos previos. El protocolo no indicó otros cambios en la alimentación. Por eso, los datos no demuestran que las nueces hayan reemplazado de manera directa productos con azúcar o carbohidratos refinados en cada caso.

El índice estimó la alimentación, no midió la inflamación en sangre

Para observar los cambios en la alimentación, el equipo utilizó el Índice Inflamatorio de la Dieta. Esta herramienta estima si el conjunto de alimentos consumidos se relaciona con una dieta de mayor o menor potencial inflamatorio. No es un análisis de sangre ni mide de forma directa la inflamación del organismo.

El equipo empleó el Índice Inflamatorio de la Dieta para estimar la calidad nutricional sin extraer muestras de sangre. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Durante los dos años de seguimiento, los participantes informaron en cinco ocasiones lo que habían comido y bebido durante las 24 horas previas. Con esos registros, los investigadores calcularon el índice de cada grupo.

El análisis tuvo en cuenta factores como la edad, el sexo, el peso corporal, la actividad física, el tabaquismo y el nivel educativo.

El grupo que incorporó nueces obtuvo un puntaje promedio de menos 0,025, frente a 0,615 en el grupo de comparación. La diferencia fue estadísticamente significativa, es decir, el análisis indicó que difícilmente se explique por azar.

El puntaje más bajo señaló que, de acuerdo con lo que informaron los participantes sobre su alimentación, el grupo que consumió nueces tuvo una alimentación con menor potencial inflamatorio estimado.

Las personas que comieron nueces obtuvieron un puntaje de menos 0,025 en el índice frente al 0,615 del grupo de control. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Rajaram, investigadora principal del trabajo, afirmó en declaraciones recogidas por Men’s Health que incorporar nueces se asoció con un cambio hacia una forma de comer menos inflamatoria.

La profesora agregó que una elección de este tipo puede contribuir a la calidad general de la alimentación, sin presentarla como una medida suficiente por sí misma. El análisis observó que las dietas con puntajes más bajos incluían mayores aportes de omega 3, magnesio, fibra y proteínas.

En cambio, una mayor presencia de grasas totales y grasas saturadas se relacionó con puntajes más altos. Estos datos describen las características de las alimentaciones evaluadas y no permiten atribuir el resultado a un solo componente.

El resultado no demuestra prevención de enfermedades

La investigación comparó el potencial inflamatorio estimado de las dietas, no la aparición de enfermedades, la expectativa de vida ni el efecto de las nueces sobre diagnósticos específicos.

Los investigadores señalaron que los hallazgos no prueban la prevención de enfermedades ni el aumento de la expectativa de vida. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por ese motivo, los resultados no prueban que este alimento prevenga problemas de salud. Tampoco permiten afirmar que todas las personas mayores obtendrán el mismo resultado con una cantidad similar.

La diferencia se registró en adultos sanos de Loma Linda, bajo las pautas definidas durante dos años de estudio. El artículo científico consignó el financiamiento de la Comisión de Nueces de California, un dato relevante para evaluar el contexto del trabajo.

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