Si Onofre Bouvila llegara hoy a la ciudad de los prodigios, la encontraría en plena fiebre de obras públicas. Hay proyectos de todas las administraciones, aunque, como es lógico, quien más promueve es el Ayuntamiento de Barcelona. El objetivo es siempre la mejora, aunque cada cual cuenta la feria según la zanja que tiene delante de casa. Todo lo que sea abrir una calle o cortar un carril de circulación parece que nos tenga que afectar a todos por igual. Vecinos, escuelas, comerciantes, repartidores y transporte público deben coexistir con el polvo y el ruido inevitables. Pero hay un segmento que vive en una realidad cuántica paralela en la que ninguna administración logra entrar.