Pat Conroy, ministro de Industria de Defensa de Australia: «El Ghost Shark ya tiene dientes», el dron submarino que podrá sembrar 12 minas y lanzar drones kamikaze
La guerra con drones está dejando de depender exclusivamente de aeronaves que despegan desde tierra firme. Australia está explorando una nueva vía al incorporar capacidades de lanzamiento de drones a sus submarinos autónomos Ghost Shark, una plataforma diseñada para operar bajo el agua sin tripulación. La iniciativa combina robótica submarina, vigilancia y armamento, y refleja cómo las fuerzas armadas buscan ampliar el alcance de sus operaciones reduciendo la exposición de sus efectivos.
El proyecto ha dado un paso importante con la presentación de nuevas funciones que hasta ahora no se habían hecho públicas. Según anunció el ministro australiano de Industria de Defensa, Pat Conroy, desde el 19 de octubre, los vehículos pueden transportar minas navales, desplegar drones aéreos y dejar suministros en puntos submarinos para recuperarlos más adelante. Estas opciones convierten al Ghost Shark en algo más que un vehículo de exploración: una plataforma capaz de apoyar diferentes tipos de misiones en zonas marítimas potencialmente peligrosas.
El futuro de los drones también se encuentra bajo el agua
Entre las capacidades más relevantes está la posibilidad de liberar hasta doce minas durante una misión. A ello se suma el empleo de municiones merodeadoras Altius, desarrolladas por la compañía estadounidense Anduril, que pueden lanzarse desde el entorno submarino para realizar labores de reconocimiento o atacar objetivos. Las autoridades no han detallado cuántos de estos drones llevará cada Ghost Shark, pero su integración introduce un concepto muy interesante: utilizar un vehículo autónomo como medio de transporte y despliegue de otros sistemas no tripulados.
Esta combinación de tecnologías puede cambiar la forma en que se planifican determinadas operaciones. Mientras el submarino se desplaza discretamente, los drones aéreos pueden ampliar la capacidad de observación y actuar en áreas alejadas del punto de lanzamiento. La cooperación entre plataformas también plantea nuevos retos tecnológicos, desde la comunicación y la coordinación hasta la gestión de sensores y sistemas de control en condiciones operativas exigentes.
El Ghost Shark está siendo fabricado en Sídney gracias a un contrato valorado en 1.700 millones de dólares australianos con Anduril. Una de las ventajas del diseño es su flexibilidad logística: puede desplegarse desde contenedores situados en instalaciones portuarias o utilizar embarcaciones de dimensiones relativamente reducidas. Australia ya cuenta con la primera unidad de producción y está aumentando el ritmo de fabricación, después de pasar del desarrollo inicial a la producción en serie en aproximadamente tres años. Más de cuarenta empresas nacionales participan en la cadena de suministro.
El submarino de Anduril tiene una longitud aproximada de 12 metros
Además de las funciones ofensivas, el submarino permite guardar equipos y materiales bajo el agua para que otras unidades los recojan posteriormente. Esta capacidad puede ser muy interesante para ciertas misiones en las que mantener las rutas de suministro ocultas y reducir los desplazamientos de personal resulta imprescindible. Anduril también contempla futuras versiones con torpedos ligeros y pesados, aunque estas capacidades forman parte de sus planes de desarrollo.
El programa se integra en una estrategia de defensa respaldada por una inversión de 5.800 millones de dólares australianos en guerra submarina autónoma durante la próxima década. Australia también está desarrollando sistemas para detectar submarinos mediante embarcaciones de superficie no tripuladas BluetBottle, que utilizarán un sonar remolcado para identificar amenazas sumergidas. Estas tecnologías se mostrarán durante el ejercicio Maritime Big Play Pacific, en San Diego, con participación australiana, estadounidense y británica.


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