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Prohibidos por Ley de Bienestar Animal: los collares para perro que te pueden costar una multa

Qué collares para perro están prohibidos por ley y de cuánto son las multas

La entrada en vigor de la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales supuso un cambio en la forma en que los propietarios deben relacionarse con sus mascotas en España. Entre todas las obligaciones y normas que recoge la ley, una de las que más dudas genera en los paseos diarios es el uso de ciertos collares de adiestramiento.

La ley busca eliminar cualquier herramienta que cause dolor, lesiones, ahogo o sufrimiento innecesario al animal. Esto deja fuera de la norma utensilios que durante años se han utilizado habitualmente para corregir comportamientos, controlar ladridos o evitar que el perro tire de la correa.

Qué collares están prohibidos según la Ley de Bienestar Animal

El artículo 27 de la Ley de Bienestar Animal detalla las prohibiciones específicas sobre los animales de compañía. En la parte dedicada al manejo y adiestramiento de las mascotas, la norma prohíbe el uso de cualquier herramienta que pueda causar lesiones o daños físicos.

En el día a día, esta prohibición afecta directamente a tres tipos de accesorios muy comunes en las tiendas de mascotas:

  • Collares de ahogo o estrangulamiento. Modelos hechos con cadenas metálicas o lazos que se aprietan alrededor del cuello cuando el perro tira de la correa, dificultando o impidiendo que respire con normalidad.
  • Collares de castigo (de pinchos o púas). Utensilios que llevan púas de metal o plástico apuntando hacia el cuello y que se clavan en la piel del perro cada vez que se da un tirón a la correa.
  • Collares eléctricos o de descargas. Dispositivos electrónicos diseñados para dar descargas eléctricas, calambres o vibraciones molestas a distancia con el objetivo de castigar conductas como los ladridos.

La ley prohíbe estos materiales porque considera a los animales como "seres sintientes". Reconocerlos así impide legalmente educarlos o pasearlos usando el dolor, el castigo físico o accesorios que les causen malestar.

Multas de hasta 50.000 euros por utilizar herramientas lesivas

La Ley de Bienestar Animal castiga el uso de estos accesorios con sanciones importantes. Utilizar collares de pinchos, de ahogo o eléctricos se considera, por regla general, una infracción grave. Se entiende como una práctica que provoca un daño o sufrimiento evitable al perro.

Las multas previstas para este tipo de faltas graves van desde los 10.001 hasta los 50.000 euros. La cifra se fijará por parte de las autoridades según la intención del dueño, si es reincidente o el daño causado al animal.

Por otro lado, si el uso de alguno de estos collares llega a provocar lesiones permanentes, deformidades o la muerte del animal (por ejemplo, por asfixia o daños graves en el cuello), la falta pasará a ser muy grave. En estos casos extremos, las multas se disparan y pueden ir desde los 50.001 hasta los 200.000 euros.

Los motivos veterinarios detrás de la restricción

Más allá de las multas y la ley, la razón médica para prohibir estos collares es el daño directo que hacen a la salud y al comportamiento del perro. Educadores caninos y veterinarios coinciden en que el cuello de un perro es una zona muy delicada, ya que por ahí pasan la tráquea, el esófago, la glándula tiroides y nervios importantes.

Usar collares de ahogo o de pinchos de forma continua puede, por tanto, provocar problemas físicos graves como daños en la tráquea, dolores de cuello, problemas de tiroides e incluso un aumento de la presión en los ojos que puede afectar a la vista. Además, los expertos advierten de que castigar al perro no le enseña a comportarse bien. A diferencia de lo que se piensa, ese castigo aumenta su estrés y su miedo. Esto provoca muchas veces que el animal se vuelva más agresivo por defenderse del dolor.

Alternativas legales y recomendadas para el paseo

La ley no prohíbe usar elementos para sujetar al perro al pasear por la calle, pero sí pide cambiar los collares de castigo por materiales cómodos que no hagan daño al animal y permitan controlarlo bien.

Para cumplir con la ley y evitar lesiones, la opción más recomendada por los veterinarios son los arneses en forma de "Y" o "H". Este tipo reparte el tirón por todo el pecho del perro, dejando libres el cuello y las vías respiratorias. Si se prefiere usar collar, debe ser plano. Tiene que estar formado de materiales blandos como la tela o el cuero, y estar bien ajustado para sujetar al perro sin apretarle la garganta.

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Invierno decisivo y sangriento en Ucrania

Un hombre sostiene una bandera en los restos de un edificio residencial donde ha caído un misil ruso en Kiev.

"Estamos ante la confrontación del bien y del mal. Cualquiera que responsabilice a Ucrania da un regalo al agresor, a Putin. Aquí en Polonia tenemos muy presente la Segunda Guerra Mundial. Los nazis querían convencer al mundo de que era Polonia la culpable. Ahora pasa lo mismo con Ucrania". En el Warsaw Security Forum, esta semana, Donald Tusk, primer ministro polaco, se dirigía, sin nombrarlo, a Donald Trump, quien ahora quiere impedir que Ucrania juegue sus cartas al limitar su acceso a Starshield/Starlink. Su desesperación por los previsibles malos resultados en las elecciones de mitad de mandato le han llevado de nuevo en confiar en Vladimir Putin. El presidente ucraniano se siente traicionado, en vísperas de un invierno decisivo y probablemente sangriento.

El plan de Rusia está claro: ataca las infraestructuras energéticas para dejar a Ucrania a oscuras. Para conseguirlo, Putin ha ofrecido el pacto del diésel a Trump, y el presidente de Estados Unidos, atrapado en las consecuencias de su intervención en Irán, ha querido creer que así bajarán los precios. Por eso presiona a Zelenski para que deje de atacar las refinerías rusas, algo que hace mucho daño al Kremlin. Y también exige al presidente ucraniano que celebre elecciones. En plena guerra. Sin embargo, le parece normal que Putin lleve 26 años en el poder y gane elección tras elección sin permitir que concurran los opositores.

El último gesto de Trump hacia Putin ha sido suspender temporalmente la aplicación de un amplio paquete de sanciones contra Rusia, mediante una orden ejecutiva, según informa la agencia Efe. Había sido aprobada por el Congreso y Trump la habái firmado. Ha argumentado que lo hace en defensa del interés nacional. La decisión afecta a una ley bautizada con el nombre del fallecido senador republicano Lindsey Graham, gran defensor de la causa ucraniana, que buscaba limitar el flujo de recursos financieros que contribuyen a sostener la guerra contra Ucrania. Otra señal más de que Trump está obrando al servicio de Putin. En el Kremlin brindan con vodka.

Escalada por tierra, mar y aire

"Afrontamos uno de los más difíciles inviernos", reconoce Andryi Sybiha, ministro ucraniano de Exteriores, en Varsovia. Y expone la lista de todo lo que necesitan los ucranianos para superarlo. "Necesitamos transformadores, generadores y toda clase de apoyo para superar el invierno. Desafortunadamente esperamos una escalada por tierra, mar y aire. Nuestra prioridad son los sistemas de defensa aérea, por supuesto, interceptores. También cualquier tipo de munición, por ejemplo, de 20 mm, que usan los F-16, muy eficaces contra los nuevos drones rusos". 

A estas carencias se suma la dependencia de Ucrania y Europa de la tecnología estadounidense en materia de comunicaciones por satélite y sistemas de alerta de misiles. La limitación de Starshield, la versión militar de Starlink, desde el miércoles por la mañana hasta el viernes, ha hecho temer lo peor a los ucranianos. Sin esa guía, sus ciudades son más vulnerables a los misiles rusos, y la mayoría de los drones ucranianos quedan inoperativos. Esa decisión solo llevaría a que muchos más ucranianos murieran. Ya estamos viendo ataques con decenas de muertos en las ciudades.

Elon Musk, dueño del sistema de comunicaciones, apuntó a que había sido el Pentágono, que controla Starshield, quien había limitado el acceso. Señaló a Trump en última instancia. Una exclusiva de The Telegraph ha desvelado que la idea fue de Musk, quien no oculta sus simpatías por la extrema derecha global, aliada del Kremlin.

El almirante Giuseppe Calvo Dragone, jefe del Comité Militar de la OTAN, coincide con que estamos ante un momento decisivo. Acaba de estar en Kiev en la primera visita del comité militar aliado desde 2018. "El invierno que viene es un factor clave. Trataremos de aportar el máximo de interceptores y sistemas de defensa aérea. Nunca serán suficientes. Si podemos ayudarles a superar el cuarto invierno, en 2027 se marcará una diferencia. Estos cuatro meses serán cruciales".

Ucrania necesita el apoyo de la OTAN, la ayuda financiera de los Veintisiete, y la presión del Congreso de Estados Unidos, donde hay muchos republicanos proucranianos, para impedir que Rusia provoque una sangría estos meses venideros. Muchos en Ucrania están cansados de tanta sinrazón. Les hierve la sangre cuando escuchan cómo Trump no utiliza su poder en favor de la víctima sino del agresor.

Meloni, entre los aliados más fieles a Kiev

Al menos pueden contar con algunos buenos aliados entre los líderes europeos. Donald Tusk aseguró que iba al Consejo Europeo a pedir más sanciones. Su ministro de Exteriores, Radosław Sikorski, añadió que los europeos no iban a aceptar que los activos rusos estuvieran en un fondo controlado por Washington. "Por encima de nuestros cadáveres", afirmó Sikorski.

También ha sido muy contundente esta semana la primera ministra italiana, Giorgia Meloni. A diferencia de otros líderes ultraconservadores europeos, Meloni es muy firme contra Putin. Y no tiene reparos en leerle la cartilla a Trump, a quien le ha dicho claramente que su pacto del diésel es, cuando menos, arriesgado. Supone, a su juicio, "una legitimación para Moscú mientras sus bombas siguen cayendo sobre las ciudades ucranianas, nuevos ingresos con los que financiar la guerra, un debilitamiento implícito de las sanciones. Todos son elementos que contradicen lo que hasta ahora han hecho los Estados occidentales, incluidos los Estados Unidos, para presionar a Putin a que se siente a la mesa de negociaciones". Y sigue: "El apoyo a Ucrania no es la alternativa a la paz: es lo que la hace posible. Porque si el agresor puede aspirar a la rendición de su adversario, ¿para qué necesita negociar?" A los filorrusos, les advirtió: "Yo no echo de menos los tanques rusos en Praga".

Sin embargo, los malos augurios también se ciernen sobre el escenario político que nos espera en 2027. Marine Le Pen, favorita en la contienda por la Presidencia de Francia, ha dicho que suprimiría la ayuda a Ucrania en seis meses si llega al Elíseo. Sostiene que la situación financiera de Francia no permite mantenerla. Ignora, o no quiere saber, que si pierde Ucrania, Europa va a tener que gastar mucho más en defenderse de Rusia.

La líder de Alternativa para Alemania, Alice Weidel, oculta su cercanía al Kremlin bajo el paraguas de la equidistancia: ninguno hace nada por la paz. AfD encabeza los sondeos, si bien no habría elecciones federales en Alemania hasta 2029.

Zelenski ante los Veintisiete y con Burnham

Esta semana Zelenski ha tenido una intensa agenda diplomática, con viaje a Londres y a Bruselas, donde ha asistido al Consejo Europeo. Tenía que insistir ante los europeos de la necesidad de mantener las sanciones. También les ha recordado que los ucranianos necesitan más ayuda financiera.

La Comisión Europea va a estudiar cómo facilitarles unos 70.000 millones de euros antes de fin de noviembre. Si hubiera voluntad y coraje político, los Veintisiete tendrían que recurrir a los 210.000 millones de euros en activos congelados rusos. Bélgica, el país donde se encuentran, es el que más se opone por las consecuencias jurídicas posteriores. Cuando hay niños muriendo bajo las bombas rusas, estar dándole vueltas a qué hará Rusia si se utilizan esos activos demuestra que a Europa le faltan agallas.

En Bruselas Zelenski ha escuchado buenas palabras. "No estáis solos", le decía Tusk. Zelenski les ha recordado: "Si Putin gana, todo lo que os mantiene unidos y permite a vuestros pueblos vivir en paz, desaparecerá". A sus interlocutores les ha explicado cómo el invierno ya ha llegado a Ucrania, donde los problemas de suministro de gas, agua y electricidad son cada vez mayores. Mientras Zelenski mantenía reuniones con los líderes europeos, el Kremlin lanzaba otro ataque con drones contra la infraestructura energética ucraniana en la ciudad de Lutsk.

Inseguridad entre los que volvieron

El riesgo ahora es que muchos de los ucranianos que regresaron a sus hogares tras huir de la guerra tengan que volver a desplazarse. Cada vez más viviendas sufren daños y quedan inhabitables. Los cortes de luz y gas son frecuentes, y el coste altísimo.

"Para millones de ucranianos, el reto ya no es simplemente si pueden volver a casa. Se trata de si pueden permanecer allí de forma segura y, en estos momentos, las condiciones lo están dificultando", ha declarado Arthur Erken, director regional de la Organización Internacional para la Migración (OIM) para Europa y Asia Central.

Según los últimos datos de la OIM, la intención de marcharse de nuevo es mayor entre quienes han regresado en los últimos tres meses. Las necesidades de alojamiento son considerables. Se estima que 1,45 millones de repatriados viven actualmente en distritos de primera línea, incluidos 565.000 solo en la región de Járkov.

Quienes se fueron a países vecinos, como Polonia, ven cada vez más difícil regresar. Ahora escuchan también en ciudades como Varsovia las sirenas, pero son medidas preventivas. Nada que ver con lo que sufren sus parientes en Kiev, donde ese sonido significa bombardeo.

A los que teorizan sobre lo que significa vivir en un país libre, el ministro Sybiha les dice contundente: "La idea de libertad se está defendiéndose en las trincheras de Ucrania ahora mismo. Nosotros estamos pagando el precio. Es en Ucrania donde se está defendiendo el liberalismo frente a la tiranía. El futuro de Europa y de la arquitectura de seguridad se decide en Ucrania ahora". 

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La dura realidad de una asociación de Leganés con más de 70 gatos en una colonia y sin casas de acogida: “La falta de apoyo te acaba quemando”

Gatitos que fueron rescatados hace un año en Leganés por Ayúdanos a Ayudar Gatos. (José Enriquez/Cedida)

Cada día, cuando concluye su jornada laboral en una consultoría de ingeniería técnica, Elena arranca su “segundo turno”. Es la presidenta de Ayúdanos a Ayudar Gatos, una asociación de Leganés fundada en 2017 que lucha a pie de calle por la protección felina. Su relato no es el de un refugio idílico con grandes instalaciones, sino el de una labor cotidiana sostenida únicamente por voluntarios, casas de acogida y recursos propios.

“Nosotras podemos dejarnos la piel, pero el Ayuntamiento no hace nada”, lamenta Elena. “No tenemos ninguna localización física, dependemos al 100% de las casas de acogida”, explica, señalando que, si no hay hogares disponibles, es imposible rescatar a los felinos de la calle. “Hemos pasado de hacer 80 adopciones al año a hacer cinco, por la falta de recursos y de espacio”, advierte.

La asociación supervisa una colonia que funciona como punto caliente en un entorno de naves del municipio. “Es una colonia en la que hay como unos 70 gatos y creciendo”, observa, al existir una dificultad de acceder al interior de las propiedades privadas para esterilizar a todos los felinos. “Esa colonia nunca va a estar controlada”, reconoce. Además, asume de manera personal la tarea de las capturas por la falta de disponibilidad de voluntarios para esta labor en concreto.

Dos de los gatos que buscan hogar en Leganés a través de Ayúdanos a Ayudar Gatos. (José Enriquez/Cedida)

“Empiezas con muchas ganas de ayudar, pero al final te acaba quemando”, confiesa Elena al describir la carga emocional que supone conseguir una acogida temporal de apenas tres semanas para curar a un animal malherido y encontrarse después sin alternativa si no surge una adopción. “Si no tengo nada para él, en mi casa no lo puedo meter. Si no me sale otra casa o una acogida... ¿Lo vuelvo a soltar en la calle?”, reflexiona.

La calle no es lugar para un gato

El testimonio de Elena no es un caso aislado, sino el reflejo a escala municipal de una problemática extendida en todo el país. Según datos del III Barómetro Felino de Sanicat, 8 de cada 10 gatos en España han llegado a su hogar tras una situación de vulnerabilidad: un 42% fue recogido directamente de la calle y un 39% llegó a través de protectoras y entidades de rescate.

Uno de los mayores obstáculos con los que tropiezan a diario las asociaciones es la falta de identificación de los felinos. El I Estudio Oficial sobre la Gestión de la Protección Animal en España, elaborado por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, revela un dato tajante: el 95% de los gatos que ingresan en los centros de recogida de animales no están identificados con microchip.

Gatos de la colonia de Leganés custodiada por Ayúdanos a Ayudar Gatos. (José Enriquez/Cedida)

Aunque la Ley de Protección Animal de 2023 establece la obligatoriedad de identificar con microchip a todos los gatos domésticos antes de los seis meses de edad, la realidad a pie de calle dista mucho de la norma. Según relata Elena, es habitual encontrar animales abandonados sin chip procedentes de camadas no deseadas o de personas que argumentan no ponérselo porque las mascotas no salen de casa.

Por otro lado, la intervención ciudadana en la calle debe hacerse siempre con cautela. El activista y creador de contenido Jose (@Joselecats) hace hincapié en la importancia de verificar el estado real del animal antes de retirarlo de la vía pública: “Comprobar si lleva chip o chapita, preguntar en la zona y coordinarse con las asociaciones que gestionan las colonias”, ya que, si se actúa sin conocimiento previo, “podemos desorientarlo o separarlo involuntariamente de su colonia o de una familia que lo está buscando”.

Las cicatrices del abandono

Cuando alguien se desentiende de un animal, la decisión deja huellas profundas. La veterinaria Belén Montoya, experta en medicina felina, advierte sobre el choque psicológico y físico que sufren al ser expuestos de golpe al exterior. “El terror que siente un gato al perder la previsibilidad y el control de su entorno puede generarle un trauma de por vida o afectar a su salud de forma aguda con consecuencias potencialmente mortales”, sostiene la especialista.

De hecho, cuando una asociación o un particular logran rescatar a un felino desamparado, el primer examen sanitario suele confirmar la dureza del entorno. En las consultas veterinarias se diagnostican habitualmente dos grandes grupos de secuelas: traumatismos graves (fracturas o heridas provocadas por atropellos y peleas) e infecciones (parasitosis, problemas respiratorios severos y virus incurables, como la leucemia felina o la inmunodeficiencia felina).

Gatos de la colonia de Leganés custodiada por Ayúdanos a Ayudar Gatos. (José Enriquez/Cedida)

Para evitar que los animales rescatados vuelvan a sufrir un desenlace similar, las entidades de protección aplican un protocolo de máxima exigencia. “Nosotras hacemos un cuestionario, pedimos comprobación de la seguridad de la vivienda y cobramos una cuota ética de 75 euros que cubre a precio de coste sus tests, chip y vacuna”, sostiene Elena. Además, en la asociación supervisan minuciosamente la instalación de redes de seguridad en ventanas y balcones para garantizar un entorno completamente seguro antes de formalizar la adopción.

“Dejar salir libremente a un gato no es darle libertad; es exponerlo a peligros mortales. Proteger ventanas no es encerrarlo, sino garantizar su supervivencia. Adoptar implica entender que el animal depende de nosotros y que debemos adaptar nuestro entorno a sus necesidades durante toda su vida”, subraya el activista Jose.

Un compromiso que dura toda la vida

Frente al mito del gato independiente que se las apaña solo, su salud depende directamente de un compromiso real. La veterinaria remarca que la vacunación, la esterilización y las revisiones no son secundarias, sino obligaciones esenciales: “Entender las necesidades físicas y emocionales de nuestra mascota es la mejor herramienta para evitar futuros abandonos o problemas de convivencia”.

Por su parte, Jose apela a un cambio de mentalidad colectivo en la sociedad: “Un gato no es un capricho ni un juguete temporal; es un miembro de la familia para los próximos 15 o 20 años”. En este sentido, subraya que antes de dar el paso de meter un animal en casa, hay que valorar si se van a poder cubrir todas sus necesidades médicas, emocionales y de seguridad a lo largo de toda su vida, evitando decisiones impulsivas.

Mientras tanto, la labor en Leganés no se detiene a pesar de la falta de medios. Elena señala que la mayor urgencia es conseguir casas de acogida para sacar de la calle a los casos más críticos: “En la colonia tenemos ahora mismo a un gato enfermo, pero sin un hogar temporal no podemos sacarlo”. Para sufragar parte de las facturas veterinarias, la asociación confía en la venta de su calendario solidario; “Sin la ayuda de la gente, nosotras solas no podemos seguir adelante”.

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Mark Galeotti, organized crime expert: ‘The road to hell is paved with good intentions. So is the path to techno-authoritarianism’

“The gang was disciplined, ruthless, well ordered. Its thugs swaggered around the city as if they owned it. Maybe they did: everyone knew who they were, and the corrupted police never dared take them on.” Mark Galeotti, 60, opens his latest book, Homo criminalis. How Crime Organizes the World, with a fictionalized scene from Miguel de Cervantes’s tale Rinconete y Cortadillo, about a brotherhood of thieves that evokes The Godfather or Peaky Blinders. It was the year 1613.

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The author and organized crime historian Mark Galeotti, in a courtesy photo.
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