Uno de los asuntos que más preocupa a las familias hoy en día es la gestión del tiempo que pasan con sus hijos. En un ritmo de vida acelerado, en el que la productividad marca los horarios, la convivencia diaria suele plantear una pregunta fundamental: ¿es suficiente con estar con nuestros hijos en el mismo espacio o es necesario que compartamos actividades para sentir que estamos juntos?
El primer ministro de Países Bajos, el liberal Rob Jetten (39), va a tener un hijo por vientre de alquiler con su pareja, el jugador de hockey argentino Nicolás Keenan (29). Esperan un bebé con la ayuda de una mujer donante de óvulos y de una madre subrogada. Es la primera vez desde la posguerra mundial que un mandatario en ejercicio en este cargo tiene hijos en Países Bajos. Tanto Jetten como Keenan, que han anunciado la noticia en Instagram, subrayan que se trata de un asunto privado y agradecen a ambas mujeres su ayuda. “Sin vosotras todo esto no habría sido posible”. La gestación subrogada carece de normativa específica en la legislación neerlandesa, aunque el Congreso tiene previsto debatir a partir de diciembre un proyecto de ley que la regule.
Jacqueline Dunkley-Bent sabía que el bebé había muerto. La cabeza comenzó a asomar por la vulva de la madre y ella esperaba un leve movimiento, a la izquierda o a la derecha, cualquier gesto que indicara un signo de vida. No llegó. “Sabía cuáles eran los hechos. Pero en mi corazón y en mi cabeza no podía aceptarlo”, rememora la matrona jefa de la Confederación Internacional de Matronas sobre el primer parto de un mortinato al que asistió. “Vamos, muévete un poco”, repetía en silencio. “Era muy joven e ingenua. Pensaba que entraba en una profesión donde todo iba a ser vida y todo iba a ser maravilloso. Y sí, había vida, pero también había muerte”, recuerda esta matrona británica que por entonces estaba recién licenciada. Han pasado más de tres décadas, pero la escena sigue acompañándola.
Un niño construye una torre con piezas de colores. Coloca una pieza encima de otra hasta que, de repente, toda la estructura se viene abajo. Vuelve a empezar, cambia el orden, prueba con una base más ancha y descubre que esta vez resiste. Para él no ha sido más que un juego, pero durante esos minutos ha observado, experimentado y buscado soluciones. Es decir, ha puesto en práctica algunas de las habilidades sobre las que se construye el pensamiento científico, aunque el niño todavía no sepa qué significa la palabra ingeniería. La escena permite plantear una pregunta: ¿Hasta qué punto las experiencias infantiles pueden influir en las vocaciones profesionales? Y, sobre todo, ¿cómo preparar a los hijos para un mundo laboral que cambia a tal velocidad que muchas de las profesiones que ejercerán serán diferentes de las existentes hoy?
La curiosidad puede manifestarse construyendo un circuito, desmontando un juguete, inventando una historia o intentando comprender por qué ocurre algo.