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Bragas, zapatos, bikinis usados… El otro mercado que hay en Vinted

16 October 2026 at 07:00

Con la expansión de la industria de la moda rápida, hay algunas personas que han optado por reducir su impacto ambiental o por comprar a precios más asequibles a través de plataformas de compraventa de artículos de segunda mano. Vinted, por ejemplo, es una de las más extendidas con 75 millones de usuarios que compran mensualmente de forma activa. Sin embargo, hay quienes no entran en estas aplicaciones en busca de una nueva adquisición para el armario.

"¿Cuánto por enviarme esto usado después de dos días seguidos?", pregunta un usuario de inicial J. a la mujer que ha anunciado un bikini. "Por favor, te compro tus bragas sucias por 10 euros. Tienen que oler fuerte", escribe otro. Son conversaciones que algunas usuarias han compartido en la red social X para denunciar lo que sucede detrás de un anuncio de ropa a la venta.

Y los suyos no son los únicos ejemplos: "¿Puedes mandarme una foto tuya usando los zapatos?", "¿Más fotos tuyas no se podrían ver si te compro algo por más precio del que pones?". Sin embargo, este tipo de transacciones están prohibidas en la propia plataforma. Vinted solo permite vender ropa interior sin estrenar y establece restricciones específicas. En el apartado de artículos que no cumplen las normas de higiene se puede leer claramente "Ropa interior usada", por lo que no está permitida su comercialización.

En cambio, existen otras plataformas donde sí se ha desarrollado este tipo de 'mercado' de prensas usadas. Así que la gran pregunta es por qué siendo una aplicación que no permite ese tipo de ventas, es tan frecuente que acudan hombres a estas apps de segunda mano en concreto para pedir bragas, calcetines, bikinis, zapatos u otro tipo de objetos a mujeres.

También en Facebook Marketplace se producen interacciones similares. Un estudio realizado en Pakistán y publicado en 2025 en Journal of Development Economics, encontró que las mujeres recibían más llamadas, mensajes y solicitudes de amistad no deseadas procedentes de cuentas masculinas. Así que el fenómeno no parece limitarse a una plataforma en concreto, sino que se da en todo espacio de intercambio de objetos que, para estos hombres, es una puerta de acceso a las vendedoras.

Que se dé esta utilización de plataformas para sexualizar a las mujeres que están al otro lado de la pantalla, puede entenderse como un síntoma de lo que la periodista, activista feminista y responsable de Feminicidio.net Graciela Atencio denomina 'cultura putera'. En su libro Feminicidio (Catarata, 2021), la define como las prácticas, representaciones y actitudes sociales que normalizan la prostitución y el consumo de mujeres por parte de los hombres, dentro de un contexto de desigualdad y dominación patriarcal.

Aplicando la cultura putera a Vinted, la prenda o el objeto que se pide, es lo de menos. El aliciente es poder obtenerlo de una mujer cualquiera con la que pueden tener contacto directo. De esa manera, el intercambio económico sirve de pretexto para sexualizar una interacción que no tenia ningún carácter de ese estilo y convierte la prenda en un objeto de consumo sexual. También refuerza la idea que dichos hombres pueden tener del lugar que ocupamos las mujeres en la sociedad: como seres disponibles para satisfacer sus deseos.

Una disponibilidad que no necesita ser pactada ni darse en un espacio concebido para el sexo, puede darse en cualquier parte y con cualquier mujer. Beatriz Ranea, investigadora especializada en estudios de género, explica que quienes inician estas propuestas no son monstruos, desviados, ni depravados, son hombres normales socializados en un deseo masculino heterosexual que gira torno al poder y la falta de empatía hacia las mujeres.

Fenómenos como Onlyfans, la pornografía o el peso del sistema prostitucional en España contribuyen, en distintos grados, a normalizar esa narrativa en la que el acceso al cuerpo de las mujeres está garantizado a cambio de dinero. La investigadora explica en el ensayo Puteros (Catarata, 2023) que en la prostitución se restituye el poder masculino sobre las mujeres para esos hombres que sienten que, socialmente, se ha visto mermado.

Por eso su comportamiento en Vinted, Wallapop o Facebook Marketplace no deja de ser un medio para ejercer poder de forma directa o indirecta sobre un tipo de mujer que representa una feminidad que les cuesta encontrar fuera de los espacios de prostitución. Es, sin duda, uno de los aspectos más preocupantes de la cultura putera, que permite que cualquier lugar se pueda convertir en un marco de consumo sexual de las mujeres. Incluso una aplicación para vender ropa se puede interpretar por algunos hombres como un catálogo de cuerpos, mera mercancía.

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