Como en otros momentos de la historia, las protestas se contagian unas a otras a través de revoluciones comunicativas. En la primavera de las naciones de 1848, la expansión de la prensa, el ferrocarril y el telégrafo aceleró la circulación de noticias y personas, aunque en cada país, las reivindicaciones tomaron un cariz propio. Hoy también las quejas son singulares: Albania (proyectos turísticos), Portugal y España (vivienda), Serbia (corrupción), Francia, Grecia e Italia (educación).