Normalizada la circulación en la AP-7 y la B-23 tras el accidente múltiple en Sant Cugat




Astrónomos de la Universidad de Warwick identifican una enana blanca de tonalidad verde amarillenta y su color está relacionado con restos de antiguos planetas
Los astrónomos encuentran cuatro estrellas enanas blancas ocultas a menos de 65 años luz de la Tierra
Las estrellas no son únicamente blancas, azules o anaranjadas. Aunque eso era lo que se pensaba hasta ahora, un equipo de astrónomos de la Universidad de Warwick (Reino Unido) ha demostrado que algunas enanas blancas pueden presentar tonalidades tan sorprendentes como el verde, el rosa o el púrpura. Entre sus hallazgos destaca WD J1330+6435, considerada la primera estrella verde conocida en nuestra galaxia, un descubrimiento que cuestiona la idea de que el color de los astros depende casi exclusivamente de su temperatura.
La investigación, publicada en la revista científica RAS Techniques and Instruments (RASTI), ha analizado cómo la extraordinaria densidad y la composición química de determinadas estrellas modifican la luz que emiten. Sus resultados muestran que algunos de estos cuerpos celestes podrían presentar colores muy diferentes de los que habitualmente asociamos con el firmamento.
Las enanas blancas son los restos extremadamente densos que quedan cuando estrellas similares al Sol agotan su combustible y terminan las últimas etapas de su evolución. Aunque tradicionalmente se han relacionado con tonos blancos o azulados, los científicos han descubierto que algunas tienen unas características atmosféricas capaces de alterar su apariencia.
El caso más llamativo es el de WD J1330+6435, una enana blanca con una temperatura aproximada de 4.000 grados Celsius. Su atmósfera contiene calcio, litio y sodio procedentes de material rocoso de su antiguo sistema planetario, una combinación que explica su tonalidad verde amarillenta.
La clave está en el comportamiento de la luz. En las atmósferas extremadamente densas de estas estrellas, determinados elementos químicos absorben una parte más amplia del espectro luminoso. En este caso, el sodio elimina parte de la luz naranja, haciendo que el color visible se parezca al verde.
“Los restos de sodio en la atmósfera de esta enana blanca absorben la parte naranja del espectro, dejando tras de sí un resplandor verde fantasmal”, explica Mark Hollands, investigador de la Universidad de Warwick y responsable del estudio. El científico reconoce que el resultado es sorprendente incluso para los especialistas. “Imagínense estar en un planeta mirando una estrella verde. Parece sacado de una película de ciencia ficción”, añade.
Sin embargo, ningún astrónomo ha observado directamente su color a simple vista. Las enanas blancas están demasiado lejos para apreciar sus tonalidades de esa manera. Los investigadores calcularon cómo las percibiría el ojo humano utilizando sus espectros, que permiten descomponer la luz en diferentes longitudes de onda, y un modelo de visión cromática.
El verde no es el único color inesperado que han identificado. Los científicos también estudiaron WD J1011+2845, una enana blanca situada a unos 48 años luz de la Tierra que podría encontrarse entre las estrellas más rojizas conocidas. En su caso, el carbono presente en la atmósfera modifica la distribución de la luz y genera una intensa tonalidad rosa salmón.
El estudio revela que las enanas blancas ricas en carbono pueden adquirir colores rosas o púrpuras, mientras que aquellas contaminadas por restos de asteroides y cometas tienden al amarillo. Otras, con atmósferas compuestas por hidrógeno y helio, pueden mostrar tonalidades cian o azuladas.
Para comprobar la frecuencia de estos fenómenos, el equipo analizó 151 enanas blancas situadas a menos de 65 años luz. Cinco presentaban colores inusuales: dos amarillas y tres rosadas. Esta proporción sugiere que aproximadamente una de cada treinta enanas blancas podría mostrar una coloración poco habitual.
La investigación también permite corregir una percepción extendida sobre estas estrellas. Aunque las enanas blancas más calientes y azuladas son más fáciles de detectar a grandes distancias, la muestra estudiada revela que su color más habitual es realmente el blanco, con una temperatura de color mediana cercana a los 6.800 Kelvin.

Roy Conli, productor de la nueva película de Disney, explica que cada fotograma es obra de artistas humanos, aunque reconoce la posible utilización de IA en herramientas de edición
Pixar sigue apostando por el mundo animal: una relación de casi 3 décadas
La inteligencia artificial está cambiando nuestras vidas y transformando numerosos sectores, incluido el cinematográfico, y su utilización en las películas de animación amenaza el futuro del trabajo artístico. En este contexto, Disney ha aclarado qué papel puede desempeñar esta tecnología en sus producciones. Roy Conli, uno de los productores de Hechizo: Bienvenidos a Hexe, la nueva película del estudio que llegará a los cines el 27 de noviembre, ha defendido que, aunque algunas herramientas de edición pueden incorporar inteligencia artificial, las imágenes que aparecen en pantalla son obra de artistas humanos.
“Cada uno de los fotogramas lo realiza un artista, y creo que eso es importante”, ha asegurado Conli durante un encuentro con medios de comunicación celebrado en Madrid. El productor, con 33 años de trayectoria en Disney, ha querido diferenciar el uso de nuevas herramientas tecnológicas del proceso de creación artística que caracteriza a las películas del estudio.
“Es posible que utilicemos algo de IA en algunas de las herramientas de edición con las que contamos, pero en lo que respecta al arte que se ve en pantalla, es obra de personas”, ha explicado. Sus declaraciones dejan abierta la posibilidad de emplear inteligencia artificial en determinadas fases técnicas, aunque no ha detallado qué herramientas concretas se utilizan ni qué tareas realizan.
Conli conoce de primera mano la evolución tecnológica de Disney. A lo largo de su carrera ha participado en producciones como El jorobado de Notre Dame, Hércules, Tarzán y El planeta del tesoro, además de trabajar en películas de animación tridimensional como Enredados y Big Hero 6.
“La animación de Disney tiene un ADN que se remonta al dibujo a mano”, ha señalado el productor, que considera que las nuevas tecnologías han transformado progresivamente la manera de contar historias. Según explica, cada época cinematográfica presenta características propias que permiten reconocer cómo ha evolucionado el lenguaje audiovisual.
Para ilustrarlo, recuerda sus primeros años en la industria, cuando el montaje se realizaba cortando físicamente los rollos de película. “Cuando empecé, el montaje se hacía cortando el rollo de película con cuchillas”, explica.
La posterior llegada de la edición digital supuso una transformación importante. “Muy pronto empezamos a pasar al montaje digital, lo que cambió la forma de contar una historia, y creo que siempre hay que utilizar las herramientas que hay disponibles”, sostiene. Para Conli, esta evolución demuestra que la incorporación de tecnología no tiene por qué eliminar la participación humana.
La defensa del trabajo artístico también se refleja en las dimensiones de Hechizo: Bienvenidos a Hexe. Más de 700 personas han participado en su producción, una cifra que, según Conli, demuestra el “carácter colectivo” de las películas animadas.
“Creo de verdad que la animación es magia. De la nada, surge algo. Aunque puede que tardes cuatro años”, ha comentado el productor, que destaca cómo cada profesional introduce detalles y aportaciones que enriquecen el resultado.
La película cuenta la historia de Billie, una adolescente que descubre que posee poderes mágicos y acaba viajando hasta Hexe, un reino habitado por brujas. Allí deberá colaborar con su madre, Alice, para descubrir secretos familiares que podrían transformar ese mundo.
Conli explica que la historia gira alrededor del potencial de cada persona y de la importancia de desarrollarlo. Su intención es que la película consiga “aportar un poco de alegría a este mundo tan loco en el que vivimos”.

Una investigación de la Universidad de Granada identifica al gorrión común y al ánade real como las especies mejor valoradas
¿Qué unió a humanos y palomas durante 3.500 años? Un estudio recupera su formidable papel histórico
Los gorriones, los patos y las palomas forman parte del paisaje cotidiano de muchas ciudades españolas, por no decir de todas. Sin embargo, estas aves no despiertan las mismas sensaciones entre los vecinos. Una investigación de la Universidad de Granada ha identificado cuáles son las especies mejor valoradas y cuáles generan más conflictos, además de analizar cómo influye el diseño de los barrios en nuestra relación con la naturaleza.
El estudio, desarrollado en Granada, Madrid y Valencia, ha contado con la colaboración de investigadores de la Universidad de California en Berkeley, en Estados Unidos, y de la Universidad de British Columbia, en Canadá. A través de encuestas a la población, los científicos han analizado los beneficios y las molestias que los ciudadanos asocian a las aves con las que conviven.
Los resultados sitúan al gorrión común y al ánade real entre las especies mejor valoradas, principalmente por las experiencias agradables que proporcionan. En el extremo contrario aparecen la paloma doméstica y la paloma torcaz, percibidas como las más conflictivas debido a los ruidos, la suciedad y los daños materiales que provocan.
La presencia de pájaros en las ciudades puede tener efectos positivos sobre la vida cotidiana. Escuchar sus cantos, observar sus movimientos o contemplar sus colores permite mantener un contacto directo con la naturaleza, incluso en entornos donde predominan edificios, carreteras y mucho tráfico.
Las aves, explica Lucía Izquierdo Extremera, autora principal de la investigación, “pueden hacer nuestra vida más llevadera a través del mero placer de observar su vuelo o sus vistosos colores”. Estas experiencias se conocen científicamente como servicios ecosistémicos culturales, es decir, beneficios no materiales que las personas obtienen de su relación con el medio natural.
Sin embargo, esa convivencia también presenta inconvenientes. Algunas especies pueden provocar molestias acústicas, ensuciar espacios públicos o causar desperfectos en edificios y otras propiedades. Los investigadores denominan estos perjuicios diservicios ecosistémicos, un concepto que permite estudiar los aspectos negativos de la interacción entre las personas y los animales.
La investigación no establece que unas aves sean objetivamente buenas y otras perjudiciales, sino que recoge cómo perciben los ciudadanos su presencia. Esta diferencia resulta importante porque las experiencias personales y el entorno en el que viven los vecinos pueden condicionar su valoración de una misma especie.
Uno de los hallazgos más interesantes del estudio está relacionado con la organización de los espacios verdes. Los investigadores comprobaron que los habitantes de barrios con grandes parques claramente separados de las zonas construidas tienden a valorar más positivamente las aves urbanas.
En cambio, quienes residen en barrios donde predominan pequeñas zonas verdes distribuidas entre las viviendas mencionan con mayor frecuencia los problemas asociados a la fauna. Los resultados apuntan así a que la configuración de los espacios naturales urbanos puede influir en la convivencia entre personas y animales.
“En un planeta en el que las ciudades están en constante crecimiento, es vital comprender el equilibrio entre los elementos positivos y negativos proporcionados por los animales con los que convivimos de manera más estrecha”, señala Juan Diego Ibáñez Álamo, profesor de Zoología de la Universidad de Granada y coordinador del estudio.
Los autores también destacan la importancia de la conexión personal con la naturaleza, que desempeña un papel relevante en la manera de interpretar las experiencias con las aves. Por ello, consideran necesario incorporar estas relaciones a la planificación urbana e intentar conseguir espacios que permitan disfrutar de la biodiversidad sin incrementar los conflictos.

Los eléctricos puros ganan protagonismo, aunque el precio, la autonomía y la duración de las baterías siguen preocupando a sus propietarios
Un cambio sin vuelta atrás: el futuro de la industria del automóvil en España pasa por el coche eléctrico
El coche eléctrico está dejando de ocupar un papel secundario en los hogares españoles que apuestan por la movilidad enchufable. Aunque muchas familias disponen de otro automóvil, cada vez son más las que utilizan el eléctrico o híbrido enchufable para sus desplazamientos habituales. Así lo refleja un estudio de Mutua Madrileña, que revela que el 79,1% de los hogares con varios vehículos y al menos uno enchufable utiliza este último como coche principal.
La proporción es todavía mayor entre quienes poseen un eléctrico puro, con un 84,1%, mientras que entre los propietarios de híbridos enchufables alcanza el 74,3%. Los datos proceden del informe Uso del Vehículo Eléctrico en España, elaborado a partir de una encuesta de Demométrica a 1.200 propietarios de vehículos eléctricos e híbridos enchufables de todo el territorio nacional.
Uno de los aspectos más llamativos es que, para el 84% de los hogares encuestados, el automóvil adquirido representa su primera experiencia con un vehículo enchufable. Estos conductores, en vez de reservarlo para desplazamientos ocasionales, lo han incorporado como principal medio de transporte. Además, el 64% de estos hogares dispone de más de un coche.
La principal motivación para comprar un vehículo enchufable no es la preocupación medioambiental, sino el ahorro económico. Según la encuesta, el 51% de los propietarios señala el ahorro en combustible como uno de los factores determinantes para dar el paso hacia esta tecnología.
A bastante distancia aparecen la conciencia medioambiental, mencionada por el 32%, y la posibilidad de circular por zonas urbanas con restricciones al tráfico, destacada por el 30%. No obstante, existen diferencias entre los compradores: quienes optan por eléctricos puros conceden más importancia al medioambiente, mientras que los propietarios de híbridos enchufables valoran especialmente las ventajas de acceso a determinadas áreas urbanas.
La tecnología también desempeña un papel relevante en la decisión de compra. El 91% de los encuestados considera importante este aspecto, por delante del diseño del automóvil (85%), la marca (74%) y las ayudas públicas disponibles (64%).
Precisamente, casi la mitad de los participantes afirma haber recibido alguna subvención para adquirir su vehículo. El porcentaje alcanza el 58% entre los propietarios de eléctricos puros, frente al 38% de quienes compraron híbridos enchufables. Además, el 76% tardó menos de seis meses en decidirse desde que empezó a considerar esta posibilidad.
Pese a la buena acogida entre sus propietarios, la movilidad enchufable todavía tiene cosas a mejorar. El precio de adquisición, señalado por el 56,5%, y las limitaciones de autonomía, mencionadas por el 53,9%, aparecen como las principales barreras para su compra.
En cuanto a las preocupaciones relacionadas con el vehículo, destaca especialmente la duración de la batería, que inquieta al 51,1% de los encuestados. Le siguen la disponibilidad de puntos de recarga durante los viajes (17,5%) y los posibles problemas derivados de las actualizaciones de software o los ciberataques (7,1%).
A la hora de regargarlos, los conductores lo tienen claro. Tres de cada cuatro propietarios, el 75%, cargan sus vehículos en casa, mientras que el 33% utiliza puntos públicos. Ambos sistemas pueden combinarse, aunque únicamente el 21% afirma recurrir a la infraestructura pública siempre que tiene ocasión.
A pesar de estas dificultades, los propietarios muestran un elevado grado de satisfacción con su elección. La valoración media de la compra se sitúa en un 7,9 sobre 10, y el 42% de los participantes le concede una puntuación de 9 o 10, según los resultados de la investigación.

La última campaña de excavaciones en Baza 1 ha recuperado 124 nuevos registros fósiles y ha descubierto nuevos restos de hienas y jirafas
Descubren una nueva especie de cocodrilo prehistórico y su nombre se debe a uno de nuestros antepasados más famosos
Hace 4,5 millones de años, el paisaje de Granada era muy diferente al actual. En sus tierras habitaban cocodrilos, elefantes primitivos, jirafas, rinocerontes y enormes osos, junto a caballos que, a diferencia de los actuales, tenían tres dedos en sus extremidades. Esta sorprendente fauna ha quedado registrada en el yacimiento paleontológico de Baza 1, donde una nueva campaña de excavaciones ha permitido recuperar restos que ayudan a reconstruir cómo era el sur de Europa durante el Plioceno.
La décima campaña de trabajos, desarrollada entre el 21 de septiembre y el 11 de octubre, ha terminado con el hallazgo de 124 nuevos registros fósiles, según ha informado el Ayuntamiento de Baza. Con estas incorporaciones, el enclave alcanza un total de 3.375 registros, una cifra que refleja su importancia para conocer los animales que poblaron la península ibérica millones de años antes de la aparición de nuestra especie.
Entre los fósiles recuperados destacan restos de grandes mamíferos, como elefantes primitivos y mastodontes, además de pequeños cerdos y caballos prehistóricos. Sin embargo, uno de los descubrimientos más interesantes ha sido la identificación de restos de jirafas y una mandíbula de hiena muy completa, dos incorporaciones hasta ahora desconocidas en el registro del yacimiento.
Los investigadores han localizado varios fragmentos craneales y mandibulares correspondientes a jirafas, aunque todavía no han podido determinar su especie exacta. Lo mismo ocurre con la hiena, cuyos restos deberán limpiarse y prepararse antes de realizar un estudio detallado.
La presencia de cocodrilos entre los fósiles de Baza 1 constituye una de las principales pistas sobre las condiciones ambientales de aquella época. Estos reptiles dependen de la temperatura exterior para regular su actividad, por lo que su existencia indica que la región disfrutaba de un clima considerablemente más cálido que el actual, con características tropicales o subtropicales.
Los científicos consideran que esta zona de Granada pudo funcionar como un refugio climático para animales adaptados a ambientes cálidos. Entre ellos se encontraban algunos de los últimos cocodrilos que habitaron Europa, cuyos antepasados estaban relacionados con faunas de origen africano.
El ecosistema también acogía una extraordinaria diversidad de mamíferos. Además de rinocerontes y rumiantes con cuernos o astas, aparecen hipariones, unos caballos primitivos que tenían tres dedos en lugar del único dedo funcional de los caballos modernos.
Entre los grandes depredadores destaca Agriotherium, un género extinto de oso de enormes dimensiones. Su presencia, junto a la de otros carnívoros todavía pendientes de identificación, permite conocer mejor la diversidad de animales que compartían aquel territorio.
El yacimiento también conserva restos de 16 especies de pequeños mamíferos, entre ellos roedores, conejos y musarañas. Algunos presentan un origen africano y están relacionados con los movimientos de fauna que se produjeron durante la crisis de salinidad del Mesiniense. Este episodio geológico ocurrió hace aproximadamente entre 6 y 5,3 millones de años, cuando el Mediterráneo experimentó una desecación extrema. Estos cambios en el paisaje facilitaron intercambios de animales entre regiones que actualmente están separadas por el mar.
A esta diversidad se suman fósiles de aves, tortugas, anfibios, peces y restos vegetales, fundamentales para reconstruir el antiguo paisaje. Baza 1 fue descubierto en mayo de 1996, en la Cuesta del Francés, junto a la Falla de Baza, y hasta ahora se han excavado más de 60 metros cuadrados.