❌

Reading view

Un estudio de la Universidad La Trobe concluye que el Homo erectus vivió en el sur de África hace 2 millones de años, no 1,8 millones

La historia de la evolución humana acaba de dar un nuevo giro gracias al análisis de fósiles encontrados en Sudáfrica. Un equipo de investigadores ha aportado nuevas pruebas que sitúan la aparición del Homo erectus, una de las especies más importantes de nuestro árbol evolutivo, hace aproximadamente dos millones de años. El descubrimiento, publicado en The Annals of Human Biology, retrasa unos 200.000 años la fecha que hasta ahora se consideraba para el origen de esta especie y ofrece nuevas pistas sobre la diversidad de nuestros antepasados.

Homo erectus, que significa humano erguido, ocupa un lugar destacado en la evolución de los homininos. Sus características físicas reflejan una adaptación progresiva a la vida en el suelo, con piernas más largas y brazos relativamente más cortos que los de sus antepasados. Estos cambios anatómicos favorecieron una locomoción bípeda más eficiente y estuvieron acompañados, a lo largo de su evolución, por transformaciones en el tamaño del cerebro y la dentadura. Comprender cuándo apareció esta especie resulta muy importante para reconstruir los primeros capítulos de nuestra historia evolutiva.

Drimolen, una ventana al pasado de la evolución humana

La nueva evidencia procede de la cantera principal de Drimolen, un yacimiento situado cerca de Johannesburgo, en Sudáfrica, dentro de la región conocida como la Cuna de la Humanidad por su extraordinaria riqueza de fósiles relacionados con nuestros orígenes. Allí, los investigadores estudiaron 18 restos fósiles mediante el análisis de sus características anatómicas y diversas técnicas geológicas, entre ellas métodos de datación basados en la radioactividad.

Entre lo descubierto destaca el fósil DNH 127, correspondiente a un individuo adulto atribuido al Homo erectus. Su importancia reside en que refuerza la hipótesis de que esta especie ya existía en el sur de África hace unos dos millones de años. Aunque anteriormente se había encontrado otro fragmento craneal, identificado como DNH 134 y datado en una época similar, este pertenecía a un niño pequeño. La nueva pieza, de un adulto, permite realizar comparaciones anatómicas más fiables y aporta nueva información para identificar la especie.

No obstante, el Homo erectus no fue el único protagonista de este escenario prehistórico. El estudio también relacionó otros 14 fósiles con Paranthropus robustus, un hominino más alejado de los seres humanos actuales desde el punto de vista evolutivo. A diferencia del primero, que desarrolló cerebros más grandes y dientes más pequeños, el segundo presentaba mandíbulas robustas, dientes de gran tamaño y potentes músculos para masticar, adaptaciones asociadas al procesamiento de alimentos duros y resistentes.

Dos especies frente a caminos evolutivos diferentes

Ambas especies compartieron el mismo paisaje, aunque siguieron caminos evolutivos diferentes. Según el arqueólogo Jesse Martin, de la Universidad La Trobe, los fósiles encontrados en Drimolen indican que, hace dos millones de años, el Paranthropus robustus superaba en número al Homo erectus: sus restos superan a los de esta última especie en una proporción de más de diez a uno. Este dato resulta muy llamativo si se tiene en cuenta que la línea evolutiva del Homo erectus fue la que finalmente prosperó y desempeñó un papel importante en la historia que condujo hasta los seres humanos modernos.

Los restos de Paranthropus robustus también revelan una variabilidad anatómica considerable, especialmente en la estructura de las mandíbulas. Estas diferencias respaldan la idea de que la especie experimentó cambios evolutivos a lo largo del tiempo y permiten estudiar con mayor detalle los procesos de microevolución que afectaron a los primeros homininos. 

Pese a la relevancia del descubrimiento, los investigadores advierten que algunos fósiles están fragmentados y que serán necesarios nuevos análisis para confirmar plenamente la identificación y antigüedad de ambas especies. Afortunadamente, Drimolen conserva numerosos restos y todavía podría proporcionar descubrimientos capaces de responder preguntas pendientes, como las razones por las que desapareció el Paranthropus robustus.

Este estudio recuerda que la evolución humana no fue una sucesión ordenada de especies que se reemplazaban unas a otras, sino una historia compleja en la que distintos homininos coexistieron y desarrollaron adaptaciones muy diferentes. Hace dos millones de años, nuestros antepasados no parecían tener asegurado un futuro. Sin embargo, el registro fósil demuestra que la evolución siguió caminos inesperados y que cada nuevo hallazgo puede obligarnos a reconsiderar lo que creíamos saber sobre nuestros orígenes.

© Difoosion

El Homo erectus es el primer homínido en cambiar completamente erguido
  •  
❌