Macron: "No debemos confundir las demandas legítimas con la violencia"
El incendio que causó graves daños el sábado en el Ayuntamiento de Limoges, un edificio histórico del siglo XIX, quedó controlado este domingo, mientras los bomberos trabajaban para extinguir los últimos focos, informó el prefecto del departamento francés de Haute-Vienne, Maurice Barate. "El fuego está controlado", declaró el prefecto (delegado del Gobierno) a la cadena LCI, y añadió que los equipos de emergencia estaban apagando las últimas brasas.
El incendio se produjo el sábado durante una jornada de protestas sociales en Francia. Según las autoridades locales, varios manifestantes forzaron la entrada al edificio y prendieron fuego en su interior, tras lo cual las llamas se extendieron a las plantas superiores y alcanzaron la cubierta, que terminó derrumbándose.
El alcalde de Limoges, Guillaume Guérin, condenó anoche el ataque y aseguró que el Ayuntamiento había quedado prácticamente destruido. No obstante, afirmó que los servicios municipales continuarían funcionando pese a los daños. "Han destruido un edificio que los habitantes de Limoges aman, pero no han destruido el servicio público", declaró Guérin. "Es -dijo- un monumento que arde, pero no la República".
El alcalde también expresó su confianza en que los responsables fueran detenidos y sostuvo que los agentes desplegados durante la protesta no disponían de medios suficientes para contener a los participantes violentos. Según declaró hoy el prefecto, unas 5.000 personas participaron en la manifestación, entre ellas varios cientos de individuos a los que describió como radicalizados y extremadamente violentos.
Apres plusieurs heures, la mairie de Limoges s’est effondrée.
— Pierre Charron (@marinpetrus) October 17, 2026
C’est épouvantable. Quelle époque épouvantable. pic.twitter.com/hJOcys9YvH
Tras los incidentes en el Ayuntamiento, algunos manifestantes se dirigieron hacia la prefectura, mientras otros saquearon comercios del centro de la ciudad, añadió. El prefecto afirmó que el incendio había sido provocado deliberadamente y condenó los ataques contra edificios públicos y establecimientos comerciales. El Ayuntamiento de Limoges fue construido entre 1876 y 1883 y está considerado monumento histórico. El edificio combina elementos arquitectónicos inspirados en el Renacimiento tardío y la época de Luis XIII.
Los franceses han vuelto a incendiar las calles en las protestas convocadas este 17 de octubre. A los estudiantes, que llevan ya un mes de manifestaciones, se han unido funcionarios, sindicalistas, agricultores, transportistas y los chalecos amarillos. Estos últimos fueron clave en las manifestaciones de 2018 por motivos como el incremento del precio de los carburantes o la fiscalidad, entre otros.
La violencia ha escalado en varias ciudades, desde París a Lyon y Limoges, donde las llamas devoraron el Ayuntamiento. A seis meses de las elecciones presidenciales, reina el caos en un país con un gobierno debilitado y un jefe del Estado, Emmanuel Macron, en tiempo de descuento y con una líder de la ultraderecha, Marine Le Pen, que podría aprovechar el descontento generalizado. Las distintas encuestas francesas publicadas en octubre la sitúan en una intención del voto del 35% frente al 15-16% que reciben los candidatos del centro o el izquierdista Jean-Luc Mélenchon.
El Ministerio del Interior francés, Laurent Núñez, actualizó este domingo la cifra de detenidos, que se eleva de los 400 contemplados el sábado, a 1.800 personas. Aún se siguen llevando a cabo investigaciones para "identificar a los autores" de los desórdenes y disturbios acontecidos. Por otro lado, apuntó que la jornada de protestas e incidentes ha dejado "más de 500 policías, gendarmes y bomberos heridos por las escenas de violencia". "La República no cederá nada a aquellos que quieran imponer el desorden y la violencia", escribió en redes sociales. En París se superarían las 870 detenciones.
Las protestas han estado dirigidas contra el encarecimiento de la vida, con incidentes graves en ciudades como Marsella y Lyon, pero también en París o Nantes, entre otras, según datos aún provisionales. Las autoridades señalaron un aumento de los actos violentos, incluidos ataques contra las fuerzas de seguridad, saqueos o intentos de saqueo de comercios y daños en edificios públicos protagonizados por grupos de varios cientos de individuos vestidos de negro, vinculados a la extrema izquierda.
El presidente francés, Emmanuel Macron, afirmó este sábado que no hay "ningún lugar para la violencia" en Francia, prometió castigos para los autores de destrozos y saqueos en esta jornada de protestas por el encarecimiento de la vida, y pidió un "frente unido" contra "los que siembran el caos".
"Quienes han destrozado, atacado prefecturas y comercios y saqueado incluso nuestros ayuntamientos, serán perseguidos y castigados", escribió Macron en un mensaje en sus redes sociales.
Apres plusieurs heures, la mairie de Limoges s’est effondrée.
— Pierre Charron (@marinpetrus) October 17, 2026
C’est épouvantable. Quelle époque épouvantable. pic.twitter.com/hJOcys9YvH
El jefe del Estado aseguró además que habrá "un frente unido frente a los que siembran el caos, que solo buscan derribar nuestras instituciones y impiden que aquellos que expresan pacíficamente sus reivindicaciones lo hagan".
Macron tuvo palabras también de "apoyo" para las fuerzas del orden, "garantes del derecho a manifestarse", y que han estado en las últimas semanas en el foco de las críticas por los métodos empleados para afrontar los bloqueos y manifestaciones de estudiantes que piden mejoras educativas.
Según traslada EFE, los incidentes más graves, el ministerio destacó la entrada por la fuerza de manifestantes en el Ayuntamiento de Marsella y los destrozos en establecimientos comerciales. En Lyon, donde una oficina de turismo fue destruida por un incendio y varios comercios sufrieron daños, los bomberos que acudieron al lugar encontraron obstáculos para intervenir debido a la actuación de grupos violentos, según el Ministerio del Interior. En París, varios grupos que participaban en marchas no autorizadas intentaron converger hacia edificios institucionales, incluido el Palacio del Elíseo, lo que llevó a las fuerzas de seguridad a intervenir para dispersarlos y proteger las sedes oficiales.
También se registraron incidentes en otras ciudades. En Aviñón, manifestantes entraron en el patio de la Prefectura del departamento de Vaucluse, mientras que en Grenoble se produjeron daños en el Ayuntamiento. En Pau, Montpellier, Toulouse y Valence, varios comercios fueron vandalizados, según las autoridades. Las protestas, convocadas contra la inflación y la pérdida de poder adquisitivo, han movilizado a colectivos diversos en distintas partes de Francia y han estado acompañadas de enfrentamientos y daños materiales en varias ciudades.
Una marea de decenas de miles de jóvenes estudiantes protagonizó este sábado una manifestación en París, una marcha que estuvo trufada de tensiones y enfrentamientos con las fuerzas del orden. Buena parte de los participantes en el desfile, que comenzó en una plaza de la República atestada y en la que se respiraban por todos lados los gases lacrimógenos que lanzaban las fuerzas del orden para repeler los continuos choques con jóvenes encapuchados, llegaba con el impulso de la movilización de los alumnos de liceos y universidades francesas de las últimas semanas.
Holy fucking shit.
— Kosher (@koshercockney) October 17, 2026
Paris right now, this evening.
Police vehicles try to escape with destroyed tyres. pic.twitter.com/hMBZkT2MRL
Por eso las reivindicaciones que dominaban eran las que se han venido escuchando en ese tiempo para que mejoren las condiciones de educación, con más profesores, centros educativos en mejores condiciones y más becas. Se extendió a cuestiones como los hospitales y otros servicios públicos. Los manifestantes corearon lemas habituales en las concentraciones de la izquierda radical, como 'todos somos antifascistas' (en italiano) o 'todo el mundo detesta a la policía', que fue especialmente el blanco de muchas de las pancartas y de las quejas por su actuación durante las semanas de movilización estudiantil.
Más allá de la plaza de la República, cuyas entradas estaban controladas y en gran medida bloqueadas por decenas de furgones de antidisturbios, miles de jóvenes desfilaron por calles adyacentes al margen del recorrido que la Prefectura de Policía había fijado en dirección de la plaza de Clichy, y grupos de encapuchados montaron barricadas con vallas, bicicletas y material urbano que impidieron la circulación. Ante el temor a los incidentes, que en la práctica se multiplicaron en muchas ciudades francesas, el ministro del Interior, Núñez, había movilizado a 10.000 policías y gendarmes para esta jornada en todo el país, de los cuales 5.000 en París.