❌

Normal view

El maltrecho centro político español

23 October 2026 at 02:03

Todos los partidos cometen errores, pero sólo los de centro los pagan con su propia existencia. España decidió que haría la Transición por ese camino. Pasado solamente un lustro, su (falta de) voto llevó a UCD a ser un caso casi único de siglas que pasaron sin solución de continuidad del Gobierno a la extinción. Si uno revisa el registro de bajas de formaciones políticas le salen al paso el CDS o UPyD, entre otros proyectos fallidos, casi siempre de vocación tercerista. Quizá eche de menos Ciudadanos en la enumeración. De momento, esa última formulación no se ha disuelto.

De hecho, lo que queda de ella va a concurrir en las próximas elecciones generales dentro de las listas (el plural vale por los pelos, dado que sólo se van a presentar por Madrid y Barcelona) de Democracia 21. Es posible que, llegado este punto, se esté preguntando usted qué es eso de Democracia 21. Se trata de una nueva oferta política que, aunque caiga en esta moda un tanto absurda de «evitar las etiquetas» (que, entre otras utilidades, sirven para saber de un vistazo qué contiene el bote), podría adscribirse a ese espacio, tantas veces acusado de vaporoso.

La prueba más contundente de que el partido debe ser de centro la encontramos en la reacción furibunda que ha despertado tanto en la derecha como en la izquierda. Nada que no hayamos visto antes: un proyecto de este tipo sólo puede ser un submarino del PP o del PSOE según en cuál de los dos se milite espiritualmente. Ojalá estas dos formaciones, condenadas a turnarse en el poder ejecutivo, fueran sometidos a un grado de exigencia tan alto por parte del votante promedio.

Y no será porque Democracia 21 no haya dado oportunidades para la crítica en estos primeros balbuceos. Las propuestas navegan entre la falta de concreción y un tono que confunde idealismo con ingenuidad. Algunas acciones en pos de la viralidad han resultado muy discutibles. Si te vas a plantar en el remake de la acampada de Sol, no hace falta que te busques a un perfil conocido por su activismo pueril para hacer las veces de cicerone. En fin, la frase del principio.

El timing tampoco acompaña. Es loable presentarse como alternativa a la polarización. Pero si este fenómeno existe no es por la sola acción de los políticos. Necesita el consentimiento más o menos activo de la ciudadanía. A esa masa electoral te diriges. De ahí que, hoy por hoy, las posibilidades de éxito –entendidas como conseguir sentar a Miriam González en el Grupo Mixto- sean ciertamente escasas.

Su «ventana de oportunidad» (perdón) hubiera estado en las siguientes elecciones generales, aprovechando el previsible desencanto con el también previsible gobierno de Feijóo con Vox. Pero hubiera quedado raro haberse pasado tantos años desplegando una actividad tan intensa como la de González para no decidirse a dar el paso. Si todo sale como parece, tendrá que prepararse para una «travesía del desierto» (perdón otra vez) que le permita subsistir hasta que lleguen tiempos más propicios. Tiene el ejemplo de Vox entre 2014 y 2018.

Las suspicacias contradictorias contra Democracia 21 coinciden en el tiempo con las distintas estrategias por optimizar el voto el 29-N. Ya sabemos que el PSOE concurrirá al Senado junto al llamado Frente Amplio en 43 provincias. Un acuerdo más ambicioso que el de Almunia y Frutos de tan infausto recuerdo en 2000. De esta manera, el que todavía queda en parte del imaginario como referente de la socialdemocracia en España compartirá oferta con los restos de la izquierda nacionalista asturiana o con la navarra Batzarre, formación heredera de la Liga Comunista Revolucionaria.

El PP, mientras, anda «deshojando la margarita» (tercer perdón) para ver cómo contrarresta junto a Vox ese primer paso dado por la izquierda. El argumentario de Moncloa es tan convincente que hasta en Génova 13 se esfuerzan por adaptarse a él. «Indistinguibles de los de Abascal» y bla bla bla. El centroderecha a medio camino entre lo liberal y lo conservador dando a entender que no tiene gran cosa que lo diferencie de las ofertas populistas que ahora se llevan en medio mundo.

Es posible que, tras esta ola de política fervorosa, se empiecen a escuchar voces que clamen por un partido de centro moderado, valga la redundancia, que pueda servir como bisagra entre las grandes formaciones de izquierda y derecha. Los españoles podrán así volver a darse el gusto de no votarlo.

© EUROPAPRESS

La presidenta de Democracia 21, Miriam González
❌