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Ayuso cierra la estación de metro de Sol por "insalubridad" tras pedírselo trabajadores y sindicatos
Sol se cierra. No la Puerta del Sol, donde sigue la acampada que nació de las protestas por el desahucio de Maricarmen Abascal, sino la estación de metro. Lo ha anunciado la presidenta del ejecutivo madrileño, Isabel Díaz Ayuso, en una entrevista en EsRadio. El motivo es acometer "trabajos de limpieza y seguridad urgentes por las condiciones de insalubridad" tras casi tres semanas de "acampada ilegal", y, entre esos motivos, por la acumulación de orines.
Se trata de un cierre temporal solicitado, según Ayuso, por los propios trabajadores de una de las estaciones de metro más transitadas de Madrid, epicentro de la ciudad, y por los sindicatos. "Me acaban de comunicar que vamos a tener que cerrar la estación de Sol de Metro porque hay que hacer trabajos de limpieza urgentes y de seguridad, empezando por los trabajadores de Metro de Madrid. Y lo han solicitado desde prevención de riesgos laborales y los sindicatos. Por lo menos mientras duren esas labores, porque ahora mismo hay condiciones de insalubridad dentro", ha explicado.
Rechazo de la delegación del Gobierno y del TSJ a levantar la acampada
Ayuso vincula esos problemas de insalubridad a la "acampada ilegal" en la Puerta del Sol, a pesar de sus reiteradas peticiones al delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín, para que proceda a su levantamiento. De momento, el TSJ tampoco ve motivos para despejar la Puerta del Sol pues ha rechazado las medidas cautelares solicitadas por el gobierno autonómico. La intención de los acampados parece ser permanecer en Sol hasta la celebración de las elecciones del 29-N.
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- Un periódico para ejercitar la memoria: así trabajan con la actualidad los mayores con deterioro cognitivo
Un periódico para ejercitar la memoria: así trabajan con la actualidad los mayores con deterioro cognitivo
En la sala apenas hay silencio hasta que empiezan a aparecer los periódicos. Entonces, durante unos minutos, solo se escucha el pasar de las páginas. Una decena de mayores hojea su ejemplar de 20minutos: tres hombres se colocan las gafas y empiezan a leer con atención, otros buscan algo que les interese y Concha, que hasta entonces no ha parado de hablar con unos y otros, rompe la concentración con un "anda, mira". Cada uno tiene que escoger una noticia, pero detrás de algo tan cotidiano como leer un periódico hay mucho más: recordar un titular, localizar una sección, comprender lo que han leído o relacionarlo con sus propios recuerdos. La actualidad se convierte así en una forma de mantener la mente activa y poner a trabajar la memoria.
En el Centro de Día Pirámides, en Arganzuela (Madrid), las noticias forman parte desde hace años de las actividades cognitivas de sus usuarios. El centro está especializado en personas mayores con deterioro cognitivo, Alzheimer y Parkinson y los diez mayores que participan esta mañana presentan algún grado de demencia, según explica su coordinadora, Sagrario Nieto-Sandoval. En España, se estima que unas 800.000 personas conviven con algún grado de demencia, afección que altera la memoria y otras capacidades como el pensamiento o el lenguaje, según datos del Instituto de Mayores y Servicios Sociales (IMSERSO). "Entendimos que era una generación que hacía uso de la prensa en papel y, a pesar del deterioro, no deberíamos dejar de leerles todos los días el periódico porque es muy terapéutico para ellos y les invita a participar", cuenta.
Habitualmente, las noticias les llegan a través de una tablet: Paloma Contreras, educadora social del centro, selecciona varias informaciones de la web de 20minutos y las lee en voz alta para comentarlas después entre todos. Esta mañana, el ejercicio cambia al recuperar el papel. "Ahora van a ser ellos los que tengan su periódico, recorten su noticia y lean la noticia que han elegido", explica Contreras, que señala que así la actividad es "más participativa".
Y basta con empezar a hojearlo para que cada uno encuentre algo que le llame la atención. Las páginas pasan despacio y las miradas recorren titulares, fotografías y columnas en busca de una en la que merezca la pena detenerse. De vez en cuando, el sonido del papel se interrumpe con algún pequeño descubrimiento: una de las participantes se sorprende al leer que La bola negra puede llegar a los Oscar y enseguida se lo cuenta al resto; otra decide quedarse con una noticia sobre la guerra entre Ucrania y Rusia y exclama "uy, lo de Ucrania". Algunos vuelven atrás, otros enseñan las páginas de una silla a otra y los comentarios se cruzan en la sala, hasta que un largo "¡Atleeeeeeeeti!" deja claro que Eladio también ha encontrado la suya.
Con la noticia elegida, llegan las tijeras. Cada uno recorta la suya y la pega en un folio, donde escribe también su nombre, sus apellidos y la fecha, para "que no los olviden y se ubiquen", aclara Nieto-Sandoval. Después, los periódicos desaparecen de las mesas y llega el momento de tirar de memoria: deben recordar el titular, identificar la sección en la que aparecía, resumir su contenido y explicar por qué la han escogido. "Necesito el periódico. ¿En qué página estaba la noticia?", reclama una de las participantes. "Ah, pero en eso consiste, en que lo recuerdes, y si no, no pasa nada", le responde Contreras.
La actualidad para ejercitar la memoria
Detrás de los recortes y los titulares hay un objetivo que va más allá de esta actividad: trabajar la memoria a través de la lectura, una forma de estimulación cognitiva que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda para ayudar a las personas con demencia en su día a día. "Tenerlos actualizados, al día de todas las noticias, es una buena manera de trabajar con ellos la memoria", explica Nieto-Sandoval. Y los resultados, cuenta, a veces se ven de una mañana para otra: cuando una información se mantiene varios días en la actualidad y vuelven a leerla, algunos “recuerdan que estaban con esa noticia y que ya habían hablado de ella” la jornada anterior.
Pero estar al día cumple además otra función. Los mayores pasan solo una parte de la jornada en el centro y después vuelven a su vida fuera de él, con sus familias y amigos. Mantener esos vínculos es importante para su bienestar y, por ello, la OMS recomienda fomentar la participación social de las personas con demencia. "El estar actualizados les permite poder relacionarse. Ser mayor no es sinónimo de estar aislado, sino que llegas a mayor y la vida continúa", apunta Contreras.
El estar actualizados les permite poder relacionarse. Ser mayor no es sinónimo de estar aislado, sino que llegas a mayor y la vida continúa"
Y eso se refleja también en las noticias que escogen. Eugenia Martínez, de 81 años, se queda con una sobre el tiempo que pasan los jóvenes frente a las pantallas. "La he elegido porque tengo nietos. Los veo que están siempre con las pantallitas y con el móvil. Leen menos y eso me preocupa", explica. A su lado, María Marcos, de 82, prefiere una información sobre vivienda, uno de los asuntos que más le inquietan por cómo afecta "tanto a jóvenes como a mayores". "Visto el revuelo que hay en España, el problema es la vivienda. Hay muchas Cármenes y hace tiempo que empezaron. Si echan a una persona mayor, esté de alquiler o no, es igual: es una persona y necesita un techo donde vivir", sostiene.
Los intereses cambian de una silla a otra. Concha elige una noticia sobre la ampliación de la atención a niños con discapacidad porque reconoce que es un tema que tenía "un poco desconocido". Eladio Mozos, de 89 años, no duda demasiado cuando encuentra la suya: "El Atlético golea y da un aviso al Real Madrid". "Es muy buena noticia, soy aficionado del Atlético", dice. Desde la silla de al lado, otra participante no tarda en sumarse: "Yo también soy del Atlético, ¿eh?".
No siempre es el tema en sí lo que hace que una noticia funcione. Muchas veces basta con que conecte con algo que han vivido. Las informaciones sobre salud, pensiones, educación o Madrid suelen ser algunas de las que más conversación generan. "Cuando escuchan 'Madrid', es como que están alerta", cuenta Contreras, pues cuando hablan de noticias internacionales "lo ven tan lejos que ni escuchan muchas veces". También ocurre con las noticias dirigidas a las personas mayores, porque "se ven incluidos, les llama la atención y participan más". Y, a partir de ahí, una información puede terminar llevando la conversación mucho más lejos de lo que decía el titular.
Así ocurrió cuando una información de 20minutos sobre la elección de la mejor playa de España de 2026 acabó convirtiéndose en una conversación sobre sus propios veranos. "Me decían 'Benidorm', o sea, donde ellos tienen sus casas de vacaciones", recuerda Contreras. A partir de ahí fueron apareciendo anécdotas sobre lugares, viajes y segundas residencias a las que algunos ya no pueden acudir, pero que siguen asociando a aquellos años. "Ahí fue donde despertaron muchas personas que igual estaban más apagadas", cuenta.
La actividad también parece convencer a quienes se sientan alrededor de la mesa. A Eladio, como a María, lo que más le gusta es sencillamente "enterarse de lo que está pasando". "Hay que estar al día", resume Rocío Jiménez, de 90 años, que suele compartir lo que lee con sus compañeros del centro. Su hija vive fuera, por lo que las noticias, cuenta, las comenta "más aquí, con los compañeros". Pero el hábito de informarse viene de mucho antes. Para muchos, la prensa lleva acompañándolos prácticamente toda la vida.
Eladio, de hecho, asegura que lee periódicos desde que sabe leer. "No este porque este no existía entonces, pero vamos", bromea. María también recuerda una casa en la que la lectura siempre ha estado presente: "Ha habido periódicos, revistas, libros… hay montones de libros en mi casa". Eugenia, por su parte, empezó a leer el periódico de manera habitual cuando apareció 20minutos. "Cuando paso por algún sitio donde está el 20minutos, todos los días lo cojo", cuenta. Tiene un punto de distribución cerca de casa y procura cogerlo cada día; cuando ella no puede, su cuidadora se encarga de llevárselo. "Estoy al día y me encanta. Me encanta estar activa y ver las noticias", asegura. Y explica por qué sigue eligiéndolo: "No es un periódico muy grande y que tenga muchas cosas, sino que tiene lo importante y siempre hay algo que me interesa".
Recordar su propia historia
La memoria que tratan de preservar va mucho más allá de recordar un titular o de lo que cuentan las noticias, también está en la propia historia de cada uno, en aquello que han vivido y que forma parte de quiénes son. Por eso, en el centro trabajan desde una atención centrada en la persona, que busca adaptar el trabajo a cada uno de los mayores y para la que conocer su historia de vida resulta fundamental. "Queremos saber quién es esa persona, cómo ha sido su familia, a qué se ha dedicado, qué dificultades ha tenido o qué cosas importantes le han pasado", cuenta Nieto-Sandoval. Entre esas historias hay mujeres que se abrieron camino profesionalmente en una época "marcada por el machismo", empresarios, profesores universitarios, ingenieros, un piloto o personas que apenas pudieron ir a la escuela y se formaron por su cuenta.
No se tienen que olvidar de su historia. Para eso estamos aquí, para recordársela"
Son recuerdos que el deterioro cognitivo puede ir borrando y que, en ocasiones, vuelven a aparecer a partir de algo tan sencillo como una noticia. La demencia puede dificultar la recuperación de experiencias personales y recuerdos, incluso de aquellas que han marcado toda una vida. "Gracias a que interactuamos con su historia, ellos recuperan parte de sus recuerdos. Porque si no, se olvidan de ellos", explica Nieto-Sandoval. "Y no se tienen que olvidar de su historia. Para eso estamos aquí, para recordársela".
La importancia de poner nombre a los olvidos
No todas las personas que conviven con demencia saben que la padecen. Entre el 30% y el 40% de los casos podrían estar sin diagnosticar, según estimaciones de la Sociedad Española de Neurología (SEN). Y obtener respuestas puede llevar meses: un estudio publicado en 2025 en la revista científica Frontiers in Neurology, basado en datos de 723 pacientes con deterioro cognitivo en España, encontró que el diagnóstico tardaba una mediana de casi siete meses entre quienes acudían primero a atención primaria y después eran derivados a un especialista. Esta demora puede retrasar el acceso a los cuidados y apoyos necesarios, además de prolongar la incertidumbre de las personas afectadas y sus familias.
Pero poner nombre a lo que ocurre no depende únicamente de detectar los primeros olvidos. Los médicos deben evaluar los síntomas y descartar otras posibles causas mediante pruebas cognitivas, análisis y, en algunos casos, técnicas de imagen. Y el diagnóstico no es el final del camino: la OMS recomienda intervenciones como la estimulación cognitiva y el apoyo a la participación social para favorecer el bienestar de las personas con demencia. Dos aspectos que, en el Centro de Día Pirámides, se trabajan cada mañana entre noticias y conversaciones.

La ruina del gasoil
Casi un 60% de los vehículos que circulan en España lo hacen con motores diésel. Entre ellos está el mío, un coche que compré hace años cuando se consideraba que el gasoil era lo más ecológico al emitir menos dióxido de carbono (CO2) que la gasolina, principal preocupación de Europa en ese momento para combatir el cambio climático.
Ahora, este tipo de motores, que se supuso entonces que aprovechaban mejor la energía y gastaban menos litros por kilómetro que la gasolina, están mal vistos. Los automóviles diésel eran algo más caros que sus hermanos de gasolina, pero compensaba porque el litro de combustible salía bastante más barato que el de la super 95. Todo eso pertenece al pasado; el otro día llené el depósito que antes no pasaba de los 60 euros y pagué más de 100. Salvo las low cost, la inmensa mayoría de las gasolineras lo tienen en torno a los dos euros el litro y eso a pesar de los 20 céntimos de rebaja fiscal que el gobierno mantendrá en noviembre.
Los combustibles ya subieron a causa de la guerra de Ucrania, pero nunca tanto como ahora. Este último arreón se lo debemos al inefable Donald Trump y a su amigo Netanyahu, que le lió para atacar a Irán sin un plan mínimamente racional, lo que desembocó en el cierre del estrecho de Ormuz, activando la auténtica arma nuclear del régimen de los ayatolás. Es bueno que la gente sepa que cuando le sale por un riñón llenar el depósito y el IPC se dispara al 4,9%, es en gran medida culpa de esos dos indeseables, no de la Unión Europea ni de ninguno de sus gobiernos. En Estados Unidos sí parece tenerlo claro al menos una parte importante de su ciudadanía, a la que Trump prometió que bajaría los precios de los carburantes y la inflación en general no ha dejado de subir. Un estado de opinión que sitúa su índice de popularidad en el 30%, el más bajo de un presidente en muchos años.
Esto en las vísperas de unas elecciones de medio mandato en las que puede perder tanto apoyo en ambas cámaras que le convierta en un pato cojo lo que le queda como presidente. Su perspectiva electoral es tan desesperada que no se le ha ocurrido otra que negociar con Putin un acuerdo para importar de forma inmediata 300.000 toneladas de diésel al mercado estadounidense y hasta 3 millones en los próximos meses.
Unas cifras que pueden parecer gruesas, pero que no lo son tanto si tenemos en cuenta que en el mundo se consumen 4 millones de toneladas en un solo día, y Estados Unidos más de 550.000 toneladas, o sea, un parche. Está por ver, además, si Moscú cumplirá o es solo un anuncio a la desesperada de Trump, porque Rusia tenía prohibida desde hace meses la exportación de este combustible ante la escasez que provocaron los bombardeos ucranianos a sus refinerías.
En esa misma línea hay que situar el último fake del presidente norteamericano cuando el pasado domingo anunció con su pompa habitual una tregua energética entre Rusia y Ucrania que, por supuesto, él había logrado gracias a sus grandes dotes negociadoras. De ese acuerdo no tenían constancia ni en Moscú ni en Kiev y tanto es así que a las pocas horas del anuncio Rusia bombardeó infraestructuras energéticas en Ucrania. Trump no solo reprocha a Zelensky sus ataques a las refinerías rusas; también le culpa de no aceptar lo que él pacta con Putin a sus espaldas para alargar la guerra. Ahora, sin embargo, lo que más le preocupa es el precio del diésel, cuyo coste tiene indignados a los usuarios de camiones, camionetas y vehículos relacionados con la actividad industrial y agrícola, donde él tenía un buen caladero de votantes. La ruina económica que está causando al resto del mundo no le importa nada.

Conversando con un robot
Pese a su sofisticado desarrollo tecnológico, los aviones siguen siendo tan impuntuales como los trenes en nuestro país. Me pasó hace unos días. Debía hacer un viaje y el retraso de dos horas en la T4 lo volvió inútil. Llamé a un número de atención al cliente para ver si podía recuperar el dinero y ahí comenzó mi experiencia con los robots. Hablé con uno y a los pocos minutos con otro que contactó conmigo por WhatsApp. El segundo volvió a pedirme los datos que ya le había dado al primero. Como tardé un minuto en buscarlos, se comenzó a impacientar pese a ser una máquina y a preguntarme: "¿Sigues en línea? ¿Has recibido mi mensaje?". Acto seguido, añadió: "Por falta de respuesta, el agente finaliza esta interacción".
Con los wasaps que uno intercambia con seres humanos se puede tomar el tiempo que quiera para dar una respuesta, pero con los androides tecnológicos parece que no es así. Este descubrimiento me llevó a responderle: "Disculpe, pero no tengo costumbre de actuar a las órdenes de un robot". En ese instante, mi interlocutor retomó el contacto: Un momento, por favor. Voy a pasar tu conversación a un agente humano para ayudarte de modo más personalizado". A los pocos segundos creí cumplida su promesa: "Bienvenido al chat. Mi nombre es Lizeth". Pero enseguida pude comprobar que Lizeth era otro o el mismo agente artificial de antes porque volvió a utilizar sus mismas palabras: "¿Sigues en línea?". Es decir, que seguía hablando con un robot y además con un robot mentiroso.
Se habla mucho hoy de la IA y de que esta va a enviar a mucho personal humano al paro. Pero cada vez tengo más la certeza de que simplemente vivimos un momento de estupidez de la humanidad y de que este será pasajero. Antes o después, los humanos recuperarán su trabajo. A lo que asistimos hoy es a un rudimentario simulacro de futurismo. Mi robot no estaba ahí para resolverme nada, sino para ahorrarle a esa compañía aérea efectuar el reembolso de mi viaje fallido y para hacerme perder el tiempo.
El ejemplo me recuerda a las películas de ciencia ficción de los años 60 que dibujaban un siglo XXI en el que nos alimentaríamos de pastillas como supuestamente lo hacían los astronautas. Ya estamos en el siglo XXI y en nuestro país todo el mundo ha aprendido a cocinar gracias a Internet y a las recetas de Arguiñano. Nunca se ha comido mejor que ahora. Hoy comen bien hasta los astronautas porque lo de las pastillas era un falso mito. Sí, creo que Lizeth, mi robot mentiroso, tiene los días contados
