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La UE no se inmuta tras el ataque a una delegación diplomática europea en Israel

La violencia de los colonos israelíes marca la cosecha de la aceituna en la Cisjordania ocupada

La cosecha de la aceituna está dejando imágenes de extrema violencia en la Cisjordania ocupada. Los colonos israelíes han emprendido una campaña de acoso contra los campesinos palestinos, pero también contra todo aquel que se atreva a denunciar sus ataques. Este ha sido el caso de una delegación de diplomáticos europeos, que el sábado experimentaron de primera mano la violencia de los colonos. Un ataque al que la Unión Europea ha respondido con la inacción.

Tras conocerse que, durante el fin de semana, la Cónsul General de Bélgica y diplomáticos franceses y polacos fueron atacados en una localidad próxima a Jerusalén, el ministro de Exteriores belga, Maxime Prevot, expresó su más enérgica repulsa sobre este hecho. También la UE se ha pronunciado al respecto. En una declaración de su portavoz de Exteriores, Bruselas ha condenado "enérgicamente" los últimos ataques.

Sin embargo, más allá de comunicados con condenas enérgicas, las autoridades europeas no han movido un dedo para mostrar su rechazo a las acciones cometidas por los colonos. Más allá de pedir el fin de "la impunidad para los colonos violentos" y prometer que Bélgica "continuará presionando por sanciones de la UE contra los responsables y aquellos que los apoyan", su titular de Exteriores no ha anunciado otro tipo de medidas. El Gobierno belga no llama a consultas a su embajador en Israel, a pesar de que una responsable diplomática y un vehículo oficial del Consulado han sido atacados.

Tampoco Francia ha anunciado medidas contundentes, más allá de una condena de su ministro de Exteriores. Jean-Nöel Barrot también se ha limitado a pedir que las autoridades israelíes detengan a los responsables de la agresión. En su caso, un alcalde francés resultó herido durante el ataque contra la delegación de diplomáticos europeos.

Complicidad entre colonos y autoridades

Las autoridades israelíes parecen haber escuchado las "contundentes" quejas que les han llegado desde la UE. Este lunes han detenido a diez personas por su presunta relación con los ataques. En un comunicado recogido por Haaretz, el jefe de la Policía israelí, Daniel Levy, ha prometido una aplicación "equitativa e imparcial de la ley, basada en las pruebas y la legislación vigente".

BREAKING: Masked Israeli "settlers" attacked a convoy of European diplomats from France, Belgium and Poland during an olive harvest visit to the Christian Palestinian village of Taybeh, near Ramallah.

Seven settlers on ATVs surrounded the vehicles, demanded IDs, threw stones and… pic.twitter.com/3NYbLBY1dv

— Clash Report (@clashreport) October 17, 2026

Pero los precedentes no acompañan a la afirmación de Levy. La mayoría de los ataques de colonos en Cisjordania quedan impunes, al menos cuando se cometen contra la población palestina. De hecho, una investigación de la ONU concluyó en junio que el propio Gobierno israelí facilita estos actos mediante apoyo financiero y militar. También apuntaba a un clima de impunidad fomentado por los propios organismos judiciales y las instituciones encargadas de aplicar la ley.

De hecho, Haaretz ha desvelado cómo el Ejército israelí ignoró las "reiteradas llamadas de auxilio" que advertían de que los colonos estaban amenazando a la delegación europea. Según este periódico, los mensajes de alerta llegaron horas antes del ataque, pero los soldados "ignoraron" las advertencias, que incluían la ubicación de los diplomáticos y grabaciones de vídeo de los agresores. Ni el Ejército ni la Policía se presentaron en el lugar –una aldea cristiana a 5 kilómetros de Jerusalén– para prevenir o detener el ataque. Este mismo medio asegura que el Ejército ha abierto una investigación "para examinar su actuación en el suceso".

Netanyahu niega el ataque

Después del ataque, varios dirigentes israelíes condenaron lo sucedido. También el Ejército y la Policía. Al igual que sus colegas europeos, el ministro de Exteriores, Gideon Saar, condenó "enérgicamente" el ataque, para después añadir que su cartera está en contacto con los embajadores de los países implicados "con el fin de asistir a las autoridades encargadas de hacer cumplir la ley". Aún con estas, hubo espacio para los "peros".

"Sin menoscabar la gravedad del incidente, es lamentable que la visita no se haya coordinado previamente con las Fuerzas Armadas. Tal coordinación podría haber ayudado a salvaguardar la seguridad de los visitantes", dijo el ministro. Al día siguiente, Haaretz publicó la información que apuntaba a que los diplomáticos y las personas que iban con ellos pidieron ayuda, pero el Ejército les ignoró.

A pesar de esa condena con reproches a las víctimas del ataque, el portavoz de Exteriores de la UE optó por agradecer "las declaraciones de varios representantes israelíes que condenaron los ataques". Por el contrario, no ha habido mención alguna a la rección de Benjamín Netanyahu.

Aunque existen pruebas gráficas del ataque y las propias fuerzas de seguridad israelíes han repudiado los hechos, el primer ministro ha puesto en duda lo sucedido. Netanyahu afirmó el sábado por la noche que no existían "pruebas sólidas", llegando a sugerir que podía tratarse de "una campaña coordinada para difamar a Israel".

Sobre las imágenes publicadas en redes que muestran el ataque, el jefe de Gobierno israelí manifestó que "por sí solas" no establecen la responsabilidad individual de los atacantes. Tampoco la secuencia completa de los hechos. Según Netanyahu, unas muestran a individuos enmascarados confrontando un vehículo diplomático, mientras que otras imágenes separadas "muestran una ventana rota y una persona tendida en el suelo".

Una periodista estadounidense ingresada

El ataque contra la delegación europea no ha sido la única agresión contra extranjeros este fin de semana en Cisjordania. Una periodista del Washington Post sufrió una brutal paliza a manos de colonos israelíes procedentes de un asentamiento ilegal el viernes.

La fotoperiodista estadounidense agredida por un grupo de colonos junto al líder del partido izquierdista israelí de los Demócratas, Yair Golán
La fotoperiodista estadounidense agredida por un grupo de colonos junto al líder del partido izquierdista israelí de los Demócratas, Yair Golán | EFE/ Cuenta oficial X del líder del partido izquierdista israelí de los Demócratas, Yair Golá

Según relató la BBC, cuyo equipo presenció el ataque, la fotógrafa estadounidense Heidi Levine fue sorprendida por los atacantes mientras cubría la recogida de la aceituna. La reportera veterana acabó en el hospital, con cuatro fracturas vertebrales y una costilla rota. Fue la propia Levine quien describió a otros compañeros periodistas cómo recibió patadas mientras estaba en el suelo.

Entre las diez personas detenidas este lunes también figuran sospechosos por el ataque contra Levine. No obstante, testigos de lo ocurrido han narrado que los soldados israelíes en la zona no hicieron nada para impedir la agresión. Así lo recoge el Washington Post, medio para el que trabaja la fotógrafa.

Y, a pesar de estas denuncias de complicidad por parte de las autoridades, Donald Trump ha anunciado este domingo su "apoyo total" a Netanyahu de cara a las elecciones israelíes, que se celebran la semana que viene. Lo ha hecho dos días después del brutal ataque contra una ciudadana estadounidense. No deja de ser significativo que haya escogido justo este momento, teniendo en cuenta que durante semanas ha evitado hacerlo.

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La guerra en Oriente Medio, ¿la oportunidad para un nuevo esquema de alianzas en la región?

Un grupo de hombres porta dagas tradicionales en Sanaa, la capital de Yemen, controlada por los hutíes

Cuando Donald Trump desató su furia sobre Irán a finales de febrero, el resto del planeta se echó a temblar. No era para menos. Casi ocho meses después, el estrecho de Ormuz continúa bloqueado –no lo estaba antes del comienzo de la guerra– y los precios se encuentran por las nubes. Sin embargo, más allá del impacto en los bolsillos el conflicto está provocando un efecto dominó en Oriente Medio. Y es que, los misiles de Irán y sus aliados siguen cayendo por toda la región, lo que ha llevado al resto de países a reconsiderar sus afinidades.

Bien está que el conflicto entre Estados Unidos y la República Islámica se ha estancando desde hace meses, aunque en los últimos días se han intensificado los ataques a petroleros en Ormuz. Sin embargo, el foco ahora está en Yemen. Allí, una ofensiva de los rebeldes hutíes a principios de septiembre ha cogido por sorpresa a sus enemigos: el gobierno oficial del país y Arabia Saudí.

En cuestión de semanas, Riad ha visto cómo su poderío militar en la región es incapaz de hacer frente a un grupo insurgente de un país vecino. Sus ataques contra el aeropuerto de la capital saudí han dejado un reguero de muertos. También la empresa petrolera estatal –que engloba en torno al 10% de la producción mundial– ha sido objetivo de los hutíes. Los rebeldes están golpeando donde más duele.

El nuevo frente ha puesto de manifiesto que la lógica de alianzas en Oriente Medio ha cambiado. El estatus de major non-NATO ally ("aliado importante no-OTAN") de Arabia Saudí da buena cuenta del lugar privilegiado de los saudíes en la red de socios de Washington. Al menos así era hasta ahora. Pero, cuando el príncipe heredero Mohamed bin Salmán pidió auxilio a Donald Trump para frenar los ataques hutíes, éste le cerró la puerta en las narices.

EEUU ni está ni se le espera

A lo largo de estos meses, Trump ha mostrado su incapacidad o, directamente, indiferencia hacia la protección de sus aliados en el Golfo. Este semana, una investigación de Reuters ha desvelado que los ataques de Irán y sus aliados han alcanzado 135 objetivos críticos para las cadenas de suministro energético en la región. Mientras los misiles llovían sobre sus socios, la Casa Blanca miraba hacia otro lado.

Washington estaba centrado en los ataques contra sus bases militares en la región, cuyos daños ha tratado de minimizar durante estos meses. Sin embargo, la cadena CBS reveló el pasado mes de septiembre imágenes que mostraban los daños generalizados y la destrucción en múltiples posiciones estadounidenses en todo Oriente Medio como resultado de los ataques.

Manifestación contra de Arabia Saudí en Sanaa, la capital de Yemen, controlada por los hutíes
Manifestación contra de Arabia Saudí en Sanaa, la capital de Yemen, controlada por los hutíes | EFE/EPA/YAHYA ARHAB

La sensación de abandono en los Estados del Golfo es generalizada. Se suponía que las bases estadounidenses eran su garantía de seguridad. En cambio, esas instalaciones han sido el principal motivo por el que han sufrido los ataques de Irán. Y la Casa Blanca no ha movido un dedo para evitarlos.

Ahora, con su no intervención para auxiliar a los saudíes, EEUU refuerza aún más esta percepción. En un análisis para el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, un think tank con sede en Washington, Michael Ratney lo explica así: "La reticencia de Estados Unidos a involucrarse alimenta la percepción de que ha abandonado a un socio en su momento de mayor necesidad. Mientras Arabia Saudí, su aliado, está siendo atacado, el presidente estadounidense le dice al mundo que no lo está ayudando". En este mismo análisis, sugiere que Riad buscará nuevos socios, como bien demuestra el reciente Pacto de la Meca.

Turquía y Pakistán al rescate

El pasado agosto Arabia Saudí, Pakistán y Turquía firmaron el Pacto de la Meca. Algunos analistas lo han definido como una "OTAN musulmana", bien está que solo lo componen tres países. Aunque en un primer momento los pakistaníes y los turcos se mostraron reacios a ayudar a Riad, finalmente han aceptado acudir en su auxilio. Tropas enviadas por Islamabad ya se encuentran en suelo saudí, mientras que en el caso de Ankara, el Parlamento turco debe dar el visto bueno.

Un acuerdo de este tipo pone a Irán en un lugar especialmente comprometido. Los saudíes son unos de sus principales rivales en la región. Sin embargo, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, ha valorado la triple alianza como "un paso adelante" en la unión entre musulmanes, asegurando que su país está "listo" para participar en el proceso.

Prisioneros leales al Gobierno oficialista de Yemen liberados este sábado por los hutíes
Prisioneros leales al Gobierno oficialista de Yemen liberados este sábado por los hutíes | EFE/EPA/YAHYA ARHAB

Tras conocerse el acuerdo, el Institute for National Security Studies, un think tank israelí vinculado a la Universidad de Tal Aviv, analizó las implicaciones del pacto para Irán. Aunque el declive de la hegemonía militar estadounidense en la región es una pequeña victoria para la República Islámica, el acuerdo entraña riesgos. ¿Y si en un futuro supusiese una amenaza?

Fuentes iraníes consultadas por El Independiente se limitan a subrayar que el Pacto de la Meca es un acuerdo de defensa, no ofensivo. Además, señalan que Pakistán es un buen aliado de Teherán. No obstante, algunos análisis publicados en medios iraníes han cargado contra Islamabad, a quien acusan de estar jugando a dos bandas.

Las milicias hutíes de Yemen forman parte del Eje de Resistencia, la red de alianzas orquestada por Teherán contra EEUU, Israel y sus aliados. A su vez, son enemigos de Arabia Saudí, que apoya al Gobierno oficialista yemení, en guerra con los rebeldes desde hace más de una década. Así, Pakistán, amigo de los ayatolás, colabora ahora con los saudíes para acabar con los socios iraníes en la región.

El factor israelí

Quizás el elemento más complicado de encajar en la ecuación sea Israel. El periódico Haaretz ha revelado los supuestos planes de Benjamín Netanyahu para unirse a Arabia Saudí en los ataques contra los hutíes. El primer ministro israelí anda buscando la normalización de las relaciones con los saudíes desde hace tiempo. Sumarse a su ofensiva contra las milicias rebeldes sería un buen aliciente.

No obstante, el príncipe israelí se muestra reticente a dar este paso. Aunque Riad y Tel Aviv colaboren al margen de los canales oficiales, aunar a Netanyahu a su alianza contra los hutíes son palabras mayores. Las fuentes iraníes consultadas por este medio no creen que esto vaya a suceder. También descartan que la República Islámica acudiese en auxilio de los rebeldes de Yemen si Israel se uniese a los ataques. Están centrados en su propia guerra con EEUU.

Cartel en contra de Benjamín Netanyahu en el centro de Teherán
Cartel en contra de Benjamín Netanyahu en el centro de Teherán | EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

Además, está la barrera de Turquía, con quien Israel mantiene una intensa rivalidad desde hace meses. Hasta el punto de que Netanyahu ha llegado a afirmar que este país "es el nuevo Irán". La pugna entre estos dos Estados tiene mucho que ver con Siria, donde el Gobierno de Recep Tayyip Erdoğan ha ido ganando influencia desde la llegada del islamista Ahmed al Sharaa al poder. Desde Tel Aviv ven la creciente cooperación entre Damasco y Ankara como una amenaza a sus intereses en los Altos del Golán, territorio sirio que ocupan desde hace dos años.

De hecho, el portal estadounidense Axios aseguró a principios de mes que el Gobierno sirio estaba barajando también la posibilidad de enviar tropas a Yemen a luchar contra los hutíes. Un movimiento sorpresa desmentido por Damasco, aunque siguen llegando informes que apuntan en esta dirección.

Así, mientras los combates se recrudecen en Yemen –donde los desplazados internos superan los 233.000, según la Organización Internacional para las Migraciones–, el juego continúa en el tablero geopolítico en Oriente Medio. El vació dejado por Washington está siendo aprovechado por las potencias regionales, aunque todavía no queda claro hacia dónde terminarán de realinearse estos nuevos intereses.

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La desesperación de las familias de los presos saharauis en huelga de hambre y "torturados" por Marruecos: "No sabemos nada de ellos"

Familiares de los presos saharauis de Gdeim Izik, detenidos en Marruecos

Los presos conocidos como el grupo de Gdeim Izik saben bien lo que es el sufrimiento. Detenidos hace dieciséis años, durante todo este tiempo han soportado unas condiciones durísimas en prisión, en cárceles a cientos de kilómetros de sus seres queridos. Su delito, denunciar la ocupación del Sáhara Occidental por parte de Marruecos. Para denunciar su penosa situación, el pasado 23 de septiembre iniciaron una huelga de hambre que algunos mantienen hasta el día de hoy. Tres semanas después, sus familias han alzado la voz para exigir su liberación.

El relato de sus familiares arroja serias preocupaciones sobre la integridad de los prisioneros políticos. Aseguran que, desde que iniciaron su protesta, los presos han sido víctimas de "torturas" y "aislamiento" por parte de Marruecos, además de un importante deterioro de su estado de salud. Su inquietud es tal que temen "seriamente" por la vida de sus familiares.

A esto se añade que las autoridades marroquíes no les permiten visitar a algunos de los detenidos. "No sabemos nada de ellos", denuncian las familias. En el caso de Ahmed Sbaai, su hermana asegura haberlo conseguido visitarlo en "pocas ocasiones" desde el comienzo de la huelga. En estos encuentros, lo vio "muy debilitado y con una importante pérdida de fuerzas". Sin embargo, cuando el miércoles acudió nuevamente a la prisión, las autoridades le informaron de que habían trasladado a su hermano al hospital, pero se niegan a darle el nombre del centro para que pueda comprobar personalmente cómo se encuentra.

Batalla de estómagos vacíos

Marruecos nunca ha tratado bien a los presos de Gdeim Izik. Las autoridades de Rabat desmantelaron brutalmente este campamento a las afueras de El Aaiún ocupado en noviembre de 2010. Allí se habían concentrado miles de activistas saharauis para protestar contra la ocupación alauí. A los que fueron detenidos y condenados a duras penas de prisión, les esperaban años de maltrato en las cárceles marroquíes.

Las huelgas de hambre son recurrentes entre los presos de este grupo. En esta ocasión, los presos han iniciado la "batalla de estómagos vacíos" por lo que consideran una detención "ilegal e injusta" de dieciséis años. Grupos como la Federación Internacional por los Derechos Humanos (FIDH) y la Organización Mundial Contra la Tortura (OMCT) están siguiendo "con profunda preocupación" la evolución de la protesta.

Como era de esperar, la administración carcelaria no ha reaccionado bien a las demandas de los presos saharauis. Sus familias han denunciado que, desde el inicio de la huelga, se han producido "nuevos traslados, restricciones de visitas, interrupciones de comunicaciones y un preocupante deterioro del estado de salud de varios presos". De hecho, de los nueve presos que se sumaron a la protesta –Mohamed Bachir Boutanguiza, Ahmed Sbai, Abdallah Abbah, Hussein Zaoui, Hassan Dah, Nama Asfari, Mohamed Lamin Hadi, Mohamed Bani y Bachir Khada–, cuatro se han visto obligados a suspenderla por el deterioro de su salud.

Los presos denuncian torturas

Los testimonios de los presos saharauis desde dentro de las prisiones son alarmantes. Hassan Dah fue trasladado de la prisión en la que se encontraba sin que las autoridades penitenciarias informasen a la familia. Durante varios días, sus allegados preguntaron por su paradero, sin obtener respuestas. Cuando finalmente consiguieron visitarlo, sus familiares lo encontraron "en un estado de salud extremadamente delicado".

Sin embargo, los hechos más graves fueron denunciados por el propio recluso. Hassan les relató a sus familiares que "fue trasladado desnudo y sometido a torturas y malos tratos durante su desplazamiento a la nueva cárcel".

En el caso de Mohamed Bachir Boutenguiza, su madre –una mujer de edad muy avanzada– y sus hermanas consiguieron visitarle tras varias jornadas frente a las puertas de la cárcel. Lo que presenciaron aumentó todavía más su angustia. "Estaba tan debilitado que no podía caminar por sus propios medios y, durante el encuentro, vomitó sangre delante de ellas", relatan con pesar las familias.

Al deterioro por la huelga de hambre se suma que muchos de los presos sufrían problemas de salud previos. Así le sucede a Hussein Zaoui, que padece problemas renales, asma e hipertensión arterial, agravados durante sus años de encarcelamiento. Sus hijas llevan varios días esperando a la entrada de prisión, con la esperanza de ver a su padre, sin recibir ningún tipo de respuesta a sus peticiones. Han llegado a expresar que no saben si su padre sigue vivo o ha muerto.

Detenciones cuestionadas por la ONU

"La gravedad de la situación actual exige pasar de las declaraciones a las actuaciones urgentes de protección", demandan las familias de los nueve presos saharauis. La realidad es que muchos de estos hombres ni siquiera deberían estar entre rejas.

En noviembre de 2023, el Grupo de Trabajo de la ONU sobre la Detención Arbitraria emitió una resolución en la que concluía que la privación de libertad del grupo de Gdeim Izik era arbitraria. Por ello, el organismo solicitó la excarcelación inmediata de los prisioneros saharauis. Tres años después, las autoridades marroquíes no han movido un dedo para asegurar el cumplimiento del dictamen.

También se ha pronunciado sobre este caso el Comité contra la Tortura de la ONU, que ha dictaminado en varias ocasiones que las confesiones que se usaron para meter a los presos del grupo de Gdeim Izik en la cárcel fueron obtenidas bajo tortura. Marruecos no ha investigado ninguna de estas denuncias, a pesar de que así se lo ha instado Naciones Unidas.

Marruecos reprime también a las familias

En los últimos días, las familias han intensificado la presión sobre las autoridades marroquíes. Este lunes, una concentración frente a la Delegación General de la Administración Penitenciaria en Rabat exigió la liberación de los presos. Según el periódico Le360, propiedad del secretario personal de Mohamed VI, "elementos separatistas" causaron "un caos generalizado" al izar la bandera de la "república imaginaria" –en referencia a la República Árabe Saharaui Democrática– y corear consignas en contra de Marruecos.

La concentración, muy incómoda para las autoridades marroquíes, poco acostumbradas a este tipo de reivindicaciones en la capital, se saldó con varios detenidos. La organización Front Line Defenders ya ha pedido la liberación inmediata del defensor de derechos humanos saharaui Hassana Eddouihi y seis estudiantes, arrestados después de que la policía disolviese "de forma violenta" una protesta pacífica.

Desde la Liga para la Protección de los Presos Saharauis en las Cárceles Marroquíes han denunciado lo que consideran "una grave violación de los derechos y libertades fundamentales". Además, aseguran que esta situación agrava el sufrimiento de las familias de los presos, "que se enfrentan a condiciones psicológicas y humanas particularmente difíciles".

Además, las autoridades alauís han prohibido la entrada a su territorio a la activista francesa Claude Mangin, esposa de uno de los presos de Gdeim Izik. Su marido, Naama Asfari, es uno de los cuatro reclusos que han abandonado la huelga de hambre. No es la primera vez que sucede. El año pasado, Marruecos le impidió desembarcar en Tánger cuando trataba de llegar a suelo marroquí para reunirse con su esposo, tras una campaña de vigilancia y acoso que comenzó en territorio español.

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Marruecos intensifica su presión en la ONU a un mes de la resolución del Consejo de Seguridad sobre el Sáhara

El ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, Nasser Bourita, durante su discurso ante la Asamblea General de la ONU a finales de septiembre

Cuando se acerca la fecha para que el Consejo de Seguridad determine si amplía el mandato de la Misión de la ONU en el Sáhara Occidental (Minurso), Marruecos ha desplegado sus herramientas de presión en el seno de la organización. La delegación de Rabat ha aprovechado los debates de la Cuarta Comisión de la Asamblea para iniciar una campaña de hostigamiento contra las voces saharauis en Naciones Unidas.

Conocida también como la Comisión Política Especial y de Descolonización, es una de las seis comisiones principales de la Asamblea de la ONU. Durante la semana pasada, este órgano se ha reunido para abordar asuntos relativos a la autodeterminación de los pueblos, en los que la cuestión del Sáhara Occidental ocupa un lugar fundamental.

A lo largo de cuatro días, más de un centenar de ponentes han expuesto en la sede de la ONU en Nueva York sus impresiones sobre el conflicto en el Sáhara que es, a ojos del derecho internacional, un territorio pendiente de descolonización, la última colonia de África. Entre los participantes figuraban políticos, periodistas, activistas y representantes de movimientos de solidaridad. Todos ellos se han encontrado con un obstáculo para exponer sus pareceres: la delegación marroquí.

Según han denunciado algunos de los presentes, sus intervenciones "han estado marcadas por las interrupciones de la representante de la misión marroquí". Ahmed Ettanji, presidente de Équipe Média, la agencia de noticias independiente que opera en el territorio saharaui ocupado, ha sido testigo del asedio marroquí contra los ponentes saharauis. "Algunos peticionarios han perdido hasta dos minutos de su tiempo de intervención debido a estas interrupciones sistemáticas", detalla.

Intervenciones frustradas por Rabat

Ettanji ha sido uno de los representantes saharauis que han tomado la palabra en el seno de la ONU para denunciar la ocupación marroquí de su territorio. Allí se ha debatido sobre las violaciones de derechos humanos, el expolio de los recursos naturales, la situación de los campamentos de refugiados y la falta de una solución definitiva al conflicto. En el caso del presidente de Équipe Média, ha tenido la oportunidad de explicar las consecuencias que conlleva ejercer el periodismo en el Sáhara controlado por Marruecos.

En conversación con El Independiente, el periodista saharaui explica cómo la delegación marroquí ha coartado la libertad de expresión de los ponentes saharauis, en sus propias palabras. Ettanji asegura que algunos de los peticionarios han perdido "hasta dos minutos de su tiempo de intervención" debido a las "interrupciones sistemáticas" por parte de la representante marroquí.

Según su relato de los hechos, la contraparte marroquí se ha dedicado a solicitar la palabra "de forma reiterada" durante las intervenciones de los peticionarios para "hacerles perder tiempo". En una ocasión, el presidente de la Comisión pidió a la representante de Rabat "que respetara el orden de las intervenciones y que no interrumpiera de forma repetida", asegura. Y es que, en turnos de palabra de tres minutos, se ha llegado a intervenir hasta en cinco ocasiones para cortar el relato saharaui.

Queja formal ante la ONU

El presidente de Équipe Média ha indicado que las interrupciones marroquíes se han producido al referirse al Sáhara Occidental como una región ocupada: "Especialmente al abordar la situación de los derechos humanos y la explotación de los recursos naturales". Además, desde Rabat han tratado de "imponer" una terminología que menciona al territorio saharaui como si fuese marroquí, denuncia.

Ante esta situación, veintisiete de los peticionarios que han participado en el debate han intentado presentar una queja formal ante la Mesa de la Cuarta Comisión, a la que ha tenido acceso este periódico. "Expresamos nuestra profunda preocupación e indignación ante la actitud reiterada, sistemática y deliberada de la delegación del Reino de Marruecos, la cual interrumpe, altera e interrumpe intencionadamente de manera continua las intervenciones orales de los peticionarios", lamentan los firmantes.

Según denuncian, Rabat se ha valido del "uso abusivo e injustificado" de cuestiones de orden, interjecciones y tácticas dilatorias para "coartar la libertad de expresión" de quienes han comparecido ante la Comisión para denunciar la ocupación del Sáhara Occidental. A su entender, la actitud de los marroquíes viola "las resoluciones de la Asamblea General que garantizan el derecho de la sociedad civil a ser escuchada de manera digna y pacífica".

Los firmantes han pedido que la Mesa emita un llamamiento al orden a la delegación marroquí, aplique los límites en el tiempo de palabra y, sobre todo, que la queja quede registrada en el informe final de la Comisión Política Especial y de Descolonización. Sin embargo, los impulsores de la iniciativa confirman que, hasta el momento, no han recibido acuso de recibo por parte de la ONU, pese a haber enviado la queja en varias ocasiones.

Todas las miradas puestas en el Consejo de Seguridad

Las tácticas de matonismo empleadas por los marroquíes se producen en un contexto de máxima expectación. El Consejo de Seguridad tendrá que emitir una nueva resolución sobre el Sáhara Occidental el 30 de octubre, un día antes de que que finalice el mandato de la Minurso. Nada parece indicar que el órgano de la ONU vaya a poner fin a su misión en el territorio saharaui.

El año pasado, la Resolución 2797 renovó el mandato de la misión de paz, pero también reconoció el plan de autonomía marroquí para el Sáhara "como base" de las negociaciones, considerándolo "una de las soluciones más factibles". Meses después, Marruecos y el Frente Polisario reanudaron las negociaciones directas, aunque las conversaciones no han dado ningún resultado hasta el momento.

En este contexto, ya han comenzado las reuniones a puerta cerrada en el seno del Consejo de Seguridad. Y, de cara a la inminente resolución, el secretario general de la ONU, António Guterres, ya ha presentado su informe anual sobre el Sáhara Occidental. Un documento que podría no ser favorable a los intereses de Marruecos.

El Polisario tampoco está conforme

Aunque la prensa de Rabat se ha empeñado en subrayar que el secretario de la ONU refuerza el plan de autonomía, omiten un dato incómodo para las autoridades alauís. En el documento presentado al Consejo de Seguridad, Guterres pide que cualquier propuesta encaminada a resolver el conflicto –incluido el plan marroquí– se someta a un proceso de consulta con el pueblo saharaui.

Así, los hostigamientos de la representación marroquí durante las reuniones de la Cuarta Comisión se enmarcan en un ambiente de incertidumbre en torno a la Resolución de la ONU. Sin embargo, mientras espera a que el Consejo de Seguridad emita su veredicto, el Polisario también ha mostrado su disconformidad con las conversaciones que están teniendo lugar en Naciones Unidas.

Este lunes, el representante del Polisario ante la ONU ha cuestionado abiertamente la neutralidad de su enviado especial para el Sáhara Occidental, Staffan de Mistura, por sus declaraciones durante las consultas privadas del Consejo del pasado 8 de octubre. La representación saharaui acusa a Mistura de "respaldar abiertamente" la autonomía como la base para futuras conversaciones, "adoptando así una postura que se alinea totalmente con la posición de Marruecos", denuncian.

De hecho, el Polisario ha lanzado una amenaza. Cualquier "desviación repetida" de los principios de neutralidad, imparcialidad e independencia por parte de Mistura les obligaría a "reconsiderar" su cooperación con el enviado de la ONU en el marco del proceso de paz.

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