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Una calle de Madrid como retrato de la vivienda pública: 18 pisos cerrados, 18 oportunidades perdidas

Los 18 pisos públicos cerrados en la calle Camino Alto de San Isidro de Madrid.

Camino Alto de San Isidro es una calle peatonal de Carabanchel con alma de corrala. Por las tardes, los adultos se asoman a los balcones y se sientan en sillas plegables a ver pasar a los niños en edades de primaria volando a 25 kilómetros por hora en patinetes eléctricos. Otros pequeños juegan al fútbol cerca de una pared de ladrillo donde alguien pegó hace tiempo una foto de Jenni Hermoso, la estrella del fútbol femenino que dio aquí sus primeras patadas al balón. Los vecinos hablan de chismes y asuntos serios, entre otros un tema que les duele: el problema de los pisos vacíos, cerrados con puertas de acero. Todo el mundo los ha visto en esta colonia de 28 bloques, una de las principales reservas de vivienda pública de la región, donde no es raro que diez o doce personas compartan un mismo hogar. EL PAÍS ha recorrido los edificios uno a uno y ha contado 18 pisos cerrados.

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Un piso con puerta acorazada y felpudo a la izquierda, junto a otro liberado, en la calle Camino Alto de San Isidro de Madrid.Ana María Vargas y su hija Soledad Vargas, el viernes de la semana pasada en el salón del piso donde viven ambas, en Camino Alto de San Isidro, Madrid.Un patio interior de los edificios de Camino Alto de San Isidro, en Madrid.Manuel frente a la vivienda donde reside en la calle Camino Alto de San Isidro en Madrid, el 19 de octubre.

© Iñaki Garcíia

El estreno de los pisos públicos de Camino Alto de San Isidro fue celebrado con una fiesta con música, el 21 de enero de 1991.

© Iñaki Garcíia

El realojo era parte de un gran programa para acabar con el chabolismo. Se realojó a 534 familias, según contó entonces EL PAÍS. La mayoría habita en Carabanchel, aunque 132 proceden de Latina.

© Iñaki Garcíia

El Programa de Barrios en Remodelación nació el 24 de mayo de 1979 a partir de una orden ministerio de Obras Públicas y afectaba a barrios de Madrid como San Blas, Orcasitas, Carabanchel y la Ventilla.

© Iñaki Garcíia

En 1986, el entonces alcalde, Enrique Tierno Galván, puso la primera piedra para la construcción de los bloques del Camino Alto de San Isidro. Las viviendas fueron inauguradas el día de la fiesta por el presidente de la Comunidad de Madrid, Joaquín Leguina, junto con el gerente del Instituto de la Vivienda en Madrid (Ivima), Miguel Ángel Pascual.

© Iñaki Garcíia

La fiesta con música y sangría incluyó una entrega de llaves de los pisos a algunos niños de las familias agraciadas.

© Santos Cirilo

En esta foto de septiembre de 1992, se aprecia cómo seguían existiendo chabolas junto a los nuevos pisos del Camino Alto de San Isidro.
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El Gobierno vasco compra 510 viviendas a Blackstone para mantenerlos como pisos protegidos

Viviendas protegidas del barrio Benta Berri de San Sebastián

Medio millar de familias del barrio Benta Berri de San Sebastián han vivido los últimos meses bajo la amenaza de verse obligados a abandonar sus hogares. Son inquilinos que residen en viviendas de protección oficial que iban a perder esta calificación social en noviembre de 2028 y habían recibido notificaciones del propietario, la compañía inmobilaria Testa (filial del fondo de inversiones Blackstone), advirtiéndoles de que sus pisos pasaban al mercado libre desde esa fecha. Si ahora estaban pagando un alquiler de 800 a 1.000 euros mensuales, la pérdida del régimen de protección abría la puerta a encarecer muchísimo esa renta. El Gobierno vasco ha venido a rescatar a los vecinos con una operación de compra de las 510 viviendas afectadas. Es la primera vez que una Administración pública en España adquiere un paquete de pisos de estas dimensiones a un fondo de inversiones, con lo que podrá prolongar el régimen de protección de las casas.

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El drama habitacional de Jaén: la ciudad donde la vivienda protegida es más cara que la libre

Manuel Merino, de 33 años, llevaba mucho tiempo acariciando el sueño de una vivienda para poder emanciparse. Pero cuando, por fin, resultó agraciado en el sorteo realizado entre los muchos aspirantes a una Vivienda de Protección Oficial (VPO) en Jaén, el sueño se transformó en pesadilla: “Creía que el precio era una broma”, dice el joven jienense, al que pedían 350.000 euros más gastos de gestión por un piso de apenas 90 metros cuadrados.

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Beneficiarios del programa de ayudas a jóvenes para la compra de casas de la Diputación de Jaén. / DIPUTACIÓN DE JAÉN
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