El coste de la deuda francesa se dispara aún más este miércoles ante la preocupación de los inversores que ven al país sumido en una crisis fiscal, política y social de la que tiene difícil salir, al menos en el corto plazo. El mercado ha llegado a exigir un interés de más del 5% al Gobierno galo por su bono a 10 años, el más elevado desde 2002, el año en que entró en funcionamiento el euro. Sin embargo, cerca de la apertura de Wall Street ha aflojado ligeramente la tensión para situarse justo por debajo de esta barrera.
Este movimiento de su bono de referencia eleva a la vez la prima de riesgo, el sobrecoste que los inversores le exigen con respecto a Alemania por adquirir su papel, por encima de los 156 puntos básicos, una cota que no se veía desde la crisis financiera y de deuda de 2011. El rendimiento del bono germano a diez años se sitúa en el 3,4% al mismo tiempo que el francés tocaba el 4,963%.
La preocupación es evidente, dado que la segunda mayor economía del euro cerrará este año con un déficit en el entorno del 5,4%, una deuda pública próxima al 120% del PIB, incertidumbre política, disturbios en las calles y serias dificultades para aprobar unos presupuestos creíbles.
Las perspectivas en Francia parecen bastante sombrías, en opinión de Benoit Anne, responsable de la gestora MFS Investment Management. Desde la firma apuntan a un contexto político complicado, escaso margen de maniobra fiscal y una escasa voluntad de llevar a cabo reformas que se deberían haber realizado hace mucho tiempo.
El experto considera, sin embargo, que los riesgos sistémicos han disminuido, gracias, en particular, a unos fundamentos macroeconómicos más sólidos en la zona euro y a un sistema bancario europeo más resiliente. "El BCE dispone de herramientas y podría intervenir mediante declaraciones, compras selectivas de deuda soberana o ralentizando la reducción de su cartera de bonos", sostienen desde la gestora del grupo Lazard en Francia.
En la firma inciden en que las medidas más contundentes son también las más delicadas desde el punto de vista político e implicarían, en la práctica, recurrir al Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE). No obstante, "la ausencia de un contagio visible en los bancos o en los mercados de valores ofrece al BCE la posibilidad de esperar antes de actuar", señalan. Los mercados han revisado recientemente a la baja sus expectativas de endurecimiento monetario, pero la persistencia de los riesgos inflacionistas limita la posibilidad de un ajuste adicional.
Francia se ha convertido en el principal foco de tensión, pero no es el único. El shock energético provocado por la guerra en Irán y la subida de los tipos de interés con la que el Banco Central Europeo (BCE) pretende evitar una crisis de precios han hecho saltar las alarmas en la Eurozona. Las piezas del puzle son difíciles de encajar porque los gobiernos deben hacer frente a unos costes de financiación mucho más altos -tanto para emitir nuevos bonos como para refinanciarlos- con un crecimiento débil en la mayoría de los casos y un nivel de deuda muy elevado.
Más aún cuando se ven obligados a elevar el gasto público para hacer frente a las consecuencias de la crisis, de los fenómenos meteorológicos extremos, a los compromisos en materia de Defensa o a desembolsos estructurales como el gasto en pensiones. De ahí que hayan reaparecido fantasmas del pasado como el de la crisis de deuda pública que azotó a la zona euro (y se cebó con los países del Sur) entre 2011 y 2012.
La situación es especialmente delicada en Francia. La segunda mayor economía del euro cerrará este año con un déficit en el entorno del 5,4%, una deuda pública próxima al 120% del PIB, incertidumbre política, disturbios en las calles y seria dificultades para aprobar unos presupuestos creíbles. Este martes la prima de riesgo gala, el sobrecoste que los mercados le exigen por emitir deuda con respecto a lo que paga Alemania, superó los 150 puntos básicos por primera vez desde 2011 y la rentabilidad de su bono a 10 años rozó el 5%. Los mercados desconfían de que en estos momentos el país siga siendo uno de los emisores más seguros de Europa.
"Desde el punto de vista fiscal, la situación de algunos países es incluso más delicada que durante la anterior crisis". Francia es un claro ejemplo "pese a no encontrarse en una recesión profunda", sostiene a La Información Económica Salvador Jiménez, socio de Afi, Analistas Financieros Internacionales. A esto se suma, según el experto, el coste de financiación más elevado y que el margen para que el Ejecutivo incremente los ingresos públicos es muy reducido.
Sin embargo, Jiménez cree que desde el punto de vista financiero Europa está mejor preparada que entonces. "La arquitectura institucional del euro se ha reforzado, el BCE dispone de nuevos instrumentos y el sistema bancario presenta una posición de capital y liquidez más sólida", explica. Por todo ello, considera que si bien algunos desequilibrios fiscales son mayores, también lo es la capacidad institucional para evitar que una crisis nacional se convierta en sistémica.
Judith Arnal, investigadora principal del Real Instituto Elcano, recuerda que los bancos están saneados, hay supervisión única y un mecanismo único de resolución, existe el MEDE y el BCE tiene instrumentos con los que no contaba en la crisis financiera. Arnal reconoce, eso sí, que la deuda pública sobre PIB es hoy más alta que entonces en muchos países, en particular en Francia, Italia y España. Otra gran diferencia está en que en 2010 sobraba ahorro en el mundo. "Hoy los bancos centrales ya no compran deuda y los Estados compiten por el capital con las grandes tecnológicas, que tienen mejor rating que muchos soberanos", añade.
El riesgo de una reacción en cadena con la deuda
En Afi descartan que Europa esté a las puertas de una crisis de deuda comparable a la de hace quince años, aunque sí aprecian señales preocupantes de fragmentación financiera. Pese a que las tensiones en Francia han comenzado a transmitirse a otros países, especialmente a Italia, y pese a la intensidad de los movimientos recientes, "los niveles agregados de fragmentación siguen lejos de los máximos históricos", asegura Salvador Jiménez. Además, los mercados de financiación permanecen abiertos y no se observa un deterioro generalizado del sistema bancario.
"El riesgo es que las dificultades fiscales francesas terminen provocando una pérdida de confianza más amplia en la deuda soberana europea", matiza. También Arnal descarta que la región esté en ese punto. En la crisis de deuda, Grecia, Irlanda, Portugal y Chipre perdieron el acceso al mercado y tuvieron que financiarse íntegramente con programas europeos y del FMI y España necesitó asistencia europea para recapitalizar parte de su sistema financiero. "Hoy ningún país ha perdido el acceso al mercado. Francia paga más por su deuda, pero la sigue colocando. El problema es que la tendencia es mala y que Francia es demasiado grande para un rescate como aquellos", detalla la investigadora de Elcano.
En la misma línea, Alvise Lennkh-Yunus, responsable de calificaciones soberanas de la agencia de calificación europea Scope Ratings, asegura que el principal riesgo crediticio de Europa es la cohesión política, no la capacidad económica. "La región necesita una mayor unidad y medidas políticas más decisivas para hacer frente a sus retos", apunta. Desde su punto de vista Francia es el país a tener en cuenta durante los próximos doce meses.
Desde la firma entienden que las soluciones a los retos económicos y fiscales de Europa son, ante todo, políticas. Los disturbios que se han producido en toda Francia las últimas semanas ponen de manifiesto cómo "la fragmentación política, el crecimiento moderado y las presiones fiscales pueden combinarse para alimentar el malestar social" y este aviso tiene repercusiones más allá del país vecino.