Cuando utilizas un altavoz todos los días, empiezas a valorar cosas bastante simples, como que conecte rápido, que puedas subir o bajar graves sin abrir una app, que tenga potencia suficiente para no quedarse corto y que no tengas que pensar demasiado en cómo usarlo. No hace falta que todo tenga WiFi, asistentes de voz o una pantalla.
El Marshall Stanmore III va bastante por ahí. Es un altavoz pensado para quedarse en casa, con Bluetooth, entradas por cable y controles físicos que puedes tocar directamente. Ahora ha bajado de 399 a 299 euros, y a ese precio resulta bastante más fácil verlo como ese altavoz que dejas en el salón y utilizas prácticamente para todo.
Compra el Marshall Stanmore II con 100 euros de descuento
Una de las cosas que más agradezco en un altavoz doméstico es no tener que depender del móvil para cada pequeño ajuste. En el Stanmore III puedes controlar volumen, graves y agudos directamente desde la parte superior. También puedes cambiar de fuente o pausar la música sin buscar el teléfono. Parece una tontería, pero en el día a día se nota. No hay menús, no hay que abrir una aplicación. Y eso, en un aparato que vas a usar todos los días, termina importando más de lo que parece.
El Stanmore III monta un woofer de 50 W y dos tweeters de 15 W, para un total de 80 W de amplificación. Más que la cifra, lo importante es que tiene margen suficiente para llenar bien un salón, un despacho o una habitación grande sin tener que llevarlo siempre al límite. También está pensado para repartir mejor el sonido por la estancia. Marshall ha orientado los tweeters hacia fuera para ampliar la escena estéreo, así que no tienes que estar sentado justo delante para que todo suene bien. Eso encaja bastante con cómo usamos realmente un altavoz en casa, porque la mayoría de las veces no estamos quietos escuchando música. Estamos ordenando, cocinando, trabajando o moviéndonos por la habitación.
Además, puedes ajustar graves y agudos de forma independiente, algo que viene bien porque no todas las habitaciones responden igual. Por ejemplo, si lo colocas cerca de una pared, es posible que los graves ganen demasiada presencia. Podrías solucionarlo simplemente bajando un poco el nivel desde el propio altavoz. Y si prefieres un sonido con algo más de brillo, podrías hacer lo contrario con los agudos. Algo muy sencillo y más físico que otra app más en el móvil.
En cuanto a conexiones, tampoco se limita al Bluetooth. El Stanmore III incorpora Bluetooth 5.2, pero también entrada RCA y minijack de 3,5 mm, así que puedes utilizarlo con un móvil, un ordenador, un reproductor o incluso un tocadiscos que disponga de previo integrado. Esta última opción me parece especialmente interesante porque amplía mucho su utilidad en casa. Puedes dejar una fuente conectada por cable y seguir utilizando el Bluetooth cuando quieras poner música desde el móvil.
También hay que tener en cuenta que no tiene batería integrada. Es un altavoz pensado para quedarse fijo en una habitación, conectado a la corriente, y eso lo separa claramente de modelos como el Emberton o el Middleton. A cambio, puede permitirse una configuración más potente y un tamaño mayor, algo que tiene sentido si lo que buscas es un altavoz principal para el salón, el despacho o una habitación grande.
Ya que hablamos de tamaño, decirte que el Stanmore III mide 350 x 203 x 188 mm y pesa 4,25 kg, así que no está pensado para moverlo continuamente de un sitio a otro. Su lugar natural es un mueble del salón, una estantería o un escritorio amplio, donde pueda quedarse conectado y listo para usar. Aquí no pagas por autonomía ni por resistencia al agua, sino por una configuración de audio más potente, una escena estéreo más amplia y varias opciones de conexión.
Y precisamente por eso los 299 euros actuales resultan bastante más interesantes que los 399 euros habituales. Sigue siendo un altavoz caro, pero entra en una franja donde su potencia, las conexiones físicas y los controles directos pesan bastante más en la decisión de compra. Su punto fuerte está en ofrecer una experiencia sencilla, potente y fácil de adaptar al uso diario, y con 100 euros de descuento resulta bastante más competitivo que a su precio habitual.
Este artículo está pensado para ayudarte a descubrir productos de tu interés o para que tomes una mejor decisión de compra. Algunos de los enlaces que incluye son de afiliados, por lo que si realizas una compra a través de ellos La Razón podría recibir una pequeña comisión. Este hecho no influye en nuestras recomendaciones ni en el precio que pagas por el producto.
Cuando utilizas un altavoz todos los días, empiezas a valorar cosas bastante simples, como que conecte rápido, que puedas subir o bajar graves sin abrir una app, que tenga potencia suficiente para no quedarse corto y que no tengas que pensar demasiado en cómo usarlo. No hace falta que todo tenga WiFi, asistentes de voz o una pantalla.
El Marshall Stanmore III va bastante por ahí. Es un altavoz pensado para quedarse en casa, con Bluetooth, entradas por cable y controles físicos que puedes tocar directamente. Ahora ha bajado de 399 a 299 euros, y a ese precio resulta bastante más fácil verlo como ese altavoz que dejas en el salón y utilizas prácticamente para todo.
Compra el Marshall Stanmore II con 100 euros de descuento
Una de las cosas que más agradezco en un altavoz doméstico es no tener que depender del móvil para cada pequeño ajuste. En el Stanmore III puedes controlar volumen, graves y agudos directamente desde la parte superior. También puedes cambiar de fuente o pausar la música sin buscar el teléfono. Parece una tontería, pero en el día a día se nota. No hay menús, no hay que abrir una aplicación. Y eso, en un aparato que vas a usar todos los días, termina importando más de lo que parece.
El Stanmore III monta un woofer de 50 W y dos tweeters de 15 W, para un total de 80 W de amplificación. Más que la cifra, lo importante es que tiene margen suficiente para llenar bien un salón, un despacho o una habitación grande sin tener que llevarlo siempre al límite. También está pensado para repartir mejor el sonido por la estancia. Marshall ha orientado los tweeters hacia fuera para ampliar la escena estéreo, así que no tienes que estar sentado justo delante para que todo suene bien. Eso encaja bastante con cómo usamos realmente un altavoz en casa, porque la mayoría de las veces no estamos quietos escuchando música. Estamos ordenando, cocinando, trabajando o moviéndonos por la habitación.
Además, puedes ajustar graves y agudos de forma independiente, algo que viene bien porque no todas las habitaciones responden igual. Por ejemplo, si lo colocas cerca de una pared, es posible que los graves ganen demasiada presencia. Podrías solucionarlo simplemente bajando un poco el nivel desde el propio altavoz. Y si prefieres un sonido con algo más de brillo, podrías hacer lo contrario con los agudos. Algo muy sencillo y más físico que otra app más en el móvil.
En cuanto a conexiones, tampoco se limita al Bluetooth. El Stanmore III incorpora Bluetooth 5.2, pero también entrada RCA y minijack de 3,5 mm, así que puedes utilizarlo con un móvil, un ordenador, un reproductor o incluso un tocadiscos que disponga de previo integrado. Esta última opción me parece especialmente interesante porque amplía mucho su utilidad en casa. Puedes dejar una fuente conectada por cable y seguir utilizando el Bluetooth cuando quieras poner música desde el móvil.
También hay que tener en cuenta que no tiene batería integrada. Es un altavoz pensado para quedarse fijo en una habitación, conectado a la corriente, y eso lo separa claramente de modelos como el Emberton o el Middleton. A cambio, puede permitirse una configuración más potente y un tamaño mayor, algo que tiene sentido si lo que buscas es un altavoz principal para el salón, el despacho o una habitación grande.
Ya que hablamos de tamaño, decirte que el Stanmore III mide 350 x 203 x 188 mm y pesa 4,25 kg, así que no está pensado para moverlo continuamente de un sitio a otro. Su lugar natural es un mueble del salón, una estantería o un escritorio amplio, donde pueda quedarse conectado y listo para usar. Aquí no pagas por autonomía ni por resistencia al agua, sino por una configuración de audio más potente, una escena estéreo más amplia y varias opciones de conexión.
Y precisamente por eso los 299 euros actuales resultan bastante más interesantes que los 399 euros habituales. Sigue siendo un altavoz caro, pero entra en una franja donde su potencia, las conexiones físicas y los controles directos pesan bastante más en la decisión de compra. Su punto fuerte está en ofrecer una experiencia sencilla, potente y fácil de adaptar al uso diario, y con 100 euros de descuento resulta bastante más competitivo que a su precio habitual.
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Han pasado ya más de cinco años desde que el DualSense llegó junto a PlayStation 5 y, aunque en este tiempo hemos visto nuevos colores, como el DualSense Chroma Teal, ediciones especiales e incluso el mucho más caro DualSense Edge, la base sigue siendo prácticamente la misma. Sony apostó por cambiar algo tan aparentemente sencillo como la vibración de un mando y acabó convirtiéndola en una de las características más reconocibles de toda la generación.
El modelo blanco, el diseño original de PS5, mantiene ahora un precio oficial de 74,99 euros, como puedes comprobar en la web de Sony. Pero ahora lo podemos comprar por 56,99 euros tanto en Amazon como en MediaMarkt. No es una de esas rebajas que dividen el precio por la mitad, pero tampoco es un accesorio que acostumbre a bajar demasiado. Precisamente por eso resulta interesante para quien necesita un segundo mando, quiere sustituir el suyo o también juega en PC, Mac o dispositivos móviles.
Cinco años después, la vibración háptica sigue siendo su mejor argumento
El salto del DualShock 4 al DualSense no estuvo únicamente en el diseño. Sony sustituyó los motores de vibración tradicionales por actuadores hápticos, capaces de reproducir respuestas mucho más variadas dependiendo de lo que ocurre en pantalla. La diferencia está en que la vibración deja de funcionar como una simple alerta. Un mando convencional puede temblar cuando recibimos un golpe, chocamos con otro coche o disparamos un arma. El DualSense puede variar intensidad, frecuencia y localización de esa respuesta para transmitir sensaciones bastante más concretas.
Esto les permite a los desarrolladores jugar con detalles que de otra forma pasarían desapercibidos. El tipo de terreno, la lluvia, el retroceso de distintas armas o determinadas acciones pueden generar respuestas diferentes en las manos. Y quizá esa sea una de las razones por las que el DualSense ha envejecido tan bien. Porque que el mando cambie físicamente cómo percibes determinadas acciones sigue siendo bastante más fácil de notar cada vez que un juego aprovecha bien la tecnología.
Los gatillos adaptativos hacen algo que cuesta explicar en una ficha técnica. Los botones L2 y R2 pueden modificar su resistencia. En lugar de ofrecer siempre el mismo recorrido, el juego puede hacer que resulte más fácil o más difícil presionarlos dependiendo de la acción. Siempre uso el mismo ejemplo, pero es que me parece muy ilustrativo. Imagina que tensas un arco en un videojuego y que la resistencia del gatillo va aumentando conforme más tira el personaje del codo hacia atrás.
Sé que sobre el papel podría pasar desapercibido, pero jugando tiene bastante más impacto porque añade una respuesta mecánica a algo que hasta entonces solo veíamos o escuchábamos. Está claro que no todos los juegos lo aprovechan igual, pero cuando saben integrarlo, el juego resulta mucho más convincente y ayudan a entender por qué el DualSense sigue teniendo una personalidad propia frente a muchos otros mandos. En nuestro análisis del DualSense, esa combinación de respuesta háptica y gatillos adaptativos siguió siendo uno de sus grandes argumentos.
Este mando también integra un micrófono. Puede utilizarse para hablar sin auriculares y cuenta con un botón dedicado para silenciarlo rápidamente. También mantiene un conector de 3,5 mm para auriculares y un altavoz integrado que determinados juegos utilizan para reproducir efectos concretos. El panel táctil central sigue actuando como superficie táctil y como botón adicional. Y el botón Create permite acceder a las herramientas de captura y compartir contenido de PS5.
Otro punto a su favor es que no sirve únicamente para PS. También es compatible con PC, Mac y dispositivos móviles, tanto mediante Bluetooth como mediante USB en sistemas compatibles. Es verdad que el mando es más voluminoso que en generaciones anteriores y que utiliza empuñaduras más pronunciadas. Pero ese tamaño adicional permite repartir mejor el mando entre las dos manos y, claro, también deja espacio para toda la tecnología interior.
Hablamos de ahorrarnos 18 euros en el DualSense. Sé que no es un descuento espectacular, pero tampoco hace falta que lo sea para resultar tan interesante. Si ya tienes una PS5 y quieres jugar acompañado, necesitas sustituir una unidad antigua o simplemente quieres disponer de un segundo mando siempre cargado, 56,99 euros es uno de esos precios que merece más atención porque no aparece todas las semanas.
Este artículo está pensado para ayudarte a descubrir productos de tu interés o para que tomes una mejor decisión de compra. Algunos de los enlaces que incluye son de afiliados, por lo que si realizas una compra a través de ellos La Razón podría recibir una pequeña comisión. Este hecho no influye en nuestras recomendaciones ni en el precio que pagas por el producto.
El representante de Reform UK intervenía hace unos días en el Parlamento de Gales con un discurso cargado de datos y detalles para los que no consultó ningún papel. El secreto estaba en las gafas inteligentes que llevaba puestas, que actuaron como un pequeño teleprompter.
En 2025 Meta ha vendido unos siete millones de sus gafas inteligentes, una cifra que si bien no es equiparable a la penetración de smartphones en el mundo, empieza a ser una cantidad nada desdeñable (nada que ver con el fiasco de aquel prototipo que Google tuvo que retirar del mercado hace una década). Las ventas crecen, casi a la par que su polémica sobre la privacidad. De hecho, en el Parlamento británico se apuesta por la regulación y en países como Noruega se está preparando una prohibición de uso de estas gafas con IA en lugares públicos, colegios o gimnasios, ya que pueden utilizarse para hacer fotos, grabar audio y vídeo.
Las denuncias son varias. Una de las últimas llega desde Australia. La Universidad de Sídney publicaba en agosto un estudio basado en el análisis de 350 vídeos de Instagram hechos con estas gafas, «grabaciones discretas y que es difícil de detectar para los espectadores», dice para añadir que «en el 43 % de los vídeos analizados, las mujeres estuvieron expuestas a comentarios abusivos en línea, algunas incluso revelaron los detalles personales de la mujer». En 2025 en Barcelona se detuvo a un hombre por grabar a decenas de mujeres en las calles; la BBC también denuncia casos de grabaciones de audio y vídeo sin consentimiento, etc. De forma vulgar a este dispositivo se le ha bautizado como «Pervert Glasses».
Para Enrique Dans, profesor de Innovación y Tecnología en IE Business School, «una serie de influencers las empezaron a utilizar para hacer vídeos, pues eso, sin avisar a la otra persona de que estaba siendo grabada mientras intentaban, por ejemplo, ligar. ¿Qué es lo que nos dan las gafas inteligentes? En primer lugar, un punto de vista muy parecido al de la persona sobre la realidad que le rodea. Podría ser interesante para darle algún tipo de feedback, no sé, a través de un mapa, por ejemplo, pero se están utilizarndo para cosas muy poco edificantes. Otra de las claves es que capta una cantidad de información enorme y claro, el mayor fabricante de gafas inteligentes en este momento a través de su asociación con Ray-Ban y Luxottica es Meta, que es precisamente la compañía que más irresponsable ha sido en el manejo de los datos personales de los usuarios. Estamos poniendo una tecnología que amenaza la privacidad en manos de una empresa que ha llegado a generar problemas mentales entre sus usuarios y provocado trastornos de alimentación y depresiones y suicidios en sus trabajadores. Además ha facilitado la manipulación electoral con Cambridge Analytica, etc. Si el baremo moral es cuánto dinero gano, a lo mejor esa compañía debería ser inhabilitada para utilizar tecnologías que pueden ser sensibles», opina.
Responsabilidad
Otros usos positivos como el de Be My Eyes, a través del cual una ONG ofrece asistencia a invidentes gracias a estas lentes, o la posibilidad de ayudar a los usuarios con una traducción simultánea, quedan eclipsados por otros usos como copiar en los exámenes o grabar sin conocimiento ni consentimiento. Este último, además es ilegal. «Dependiendo del escenario, estamos saltándonos varias leyes, desde leyes de protección de datos a leyes de protección del honor, la intimidad. Es el problema principal de estas gafas», detalla Gonzalo Álvarez Marañón, director del centro de investigación aplicada Funditec Research, experto en IA y ciberseguridad.
El experto detalla los tres tipos de problemas y responsabilidades que se pueden dar. «Grabar con unas gafas de Meta, si todo queda en local, en mi disco duro, no sería muy distinto a grabar con una cámara Canon de hace 20 años, porque al final la información queda en mi tarjeta de memoriagrabada.¿Qué derivadas nuevas añaden las gafas? En el momento en que mi vídeo abandona mi almacén personal y lo subo a Instagram por ejemplo, soy responsable de haber hecho público el metraje y ahí es donde ya empiezo a cometer delitos por falta de conocimiento, de consentimiento, invasión de la intimidad. Meta tendría la obligación de eliminar ese contenido si fuera notificado para que lo hiciera, pero tampoco es responsable del contenido que suben sus usuarios, solo sería responsable de eliminarlo si es notificado al efecto», dice.
Hay un tercer caso que ha generado bastante polémica en los últimos meses. «Cuando lo que grabamos se envía a los servidores de Meta. Ahí pueden ocurrir varias cosas por ejemplo, que el metraje se procese para mejorar el producto y la experiencia del usuario. Hablamos de un procesamiento automático, pero también de otro manual, de etiquetado. La IA requiere un esfuerzo humano brutal y necesita de personas que dediquen su jornada laboral a estar viendo vídeos. Ese es todo su trabajo, ver vídeos y etiquetarlos, cualquiera que sea el contenido, también violento. Son personas que no suelen estar en Estados Unidos, sinoen otros países. Ese contenido lo están viendo terceras personas, y ahí sí que Meta está vulnerando leyes de protección de datos, etc. Y no es solo Meta, OpenAI, etc., también procesan datos para entrenar sus modelos y mejorar sus productos. Eso ya es una finalidad distinta para la que fue grabado, y ahora sí la empresa es responsable de ese tratamiento», matiza.
Para detallar el valor que le dan estas empresas a los datos personasles, el experto detalla una moda actual en EE UU donde hay empresas que pagan por ir a limpiar a las casas particulares, «Llevan una cámara ajustada en la frente y van registrando todos los movimientos, las manos, el entorno. Es una información valiosa por la que se está pagando. Si tú llevas unas gafas y grabas, Meta se está beneficiando de eso sin pagar por ello», detalla.
Empleados en Kenia
El medio sueco Svenska Dagbladet publicaba recientemente una investigación llevada a cabo en una empresa de Kenia, Sama, desde donde se procesan conversaciones, fotos y vídeos que luego usará Meta para entrenar su IA. El reportaje afirma que el control de los usuarios sobre los datos es relativo. A pesar de que exista un consentimiento para que los datos se guarden y se usen para mejorar los productos de Meta, «para que el asistente de IA funcione, hay que ceder la voz, el texto, la imagen y el vídeo. Según estas condiciones, en algunos casos, Meta revisará las interacciones con la IA, incluido el contenido de las conversaciones o los mensajes a la IA. Esta revisión puede ser automatizada o manual». Empleados de Sama dicen ser testigos de imágenes de gente desnuda, actos sexuales y el visionado de datos bancarios.
Diseño
La respuesta de Meta ha sido lanzar al mercado unas nuevas gafas sin cámara para evitar una de las denuncias más habituales como es la ausencia de señales claras que indiquen que las gafas inteligentes están grabando. «Las pruebas que se han hecho, es que aún tapando el LED espía, sigue grabando. Es decir, que realmente las restricciones parecen no funcionar. Lo que viene a demostrar que al final vamos a poder usar estas gafas para grabar en cualquier escenario sin que nadie tenga conciencia de que está siendo filmado. Esto es una clarísima invasión de la privacidad», comenta Gonzalo Álvarez, quien admite que «una de las cosas que más preocupan de estos dispositivos es la posibilidad de hacer reconocimiento facial. Meta lo puede hacer. En el código de las smart glasses se ha visto que había campos que estaban aún vacíos, peroque indican que se está provisionado su uso para el reconocimiento facial. Ya es factible.
Una de las claves del éxito de las gafas de Meta es el diseño, haberse juntado con Luxottica o Ray Ban y haber convertido las gafas en un producto de moda deseable, más allá de un gadget para frikis tecnológicos. Con ello se quiere ganar cuota de mercado, entre el público femenino, por ejemplo. Y las ventas parece que le están dando la razón, pero ¿será este el dispositivo definitivo que sustituirá al smartphone? «Las empresas tecnológicas están tratando desde hace años encontrar el siguiente “momento iPhone”, o sea la siguiente revolución de la electrónica de consumo, pero todos los intentos han fallado. el AI Pin, el Rabbit, las Vision Pro de Apple (la gente las devolvió al mes porque se mareaban). Las gafas de Meta (que llevan una campaña publicitaria bestial) ni siquiera son originales, Google ya lo intentó en 2012-2013, y las críticas fueron idénticas a las de hoy. Muse Charm es la siguiente iteración. Y hay más: se ha filtrado que los siguientes iPods podrían llevar cámaras. La intención no es solo dar con el siguiente “momento iPhone” sino también llenar el planeta de sensores, para que las tecnológicas puedan seguir recopilando datos en vídeo y movimiento a gran escala», comenta Juan Luis Cano Rodríguez, activista digital.
Meta, Google, Xiaomi, Apple, empresas de IA y de hardware, todas corren por encontrar al sustituto. ¿Por qué? Gonzalo lo tiene claro. «¿Para qué este tipo de dispositivos físicos? Para que el usuario esté conectado las 24 horas del día a una IA, a un modelo de datos. Ahí es donde de verdad están las ganancias de todo esto y la capacidad de moldear los hábitos del usuario. Al final, si dependemos de la IA, esta nos va a poder guiar en todo tipo de decisiones: de compra, decisiones culturales. Se trata, en definitiva, de moldear nuestros hábitos y, de alguna manera, dirigir nuestra vida y para ello, se necesita encontrar ese dispositivo que vas a tener siempre encima, y que sea más cómodo de usar que el móvil que lo tienes que sacar».