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Cenotes y pozos de Yucatán plagados de restos fecales: las granjas de cerdos amenazan a poblaciones mayas

20 October 2026 at 17:10

El olor fétido es especialmente fuerte durante las mañanas y después de las lluvias. Hay días en los que el clima cálido y húmedo de la selva maya, en la península de Yucatán, se mezcla con el de las heces y otros desechos de las decenas de instalaciones de granjas de cerdos que se ubican a solo unos kilómetros de las comunidades que pueblan la región. Cifras oficiales del Gobierno mexicano registran al menos 500 granjas de este tipo en el Estado, pero organizaciones medioambientales elevan la cifra hasta 800. La organización Greenpeace México, junto con un laboratorio independiente, ha documentado la calidad del agua de cenotes y pozos en 17 puntos de las localidades Kinchil, Sitilpech, Motul, Chocholá, Molas, Celestún y San Antonio Tedzidz, comunidades asediadas por macrogranjas desde hace décadas, y ha encontrado contaminación fecal generalizada y concentraciones de nitrato superiores a los límites establecidos por las normativas nacionales e internacionales, lo que significa que la salud y el equilibrio ambiental están en un grave riesgo ante agua no apta para consumo humano.

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Raúl Ek sostiene su cosecha de pepinos en Motul (Yucatán), el 3 de agosto.Cenote virgen ubicado en Molas (Yucatán), el 5 de agosto.Personal de Greenpeace toma muestras de agua en un pozo que abastece al poblado de Celestún, en Yucatán.

© Emiliano Molina (EL PAÍS)

Luis camina en su ejido de Kinchil (Yucatán), el 4 de agosto.

© Emiliano Molina

Rivaldo Santos revisa su pozo de agua en la comunidad de Sitilpech.

© Emiliano Molina (EL PAÍS)

Granjas porcícolas en Molas (Yucatán) el 5 de agosto.

© Emiliano Molina (EL PAÍS)

Construcción de una granja porcícola en Chocholá (Yucatán).

© Emiliano Molina

Turistas visitan el Cenote Sambulá en Motul (Yucatán), el 3 de agosto.

© Emiliano Molina

Miembros del laboratiro H2O toman muestras de agua en un cenote en Molas (Yucatán).

© Emiliano Molina

Vista aéra de una graja porcícola en Chocholá (Yucatán), el 4 de agosto.

Los indígenas semai luchan contra la fiebre de las tierras raras en Malasia

20 October 2026 at 15:00

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© Fabio Polese

Pos Lanai, un asentamiento indígena en el Estado malasio de Pahang, parece ajeno al mundo moderno. La única forma de llegar es en barco, remontando el río Telom entre paredes de selva tropical y aguas turbias. Durante casi una hora, el ruido del motor acompaña el trayecto. Luego, la embarcación reduce la velocidad frente a unas casas de madera construidas justo sobre la orilla del río. La aldea es el hogar de los semai, uno de los principales grupos de los Orang Asli, los pueblos indígenas de Malasia peninsular. Pero este es, también, un territorio en disputa. Bajo el suelo del Estado de Pahang se encuentra una de las mayores reservas de tierras raras de este país del Sudeste Asiático. Desde 2021, los semai luchan porque el Estado les reconozca la posesión de estas tierras y les consulte cuando se presenten proyectos mineros. Ahora, una nueva amenaza se cierne sobre el territorio: el Gobierno de Malasia ha firmado acuerdos de cooperación en materia de minerales críticos con países como Estados Unidos y Japón.

© Fabio Polese

Pos Lanai se encuentra dentro de la Reserva Forestal de Ulu Jelai, conectada a la Espina Dorsal Forestal Central, el vasto corredor ecológico que se extiende a lo largo de Malasia peninsular. Se trata de uno de los ecosistemas más importantes del país, hogar de numerosas especies animales, entre ellas los elefantes asiáticos y el tigre malayo, en peligro crítico de extinción. Yunus bin Sebel, de 57 años, el jefe de la aldea, habla despacio, sin apartar nunca la mirada del Telom. “No estamos acostumbrados a vivir en ningún otro sitio”, dice el hombre que aparece en esta fotografía. “Nuestro sustento proviene del río, la agricultura y el bosque. Si perdiéramos esta tierra, también perderíamos los cimientos de nuestras vidas”. Para los semai, esta tierra es donde vivieron sus antepasados. Aquí aprenden a cazar, pescar, cultivar y recolectar productos del bosque.

© Fabio Polese

Bajo este bosque hay yacimientos de tierras raras. Se calcula que Malasia alberga hasta 16 millones de toneladas de estos elementos esenciales para la fabricación de imanes para vehículos eléctricos, aerogeneradores, semiconductores y numerosas tecnologías militares. En 2021, los habitantes del pueblo descubrieron que más de 660 hectáreas de bosque situadas aguas arriba del Telom habían sido destinadas a un proyecto de extracción de tierras raras. Según la comunidad, el emplazamiento propuesto se superpone a parte de su territorio ancestral e incluye las cabeceras de las que depende el río. Por este motivo, llevaron el caso ante el Tribunal Superior de Temerloh, solicitando el reconocimiento oficial de sus tierras y que no se autorizaran nuevas concesiones sin consultarles previamente. El caso está a la espera de sentencia.

© Fabio Polese

“Si este proyecto sigue adelante, el impacto será enorme”, afirma Jeffrey bin Hassan, de 39 años, presidente del Grupo de Trabajo de Pos Lanai para la Protección de las Tierras Consuetudinarias. “Puede que presenten estudios en los que se afirme que la calidad del agua seguirá siendo buena, pero las consecuencias a largo plazo para el río y el medio ambiente serían inevitables”, agrega el hombre, que aparece en esta fotografía. En 2021, el Departamento de Medio Ambiente de Malasia rechazó los términos de referencia para la evaluación de impacto ambiental. Esto impidió que el proyecto siguiera adelante, pero no revocó la autorización concedida por el Gobierno del estado de Pahang en 2019. El proyecto, en la práctica, ha quedado en suspenso.

© Fabio Polese

Bin Hassan abre una carpeta gastada llena de mapas. Uno a uno, los extiende por el suelo de una pequeña cabaña del pueblo, trazando las líneas con el dedo. Algunos muestran coordenadas GPS, mientras que otros están cubiertos de notas escritas a mano. Son el resultado de semanas de caminatas por el bosque junto a otros miembros de la comunidad. “Para documentar nuestro territorio, nos dividimos en dos grupos”, explica. “Cada uno de nosotros llevaba un dispositivo GPS. Cruzamos arroyos, subimos colinas y seguimos los límites que nos habían mostrado los ancianos”. “Mi bisabuela señalaba una colina y decía que pertenecía a nuestra aldea. La siguiente, decía, pertenecía a otra comunidad. Seguimos esas historias y las convertimos en un mapa para presentarlo ante los jueces. Así es como demostramos que llevamos siglos viviendo aquí”. Esos mapas se encuentran ahora entre las principales pruebas presentadas ante el Tribunal Superior de Temerloh.

© Fabio Polese

Para la comunidad es urgente obtener el reconocimiento de sus tierras. Desde hace años, Estados Unidos ha intentado reducir su dependencia de China, que controla gran parte de la cadena de suministro mundial, y ahora busca en Malasia nuevas fuentes de tierras raras. Según la Agencia Internacional de la Energía, en 2024 China representaba el 60% de la producción mundial extraída de tierras raras magnéticas, el 91% de la producción refinada. En octubre de 2025, Washington y Kuala Lumpur firmaron el Acuerdo de Comercio Recíproco (ART), que también incluye la cooperación en materia de minerales críticos y elementos de tierras raras, con el objetivo de desarrollar nuevas cadenas de suministro como alternativa a las controladas por Pekín. Este agosto, además, el viceministro de Recursos Naturales y Sostenibilidad Ambiental, Syed Ibrahim Syed Noh, ha reconocido que que el Gobierno estaba considerando permitir determinadas exportaciones de tierras raras sin procesar, levantando una prohibición vigente desde 2024.

© Fabio Polese

“Nuestro temor”, afirma Sivarajan Arumugam, miembro del Parti Sosialis Malaysia y activista del movimiento Save Pos Lanai, “es que la creciente demanda internacional acelere la concesión de licencias mineras. Las comunidades indígenas nunca han participado en el proceso de toma de decisiones. Solo se enteraron de ello a través de los periódicos”. “El proyecto implica el uso de una técnica conocida como lixiviación in situ, que consiste en inyectar soluciones químicas en el suelo para separar los elementos de tierras raras de los minerales circundantes”, añade Sivarajan. La contaminación, asegura, llegaría al sistema hídrico del que depende toda la comunidad. “El río, los peces, las tierras de cultivo y el bosque se verían afectados. Todo su modo de vida quedaría destruido”.

© Fabio Polese

No es la primera vez que Pos Lanai ha tenido que defender su territorio. Tras años de protestas y acciones legales, en octubre de 2018 el Gobierno malasio canceló el proyecto de la presa de Telom, que habría inundado el pueblo y unas 7.600 hectáreas de bosque. “Pensábamos que esa sería la batalla más dura. Pero luego llegó la noticia sobre esta mina”, afirma Arumugam.

© Fabio Polese

Mustafar bin Atok, de 57 años, está sentado a la sombra de su porche mientras el Telom fluye a solo unos metros más abajo. De vez en cuando interrumpe su relato para señalar hacia el río. “Cuando era joven, bastaba con lanzar una red para pescar un montón de peces”, dice. “Ahora, muchas especies se han vuelto difíciles de encontrar”. Atribuye parte de estos cambios a las numerosas presas construidas a lo largo de los años en las Tierras Altas de Cameron, aguas arriba de la cuenca del río.

El atardecer cae lentamente sobre el Telom. Los niños siguen zambulléndose en el agua, ajenos a las vistas judiciales, a las licencias mineras y a los acuerdos comerciales firmados lejos de allí. Para los habitantes de Pos Lanai, el tiempo parece medirse ahora por la espera de una decisión del Tribunal Superior de Temerloh, una decisión que podría determinar el futuro de su modo de vida.
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