Mientras España quiere apagar sus nucleares, una startup del MIT inventa reactores prefabricados que se construyen como barcos
El encaje de la energía nuclear en la transición hacia un modelo limpio es cualquier cosa menos sencillo. En España, el actual Gobierno persevera en su plan de apagón nuclear –que el PP promete suspender si gana las elecciones–, con la mirada puesta en 2030 para clausurar reactores clave como los de Ascó y Cofrentes, que proporcionan cerca de la mitad de la energía consumida en Cataluña y la Comunidad Valenciana. Mientras, en Estados Unidos, la innovación busca cómo construir nuevas centrales de forma más rápida, económica y libre de los habituales dolores de cabeza financieros que han enfriado la industria nuclear en las últimas décadas y han servido de poderosos argumentos para los enemigos de esta tecnología.
El principal lastre de la energía nuclear –además de sus riesgos y la gestión de sus residuos–, no radica en su física, que sobre el papel ofrece factores de capacidad superiores al 90% y cero emisiones directas, sino en la obra civil. Levantar una central convencional sigue siendo uno de los desafíos de ingeniería más farragosos del planeta: megaproyectos construidos desde cero sobre el terreno en lugares remotos, muy vulnerables a las trabas regulatorias y dependientes de una mano de obra hiperespecializada con plazos de ejecución de más de una década.
Semejante horizonte temporal dispara el coste de capital y ahuyenta a los inversores, reacios a asumir el riesgo de una obra que tarda años en generar un solo kilovatio. Como resultado, los proyectos nucleares acaban duplicando con frecuencia su presupuesto inicial y acumulando retrasos astronómicos.
Centrales prefabricadas
Para solucionar este cuello de botella ha nacido Blue Energy, una compañía emergente fundada por el ingeniero Jake Jurewicz, exalumno del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Su objetivo es que el despliegue de plantas nucleares se asemeje a la agilidad de los proyectos de energía eólica, solar o de gas. "El problema nuclear es un problema de construcción", ha explicado Jurewicz a MIT News. En contraste, el modelo que él propone es casi perfecto por su nula emisión de carbono, su alta fiabilidad y una operatividad por encima del 90% de su capacidad.
La revolución que plantea Blue Energy se basa en la prefabricación. La compañía planea ensamblar inmensos módulos de 1.500 toneladas –bautizados como "Blue Blocks"– directamente en astilleros comerciales. De este modo, la empresa aprovecha las infraestructuras, la maquinaria y la mano de obra existentes que actualmente se dedican a fabricar enormes estructuras de acero para la industria del petróleo y el gas en alta mar. Una vez construidos en estos entornos controlados, los bloques, que ya cuentan con toda la mecánica, la electricidad y la fontanería necesarias, se transportan en barcazas hasta su ubicación definitiva para el ensamblaje final.
Con este modelo de fabricación en cadena, la empresa proyecta reducir drásticamente el tiempo de construcción de una central nuclear: de los 10 años o más que exige el modelo tradicional a tan solo unos 36 meses. A nivel de costes, Blue Energy estima que podrá ofrecer energía a unos 5.000 dólares por kilovatio en sus futuros proyectos, menos de la mitad del coste de plantas de reciente construcción en EEUU como la de Vogtle, en el estado de Georgia.
Un enfoque híbrido
Para facilitar aún más la viabilidad financiera, la 'start-up' ha ideado un enfoque híbrido. Sus primeras plantas se financiarán y operarán inicialmente con turbinas de gas. Esto permitirá a la empresa generar ingresos en los primeros tres años desde el inicio de la construcción. Posteriormente, se realizará la transición integrando pequeños reactores modulares de agua ligera fabricados por GE Vernova Hitachi, tecnología que ya cuenta con la aprobación de la Comisión Reguladora Nuclear (NRC) de Estados Unidos.
Este nuevo paradigma ya tiene una primera ubicación en el mapa. Blue Energy está desarrollando una planta de 2,5 gigavatios en Victoria, Texas, que comenzará a producir energía con turbinas de gas en 2030, y prevé incorporar hasta cinco pequeños reactores nucleares a partir de 2032.
Mientras en España el sector alerta de que el inminente cierre nuclear forzará al sistema a depender más de los ciclos combinados, aumentando las emisiones y el precio del mercado, proyectos estadounidenses como el de Blue Energy demuestran que la industria atómica está buscando reinventarse para ser más rápida, competitiva y esencial en la transición energética global.
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