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Moncloa sincroniza todos sus "satélites" para que "no haya paz en las calles" y colocar a Vox en el centro de la campaña

Moncloa necesita la tensión en la calle, "no habrá paz", para situar a Santiago Abascal en el centro de la campaña. «Es la única manera de que Sánchez pueda ganar a Feijóo», sostienen fuentes socialistas. Delegados del Gobierno, los "cachorros" del partido, sindicatos, asociaciones civiles próximas y hasta las redes digitales están puestas al servicio de la causa, en una coordinación implícita y, en algunos casos, completamente ordenada. Todo forma parte de una estrategia bien planificada. Esta ofensiva preocupa en distintas organizaciones territoriales ante el riesgo de que la creciente tensión se les vaya de las manos.

Los incidentes registrados este miércoles en A Coruña, durante la visita de Abascal, son la imagen de hacia se quiere llevar la campaña. Las Juventudes Socialistas participaron en la protesta contra el presidente de Vox junto a Galiza Nova, la organización juvenil del BNG, sindicatos estudiantiles y colectivos vinculados a la defensa de la vivienda. La concentración reunió a miles de personas en la plaza de María Pita, donde también se había convocado el acto de Abascal: la coincidencia fue autorizada por la Delegación del Gobierno. La jornada terminó con enfrentamientos entre manifestantes y policías, dos detenidos y varios heridos.

La participación de los jóvenes socialistas constituye uno de los elementos políticos más relevantes de lo sucedido, ya que acudieron a la plaza una hora antes de la comparecencia de Abascal, entre consignas de rechazo a Vox, y participaron del movimiento para "calentar" el clima. Las Juventudes Socialistas no son un satélite menor, sino una pieza muy importante en la estructura política del PSOE. Su implantación territorial, su presencia entre estudiantes y jóvenes militantes y su capacidad para participar en campañas y actos públicos las convierten en un instrumento de movilización generacional, y son también una cantera de futuros dirigentes y cargos institucionales.

La importancia de su presencia en las protestas contra Vox no reside únicamente en el número de militantes que puedan aportar. Su participación introduce a una organización vinculada al PSOE en movilizaciones que, en ocasiones, comparten espacio con colectivos situados más a la izquierda del partido y con organizaciones nacionalistas.

La preocupación expresada por fuentes territoriales socialistas se centra precisamente en las consecuencias políticas de esa convivencia entre distintas formas de movilización. "El partido puede decidir la participación de sus militantes, pero no controla el comportamiento de todos los colectivos que coinciden en una concentración. La presencia de grupos violentos puede terminar alterando por completo el significado de una protesta y desplazar el protagonismo desde las reivindicaciones hacia los disturbios", reflexionan en la federación andaluza.

El segundo gran instrumento de movilización se encuentra en el ámbito digital. El PSOE lleva tiempo reforzando su presencia en las plataformas sociales y tratando de disputar a Vox el espacio de la comunicación política dirigida a los jóvenes. Ferraz ha identificado Instagram y TikTok como escenarios importantes de esa competencia, sin abandonar su actividad en X.

Esta infraestructura tiene una utilidad especial en una campaña marcada por la confrontación. Una protesta local puede convertirse rápidamente en un asunto nacional mediante vídeos, fotografías, declaraciones y denuncias cruzadas. Las imágenes de A Coruña confirman este de modo de operar: una comparecencia de Abascal, que inicialmente tenía carácter local, terminó ocupando la conversación política por los enfrentamientos posteriores. Moncloa lo sabe, y tiene a este "ejército" digital en marcha.

La maquinaria del PSOE dispone, además, de una extensa implantación territorial, que Moncloa también pretende aprovechar. En el centro de la polémica están ya las Delegaciones del Gobierno, cuyos responsables son nombrados por el Ejecutivo. Los episodios de Santiago y A Coruña han situado bajo escrutinio la gestión de las concentraciones enfrentadas que fueron autorizadas y que terminaron en altercados.

Y, por supuesto, en esta estructura satélite, que participa de la planeada ofensiva en la calle, tienen su papel CCOO, UGT y el resto de las organizaciones sindicales. También asociaciones estudiantiles, colectivos de vivienda, organizaciones feministas y algunas entidades antirracistas, por ejemplo, que tienen su papel en las protestas.

El trasfondo de toda esta movilización es la disputa electoral. Las fuentes socialistas consultadas sostienen que Sánchez necesita modificar el eje de la campaña para debilitar todo lo posible a Feijóo, y Vox es un instrumento necesario para conseguirlo. "Situar a Vox en el centro de un escenario de conflictividad le da protagonismo y enfada todavía más al electorado de la derecha. Cuanta más tensión, mejor para Abascal, y peor para Feijóo", sentencia un diputado socialista que ya anda haciendo campaña en su circunscripción. "La presencia constante de Vox condiciona también el debate dentro de la derecha. Cada polémica relacionada con Abascal abre interrogantes sobre la posición de Feijóo, su relación con Vox y las condiciones de posibles entendimientos parlamentarios o de gobierno", añade un interlocutor con cargo en el Gobierno.

Pero la confrontación puede producir consecuencias diferentes a las buscadas. La experiencia de otros países demuestra que las movilizaciones contra partidos de derecha radical no tienen un efecto electoral uniforme. En algunos casos, han contribuido a reducir su respaldo; en otros, han reforzado la identificación de sus seguidores con el partido. La violencia introduce, asimismo, un elemento de incertidumbre que dificulta cualquier cálculo electoral.

Ese es el riesgo que preocupa a distintas organizaciones territoriales, que están ya en precampaña para sus elecciones de mayo. "Estas cosas se sabe cómo empieza, pero no cómo terminan, ni contra quién", sentencia un consejero autonómico.

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