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Lo que aún podemos aprender de los incendios del Bronx: un barrio reducido a cenizas

Los Ortiz dormían vestidos por si la casa ardía esa noche. Los Ortiz, o los Brennan, o los Washington, da igual, podría ser cualquier apellido, podría ser un apellido como el tuyo, exactamente igual que el tuyo. Vivían en South Bronx, en edificios de casi cien años, de fachadas de ladrillo con cuatro o cinco o seis plantas y ningún ascensor, y se acostaban con la ropa del día siguiente puesta, con los zapatos puestos, los niños sobre todo, porque bajar tres pisos en calcetines por una escalera en llamas podía suponer la diferencia entre vivir o morir. Las madres dejaban una bolsa junto a la puerta con documentos, una foto de la familia, el dinero en metálico que tuviesen disponible, siempre la misma bolsa, lista, como la gente que vive cerca de un frente de guerra. Porque, de algún modo, la década del fuego de Nueva York fue un frente de guerra.

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© Ricky Flores (Getty Images)

Los bomberos apagan un incendio en el Bronx en 1983.
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Anna Caballé escribe la biografía de su hermano, poeta y víctima de la heroína: “Las drogas eran el símbolo de la modernidad”

Los ochenta fueron una hipérbole. Después de décadas de vivir en el ascetismo de las costumbres y la represión de los deseos del franquismo, toda una generación se dedicó a derribar lo aburrido, lo normativo, lo prohibido, lo de antes. Los jóvenes rompieron con el pasado sin anestesia y sin saber que algunos acabarían rotos en el empeño. Carlos Caballé fue un destacado representante de aquella hornada sensible, inconformista y rebelde que se quedó por el camino. Cada uno había accedido a la rebelión por su propia puerta. La suya fue la necesidad de sedar el sufrimiento que le provocaba crecer en una casa zarandeada a todas horas por la tormenta. Esta historia arranca en una familia catalana, numerosa, burguesa e infeliz, y concluye en una escritora que ha dedicado lo mejor de su vida a escudriñar con afán de entomóloga las vidas de los otros. Así que comienza en Carlos y acaba en Anna, los hermanos Caballé que protagonizan El soñador de refugios (Galaxia Gutenberg), uno de esos libros caleidoscópicos donde se pueden encontrar múltiples paisajes: los vaivenes de un poeta politoxicómano, la memoria de una biógrafa que rehuía su propio pasado y, también, las pinceladas sociológicas de la hipérbole de los ochenta.

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© Caterina Barjau (EL PAÍS)

Carlos Caballé, cuya biografía ha escrito su hermana Anna, en una fiesta a finales de los setenta.
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