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¿Motosierra o seguridad? Las pensiones también se votan el 29-N

¿Motosierra o seguridad? Las pensiones también se votan el 29-N

Debería hacer saltar las alarmas las llamadas a privatizar y capitalizar las pensiones (invertir las cotizaciones en cuentas privadas). Por supuesto, no debería haber ningún problema en añadir sistemas de ahorro complementarios, sobre todo colectivos y de mutualización del riesgo. Pero eso no permite escapar de la demografía ni de los problemas financieros

Se vienen elecciones y la vivienda es un tema clave en el que los partidos deberán posicionarse. Ante la falta de propuestas de justicia social y redistribución, algunos buscan dos chivos expiatorios: los migrantes y la gente mayor.

A por los migrantes, poniendo el foco en los extranjeros racializados y más pobres del sur global, que trabajan en sectores precarios como los cuidados, el campo o la construcción, y obviando a los del norte global con alto poder adquisitivo. A por la gente mayor, porque supuestamente las clases trabajadoras que viven de una pensión pública abusan del erario y limitan el gasto público. Así, las pensiones han entrado en el debate para recortarlas, no para ensanchar derechos. Sin embargo, la migración y las pensiones públicas son dos pilares que revitalizan la economía productiva y reproductiva, generan protección social y cubren la demanda de bienes y servicios esenciales de las clases populares.

A esta mala prensa contribuye también, de forma inconsciente, mucha gente no necesariamente de derechas. Es desesperante oír entre colegas y amigos tanto pesimismo sobre la posibilidad de recibir una pensión digna. Este sentimiento es una victoria de muchos actores, incluidos organismos internacionales de prestigio, que desde los años ochenta no se cansan de repetir que los sistemas públicos como el nuestro no son sostenibles. Aquí quiero mostrar que lo son más de lo que nos quieren hacer pensar, que los privados también dependen de los recursos materiales disponibles y cómo seguir mejorando sin privatizar.

De entrada, los datos recientes de INTegraSS, la herramienta de proyección de la Seguridad Social, desmienten categóricamente ese pesimismo. Según sus estimaciones, basadas en microdatos administrativos reales, nuestro sistema público será capaz de garantizar en 2070 una pensión media de 1.826 euros al mes para los hombres y de 1.641 euros para las mujeres, a precios de 2024. La brecha de género persiste, pero pasaría de un 31,1% en 2024 a un 10,1%.

La demografía no es una ciencia exacta, pero con unos flujos migratorios más ajustados a los observados se estima que el gasto en pensiones llegue al 15,3% del PIB en 2050 y al 14,2% en 2070, lejos del 17,3% y el 16,7% de la Comisión Europea y por debajo del 16,1% y el 14,7% de la AIReF. Italia y Francia ya rondan hoy el 15% y se mantienen en pie, incluso tras comprometerse a destinar un 5% del PIB a defensa y seguridad en 2035.

Además, nuestro sistema tiene importantes mecanismos de redistribución intra e intergeneracional, aunque aún puede mejorar mucho. Impone un suelo (pensiones mínimas) y un techo (pensiones máximas) que redistribuyen según la necesidad y evitan trasladar a las prestaciones las desigualdades del mercado laboral. Para 2070, el peso de las pensiones de jubilación en máximos pasaría del 7% al 11,3%, y el de las mínimas, del 18,7% al 10,6%, lo que supone limitar desigualdades por arriba y tener menos pensionistas dependientes de complementos mínimos.

Alarmas por privatizar

Aplacado el alarmismo, lo que sí debería hacer saltar las alarmas son las llamadas a privatizar y capitalizar las pensiones (invertir las cotizaciones en cuentas privadas). Por supuesto, no debería haber ningún problema en añadir sistemas de ahorro complementarios, sobre todo colectivos y de mutualización del riesgo. Pero eso no permite escapar de la demografía ni de los problemas financieros.

Los sistemas de reparto como el español dependen de la productividad (inversión), de que haya trabajadores cotizando (pleno empleo) y, en última instancia, de un gobierno capaz de pagar sus obligaciones en una moneda que mantenga el poder adquisitivo (soberanía monetaria). La trampa de los sistemas de capitalización es que también necesitan gente joven dispuesta a comprar los activos financieros que la gente mayor vende al jubilarse. Si la oferta de activos supera la demanda (más jubilados que jóvenes con capacidad para comprarlos), su precio cae y la pensión se reduce. A falta de leyes sobre qué activos deben adquirir (por ejemplo, bonos públicos para financiar vivienda pública), los sistemas privados internacionalizan esta relación y buscan compradores y vendedores en el extranjero.

Esta internacionalización conlleva riesgos financieros sistémicos, un Estado con menos capacidad de respaldar las inversiones con su moneda, desinversión en bienes públicos y más desigualdad en la propiedad de activos si no se colectivizan. Además, en busca de grandes retornos, el ahorro europeo acaba, con el beneplácito de las autoridades, en las grandes empresas estadounidenses, con muy poca capacidad de hacer estas inversiones social y ecológicamente sostenibles.

Sí, los países nórdicos tienen sistemas de capitalización, pero son obligatorios, colectivos y muchas veces controlados por los sindicatos, y se asientan sobre sistemas públicos y universales que mantienen niveles de pobreza y desigualdad de renta mucho más bajos que los españoles (que no de riqueza, debido justamente a la falta de mecanismos de redistribución de la propiedad).

Ahora bien, que el gasto sea asumible y que los gobiernos de coalición hayan puesto los cimientos para mejorar las condiciones de las mujeres y de quienes menos ingresan no significa que el sistema no pueda mejorar, ni que en estas elecciones no debamos exigir más a los partidos que sí defienden un sistema público.

Por ejemplo, hay que seguir aumentando las prestaciones mínimas desvinculadas de las contribuciones para que todo el mundo tenga sus necesidades cubiertas cuando no pueda trabajar, lo que refuerza la emancipación de la clase trabajadora. El Ingreso Mínimo Vital (IMV) tiene aún mucho margen de mejora: un 55% de los hogares que podrían recibirlo no lo ha solicitado. Además, la brecha de género se reduce muy lentamente y los niveles de pobreza de las mujeres mayores son demasiado elevados (un 18,5% en riesgo de pobreza a partir de los 65 años, frente al 13,7% de los hombres, según el INE), sobre todo porque son ellas las más forzadas a cuidar y dejar de cotizar.

Reconocer en la jubilación el cuidado no remunerado debería ser una prioridad. Hay que mejorar el complemento para la reducción de la brecha de género (solo 37 euros al mes por hijo, que cobran 1,37 millones de pensionistas), ampliar el cómputo de las excedencias por cuidado de hijos y familiares y desfamiliarizar estos mecanismos ante el debilitamiento de los lazos familiares y el aumento de los hogares unipersonales y monoparentales. La reforma de la Ley de Dependencia aprobada en septiembre da un paso al reconocer como cuidadoras a personas del mismo entorno relacional, pero el resto de mecanismos sigue ligado a la maternidad y al parentesco.

Por último, hace falta alejar el ahorro privado de los pensionistas de los nuevos tecnofeudalistas de Silicon Valley y canalizarlo hacia productos financieros públicos y sociales que generen vivienda pública y social. La nueva Cuenta de Ahorro e Inversión Financia Europa, impulsada por Bruselas e incluida en el decreto de vivienda, va en parte en esa dirección al orientar el ahorro hacia empresas europeas, pero debería excluir ventajas fiscales regresivas (o, al menos, tributar cómo los ingresos del trabajo al rescatar la inversión) y prever destinos específicos para la vivienda pública y social.

El 29-N, las clases trabajadoras, incluida la clase media, harían bien en tener en cuenta no solo quién propone garantizar la vivienda, sino también la evidencia sobre la sostenibilidad y la justicia social de las pensiones públicas, y la necesidad de seguir mejorándolas y de destinar el ahorro a fines sociales y no especulativos.

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Mezclar bicarbonato de sodio con orégano: ¿para qué sirve y en qué casos se recomienda utilizarlo?

En casa se acumulan olores que no siempre desaparecen con una limpieza rápida. Armarios cerrados, zapateros, cubos de basura o determinados rincones del baño pueden concentrar aromas desagradables, especialmente cuando existe poca ventilación. Ante estas situaciones, los remedios caseros suelen ganar protagonismo porque requieren ingredientes habituales y apenas ocupan espacio.

Entre ellos aparece una combinación llamativa: bicarbonato de sodio y orégano seco. Cada ingrediente cumple una función diferente y, aunque la mezcla puede resultar útil en determinadas circunstancias, conviene conocer qué puede hacer realmente y qué afirmaciones no cuentan con suficiente respaldo.

Qué aporta el bicarbonato a la mezcla

El bicarbonato de sodio es una sustancia ligeramente alcalina que puede intervenir en la neutralización de algunos compuestos responsables de los malos olores. No funciona como un ambientador que simplemente sustituye un olor por otro.

La química tiene una explicación sencilla: determinados olores proceden de compuestos ácidos volátiles y el bicarbonato puede reaccionar con algunos de ellos, transformándolos en sustancias menos volátiles. La Universidad McGill utiliza precisamente este mecanismo para explicar por qué puede resultar eficaz frente a ciertos olores de origen alimentario.

El Departamento de Agricultura de Estados Unidos también contempla el bicarbonato como una opción para ayudar a eliminar olores en frigoríficos y congeladores, aunque siempre dentro de una limpieza adecuada del aparato. Esto implica una precisión importante: no todos los malos olores responden de la misma manera al bicarbonato. Su eficacia depende de las sustancias que los producen.

El orégano aporta sobre todo aroma

La segunda parte de la mezcla tiene una función mucho más sencilla: proporcionar un olor característico. El orégano seco libera compuestos aromáticos que pueden contribuir a que un espacio pequeño huela de una manera más agradable.

La idea de que el orégano puede ayudar además a mantener alejados determinados insectos tiene algo de respaldo científico, pero debe matizarse. Las investigaciones disponibles se han centrado principalmente en aceites esenciales o extractos de orégano, no simplemente en colocar hojas secas en un armario.

Por ejemplo, diferentes estudios han observado efectos repelentes del aceite esencial de orégano frente a chinches, algunos insectos de productos almacenados y otras especies concretas. Un trabajo publicado en 2026 también encontró actividad repelente del aceite esencial frente a la mosca oriental de la fruta. Por tanto, no sería correcto presentar un recipiente de bicarbonato y orégano como un insecticida doméstico probado contra hormigas o polillas.

Cómo preparar el remedio en casa

Para utilizarlo como ambientador casero, puede colocarse bicarbonato en un pequeño recipiente abierto y añadir una cantidad moderada de orégano seco. No es necesario humedecer el orégano: mantener la mezcla seca facilita su conservación y evita introducir humedad en espacios cerrados. Puede situarse en un zapatero, un armario o una zona pequeña donde se concentren olores, siempre fuera del alcance de niños y mascotas y evitando que el polvo entre en contacto con alimentos.

Conviene sustituir la mezcla cuando se haya apelmazado o haya perdido su utilidad. Y, sobre todo, no debe utilizarse para ocultar el origen de un olor persistente: si existe humedad, moho, basura acumulada o alimentos deteriorados, la solución pasa por eliminar la causa, no por perfumarla.

Hay otra precaución especialmente importante. Esta combinación está pensada para uso ambiental y doméstico, no para preparar bebidas, jarabes o remedios caseros.

Ingerir cantidades elevadas de bicarbonato puede resultar peligroso. Poison Control advierte de que una sobredosis de bicarbonato de sodio puede provocar una elevada carga de sodio, alteraciones del equilibrio ácido-base y otros problemas graves.

Así que la utilidad de esta mezcla debe entenderse en su justa medida: puede servir como pequeño recurso para combatir determinados olores en espacios reducidos, mientras el orégano aporta fragancia. No sustituye una limpieza adecuada ni constituye un tratamiento contra plagas.

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El edificio «blindado» donde se guardan los tesoros más valiosos de Madrid

Sin llamar la atención, cerca del eje financiero de Plaza Castilla, desde hace menos de un año se encuentra uno de los edificios más seguros de la capital. Este alberga millones de euros en patrimonio, entre joyas, obras de arte, vinos y artículos de coleccionista. Desde diciembre, este recinto en la calle Pedro Villar lleva atrayendo clientes que buscan entre sus puertas el máximo nivel de seguridad y, sobre todo, no guardar en sus casas artículos que puedan convertirlos en objetivo de robos o estafas. Así bajo, un contrato, cláusulas y un valor asegurado, Centro de Valores custodia los tesoros de los madrileños que buscaban un espacio donde guardarlos y poder acceder a ellos cuando quieran, durante las 24 horas del día. Por este motivo, el suizo Brian Lavio, presidente de Centro y con experiencia en seguridad en algunas de las relojeras más cotizadas del mundo, asegura que la ubicación del edificio era difícil de mejorar, ya que se encuentra bien comunicada con respecto a todas las zonas donde residen sus potenciales clientes. El edificio cuenta además con un acceso directo en coche, por lo que el cliente no tendría que estar en ningún momento con la mercancía de valor por la calle. «Nuestra prioridad principal es meter en protección a nuestros clientes desde que llegan a estas instalaciones», asegura Brian mientras apunta que se trata de un «concepto pionero en Europa».

«Hace tiempo que encontramos la necesidad de crear un edificio que pudiese dar la suficiente seguridad a los clientes para traernos nosotros el riesgo y liberarles de esa responsabilidad en su día a día. Para ello, hemos creado espacios acondicionados para los bienes que quieren proteger», explica. El centro surge a finales del pasado año, en un contexto en el que las soluciones tradicionales de custodia han reducido su disponibilidad y en el que coleccionistas y particulares demandan infraestructuras especializadas con acceso permanente y estándares reforzados de seguridad y conservación. «Los pocos bancos que siguen ofreciendo estos servicios parten de tarifas más elevadas y los seguros de hogar también están muy por encima de nuestros precios», garantiza Brian. En definitiva, resume que la misión de este depósito de patrimonio tangible reside en «reducir lo máximo posible los parámetros que puedan comprometer la seguridad». Por ello, no hay llaves para acceder al edificio, sino que «la llave es el cliente en sí».

El operativo de seguridad es de película. Un triple sistema biométrico combina reconocimiento dactilar, de pulso cardíaco y facial. Todo ello después de atravesar dos puertas de seguridad y haber facilitado la documentación al personal que custodia el edificio. Brian insiste en que es imprescindible combinar los tres niveles de seguridad, el humano, el físico y el digital. Esto significa integrar en un mismo sistema la vigilancia de los guardias, apoyados en toda la red de cámaras y sensores, así como llaves físicas y digitales, para que ni siquiera el sistema más complejo de «hackeo» sea suficiente para acceder. Incluso, cuentan con un protocolo anticoacción por el que para acceder a determinadas salas sea imprescindible la intervención de dos personas de distintas empresas. Por si fuera poco, todas las salas cuentan con sistemas antiincendios de última generación e incluso sensores de vibración, lo que hace imposible incluso acceder por algún tipo de túnel. De hecho, se acercioraron de que debajo del edificio no pasase el Metro –ni ningún túnel– y contase con cierta pendiente para no ser susceptible a posibles inundaciones. Todo ello permite alcanzar a Centro de Valores certificación de «nivel 8 EX», siendo el 7 el habitual en el sector. En este edificio está todo calculado y previsto hasta el último detalle. Sin embargo, existen limitaciones explícitas con diferentes bienes, pues no se contempla el almacenamiento de sustancias químicas, así como productos perecederos o armamento.

Otro de los objetivos de Centro de Valores es crear un espacio para comunidades de coleccionistas. En la sala dedicada al vino, los miembros pueden intercambiar o pujar por ciertas botellas. También el Centro ofrece salas de máxima seguridad para que los clientes puedan cerrar allí transacciones o adquisiciones bajo las máximas garantías. El complejo, conformado por dos edificios y más de 1.000 metros cuadrados, tiene una capacidad para albergar más de 10.000 cajas de seguridad, más de 100.000 botellas de vino y hasta 1.200 obras de arte, integrando en un mismo entorno soluciones específicas para cada tipo de objeto y contando siempre con espacio libre para alguna necesidad inesperada. De hecho, también han colaborado con museos para la gestión del inventario de ciertas exposiciones. Entre sus espacios destaca la cámara acorazada de unos 400 metros cuadrados. Otras salas como las dedicadas al arte o al vino, cuentan con un preciso sistema de control de temperatura y humedad, que garantiza la adecuada conservación de los artículos incluso ante la amenaza de un posible «apagón».

Brian matiza que, a veces, guardan objetos cuyo valor económico no es realmente elevado: «La definición de valor al final es muy personal. Tú mismo das un valor a las cosas de tu día a día, que pueden tener un valor muy alto emocional y para otra persona ser irrisorio. Los casos más habituales suelen ser una foto o un regalo de una persona que ya no está, que monetariamente no vale el seguro de una caja, pero para una persona vale una vida».

En Centro de Valores trabajan bajo estándares internacionales que refuerzan la seguridad, la calidad, la trazabilidad y la responsabilidad ambiental de cada uno de los procesos. Cuenta con las máximas certificaciones, todas ellas auditadas por entidades independientes. Estos marcos certifican que los procedimientos están documentados, controlados y revisados de forma periódica, con el objetivo de proteger los bienes de sus clientes mediante procesos rigurosos, seguros y verificables. El alcance incluye la recepción, el almacenamiento en cámara acorazada, los controles de acceso, la monitorización ambiental, la entrega y la gestión segura de la información asociada a cada operación. Además, siguen aplicando medidas de mejora continua, formación interna, control de impactos ambientales y protección de la información, reforzando de esta forma su compromiso con «la seguridad patrimonial, la confidencialidad, la sostenibilidad y la excelencia operativa».

Cómo proteger el oro

Guardar oro físico de forma adecuada requiere tomar decisiones distintas a las que se plantean con otros bienes de valor. Un lingote, varias monedas de inversión o una colección de metales preciosos pueden concentrar un patrimonio considerable en un espacio muy reducido, lo que facilita su almacenamiento pero también hace especialmente importante elegir bien el lugar, la cobertura aseguradora y la documentación que se conserva junto a cada pieza.

Entre las opciones habituales para guardar oro se encuentran el domicilio, las cajas de seguridad bancarias y los centros privados de alta seguridad. No existe una solución idéntica para todos los propietarios, sino que la elección depende del valor y volumen de los metales, la frecuencia con la que se necesite acceder a ellos, el nivel de protección requerido, las condiciones del seguro y el grado de privacidad que se busque dentro del marco legal aplicable.

También conviene distinguir entre tipos de bienes. «No se gestiona necesariamente igual un lingote adquirido recientemente y acompañado de su factura que una colección de monedas heredada, piezas numismáticas con valor adicional o metales preciosos cuya documentación histórica está incompleta», aclaran desde Centro de Valores. En todos los casos, una custodia bien organizada debería permitir proteger físicamente los bienes y mantener suficientemente acreditadas su identificación, procedencia y valoración. En este edificio, los metales preciosos se encuentran entre los bienes compatibles con el servicio de cajas de seguridad privadas en Madrid. Las cajas cuentan actualmente con una cobertura inicial a partir de 25.000 euros, ampliable conforme a las condiciones aplicables, diferentes formatos, visitas ilimitadas y posibilidad de incorporar personas autorizadas sin recargo.

El verano, el principal riesgo

Durante las vacaciones de verano cada año sigue aumentando la preocupación relacionada con los robos en viviendas y la protección de objetos de valor durante ausencias prolongadas. Aunque la tecnología de seguridad doméstica ha evolucionado enormemente durante los últimos años, los robos en casas y viviendas siguen siendo una de las principales inquietudes, especialmente entre personas que conservan en casa joyas, relojes, documentación sensible, obras de arte, vino de colección o bienes patrimoniales de alto valor económico y emocional.

Cada vez más especialistas coinciden en una idea de que el problema no es únicamente el robo, sino seguir concentrando patrimonio sensible dentro de la vivienda habitual. Según distintos informes de seguridad, estos periodos continúan siendo uno de los momentos de mayor vulnerabilidad para viviendas vacías con objetos de valor. Para ellos, el principal objetivo ya no es únicamente evitar una intrusión, sino reducir el nivel de exposición, mejorar la conservación y limitar riesgos asociados a pérdidas, deterioro o accesos no autorizados. Las viviendas unifamiliares, chalets y propiedades con menor ocupación durante vacaciones suelen concentrar parte de esta preocupación, especialmente cuando existen bienes patrimoniales de valor dentro del domicilio.

Por todos estos motivos, Brian y su equipo llevan más de dos años volcados en lanzar este proyecto, recurriendo a empresas con experiencia para garantizarse los máximos certificados de seguridad. También, su experiencia en el sector de los relojes le ha permitido conocer bien el perfil de cliente que requiere este servicio, conociendo sus principales preocupaciones, intereses así como la forma de tratar con él.

© PHOTOGRAPHERS

Visita al centro de valores. Edificio con más cajas fuertes de España. David Jar

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Qué le pasa a nuestro cerebro si dormimos seis horas: un nuevo estudio realizado con ratones podría revelarlo

Dormir parece una actividad pasiva, pero mientras permanecemos con los ojos cerrados el cerebro continúa trabajando. Durante la noche se producen procesos relacionados con la memoria, el aprendizaje y la regulación de numerosos sistemas del organismo. Por eso, cuando el descanso se reduce de forma habitual, las consecuencias no se limitan necesariamente al cansancio de la mañana siguiente.

Un trabajo publicado en Current Biology aporta ahora una nueva pieza al complejo rompecabezas de cómo afecta la falta de sueño al cerebro. Los investigadores no se limitaron a observar si los animales perdían conexiones entre neuronas: analizaron qué tipos de conexiones tenían y cómo cambiaba su diversidad después de permanecer despiertos más tiempo de lo habitual.

El cerebro no pierde simplemente conexiones: cambia su diversidad

El estudio, dirigido por investigadores vinculados a la Universidad de Edimburgo, examinó el denominado sinaptoma, es decir, el conjunto y la distribución de las sinapsis del cerebro. Las sinapsis son los puntos de comunicación entre las neuronas y presentan una diversidad molecular mucho mayor de la que puede sugerir la simple idea de «conexión neuronal».

Para estudiarlas, los científicos cartografiaron sinapsis excitadoras en 125 regiones cerebrales de ratones. El resultado más llamativo apareció después de la privación de sueño: la densidad total de las sinapsis analizadas no descendió de manera significativa, pero sí se produjo una modificación selectiva de su composición. La diversidad de determinados tipos y subtipos disminuyó especialmente en la corteza cerebral y en la región CA1 del hipocampo.

Es una diferencia importante. El hallazgo no equivale a decir que el cerebro se quede repentinamente «sin conexiones». Lo que observaron los investigadores fue una reorganización de su arquitectura microscópica, como si se conservara buena parte de la red pero se redujera la variedad de elementos que la componen.

Seis horas de privación bastaron para detectar cambios

El experimento se centró en la privación aguda de sueño. Los ratones fueron mantenidos despiertos durante un periodo adicional y posteriormente se compararon sus cerebros con los de animales que habían seguido su ciclo normal de sueño y vigilia.

La investigación descubrió que las alteraciones afectaban a determinados grupos de sinapsis y que aquellas cuyos componentes proteicos tenían una vida más prolongada mostraban mayor resistencia. Además, los cambios en la arquitectura sináptica modificaban la respuesta de las redes neuronales ante determinados patrones de actividad. Para los autores, esto apunta a una posible función del sueño: mantener la diversidad y organización de las conexiones que permiten al cerebro procesar información.

La importancia de las zonas afectadas tampoco es casual. El hipocampo, y en particular CA1, desempeña un papel esencial en determinados procesos de aprendizaje y memoria. La investigación en humanos ya había mostrado que la falta de sueño puede perjudicar la capacidad de formar nuevos recuerdos y alterar la actividad del hipocampo.

¿Cómo afecta a los humanos dormir seis horas? Aquí es donde conviene poner freno a cualquier conclusión demasiado contundente. El estudio no demuestra que una persona que duerma seis horas vaya a experimentar exactamente esos cambios cerebrales. Se trata de un experimento realizado en ratones y sobre privación aguda de sueño, no de un seguimiento de personas que duermen seis horas cada noche durante años.

Eso no significa que seis horas sean necesariamente suficientes. La Academia Americana de Medicina del Sueño recomienda que los adultos duerman siete horas o más de forma habitual para favorecer la salud y el estado de alerta. Además, la evidencia acumulada en humanos relaciona la falta de sueño con problemas de atención, memoria y aprendizaje. Una revisión de estudios encontró que la privación de sueño puede perjudicar la memoria tanto cuando se produce antes de aprender como después, aunque los autores también señalan limitaciones metodológicas en parte de la literatura disponible.

Por tanto, el interés de este experimento no está en establecer una frontera exacta entre «seis» y «siete» horas, sino en mostrar qué podría estar ocurriendo a escala microscópica cuando el cerebro no dispone del descanso que necesita. Las conexiones neuronales no son estructuras estáticas: cambian, se reorganizan y responden a las condiciones en las que funciona el cerebro.

Y esa puede ser la verdadera importancia del hallazgo. Dormir no consiste simplemente en apagar el organismo durante unas horas. Mientras descansamos, el cerebro parece estar preservando y reorganizando parte de la compleja arquitectura que permite aprender, recordar y adaptarnos al día siguiente.

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El Gobierno desatasca el nuevo ‘escudo antiapagones’ con ayudas de hasta 9.000 millones a las eléctricas

El Gobierno desatasca el nuevo escudo ‘antiapagones’ tras meses de retraso. La vicepresidenta y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, ha confirmado la publicación en el BOE este jueves de la orden ministerial que regulará el nuevo mecanismo con el que reforzar la seguridad de suministro eléctrico y reducir el riesgo de otro gran apagón.

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El Gobierno se abre a negociar con los centros de datos un decreto “equilibrado” pero sin dejar que suba la luz “para beneficio de cuatro”

El Gobierno prepara un real decreto para establecer nuevas y más estrictas exigencias verdes y de seguridad digital a los futuros centros de datos. Un borrador que ha puesto en pie de guerra a tecnológicas, eléctricas, constructoras, inmobiliarias y algunas administraciones públicas, que intentan revertir los nuevos requisitos que el Ejecutivo quiere exigir a las instalaciones digitales y que, según advierten, supondrá un frenazo en la expansión de los ‘data centers’ y una huida masiva de inversiones en el país.

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