Con el Frente Popular puede pasar cualquier cosa en la campaña
Faltan todavía tres semanas para el comienzo legal de la campaña de las próximas elecciones y cada día que pasa aumenta la tensión. Unos de los últimos sucesos como ejemplo han sido las concentraciones de centenares de jóvenes de la ultra izquierda en la Plaza de María Pita en La Coruña al mediodía y en Avilés por la tarde. Convocados para intentar boicotear unos mítines con Santiago Abascal de protagonista, y que obligó a drásticas intervenciones de la Policía para disolverlos. Y por si no fuera suficiente la polarización nacional existente, ha venido el presidente argentino Javier Milei para aumentarla. Efectuando declaraciones con un contenido que no es el momento más oportuno para efectuarlas. Junto a esos ejemplos, la mera actividad ordinaria introduce novedades que mantienen el clima del debate político en grado elevado. Como ha sido la decisión del Tribunal Constitucional sobre el recurso presentado por el Defensor del Pueblo en relación al eventual voto de los “nietos”. Que ha significado -de momento- un acusado revés para la progresía sanchista. El que hasta Conde-Pumpido se haya opuesto a admitir a trámite el recurso, provocando un inaudito 10 a 2 contrario a su admisión, lo demuestra claramente. Si bien ello “todavía” no significa que esos “nuevos” españoles, no puedan votar el 29 N, como desea Sánchez. Aunque obviamente se aleja esa posibilidad, que estimula su celo por conseguirlo. Ya es lamentable, por decirlo suavemente, que la condición de español se adquiera por una disposición adicional 8ª de la ley de memoria democrática. Por parte de gran cantidad de miles de personas que nunca han estado en España, y que lo agrava la Instrucción de una fiscal “progresista” que lo generaliza. Interpretando a su voluntad lo que dice la ley y diluyendo la dignidad de la condición de ser natural español. Este debate ha abierto otro: el de si tener la condición legal de ciudadano español debe exigir tener derecho a votar en las elecciones. La experiencia avala al sentido común que niega esa afirmación con numerosas localidades españolas que tienen registrados más votantes en el extranjero que residentes en ellas. Lo que se puede extender a circunstancias como no tener actividad ninguna ni pagar impuestos, y desconocer de hecho la problemática española en todos sus ámbitos. Es decir, en el económico, cultural, social y político. De tal manera que pueden elegir al alcalde de esas localidades personas que las desconocen absolutamente. E incluso decidir el gobierno en igualdad de condiciones que cualquier auténtico ciudadano español: que en España vive, trabaja y paga sus impuestos.


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