Quién fue Catalina de Lancaster, la primera Princesa de Asturias
Se está celebrando durante la tarde de este viernes en Oviedo la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias. Como es tradición, algunos de los premiados están recibiendo sus galardones acompañados de emotivos y sugerentes discursos, dirigidos tanto a la audiencia como a la Princesa Leonor de Borbón. Ha sido el caso, especialmente, de Timothy Garton Ash, historiador reconocido con el Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, y que ha pronunciado unas excelentes palabras sobre "Europa y la libertad" y dirigidas "directamente a la Princesa de Asturias".
A lo largo de su discurso, ha mencionado un nombre de la historia fundamental para comprender el origen de la vinculación entre la corona y Asturias. Explicaba Garton Ash a la Princesa que "nacer en Europa en 2005, como nació usted, significaba llegar al mundo en un momento de expansión sin precedentes de la libertad, la paz y la integración europea". Ante esto, matizaba que se refiere a una Europa "que, por cierto, incluye, como es evidente, a Gran Bretaña; al fin y al cabo, la primera princesa de Asturias fue Catalina de Lancaster". De esta manera, el británico rescata del olvido a una figura que fue clave en la historia de Castilla y de España.
¿Quién fue Catalina de Lancaster?
Nacida en Hertford (Inglaterra) en 1373 y fallecida en Valladolid en 1418, Catalina de Lancaster fue hija de Juan de Gante y de Constanza de Castilla, su segunda esposa. En 1388 se casó con el futuro rey Enrique III de Castilla, matrimonio que unió a dos ramas dinásticas enfrentadas y que puso fin a décadas de conflictos sucesorios. Gracias a este enlace, como acuerdo de paz y forma de asegurar la concordia dinástica, y en virtud del Tratado de Bayona, se instituyó el título de Príncipe de Asturias, inspirado en la tradición inglesa del Príncipe de Gales, designado así a los herederos de la Corona castellana.
Enrique III y Catalina de Lancaster tuvieron juntos tres hijos: María de Castilla, futura reina consorte de Aragón, así como Catalina de Castilla y Juan de Castilla. Al morir su marido, Catalina ejerció la regencia del reino durante la minoría de su hijo, Juan II. Si bien durante el reinado de Enrique III fue una monarca de gran poder, durante la regencia participó activamente en asuntos de política exterior, asegurando acuerdos comerciales con los reinos de Inglaterra y Portugal.
Tras su fallecimiento, Catalina de Lancaster recibió sepultura en la Capilla de los Reyes Nuevos de la Catedral de Toledo, donde reposa hasta la fecha.


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