Messi, Premio Princesa de Asturias de los Deportes: así es su vida con Antonela Roccuzzo, un amor que nació de una tragedia
Messi ya puede sumar otra destacada distinción a su plantel de ocho balones de oro. El futbolista ha ganado el Premio Princesa de Asturias de los Deportes, la máxima distinción en España que reconoce el trabajo y el talento en el campo científico, técnico, cultural, social y humanitario, algo así como los Nobel patrios.
Desde el Teatro Campoamor de Oviedo, Messi encarna el triunfo del esfuerzo y de una vida dedicada al deporte. Empezó a dar patadas al balón siendo solo un niño, cuando su abuela materna, Celia, obligó al entrenador del equipo de Grandoli, el barrio de Rosario donde nació y creció, a hacerle un hueco entre “los mayores”. Entonces, ya apuntaba maneras, y su abuela supo verlo. Es a ella a quien le dedica su icónica mirada y señal con los dos dedos al cielo tras cada gol marcado.
La infancia de Messi en Argentina estuvo marcada por una acentuada crisis económica. A los 11 años se le diagnosticó un déficit en la hormona de crecimiento, pero coste del tratamiento ascendía a unos 900 dólares mensuales, una cifra que resultaba inasumible para sus padres. Estos vieron en su talento sobre el césped una oportunidad de alcanzar una vida mejor, y cuando Leo tenía 13 años, viajó a Barcelona con su padre para probar suerte en la cantera del Barça. El resto, es la historia de un ascenso imparable que le ha convertido en uno de los jugadores más destacados del mundo.
Su matrimonio con Antonela Roccuzzo
La vida de Messi se estructura en dos pilares fundamentales: el fútbol y su familia. Su historia de amor con su mujer, Antonela Roccuzzo, madre de sus tres hijos (Thiago, Mateo y Ciro) parece sacada de cualquier fábula romántica, las que hablan dos amantes destinados a estar juntos y que, pese a las vicisitudes de la vida, consiguen hacerlo.
Se conocieron cuando él tenía 9 años y ella 8, a través de Lucas Scaglia, primo de Antonela y amigo de la infancia de Leo, y en ese momento se formó un vínculo inquebrantable. Cuando Messi se marchó a Barcelona, siguieron en contacto a través de cartas y llamadas de teléfono, aunque la distancia hacía difícil que la relación de amistad mutara hacia sentimientos más profundos.
Sin embargo, en 2005, tras la muerte de una de las mejores amigas de Antonela en un accidente de tráfico, Messi viajó sin pensarlo a Argentina para estar junto a ella y brindarle todo su apoyo. Aquel fue el germen del consolidado matrimonio que forman desde 2017, cuando se dieron el “sí, quiero” en Rosario rodeados de estrellas internacionales del fútbol y del espectáculo, reafirmando sus raíces locales a pesar de su estatus global.
Una tragedia se convirtió en el chispazo definitivo que prendió la llama de su amor, casi como una metáfora que confirma que incluso en los peores momentos se puede encontrar un rayo de luz.
Astro del fútbol y de los negocios
Pero el imperio de Messi trasciende con creces el campo de fuego. Con la misma precisión con la que coloca el balón en el campo, también ha sabido orquestar un entramado empresarial que le asegura un retiro dorado. A través de la cadena MiM Hotels, gestionada por el grupo Majestic, ha construido una valiosa cartera de hoteles boutique situados en los destinos más selectos de España y Andorra, convirtiendo su nombre en un sello de garantía para el turismo de lujo.
A este universo hotelero se le suma una cuidada estrategia de inversión inmobiliaria que abarca desde exclusivas propiedades en Rosario y Barcelona hasta imponentes residencias frente al mar en Miami. Asociado con firmas de moda de alto nivel y con contratos vitalicios con las marcas más potentes del planeta, Messi ha demostrado que su instinto para generar oportunidades no se limita a las botas de fútbol, consolidándose como una de las marcas personales más influyentes y rentables de la historia del deporte.


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