Elogio de la puntualidad
Llegar tarde es humano. Llegar puntual te convierte en sospechoso. De ser alguien oscuro, hipercontrolador, obsesivo o, incluso, ansioso. Por tanto, dondequiera que hayas detenido los pies, deja que descansen y plancha las nalgas. Repantígate en la silla, pide una cerveza y espúmate el bigote, que el sujeto abyecto objeto de la espera no perciba tu incomodidad. Que vea que te has fogueado con Rodalies, que has esperado más en la calle que Kitt a Michael Knight. Que note que para llenar las horas no le necesitas y que de tan realizado que te sientes, te importa un rábano que la gente te vea metiéndote una Cruzcampo Pilsen. La ansiedad tiene que cambiar de bando.
