Los graves disturbios que sufre Francia están pasando factura a su economía. Grandes empresas del país, principalmente del sector de la distribución y el consumo, han visto descender sus ventas de forma abrupta, además de sufrir actos de pillaje y destrozos en sus establecimientos. Entre ellas, destaca Carrefour, el gigante de los supermercados, obligado a rebajar sus previsiones a causa de la crisis violenta que cruza el país.
Los profesores de la Comunidad de Madrid afrontan su sexta jornada de huelga indefinida.Las protestas del día se han materializado a través de manifestaciones en municipios de la región y una visita multitudinaria organizada al museo Reina Sofía. El seguimiento de los paros continúa reduciéndose por el desgaste acumulado. Los sindicatos lo cifran en un 50% y la Consejería de Educación en un 10,2%. Mientras continúan las reivindicaciones para exigir al Gobierno regional abrir una negociación en la que tratar la bajada de ratios, horas lectivas, así como el incremento salarial, los docentes ya preparan el calendario para la tercera semana de protestas.
Mientras discurría esta manifestación, en la capital sobre las 12.00 horas se ha convocado una reunión multitudinaria al Museo Reina Sofía. Cientos de docentes portando la camiseta verde han hecho cola para entrar a las salas del museo y hacer visibles allí sus reivindicaciones. "Nos propusieron que sería interesante llevar nuestras reivindicaciones a centros donde se promueve la cultura, como es el Reina Sofía", han relatado los asistentes.
Ante las peticiones reiteradas de abrir una mesa de negociación en la que se considere al comité de huelga como un interlocutor legítimo, la Comunidad de Madrid mantiene su postura de no sentarse con ellos. "Esta huelga es absolutamente política, hemos tendido la mano, hemos cumplido con los compromisos adquiridos. Aquí lo que ocurre es que estamos en campaña electoral y unos sindicatos han decidido sumarse", ha expresado el portavoz del Ejecutivo autonómico este miércoles.
Tras seis días de huelga, el desgaste de los paros entre el profesorado se refleja en los datos de seguimiento. Los sindicatos cifran este dato en un 50%, mientras que la Consejería de Educación lo sitúa en un 10,2% . Durante el arranque de los paros el 14 de octubre, los sindicatos contabilizaron que el 70% de los docentes secundaron la huelga, mientras que la Comunidad situó este porcentaje en un 44,6% de la plantilla de los centros públicos.El calendario previsto para esta semana contempla una nueva concentración este jueves frente a la Asamblea de Madrid, coincidiendo con el pleno semanal, y la tercera manifestación que empezará a las 18.00 horas en Atocha y finalizará en la calle Alcalá.
A pesar de esta reiterada negativa, los profesores advierten que continuarán con las protestas hasta que la Consejería de Educación empiece un diálogo. En esta línea, ya se pone la vista en la tercera semana de movilizaciones, en la que las protestas mantendrán la misma intensidad. Así, el lunes 26 de octubre habrá otra concentración en la calle Alcalá, el martes 27 se celebrarán asambleas informativas, el miércoles 28 se ha programado manifestación en Leganés (a las 10.00 horas) y en Villalba (a las 17.30 horas). Asimismo, el jueves 29 la marea verde volverá a las calles de la capital con una manifestación entre Atocha y la Consejería de Educación (a las 18.00 horas) y el viernes 30 habrá asamblea general en Plaza de España.
Desde el comité de huelga demandan reducir el número de alumnos por aula para establecer ratios de 13 estudiantes en Infantil, 15 en Primaria, 20 en Secundaria, 23 en Bachillerato y 15 en Formación Profesional. Además, se recoge la necesidad de establecer cupos específicos para los alumnos con necesidades especiales. Dentro de las demandas, también se plantea implantar las 17 horas lectivas en Secundaria (en la actualidad está en marcha un proceso para aminorar la carga hasta las 18 horas semanales) y las 22 horas en Primaria (reduciendo las 25 horas semanales vigentes).
Además, los profesores consideran un agravio comparativo el hecho de que en otras autonomías esta profesión esté mejor retribuida, a pesar de que Madrid tiene la mayor renta per cápita de España y uno de los costes de vida más elevados. En este contexto, consideran necesario incrementar en 600 euros mensuales el salario. A su vez, entre las prioridades, se expone la necesidad de alcanzar una mayor "equidad y recursos para los centros de especial complejidad". En este listado se contemplan otras medidas como eliminar el actual modelo bilingüe o elaborar un plan de climatización de los centros, entre otras.
Por su parte, CSIF sitúa entre las prioridades abordar en la mesa de negociación la reducción de las ratios y las horas lectivas, así como la mejora salarial. En esta línea, una de las principales reclamaciones es crear un complemento de capitalidad para mejorar la retribución de los docentes y compensar las condiciones económicas de la región. Desde la plataforma consideran que esta opción es más adecuada que la propuesta del Ejecutivo autonómico de incluir la carrera profesional. Asimismo, plantean eliminar la carga burocrática del profesorado, reducir a 23 horas lectivas en Infantil y Primaria, reconocer como horas lectivas las funciones de jefatura, tutorías y labores de coordinación, mejorar la atención a la diversidad con más recursos o crear un plan integral de infraestructuras y climatización. Por otro lado, el sindicato ha reclamado que se introduzcan los nuevos permisos y licencias acordados.
El consumo privado está dando señales de desaceleración. El aumento de la inflación, con la energía y la vivienda como principales losas, empieza a hacer mella en el gasto, con crecimientos más moderados a medida que el IPC aumenta. Así lo han advertido este miércoles desde AECOC, la asociación que agrupa a 35.000 empresas de la fabricación y la distribución en España.
El coste de la deuda francesa se dispara aún más este miércoles ante la preocupación de los inversores que ven al país sumido en una crisis fiscal, política y social de la que tiene difícil salir, al menos en el corto plazo. El mercado ha llegado a exigir un interés de más del 5% al Gobierno galo por su bono a 10 años, el más elevado desde 2002, el año en que entró en funcionamiento el euro. Sin embargo, cerca de la apertura de Wall Street ha aflojado ligeramente la tensión para situarse justo por debajo de esta barrera.
Este movimiento de su bono de referencia eleva a la vez la prima de riesgo, el sobrecoste que los inversores le exigen con respecto a Alemania por adquirir su papel, por encima de los 156 puntos básicos, una cota que no se veía desde la crisis financiera y de deuda de 2011. El rendimiento del bono germano a diez años se sitúa en el 3,4% al mismo tiempo que el francés tocaba el 4,963%.
La preocupación es evidente, dado que la segunda mayor economía del euro cerrará este año con un déficit en el entorno del 5,4%, una deuda pública próxima al 120% del PIB, incertidumbre política, disturbios en las calles y serias dificultades para aprobar unos presupuestos creíbles.
Las perspectivas en Francia parecen bastante sombrías, en opinión de Benoit Anne, responsable de la gestora MFS Investment Management. Desde la firma apuntan a un contexto político complicado, escaso margen de maniobra fiscal y una escasa voluntad de llevar a cabo reformas que se deberían haber realizado hace mucho tiempo.
El experto considera, sin embargo, que los riesgos sistémicos han disminuido, gracias, en particular, a unos fundamentos macroeconómicos más sólidos en la zona euro y a un sistema bancario europeo más resiliente. "El BCE dispone de herramientas y podría intervenir mediante declaraciones, compras selectivas de deuda soberana o ralentizando la reducción de su cartera de bonos", sostienen desde la gestora del grupo Lazard en Francia.
En la firma inciden en que las medidas más contundentes son también las más delicadas desde el punto de vista político e implicarían, en la práctica, recurrir al Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE). No obstante, "la ausencia de un contagio visible en los bancos o en los mercados de valores ofrece al BCE la posibilidad de esperar antes de actuar", señalan. Los mercados han revisado recientemente a la baja sus expectativas de endurecimiento monetario, pero la persistencia de los riesgos inflacionistas limita la posibilidad de un ajuste adicional.
La subida del precio de la energía y las recientes protestas de los agricultores por el aumento de los costes de producción hacen temer un repunte de la inflación de los alimentos. La situación recuerda a la sufrida entre el 2022 y el 2023 a raíz de la invasión de Ucrania, cuando la cesta de la compra se disparó a doble dígito durante meses. De momento, las empresas del ramo están conteniendo los incrementos de precio, pero este freno no puede durar para siempre, advierte el presidente de Aecoc, Ignacio González. La asociación de fabricantes y distribuidores de gran consumo, que representa a más 35.000 empresas, celebra desde hoy su 41º Congreso en Sevilla con este reto por delante.
Francia se ha convertido en el principal foco de tensión, pero no es el único. El shock energético provocado por la guerra en Irán y la subida de los tipos de interés con la que el Banco Central Europeo (BCE) pretende evitar una crisis de precios han hecho saltar las alarmas en la Eurozona. Las piezas del puzle son difíciles de encajar porque los gobiernos deben hacer frente a unos costes de financiación mucho más altos -tanto para emitir nuevos bonos como para refinanciarlos- con un crecimiento débil en la mayoría de los casos y un nivel de deuda muy elevado.
Más aún cuando se ven obligados a elevar el gasto público para hacer frente a las consecuencias de la crisis, de los fenómenos meteorológicos extremos, a los compromisos en materia de Defensa o a desembolsos estructurales como el gasto en pensiones. De ahí que hayan reaparecido fantasmas del pasado como el de la crisis de deuda pública que azotó a la zona euro (y se cebó con los países del Sur) entre 2011 y 2012.
La situación es especialmente delicada en Francia. La segunda mayor economía del euro cerrará este año con un déficit en el entorno del 5,4%, una deuda pública próxima al 120% del PIB, incertidumbre política, disturbios en las calles y seria dificultades para aprobar unos presupuestos creíbles. Este martes la prima de riesgo gala, el sobrecoste que los mercados le exigen por emitir deuda con respecto a lo que paga Alemania, superó los 150 puntos básicos por primera vez desde 2011 y la rentabilidad de su bono a 10 años rozó el 5%. Los mercados desconfían de que en estos momentos el país siga siendo uno de los emisores más seguros de Europa.
"Desde el punto de vista fiscal, la situación de algunos países es incluso más delicada que durante la anterior crisis". Francia es un claro ejemplo "pese a no encontrarse en una recesión profunda", sostiene a La Información Económica Salvador Jiménez, socio de Afi, Analistas Financieros Internacionales. A esto se suma, según el experto, el coste de financiación más elevado y que el margen para que el Ejecutivo incremente los ingresos públicos es muy reducido.
Sin embargo, Jiménez cree que desde el punto de vista financiero Europa está mejor preparada que entonces. "La arquitectura institucional del euro se ha reforzado, el BCE dispone de nuevos instrumentos y el sistema bancario presenta una posición de capital y liquidez más sólida", explica. Por todo ello, considera que si bien algunos desequilibrios fiscales son mayores, también lo es la capacidad institucional para evitar que una crisis nacional se convierta en sistémica.
Judith Arnal, investigadora principal del Real Instituto Elcano, recuerda que los bancos están saneados, hay supervisión única y un mecanismo único de resolución, existe el MEDE y el BCE tiene instrumentos con los que no contaba en la crisis financiera. Arnal reconoce, eso sí, que la deuda pública sobre PIB es hoy más alta que entonces en muchos países, en particular en Francia, Italia y España. Otra gran diferencia está en que en 2010 sobraba ahorro en el mundo. "Hoy los bancos centrales ya no compran deuda y los Estados compiten por el capital con las grandes tecnológicas, que tienen mejor rating que muchos soberanos", añade.
El riesgo de una reacción en cadena con la deuda
En Afi descartan que Europa esté a las puertas de una crisis de deuda comparable a la de hace quince años, aunque sí aprecian señales preocupantes de fragmentación financiera. Pese a que las tensiones en Francia han comenzado a transmitirse a otros países, especialmente a Italia, y pese a la intensidad de los movimientos recientes, "los niveles agregados de fragmentación siguen lejos de los máximos históricos", asegura Salvador Jiménez. Además, los mercados de financiación permanecen abiertos y no se observa un deterioro generalizado del sistema bancario.
"El riesgo es que las dificultades fiscales francesas terminen provocando una pérdida de confianza más amplia en la deuda soberana europea", matiza. También Arnal descarta que la región esté en ese punto. En la crisis de deuda, Grecia, Irlanda, Portugal y Chipre perdieron el acceso al mercado y tuvieron que financiarse íntegramente con programas europeos y del FMI y España necesitó asistencia europea para recapitalizar parte de su sistema financiero. "Hoy ningún país ha perdido el acceso al mercado. Francia paga más por su deuda, pero la sigue colocando. El problema es que la tendencia es mala y que Francia es demasiado grande para un rescate como aquellos", detalla la investigadora de Elcano.
En la misma línea, Alvise Lennkh-Yunus, responsable de calificaciones soberanas de la agencia de calificación europea Scope Ratings, asegura que el principal riesgo crediticio de Europa es la cohesión política, no la capacidad económica. "La región necesita una mayor unidad y medidas políticas más decisivas para hacer frente a sus retos", apunta. Desde su punto de vista Francia es el país a tener en cuenta durante los próximos doce meses.
Desde la firma entienden que las soluciones a los retos económicos y fiscales de Europa son, ante todo, políticas. Los disturbios que se han producido en toda Francia las últimas semanas ponen de manifiesto cómo "la fragmentación política, el crecimiento moderado y las presiones fiscales pueden combinarse para alimentar el malestar social" y este aviso tiene repercusiones más allá del país vecino.